Foto de Emilio Aguirre Moraga

El trauma de La Reforma Agraria (Cap.VI Ep 6º)

(episodio anterior)

De profesión técnico de publicidad, en los círculos masónicos de Madrid se hace llamar “Guesde”. Destacado integrante de la logia “Primero de mayo”, como buena parte de sus compañeros de cenáculo reparte el tiempo entre las reflexiones sobre la perfección moral y las sesiones parlamentarias en la Carrera de San Jerónimo. Guesde atiende al nombre de Antonio Cabrera Tova, cuando desde la Presidencia del Congreso requiere su parlamento Julián Besteiro.  El diputado Cabrera casi va con el siglo,  celebró este verano la edad de Cristo y lleva los dos últimos cursos políticos ejerciendo de vocal en el Comité Nacional de las Juventudes Socialistas.  Aunque canterano de la Casa del Pueblo de la madrileña calle Piamonte, está acunado en Ciudad Real, circunscripción a la que le debe el escaño que ocupa en Las Cortes desde el año pasado; una promesa enviada a fajarse en provincias. Su carácter volcánico le obstruye la digestión del tedioso avance de este país por la singladura republicana; arrebatada su templanza por el suelo granítico que pisa y habrá de pisar en el sur.

-Señores diputados  –habla Antonio Cabrera ante el pleno de Las Cortes- vamos por quince meses desde los decretos de julio. Las ocho horas de trabajo intensivo se aprobaron como una premisa irrenunciable, puesto que los socialistas ya cedimos en mucho. Bien está que puedan sumarse seis horas más de presencia en el puesto o para quehaceres accesorios, pero nada de cometidos propios de la producción. Les pongo el ejemplo del campo donde solo han de darse horas extraordinarias para faenas tales como el cuidado de las caballerías o limpieza de arreos. Pues sepan que en las pocas semanas que llevan funcionando los jurados mixtos, se apilan las denuncias en La Mancha y todas en el mismo sentido. En los tajos, el patrón hace lo que le viene en gana y negarse es poner en serio riesgo el pan de las familias. Les pido que se ataje este problema lo antes posible y se pertreche a los jurados de las capacidades precisas para dictar sobre las violaciones de la ley. Observen esta cuestión como materia urgente.

Antonio Cabrera Tova. (Fundación Pablo Iglesias)

Cabrera pone en aviso al hemiciclo este 10 de noviembre, cuando se cumple dos meses y un día de la aprobación de la Ley de la Reforma Agraria; la magnánima norma que ha empacado los muchos decretos sembrados por el gobierno de la República. La prevista reordenación del campo es, sin duda, un proyecto mastodóntico y aun así más tibio de lo que los representantes de la clase obrera pretendían. Decididos a dar trabajo a todos los parados y, convencidos de que hay terreno fértil al servicio de tal propósito, establece hasta trece categorías de tierras expropiables. Las cultivadas en régimen de arrendamiento, las de señorío, las mal aprovechadas o no regadas con arreglo a la ley o las situadas a menos de dos kilómetros del término municipal, cuyos propietarios no las labren o tengan renta de más de mil pesetas.

La Reforma Agraria llega como el Mesías que pondrá fin a las desigualdades arrastradas desde tiempos inmemoriales cuyo paradigma son los campos de Extremadura y Andalucía, pero también el sur de La Mancha donde imperan algunos latifundios que cumplen los condicionantes básicos para ser requisados. En la Casa del Pueblo de Daimiel tienen marcada con una cruz la finca de Zacatena, la finca del tío Zacatún, el cuarto latifundio más grande de la provincia. Su dueña, María Luisa de Carvajal y Dávalos, duquesa de San Carlos, pudiere argüir que sus 2.475 hectáreas ya dan de comer a muchas familias. No le falta razón. Bien le amparan en ese eximente las decenas de socios del Sindicato Agrícola Católico, pequeños y medianos propietarios mayormente, quienes merced a la audacia de Romancillo Cejudo y Pedrillo Fernández, trabajan hace varias campañas los quintos que lindan con el Guadiana hacia poniente. Sin embargo, a estas alturas se advierte la condena. Siendo Grande de España, no habrá letrado que edifique un pliego de descargo que anule semejante prejuicio.

Postal de la Casa de Zacatena. (Archivo Municipal de Daimiel)

La Reforma Agraria en su densa prescripción se ocupa igualmente de esos jurados mixtos populares que ya echan fuego, según ha puesto en conocimiento de Las Cortes el diputado Cabrera. Daimiel responde ante el Jurado Mixto del Trabajo Rural de Manzanares. Como el resto, acaba de ser creado para regular las condiciones laborales, pactar las bases y decidir sobre cualquier conflicto suscitado en el trabajo. Lo integran obreros y patronos a partes iguales con el ánimo de ser órgano conciliador sin atender a los cambios políticos en Madrid; ingenuo anhelo habiendo emanado de una ley superior solo amparada por las izquierdas y, como no puede ser de otra manera, interpretada por los propietarios como claramente atentatoria contra sus bienes. Si lo patronos han accedido a estar representados en los jurados es por no perder el paso. Son lentejas. En nombre de los obreros de Daimiel, Nicolás Cortes “El Rojo” es el designado para dar batalla.

El pasado 17 de septiembre suscribieron el primer acuerdo: las bases para el trabajo de los gañanes que atañen a mozos de labranza ajustados por años (los fijos) y los llamados “diarios”, quedando excluidos los temporeros a jornal. Manzanares ha obligado a los propietarios a tener un gañán ajustado anualmente por cada cuarenta y cinco fanegas de tierras labradas o en barbecho para cereales. Lo mismo para las viñas; cada tres mil vides sean nuevas o en producción. En todas las labores que precisen de tres o más pares de mulas no puede prescindirse del  pertinente cuadrero que cuide de las yuntas durante la noche.

El jurado mixto también decidió sobre duración de las jornadas y salarios. Los ajustados quedan exentos del máximo de ocho horas en el tajo. A cambio han de percibir de manera constante su jornal, sin descontar domingos o festivos. Los ajustados por días estarán obligados a  trabajar solo ocho horas. Los domingos y festivos, ni trabajo ni cobro, excepción hecha de la época de colección y sementera. No obstante, siempre podrán echar dos horas extraordinarias con un recargo del veinticinco por ciento del sueldo. Las asignaciones van de las ocho pesetas que percibe un mayoral a las cinco que se lleva un “diario”.

Si un ajustado por años, cuyo contrato nace y expira en San Miguel, falta al trabajo deberá enviar un sustituto o abonar el jornal para que el patrono busque a alguien en su puesto. En base a la ley de Términos Municipales (adherida a la Reforma Agraria) no podrán ser colocados forasteros mientras existan obreros en paro forzoso inscritos en la Bolsa de trabajo.

Eso no va a pasar en Daimiel donde no faltan aspirantes. El registro de la Bolsa de Trabajo ha aumentado en varios cientos de obreros, ciento cincuenta de ellos gañanes.  Dificulta la contingencia que siga sin reestructurarse en profesiones y categorías, avivando las porfías el rumor de que permanecen en lista no menos de medio millar de pequeños propietarios con vivienda incluida. Han vendimiado sus plantíos y quieren figurar con los mismos derechos que los absolutamente pobres. En ese descontrol, unos y otros afean que en la relación de parados no son pocos quienes aparecen por duplicado, como obreros industriales y agrícolas, todo ello coadyuvando al sindiós que trae de cabeza a dueños y desempleados y desacredita a los administradores de la bolsa.

Aquí no queda el embolado porque a punto de mediarse noviembre aún no se ha resuelto en Daimiel el sueldo de los gañanes, es decir, todavía no han asumido los patronos lo acordado en Manzanares. Estos se han agarrado a la baja cotización de la cosecha de la uva. Invocan que los ingresos les impiden comprometerse a mantener el número de gañanes ajustados que obliga la ley. La Asociación Patronal de Agricultores de Manzanares y los sindicatos agrícolas de Alcázar, Daimiel, Infantes y Valdepeñas han recurrido al Ministerio de Trabajo, al tiempo que solicitan al gobernador Fernández Mato que no se pongan en práctica las citadas bases. Sendas demandas las elevaron el 19 septiembre, curándose en salud puesto que aún no había comenzado la vendimia. Echaron el pulso a los obreros, cargando en la saca de las razones dos días de pedrisco que refirieron importantes daños en vid y olivo. Tanto miedo llevaron en el cuerpo que dispusieron las capachas para el 26 de septiembre, una semana antes de lo previsto.

Al final ha resultado que la cosecha ha sido más que decente, no así los precios pagados en relación al del vino, la mayoría dicen no cubrir gastos, tanto es así que numerosos viticultores han tirado por el camino del medio, elaborando sus propios caldos. Así que todos a la gresca, los obreros con los agricultores, éstos con los bodegueros y todos con Madrid.

Pero la vida sigue. La siembra cumplió con octubre entre lamentos de sequía. La lluvia ha faltado a su cita con el otoño y las semillas arrancan en tierra quebrada. Habrá más paro. Este año, anuncian los potentados que plantarán menos viñas y olivos. Son víctimas del panorama los pequeños labradores, pero también significados propietarios que sueltan lastre vendiendo yuntas a fin de aminorar pérdidas. En su descargo pregonan que los obreros bien pudieren vivir holgadamente sin trabajar un tiempo, a tenor de los pingües jornales, aducen, cobrados en tiempos tan apretados. Y como el hambre no firma armisticios, legiones de parados se afanan en la rebusca y recogida de la bellota que este año, por no ser posible recolectarla a jornal,  es dada a medias por los dueños.

En Daimiel, se va sabiendo más de lo ocurrido la madrugada del domingo pasado. Se conoce que el labrador Andrés Espinosa, habiendo comprobado que cada noche le robaban patatas, montó guardia en la casilla aún privándose de la única noche de pleno descanso que le deja la semana. Ahora le pesará haber descubierto al rufián.  Andrés cazó en pleno hurto a un tal Vicente García-Muñoz  y Sánchez-Valdepeñas. El caco opositó a asesino disparando al dueño de los tubérculos, pero Dios quiso que le fallara la escopeta. No se encasquilló la del defensor de las tierras. Dos tiros, uno en la la cara y otro en el hombro derecho.

-Muy buenas noches, permiso, pueden ir ustedes a buscarle. Manden a un médico.

-¿Cómo dice? Explíquese -requiere el benemérito de guardia en el cuartel.

-Soy Andrés Espinosa y aquí les dejo mi escopeta. He respondido a los disparos de un ladrón. Yo he acertado.

En el término municipal de Almagro, ocho fulanos han sido sorprendidos por los guardas de la comunidad de labradores cuando cargaban uvas en una de las fincas de Federico Pinilla. Al llegar la Guardia Civil, ni ladrones, ni uva. Hay quien tiene que celebrar en este otoño.

Fin del capítulo VI

Leer Capítulo VII, Episodio 1º “La perenne crisis política”

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Barbarie en Almagro (Cap.VI Ep. 5º)

(episodio anterior)

Viernes, 26 de agosto de 1932. Cinco y media de la tarde. Paraje de Barajas, término municipal de Daimiel

Un hispano-suiza T60 negro avanza veloz por la carretera que lleva de Almagro a Daimiel. Sus seis cilindros acusan el leve desgaste de apenas cinco mil kilómetros andados, los que ha alcanzado a rodar su propietario así se hiciera  dueño del volante en vísperas de la Feria de Abril. Lo encargó seis semanas atrás, el 8 de marzo. Tardó en venir por tratarse de una serie limitada, de lujo. Fue el gustazo que se dio para celebrar el primer aniversario de su alternativa. Desde aquella tarde en la Monumental de Barcelona, que hoy parece tan lejana, todo ha ido rodado. De triunfo en triunfo, a través de temporada y media compartiendo cartel muchas tardes con las grandes figuras; él no lo es menos. Poderoso toreo el suyo que ha enfrentado y humillado en casi medio centenar de festejos a los hierros mejor encastados desde Burgos hasta Huelva.

Solo él en la carretera, levantando a su paso la paja alfombrada en los acirates de este campo de Calatrava. Refrescando la solana, una brujilla del diámetro de un tonel avienta nerviosa toda impureza. Tolvanera de ceniza y tierra, grises y ocres en remolino. Diablo de polvo que desafía en la distancia al impoluto automóvil. Ni una insignificante mota adherida a su chasis, escapando indemne de guijarros y arenisca pese a haber recorrido tres leguas a propulsión, sin cuidado, atravesando caminos cuarteados que no sienten la lluvia desde mayo. Negro, con los neumáticos bragados, el coche vestido de frac va perdiendo el paso como si bufara de sofoco por las ventanillas. Alguien le ha advertido al conductor “¡allí, allí a la izquierda parece!” Trescientos metros más adelante reduce hasta casi detenerse para, ahora sí, lejos del peligro sosegadamente, sortear las piedras del camino susceptibles de hender los bajos del hispano-suiza, y evitar el trago de desecharlo en mitad del desierto manchego.  A paso de tortuga, se adentra por la angosta vereda hacia la quintería donde a la sombra de una encina se distingue una mulilla enganchada a una tartana de antes de la guerra de Cuba.

-Buenas tardes, permiso. ¿Tiene usted agua para cinco? -se pasa los nudillos de la mano derecha, guarreando más la frente sudorosa de la que se han deslizado varios churretes. Se pega el salitre a sus mejillas, encurtidas cual madera noble de 26 años dignamente llevados.

-Si va a los toros a Almagro, alivie, aunque si es el último de la terna todavía puede echarse una ‘mieja’ de siesta en el poyo –se solaza el que parece amo de la finca.

-No vamos, venimos de Almagro. Muy amable por lo de la siesta, pero andamos escasos de tiempo. Nos bastaría con refrescarnos un poco y, si no es mucho pedir, cambiarnos de ropa aunque sea aquí afuera.

-Qué leches, pase, pase. Si le doy agua al lindero con el que no me hablo desde hace diez años, no va a haber para hombres que se visten por los pies –contiene risa y curiosidad- Cámbiense por donde puedan y disculpen el desorden, se le hace largo a la mujer venir por aquí. Allí tienen un par de botijos. El barnizado está más fresquito. Beban toda la que gusten.

El jefe de la cuadrilla se quita la chaquetilla y todos le siguen. Fuera los chalecos, aflojados los corbatines y las camisas, aun estando empapadas las doblan con esmero. El mozo de espadas le da una hoja de periódico a cada uno, envuelven las zapatillas y, dos minutos después, vestidos de calle se disponen a retomar la marcha.

-No tengo apaño para que se lleven agua para el camino, pero no les vendrá mal estos tomates. Están cogidos de anoche, esta semana se les ha antojado a todos colorear a la vez. No doy abasto.

-Muchas gracias, va a ser complicado que nos salga una corrida por la zona pero, cuando y donde quiera solo tiene que preguntar por Domingo Ortega.

-¿Pero qué me está diciendo usted?

-Lo que oye y no le cuento más. Ya se enterará usted en la radio. Que Dios le guarde. Por cierto, ¿para Madrid vamos bien?

-Sí, todo recto. En siete kilómetros, en el cruce a la derecha, pase por Daimiel y ya pregunte.

Queda pasmado el lugareño con un brazo en jarra en la cadera y rascándose la nuca con la derecha, mientras ve alejarse el trasero del hispano suiza. Por hoy, nada más que hacer. En cinco minutos está camino del pueblo para contar lo sucedido y, sobretodo, preguntar por la parte que le falta de la historia. Y que cuadre con lo suyo para que ayude a creer semejante sainete.

Ocho horas antes, en Almagro

Una feria taurina de relumbrón como la de Almagro, la de mayor solera de la provincia, precisaba un escenario a su altura. El empeño de vecinos, administración y aficionados del pueblo y alrededores, logró que en 1845 los clarines sonaran por primera vez en la Plaza de Toros. Diseñada sobre una base poligonal de treinta y seis lados, consta de dos cuerpos. El inferior constituido de gradas y vomitorios; el superior presenta balconcillos de madera con todo lujo de detalles, con pies derechos y zapatas. Quiso el alarife del coso plasmar en esta su obra la arquitectura popular manchega y, en particular, recoger el duende de casas y calles de la ciudad y de su emblemática plaza mayor; el acrisolado recinto rematado al capricho de nobles e hidalgos, marca indeleble de los fúcares que hasta entonces cada agosto se cerraba para, precisamente, dejar embestir a las bestias. Testigo que ya camino de un siglo cedió para siempre.

Plaza Toros Almagro

El cartel original de este 26 de agosto prometía. Marcial Lalanda podría gestionar toda la vida el sonado triunfo en la Maestranza el 25 de abril del año pasado. Mano a mano con Manolo Bienvenida. Mató y desorejó su lote y lidió con acierto el segundo de Fuertes Bejarano mientras el desgraciado era cosido en la enfermería. Pero a Marcial no lo disfrutarán hogaño en Almagro. Se ha caído a última hora de la terna sin muchas explicaciones. Le sustituye Luis Gómez ‘El Estudiante’ y todos contentos.

Hay expectación por ver al más joven de todos, Antonio García Bustamante ‘Maravilla’. Ni tres semanas hace que puso en pie al respetable de Santander despojando de todos sus apéndices al morlaco Hortelano, para dicha del ganadero Antonio Pérez. Fue el día de su alternativa y orgullo de Marcial Lalanda, su padrino, hoy ausente.

El tercer espada y primero en nombre y fama es Domingo Ortega, joven también pero veterano y resuelto allá donde pisa. Un líder con soberbio toreo sea con capote o muleta; certero con el estoque. Hecho a sí mismo en el toledano pueblo de Borox, no hay ganadería que se le resista.

Desde ayer tarde permanecen encajonados los seis titulares y dos sobreros de Luis de Bernardo Quirós. Divisa encarnada y negra para una ganadería de sementales oriundos de Santa Coloma y, hace dos décadas, aún con hierro marcado del duque de Tobar.

Las dos de la tarde. En una fonda cercana a la Plaza Mayor, pierden la paciencia los sentados en torno a una amplia mesa apoyada junto a la ventana, a través de la cual entra la suficiente luz para que el camarero y un par de cliente recostados en la barra intuyan por la gestualidad de los rostros que algo no marcha como debiere.  El alcalde, mueve y remueve papeles, mira a uno y a otro, señala con el índice. Alguna palabra más alta que otra.

-Alcalde, le vuelvo a repetir. Lo que usted nos ofrece, el día de autos, a pocas horas de la corrida solo podríamos aceptarlo en un acto de enorme generosidad. Y, a las circunstancias me remito, no han dado ustedes motivos para que nuestros representados le concedan tal gracia, empezando por llegar media hora tarde a la cita –sostiene con firmeza el apoderado de Domingo Ortega.

-Eso ha sido porque hemos apurado para recoger todo el dinero posible. En cualquier caso, explique en qué les hemos faltado al respeto y qué hacemos aquí que no se haya estado haciendo todos estos años en el mundo del toro. Es más, cuándo este pueblo ha dejado en todo su historia sin pagar una sola peseta de lo comprometido. Señores, les doy mi palabra de que cobrarán todo lo pactado. Hasta el último céntimo –asegura el primer edil almagreño Tomás Domínguez.

-Si cedemos estaremos enturbiando la Fiesta. La seriedad no debe perderse. No es solo por el dinero, es más por hacernos respetar a nosotros y al resto del negocio –argumenta el representante del Estudiante.

-Además, asegura usted que cobraremos hasta el último céntimo y, como garantía, la taquilla. ¿Qué se va a vender de aquí a las cinco que no se haya despachado ya? ¿Más de siete mil pesetas?- tercia el cuarto de los presentes en nombre del diestro Maravilla.

-Repito, si sus maestros no responden ante este pueblo, difícilmente va a entender su postura el aficionado de España entera. Acaso se cree que ese respeto del que habla pondrá de su parte al público de Madrid o Sevilla. ¿Qué empresario va a arriesgar sus cuartos después de esto?

-Alcalde, nos está usted insultando o ¿acaso se trata de una amenaza?

-No, eso es innecesario. No podrán evitar salir en los papeles. Piénsenlo, reflexionen. Tomen el sobre. Cuenten. Van casi veintiuna mil pesetas. Las siete mil restantes, si hace falta se las bajo yo mismo al callejón así termine el paseillo. Le doy mi palabra –insiste el alcalde- pero lo que no pueden hacer es dejar en la estacada a ocho mil personas, la mitad forasteros. Eso no se lo van a perdonar.

-Bien, por mi parte está todo dicho. No obstante, como no es mi nombre el que está en juego, voy a trasladar de nuevo la propuesta al señor Ortega. Palabra por palabra. Y  cada cual que haga lo propio con su representado. Si les parece, en un cuarto de hora aquí mismo.

-Mejor en mi despacho. Intentaré que se persone también el empresario. Espero que recapaciten por el bien de todos –sentencia el alcalde antes de abandonar el lugar.

Domingo Ortega en 1931

 Despacho del alcalde Tomás Domínguez. 14.30 horas

-Perdón por el retraso. Ha sido culpa mía –se excusa el empresario Alfonso Holguín- Este es Manuel Calero, mi representante en la negociación. Todo lo que él diga es como si hablara yo mismo. Y ahora me disculpan, como se imaginan estamos rematando.

 -¿Y? –pregunta el apoderado del Estudiante

 -Pues que eso es lo que hay –responde el alcalde mirando al señor Calero.

 -Sí, les especifico que en el caso de no llegar la recaudación a alcanzar las siete mil pesetas, cosa difícil  si me permiten porque a última hora suele ir ligera la venta, intentaremos llegar a un arreglo entre todos pero seguro –matiza Calero- que no es preciso llegar a ese extremo.

-Bien, no vamos a llegar tan lejos. Hagan constar nuestra protesta por haber llegado a este punto pero, en cualquier caso, nosotros aceptamos –comunica el representante de Maravilla.

-Muy a disgusto… pero hemos de reconocer el esfuerzo del propio alcalde por intentar desatascar la situación. El Estudiante también saltará al ruedo –se suma al acuerdo el apoderado de Luis Gómez.

-Pues siento decirles que el señor Ortega no puede firmar esto. Espero que lo entiendan pero no somos nosotros quienes nos hemos saltado el contrato.

Plaza de Toros de Almagro

Más de ocho mil personas abarrotan el coso almagreño. Nadie es ajeno al pulso suscitado entre empresario, alcalde y figuras. En las taquillas han proliferado las versiones sobre lo ocurrido. Cada corrillo especulaba a su antojo y todos celebran la dicha porque al parecer, basta ver cómo se despachan entradas, la suspensión del festejo ha quedado en un amago. Más lo celebran incluso los forasteros que así bajaban del tren o estacionaban los vehículos recibían de sopetón las primeras noticias acerca de las desavenencias felizmente resueltas. Solo toca disfrutar de la fecha más señalada del año y, por ende, del evento más esperado de cada Feria y Fiestas de la localidad.

Algarabía, música y murmullo incesante en los tendidos. Bromas, risas y algún improperio, amistoso siempre. Sin embargo, pasan cinco minutos de la hora señalada y los presentes comienzan a percatarse de que las autoridades, tan dadas a figurar y dispensar saludos en la antesala, no han hecho acto de presencia. La Presidencia no tiene inquilino y en el resto de palcos reina una paz inusual. Entretanto, en el callejón, no se denota el desenfado de otras citas. Los agentes del orden pululan de aquí para allá con semblante serio. Al instante, los gritos irónicos, exabruptos y demás chanzas que antes causaban risa ahora son injuriosos. Hay barullo. Se ha difundido la sospecha, casi certeza, de que no habrá corrida. Los toreros se han echado atrás. Maravilla y el Estudiante finalmente tampoco serán de la partida, han secundado a Domingo Ortega. Han mantenido el órdago hasta el final.

Sin pedir permiso, de los gritos se pasa a la acción. Un grupo de aficionados invaden los palcos, arrancan los sillones y los lanzan al centro del ruedo; ante la mirada atónita del resto del respetable y la prudencia de la Guardia Civil. Desde la zona de sol, decenas de personas saltan al albero, amontonan los restos y en un santiamén prenden fuego a las maderas. Al poco, flamea una fogata formidable y el público no cesa de jalear su indignación. El pavor se traslada de nuevo a la grada, alguien ha prendido fuego a los balconcillos que arden como alimentados por un barril de combustible. Las llamas se propagan a las barreras, la horda es incontenible. La situación se agrava porque alguien había mandado cerrar las puertas de la plaza y la estampida apunta a tragedia. Por fortuna, algunos espectadores bendecidos del don de la serenidad logran abrir varias vías de escape. El público huye y espera acontecimientos en rededor del coso.

Es el turno de los desaprensivos. Media docena de exaltados, en la cresta de la turba la emprenden con barreras, banderillas, puertas… Alcanzan los toriles y fuerzan el portalón con palancas hasta reventar la cancela. La pira arde cuando de súbito los ocho toros son obligados a participar del desenfreno. Aterrorizados por el fuego rompen a correr por donde pillan sin parar de proferir bramidos sobrecogedores. Tratan los morlacos de salvarse del infierno corneando a bulto. Cegada y enloquecida, una de las bestias inserta los pitones en el torso de un caballo. Cuando el equino impacta de bruces contra la arena ya es cadáver.

El más vivo de los astados descubre la luz al fondo del túnel y abandona el ruedo. Corre desmandado hasta la calle. Le siguen seis de sus hermanos. Un milagro que no topen vecino o feriante alguno de un Almagro abarrotado. Los toros escudriñan recovecos entre un gentío preso del pánico y, por fin, hayan el desfiladero por el que fugarse a campo abierto. La benemérita no les pierde la pista, enfilados hacia una lucha desigual. A cinco kilómetros del pueblo, en las inmediaciones de Bolaños de Calatrava, los guardias les dan caza. Fusilados. Los siete. Funesto epílogo a un currículum de dehesa y esparcimiento en la finca de Quirós, sin poder despedirse de esta vida con el premio de una estocada honorable. Al menos, éstos no han sufrido tortura. El plomo es expeditivo. Circunstancia mortal que no puede celebrar el rezagado, el octavo de los extremeños. El anónimo pasará a la historia de la barbarie. No encontró el túnel. Los carniceros lo han sometido en el mismo ruedo, en medio del apocalipsis. El tiempo del lobo es una decena de humanos con navajas, acuchillando y descuartizando al calor de una macabra pira.

Los más civilizados marchan en manifestación al ayuntamiento. Exigen al alcalde la devolución del dinero de la entrada. Antes de dos días, el consistorio se compromete a cumplir con todos los acreedores. Queda por depurar lo mollar de las responsabilidades. La opinión pública y publicada achaca lo ocurrido a la informalidad de la empresa e impericia del regidor municipal. Don Tomás Domínguez es declarado incapaz; torpe por no doblar la resistencia de los espadas y temerario, después, al no cumplir las reiteradas órdenes trasmitidas por el gobernador.

27 de agosto. Sesión extraordinaria. Ayuntamiento de Almagro

-Señor gobernador, por favor, tome su asiento –indica el bedel de la sala de plenos a don Ramón Fernández Mato, el cuarto delegado gubernativo que ha visto la provincia de Ciudad Real en 19 meses de República.

-Muchas gracias. Buenos días. Lo ocurrido ayer tiene difícil calificación. Entiendo que todos los presentes están de acuerdo en que el asunto debe abordarse con la firmeza que requieren unos hechos que pudieron generar una enorme tragedia y que, seguro, ha dejado una mancha imborrable para este noble pueblo de Almagro. Señores, a partir de este momento será mi delegado Pedro Gallego quien presida esta reunión extraordinaria. Es la voz de Gobernación y dispone de todas las atribuciones de la institución. Lo que el dicte será ley. Buenos días –el señor Fernández de Mata abandona la sala. Su asiento lo ocupa Gallego.

Durante casi media hora el alcalde detalla pormenorizadamente su papel en el día de autos. Dice que permitió que la plaza se llenase porque, hasta última hora, confiaba en un arreglo de la empresa con los toreros.

Escuchadas las partes, el delegado gubernativo sentencia. Se incauta del dinero de la taquilla y manda utilizar también casi siete mil pesetas de la contribución industrial de la empresa para reparar unos desperfectos que, se calcula, pudieren ascender a cincuenta mil pesetas. La Plaza de Toros ha ardido por completo. Sus palcos y balconcillos de aire medieval son ceniza.

Los empresarios y sus representantes son detenidos, a saber, Alfonso Holguin, Manuel Calero, Francisco López Martínez y Cristóbal Calvo Peña. En el sumario se aduce a la responsabilidad administrativa y criminal. Se considera probada la actitud negligente del alcalde que es suspendido inmediatamente de su cargo, tras haber pasado varias horas, arrestado en el cuartel de la Guardia Civil. Tomás González, el regidor que permitió que el coso se llenara, a sabiendas de que los matadores habían renunciado a torear. Así lo escribirán las crónicas.

La Feria de Almagro, enlutada por su plaza, malvive su recta final herida de muerte. Aflicción, pesadumbre y vergüenza, en el año V después de Cagancho . En la fachada ha sobrevivido el cartel que anunciaba para este sábado 27 de agosto la charlotada de los Califa.

El 11 de septiembre de 1932 el célebre dominical del Corriere della Sera abre su portada con los hechos de Almagro.
El 11 de septiembre de 1932 el célebre dominical del Corriere della Sera abre su portada con los hechos de Almagro.

 

Leer capítulo VI, episodio 6º “El trauma de la Reforma Agraria”

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Avanza el hambre (Cap. VI Ep.4º)

(episodio anterior)

-Es sobradamente conocida la situación precaria del ayuntamiento- explica el alcalde Porfirio- por ello propongo a esta corporación que se reduzcan los jornales de los obreros parados contratados a tiempo parcial y se fijen en dos pesetas y media.

-Muy de acuerdo en su apreciación señor alcalde. Si me permite, no obstante quisiera añadir una reflexión a este respecto –intercede el otrora monárquico declarado Ricardo Fisac- Los parados beneficiarios son solo quienes por su edad o imposibilidad física no pueden hacer las faenas ordinarias ni rendir un trabajo normal. Considero que, aunque no sea mucho deben percibir un máximo de dos pesetas, ya que más que un jornal  ha de considerarse como una ayuda a los interesados.

-Eso es demasiado poco, compañeros.  Dadas las circunstancias de la vida, qué menos que diez u once reales –media el exalcalde López-Menchero dando paso a un tenso debate con los socialistas pidiendo paso.

-Yo considero que ciertamente debe disminuirse algo y hacerse una diferencia de 50 céntimos al menos entre los del ayuntamiento y los de los particulares para que en los momentos críticos no se agoten rápidamente los recursos –Así lo entiende López Casado ‘El Cojo’, pensando más como administrador que como socialista. No en vano, él ha asumido el encargo de diseñar este plan de reparto entre los parados ciertamente pobres. Al final se establece en tres pesetas y solo el voto contrario de un edil, el de su compañero socialista Manolo Infante.

…una semana después

Mario Ferrer, oficial mayor de Secretaría, cierra tras de sí la puerta del despacho del alcalde en cuya mesa ha dejado un escollo, no por esperado menos comprometedor. Cinco cuartillas cuidadosamente alineadas y grapadas en la parte superior izquierda donde se lee:

Señor alcalde don Porfirio Rodríguez

Los abajo firmantes le hacen saber a usted como representante mayor de la Corporación del Ayuntamiento de Daimiel el profundo agravio que sienten los más desfavorecidos de este pueblo por la decisión adoptada en la última sesión plenaria, que usted presidió. Consideramos que se condena a la extrema pobreza a los jornaleros sacados del paro que a partir de ahora apenas percibirán tres pesetas. Esta cantidad es, sin duda insuficiente, para cubrir las necesidades básicas de familias de al menos cinco miembros que contarán únicamente con esos ingresos que tan a la ligera han aprobado, cual limosna, desde sus asientos. Quisiéramos también hacerle llegar nuestra más sincera repulsa a la argumentación expresada por don Ricardo Fisac. Solo decirle que los parados que aspiran a un trabajo no tienen defecto alguno. Del mismo modo le preguntaríamos a este concejal cuándo es la última vez que se ha acercado a una tahona a por un kilo de pan. Le informo que uno bien servido de pan blanco le costará no menos de 50 céntimos, ni plantearse ese pan negro artesano que tan amable es al paladar del buen comer. Con esas dos pesetas que el señor Fisac se aventuró a proponer solo daría para engañar al estómago de una familia con pan de raspanegra.  

Esa misma tarde en el pleno…

-Señores, hemos generado un problema cuando tuvimos en nuestra mano resolverlo. Estamos a tiempo, no obstante, modifiquemos el acuerdo –expone el socialista Gómez-Limón a quien le han leído bien la cartilla en la Casa del Pueblo. Responsabilizan a la Corporación de los exiguos jornales y no se escapan ni los suyos de los reproches, creen que no han postulado un acuerdo más oneroso.

-Yo solo puedo decir –se defiende El Cojo, medio dirigiéndose a su compañero de filas- que el criterio que me guió cuando eché cuentas es, no saliéndome una sola peseta de la partida disponible despejando así futuras penurias, intentar asegurarnos un reparto de mayor alcance y más duradero –sigue López Casado- Entonces los concejales obreros deberían haber colaborado para encauzar el problema, solo escuché el voto contrario de Infante, pero ni una sola propuesta. No vengan ahora a meterme las cabras en el corral, si me permite la comparación –matiza El Cojo, no queriendo molestar a su compañero Manolo Infante, cabrero de profesión. Insisto –concluye- es preciso que el jornal sea menor que el de los particulares para evitar vaciar el presupuesto.

-No puedo estar de acuerdo. No insistas Félix. Lo ocurrido no es de hoy. Sabes que todo viene torcido desde que los propietarios optaron por incumplir los decretos de laboreo forzoso –interpela Gómez-Limón, el tercero de los socialistas.

-Razón tiene –apoya Infante.

Ambos creen que, en otras circunstancias, tal vez se habrían aceptado las 3 pesetas. Ocurre que la atmósfera viene abrasadora, irrespirable por momentos. Los socialistas denuncian que en Daimiel –como en buena parte de la mitad sur de la península- los propietarios ignoran los dictámenes del Gobierno de la República. El decreto de Laboreo Forzoso que obliga a cultivar todo lo cultivable a fin de dar trabajo, la primera pica de la pretendida Reforma Agraria, es en la práctica una entelequia. Bajo la vacilación que, en estos tiempos revueltos, priva de arrojo al  emprendimiento, subyace el temor a que los nuevos terrenos para laboreo, llenos de obreros sean el vestíbulo de una temible colonización y, a lo peor, de una futura expropiación de terrenos si la República continúa virando hacia la izquierda y se plasma negro sobre blanco en esa gran ley de Reforma Agraria que se urde en Madrid.

-Mire señor alcalde, para evitar tener que andar siempre así, les propongo a ustedes que traigan a esta corporación proyectos ya estudiados con su tramitación legal y nos quitamos de problemas –propone El Cojo.

Se reavivan los rescoldos del debate y media hora después, hastiado, el primer edil tira de galones y decide motu proprio elevar el jornal de marras a 3,25 pesetas. Infante y Gómez-Limón vuelven a votar en contra.

En pleno se tapona una herida, imposible de cicatrizar frente a tanto embate que desprestigia toda herramienta relacionada con el empleo y con la ausencia de él. La Bolsa de Trabajo,  la Oficina de Colocación Obrera, es el órgano municipal creado en cada cabecera de partido judicial que mensualmente aprueba un Reglamento de colocación obrera. De momento se encuentra en una dependencia montada ex profeso en la casa consistorial. Hace unos días,  el 25 de junio, se acordó habilitar un local en El Pósito. Su responsable es José María Borondo Fernández y el auxiliar Claudio Campos Aparicio, destacado miembro de la Casa del Pueblo. Ellos hacen y deshacen. Llevan colgado el sambenito de despachar los trabajos mirando el carné de afiliado. Abundan las acusaciones recibidas por observar a su antojo la lista de demandantes de empleo.

Mientras se última el proyecto de obra para acoger la Bolsa de Trabajo en El Pósito, este primero de julio algunos concejales celebran con un vino la inauguración de las oficinas de la Recaudación de Hacienda, en la calle Trinidad. Al frente, Rafael Sánchez Molina, hasta hace poco Jefe de Negociado de Recaudación en la delegación de Ciudad Real. En la planta baja, entre buenaventuras y salutaciones, los invitados departen sobre la reciente visita a la capitaleja del Ministro de Instrucción Pública. Le preguntan al alcalde si tuvo oportunidad de charlar con él.

-Lo justo para darle la carta en mano –relata Porfirio. Un informe sobre las necesidades imperiosas de la Enseñanza. Al  ministro le consta por escrito una petición de seis nuevas escuelas, tres de niños y otras tantas de niñas, dotadas de los correspondientes y modernos materiales pedagógicos. Por si se le hiciera mucho, el ayuntamiento eleva a Madrid una demanda menos ambiciosa. Una subvención del Estado para emplearla en material de laboratorios, gabinetes y una biblioteca para el colegio de Segunda Enseñanza, la Academia Técnica que, recuerda la carta para que conste, “da servicio a niños pobres con auxilio de esta corporación”.

Parcela donde se ubicó la Academia Técnica José Barrios.
Parcela donde se ubicó la Academia Técnica José Barrios.

… 80 kilómetros al nordeste

La Villa de Don Fadrique. Las medidas de urgencia adoptadas meses atrás por el Gobierno Provisional, el referido decreto de Laboreo Forzoso, el de Prórroga de Arrendamiento de los Terrenos Rústicos y, especialmente, el decreto de Términos Municipales ha hecho sangrar a este pueblo de poco más de 5.000 habitantes enclavado en el este de la provincia de Toledo. Doce familias de propietarios acumulan desde que alcanza la memoria el 85 por ciento de las tierras, más de dos tercios de la población malvive de la contratación en el campo y la mayoría de ellos simpatizan con el Partido Comunista que en La Villa ha montado una plaza sin igual. Paisanos de un pueblo que llaman en Madrid ‘La Pequeña Rusia’ y que resulta tan incómodo a la izquierda burguesa como a los propios caciques.

Acabada la recolección de la cebada, la huelga ha paralizado la siega del trigo en esta primera semana de agosto. Demasiada hambre para que una ley sise el jornal a las mujeres y los zagales menores de 18 años, cortando una cardinal vía de ingresos de centeneras de familias de braceros. Los propietarios se agarran a la norma y aprovechan para tomarse la revancha del sorpasso de los comunistas a su añejo poder político y de la traición, dicen, de muchos de sus jornaleros que se han pasado a las filas rojas. Los terratenientes mandan traer un convoy con varias docenas de apurados jornaleros, a cual más necesitado, para trabajar en las parcelas que se han negado a ofrecer a sus paisanos. Para proteger a los forasteros murcianos llegan refuerzos de la Guardia Civil de Tembleque. Suficientes motivos para obrar la rebelión. Los campesinos se levantan en armas desatando una revuelta a la tremenda. Tiros, maquinaria agrícola destrozada, incendios… y muertos. Un patrón, un obrero y dos guardias civiles en el parte de decesos y España sintiendo el temblor.

De derecha a izquierda, desde el ABC hasta El Socialista. El país se estremece y teme al observar el estallido de odio que ha puesto patas arriba este pueblo de La Mancha. Las portadas de los principales diarios analizan los sucesos de La Villa de Don Fadrique. Los socios del Casino han pasado por la Imprenta de la señora Frida para no tener que guardar turno de lectura y acudir con la lección bien aprendida y argumentos para comentar. En el Bar España o en el Círculo Obrero tres cuartos de lo mismo.

Detención de Cayetano Bolívar,  médico de la Villa de Don Fadrique.
Detención de Cayetano Bolívar, médico de la Villa de Don Fadrique.

 

Leer Capítulo VI, episodio 5º ‘Barbarie en Almagro’

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Primer aniversario de la República (Cap.VI Ep.3ª)

(episodio anterior)

Estaban presupuestadas cuatrocientas pesetas, al justificar gastos sobraron casi catorce. Menos es nada y se agradece el retorno a caja. Casi por compromiso tuvo que destinar una partida extraordinaria la corporación para celebrar el cumple un año del régimen. A petición de Félix ‘El cojo’, unas palabras por aquí, unas guirnaldas y banderitas tricolores por allí y el himno de Riego cada vez más afinado por los disciplinados hombres de don Valerio. Acto plano, impostado, sin alegría, sin Dios mediante, sin gente al fin y al cabo.

Seis semanas después con el orgullo por montera, los veladores civiles del espíritu de este pueblo no han considerado digno humillarse ante el gobernador civil. La ley les obliga a pedir permiso para ocupar las calles en procesión. Nunca habían precisado tal trámite y hoy no ven razón para hacerlo, pues no hallarían en casa alguna de la ruta de costumbre un alma contrariada por descubrir el Sacramento a su paso. Sin embargo, el no haber solicitado la venia de la superioridad no significa que, por las bravas, hayan violado lo dictado desde Ciudad Real. Al contrario, ni un estandarte ha asomado en las tradicionales fechas y horas señaladas. Les basta con que se sepa que Cristo vive en cada hogar como se evidencia al observar la forja de los balcones vestidos de blanco -mayormente sábanas inmaculadas donde siempre hubo enseña rojigualda- y los altares emperifollados cual Corpus de antaño, no queriendo asumir el aborto de la procesión. Se ha preparado el pueblo como solía para este jueves principal aun sabiendo de antemano que no habría desfile, porque once días atrás tampoco lo hubo con motivo del Labrador; porque cuando San Isidro, ínfulas como hoy aplacaron cualquier intención de plegarse a la norma. La carta solicitando anuencia, destino Ciudad Real, ni antes ni ahora ha sido una opción.

A Dios gracias, este 26 de mayo, aparte de las fachadas refulgentes para gozo de los vecinos, ha habido tiempo para enjaezar el interior de la Iglesia de San Pedro. Profusión de flores en artísticos búcaros y otras dispuestas en alfombra al pie de los muchos altares concebidos por las familias soberanas de la parroquia. A mayor contribución, mejor sitio reservado en esta suerte de feria de muestras de glorias al Salvador. El hecho de permanecer intramuros no ha sido rémora para que la Sagrada Forma, bañada en oro, se condujera por camino de ida y vuelta a lo largo de los treinta metros de nave central. Lenta y poderosa, avanzando desde el crucero hasta la puerta principal para, de regreso, presidir el altar; distinguible incluso desde el congestionado fondo del templo pese a casi mimetizarse su precioso metal con los dorados retablos del ábside, cegadores a poco que transluzcan rayos de más a través de las vidrieras. Entre efluvios de incienso y cantos del himno eucarístico, piden al Señor paz para el resto de los días y fuerzas para contener la amenaza del hambre. Una plaga personificada en centenares de obreros parados, varados en la miseria de siempre pero batallando con una armadura republicana.

El primero de mayo sí habitó procesión, tan pagana como ofensiva para el susceptible. La Casa del Pueblo en pleno, animando a celebrar el día de todos, y una señora detenida por considerarlo una afrenta. Aún se refiere en este Corpus en las bancadas de la iglesia la osadía de la irreductible heroína atravesando la marcha de los trabajadores mostrando un crucifijo en actitud de vade retro. Se vio imperado por su placa el guardia Juan Callejas a tomarle los datos en dependencia municipales por ser la desencadenante de una algarada de aúpa en plena Plaza de la República. Solo fue un encontronazo más que sumar al parte de incidencias, más propias de otras horas, cuando mal casa el abuso de vino con la penumbra de la noche.

-Sean ustedes consecuentes con la situación que vivimos. Es de recibo que al menos a los guardias de noche se les dote con armas de fuego -propone el derechista republicano Adrián Lozano a sus colegas de corporación, con el apoyo de ‘Noteme’.

-Es más -interpela El Cojo- deberíamos proceder a la refundación del cuerpo, que los serenos sean integrados dentro del cuerpo policial, miembros en cuanto a derechos y obligaciones de la Guardia Urbana. Que se les dote de uniforme y se pruebe sus aptitudes para crear un verdadero servicio de vigilancia y seguridad.

 -Los de noche han de llevar carabinas -propone el exalcalde accidental López Menchero, segundos antes de que Porfirio Rodríguez derive el asunto a la comisión para que dictamine.

El ayuntamiento -las más de las veces con solo la mitad de los ediles presentes y no de buen grado- se mueve al dictar de los sucederes. Nocturnas y alevosas bribonadas como esas maromas que vienen amaneciendo cortadas en muchos de los huertos del extrarradio del casco urbano; norias desmembradas de arcaduces, quebrados y desperdigados por el piso.

Con ésta son tres veces en las que a la par de la negociaciones de jornales la sangre altera el frágil convivir. Pasó en la siega del año pasado recién parida la República, menguó la conflictividad al llegar la vendimia pero con la aceituna brotaron los tiros. Catorce meses más tarde aún se espera que se oficialice y constituya el organismo que ha de mediar. Los jurados mixtos de patronos y obreros son la herramienta que ha ideado el régimen para la negociación colectiva, pero lo único que se sabe es que Daimiel dependerá de Manzanares y que allí los braceros estarán representados por el secretario de la Casa del Pueblo, el forastero Miguel Carnicero.

Entretanto, para la siega de este año el parche ha sido una citación a las partes en el Palacio de la Diputación con los representantes de los obreros filtrando días atrás que exigirán nueva elevación de jornales. Confían en doblar la resistencia de los propietarios ante el gobernador azañista don José Echeverría y les refuerza la inquietud de los patronos por los referidos asaltos a fincas. Con el líder socialista Carnicero en nombre de Daimiel, arrancan sin problema lo que ya es de ley, las ocho horas de jornada. En casos urgentes, podrían ser hasta diez con un incremento del 25 por ciento en cada hora. Se necesitan dos días más para acordar el precio del jornal. 8,50 pesetas para ambos sexos después de que se vea obligado a interceder el gobernador con una propuesta a mitad de camino entre ambas demandas. Se prohíbe la utilización de maquinaria mientras haya parados. Y se establece una Comisión Arbitral (dos patronos y dos obreros) en cada municipio para que vigilen los cumplimientos.

Son citados los socios en el Sindicato Agrícola para ser informados de las bases de la siega recién cerradas en Ciudad Real. No se esperaba otra cosa, los ánimos se encienden y se contagia la impresión de que han sufrido el enésimo ultraje y lo peor es que en estas batallas poco margen de maniobra les queda. Jamás habrían pensado que alguna vez fueren a desear la constitución de los jurados mixtos, mejor solución que ser presas del capricho y laxitud del gobernador de turno, designados por Madrid para ordenar en un lugar que jamás pisaron y andan lejos de descifrar.

Llega el verano y escasea el pan, primero en las tiendas de las afueras, luego en los despachos principales donde los clientes tienen que formar cola. A cada uno se les entrega dos panes como máximo. Escribe el corresponsal de Pueblo Manchego, el militante de Acción Agraria Filiberto Maján López de Coca, que la causa principal es la campaña realizada desde el pasado verano decomisando piezas con faltas de 3 a 10 gramos. Esto, unido al poco margen de utilidad que obtienen los panaderos, da como resultado que dejaran cocer muchos pequeños industriales y otros elaboren la mitad de lo habitual. Y gracias a la fábrica de Ayala y Juan que despachaba la mitad del pan que hay en Daimiel y ahora elabora el 90 por ciento.

Tahona Los Ayala y Juan.
Tahona Los Ayala y Juan (Daimiel en el Recuerdo).

… entretanto

-Secretario, proceda a leer el comunicado de don Max Cassin -pide el alcalde Porfirio.

-Como agente consular de Francia en Daimiel -lee el secretario Ramón Urgellés- doy las gracias oficiales al Ayuntamiento por el pésame expresado con motivo del deplorable atentado mortal contra el presidente de la República Francesa Paul Donner. Haré llegar nuestras condolencias a la embajada en Madrid.

- Una cosa más, señor secretario, quiero que conste en acta el acuerdo alcanzado por aclamación antes de entrar en esta sala. Informo de que se va a enviar un telegrama al presidente del Congreso manifestando el sentir unánime de la corporación contrario a la aprobación del Estatuto Catalán por romper la unidad de España y ser la ruina de la Hacienda pública su aprobación en la estructura actual.

ATT: Presidente de las Cortes.

Protestamos respetuosamente contra la posible desmembración de nuestra patria cuya unión costó ríos de sangre y el infatigable esfuerzo de todos los españoles durante siglos.

Firmado. Excmo. Ayuntamiento de Daimiel, Sindicato Agrícola, Sindicato de Obreros Artesanos, Círculo Obrero, Casino de la Armonía, Agrupación de Industriales y Comerciantes y Acción Agraria Manchega.

Revuelta universitaria en Sevilla contra el Estatut.
Revuelta universitaria en Sevilla contra el Estatut.

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Exhibición de fuerza de los agrarios (Cap.VI Ep.2º)

(episodio anterior)

No cabe un alma en el Teatro Ayala. No ha hecho falta que el bedel salga a la puerta a avisar a la concurrencia de que no hay butacas ni espacio en los pasillos porque el excedente de invitados y curiosos lo devuelve el vestíbulo a la calle sin posibilidad de avanzar un metro. Una muchedumbre de toda clase y condición, adscrita a la principal marca político-social de este pueblo, Acción Agraria Manchega. Es la sección en esta tierra del partido Acción Popular de Gil Robles que nació hace justo un año bajo el nombre Acción Nacional y poco después hubo de ceder el apellido al pueblo para que conciliara mejor con los tiempos presentes. Al menos en la fachada.

Madrid va propinando chaparrones de pretendido europeísmo y no hay paraguas político que pueda guarecer mejor al daimieleño común que una formación defensora de la patria y el sacrosanto orden social, de la España única, indivisible y centralista. Todo se construye en torno a la familia; la mujer a lo suyo y el divorcio es cosa del diablo. La propiedad de la tierra no se discute y la religión es el vademécum de cualquier proceder en la vida. El catolicismo, aunque llegaren mil repúblicas, ha de ser la cruz guía del vecindario y de la educación de sus hijos. Lo contrario es un atentado a las buenas costumbres.

El pasado 20 de febrero abundaron las tertulias callejeras y cenáculos de indignados, porque Gobernación Civil se curó en salud suspendiendo un mitin estrella en Manzanares. Temieron altercados. Se calcula que un millar de daimieleños se había hecho su composición de viaje. En tren, coche e incluso en bici para asistir al encuentro donde estaba anunciado el mismísimo Gil Robles. Parecen muchos aficionados, de hecho lo son, pero esa expedición no habría sido ni la cuarta parte de los carnés que Acción Agraria Manchega ha sellado en este pueblo, una vez Madrid apadrinó de buen grado a esta sucursal de Acción Popular.

Ese aborto de mitin fue hace dos meses. El lío que tiene Gil Robles en la capital de las Españas no le ha abierto hueco alguno en su agenda para liquidar la visita que debe a los manzagatos, si bien tampoco es que se le espere en Daimiel donde hay poco que rascar, entre otras cosas porque en su bando ya están todos los que son. En verdad, no es preciso mucho lujo de cartel para lograr sacar una instantánea del teatro lleno hasta la bandera de agrarios; basta con mandar al pueblo un segunda espada. Dimas Madariaga lo es, y encima de los buenos. Bravo cuando embisten e implacable con los mansos. Este 2 de abril, el diputado nacional por Toledo es la prima donna en el Ayala.

Todo un trimestre consumido de 1932 y todavía no ha escampado. Lo trae bien apuntado el señor Madariaga en una nota manuscrita que guarda en el bolsillo interior de su chaqueta. Teme dejar sin referir algún ‘atentado’ de Manuel Azaña: disolución de la Compañía de Jesús, secularización de los cementerios, supresión de los crucifijos de las escuelas o aprobación de la Ley del Divorcio. Y hay más que reprochar desde las derechas al jefe de Gobierno. Recelando La República de la Guardia Civil, recién han creado la Guardia de Asalto por si fuere conveniente apelar a un cuerpo fiel con algo que deber al régimen. Desde el 30 de enero cuando se dio la orden ministerial hasta hoy mismo ya han tenido que tirar de porra y sacar pistola, y no poco. Y aquí no se detiene el acopio de fuerzas. Como los socialistas siguen a la expectativa, más susceptibles que un guarro en San Antón, a los quince días justo de nacer la Guardia de Asalto que, guste o no, es cuerpo al servicio de todos los españoles, desde el PSOE decidieron dar formación a sus más gallitos. Las milicias socialistas son una realidad. En fase de instrucción para el día, sueñan, en que tomen el poder y a los beneméritos haya que retenerlos en los cuarteles. Es una profesión con futuro porque no van faltando los palos. En estos meses el sindicalismo beligerante ha campado a sus anchas en ciudades y pueblos del orbe ibérico. Los periódicos informan de bombas, atracos, agresiones, motines, asaltos a cortijos e incluso a cuarteles del instituto armado. Navajeros y pistoleros, furtiveo y refriegas, peleas de cantina y hasta tranvías volcados. Muertos.

Dimas Madariaga
Dimas Madariaga

Todo eso lleva escrito a fuego Madariaga, sentando en primera fila de butacas del Ayala, no lejos del corresponsal de Pueblo Manchego, Filiberto Maján López de Coca y del de ABC, Rafael Izquierdo; no sabiéndose bien dónde acaba el periodista y empieza el militante.

Sobre las tablas, una mesa alargada a la derecha de la escena de cuyo canto cuelgan tres cartelones que rezan “Comité Local de Acción Agraria Manchega”. Se sientan tras ellos Ángel Herrero Llanos, Paco Ruiz-Valdepeñas Utrilla y entre ambos, dirigiendo, Jesús Lozano Moreno de la Santa.

-Es un honor presidir un acto de semejante trascendencia tanto por la calidad y entusiasmo de los asistentes como el alto prestigio y merecimientos del diputado que nos honra con su presencia. Un hombre que fue capaz en Talavera de la Reina de, predicando con el ejemplo, ceder las dietas de un mes en favor de los obreros parados- introduce Jesús Lozano, ganándose una larga y sonora ovación.

Arropado por los aplausos, tímidos pero animosos, Madariaga se levanta y sube la escalera de madera camino del atril donde al instante ya se dirige al respetable.

-Damas y Caballeros, bellas señoritas- comienza el diputado- reciban un afectuoso saludo de las señoritas y obreras daimieleñas que también del modo más entusiasta mantienen en alto el lema de patria, religión y familia. Traigo palabras e ideas de paz. Para mí, como para todo hombre honrado, las ideas son respetables y deben ser escuchadas al objeto de que a solas con su conciencia cualquier ciudadano pueda libremente elegir -se está acordando Madariaga de los decretos republicanos- La Constitución –continúa- debió ser obra de todos los partidos. Sin embargo, no hubo transigencia. Se aprobó atropellando a la mayoría católica por un sectarismo impuesto por la masonería que tuvo a su devoción 180 diputados, siendo inútiles los esfuerzos por impedirlo de los católicos- Gritos de fuera en el Ayala. Fuera la Constitución del 31.

-La implantación de la escuela laica- entra en materia Madariaga -destruye la libertad de los padres para encauzar y plasmar el alma de sus hijos, pues sólo tendrían disponibilidad para ello quienes dispusieran de medios de fortuna suficientes para llevarlos a escuelas o academias particulares. Los desheredados se verán obligados forzosamente a ver a sus hijos educados en la escuela laica para que les desarraiguen las creencias y la fe que las madres les inculcaron y en la que vivieron y murieron sus antepasados- casi un minuto de aplausos interrumpen el discurso del diputado. Madariaga aplaca a la concurrencia pidiendo calma con su zurda en alto.

 – ¿Y el divorcio? La mujer no es un mueble, ni un objeto destinado al placer. Ha de ser algo grande y respetable. Sólo por el matrimonio indisoluble puede constituirse la familia digna, que sea la célula, la verdadera piedra angular que arma la sociedad. Con el divorcio, la mujer ajada o enferma, perdidos sus encantos, sería abandonada a su triste suerte por un marido sin religión y carente de moral que buscaría nuevos encantos en otra mujer -Todos escuchan ahora en silencio mientras rubrican estas reflexiones asintiendo con la cabeza e intercambiando miradas como diciendo “este señor tiene más razón que un Santo”.

 – ¿Qué decir de la reforma agraria que planean, compañeros? ¿Es que hemos olvidado que para que el agricultor pueda pagar jornales caros es necesario que valgan los productos de la tierra? Y ahora… ¡eso es imposible! -se enciende Madariaga ¿Cómo se puede plantear una reforma tan vital para la supervivencia del país sembrando agravios? ¿Cómo se puede expropiar sin que se indemnice al propietario en el justo valor de su tierra? Esto traerá la destrucción de las explotaciones agrícolas y, por añadidura, de la economía nacional; pues el capital y el trabajo son inseparables. Porque es necesario que el propietario obtenga una utilidad razonable y el obrero coadyuve con su trabajo al fomento de la riqueza, obteniendo buenos jornales no sólo para su subsistencia sino para obtener razonables comodidades, y al mismo tiempo pueda instruirse, dotarse de inteligencia y encumbrarse en los más altos puestos por su propio esfuerzo y protegido, desde luego, por un seguro que le ponga a cubierto de la miseria, enfermedades, incapacidades o vejez- respira Madariaga durante unos segundos.

-La comprensión y práctica de estos postulados, compañeros, evitaría el triste espectáculo de los crímenes sociales que estamos presenciando. Viendo caer obreros y patronos acribillados por las balas mientras los diputados y caudillos que han envenenado al pueblo disfrutan pingües sueldos y dietas en la capital de España. Las derechas no deben dejarse alucinar por hombres que quieren atraerlas, ¡Sí! Aquellos mismos que formaban parte del Gobierno el día de la quema de conventos y contribuyeron con sus votos a la aprobación del artículo 24 de la Constitución -solo un puñado de los presentes saben de un apartado de la Carta Magna que permite obtener fácilmente la nacionalidad española a portugueses e iberoamericanos, incluidos los brasileños.

-Damas y caballeros, católicos de pro, defensores de la Patria, no hay otro modo para salvar España que agruparse las derechas en torno a hombres de un ideario definido- atruena ahora la ovación en el Teatro- Y sabed todos…y sabed todos, gracias, gracias. Y sabed todos que la próxima batalla la ganaremos merced a las mujeres españolas principalmente. Eso sí,  no olviden los hombres que el día que sea preciso demostrarlo ¡sois dignos del traje que vestís!

Los aplausos impiden escuchar sus últimas palabras.

Una semana después

-Me han llegado rumores de que una comisión de la que forman parte algunos concejales visitan las casas y toman la afiliación de los individuos y, como ello se hace ejerciendo algunas coacciones, pido se averigüe qué hay de cierto en ello y, estando prohibido, se aplique la correspondiente sanción a quienes de esa forma molestan al vecindario. Recordando además que toda filiación a particulares ha de hacerse de modo espontáneo- termina el socialista López Casado su ruego al pleno municipal.

 -Rubrico todo lo dicho por mi compañero –afirma Manolo Infante- y añado que eran dos los concejales.

 – Investigaré el asunto -sentencia el alcalde Porfirio.

De indagar el alcalde sobre esta acusación de proselitismo, habrá de hacerlo entre los doce ediles (él incluido) provenientes del antiguo régimen que se han ido pasando a las filas de las nacientes fuerzas conservadoras creadas ex profeso para la República. En esa relación no solo figuran los pujantes agrarios. Le van a la zaga en la captación de acólitos los representantes de Alejandro Lerroux que vienen siendo legión de un tiempo a esta parte. El Partido Radical ha dejado semilla en el gremio de comerciantes, industriales y algunos estudiantes del pueblo. No son pocos. Llevan casi tres meses funcionado oficialmente desde que el 16 de enero constituyeron la junta directiva. Es presidente de los radicales Filiberto Maján Pinilla (el padre del periodista que congenia con los agrarios), su segundo es el Jefe de Correos Benito de la Caballería, Francisco Ruiz Borondo de secretario, Joaquín Chocano se encarga de los dineros y ejercen de vocales Tirso Simal, Juan Fisac, Magín de la Flor, José Galiana, Pepe Villegas y Félix Cejudo.

-Y por favor –retoma Casado en el pleno- no deje de cumplirse la secularización de los cementerios y que todas las manifestaciones religiosas pidan y obtengan el correspondiente permiso de la autoridad para celebrar sus actos, como está ordenado.

No es del agrado de López Casado entrar en un terreno que excede lo religioso, la Semana Santa. Tampoco puede eludir su responsabilidad como edil socialista, creyendo además en lo imperioso de respetar la norma. Madrid ordenó que ningún político presidiera las procesiones y así se ha hecho en Daimiel donde a los concejales les han sustituido comisiones de las propias hermandades.

El problema ha sido otro y Félix ‘El Cojo’ sabe que no puede demostrar la implicación del alcalde Porfirio, e incluso tampoco cree que tuviera nada que ver, sin embargo tiene que subrayarlo. El gobierno de la República ha suprimido como festivo la víspera del Domingo de Ramos que venía siéndolo, además del Jueves y Viernes Santo. Sin fiestas que guardar de manera oficial y orden de, por ejemplo, abrir los colegios.

-¿Ha autorizado usted la clausura de las escuelas públicas los días 19, 24 y 25?- pregunta el tercero de los socialistas Gómez Limón.

 -Si no hubo clase se debió a que no asistieron los niños, pero no se dio orden alguna -responde el alcalde.

25 de marzo de 1932. Procesión de Jesús de Nazareno. (Foto Famila Gómez-Carpintero "Cardas")
25 de marzo de 1932. Procesión de Jesús de Nazareno. (Foto Famila Gómez-Carpintero “Cardas”)

Leer Capítulo VI, Episodio 3ª. “Primer aniversario de la República”

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Agua y pan (Cap. VI Ep. 1°)

(episodio anterior)

Costó enderezar lo torcido en los días de aceituna. No había concluido la recolección, cuando otra contrariedad abatió a los propietarios. Rebuscadores percutiendo como plagas sin bastarse los guardas del campo para contener tamaña invasión de desventurados en las haciendas ajenas. Hasta vinieron cortos los guardias civiles del pueblo. Desbordados, aun luciendo en sus expedientes muchas jornadas de práctica en brega. Demasiadas fanegas que controlar para tanto intruso. De nuevo, tuvo la Municipalidad que tocar la campanilla de Gobernación cuando ya estaban todos los árboles pelados de fruto y más rebuscadores que asalariados.

Un quebradero más en la hoja de servicios del alcalde Porfirio quien al menos pudo sacar pecho ante la buena nueva llegada a su gabinete con sello del Ministerio de La Guerra y remite de Jefatura de Aviación. Madrid había decidido no inhabilitar el aeródromo. Excelente. La letra pequeña decía, no obstante, que era menester un sólido apoyo vecinal. La gratuidad que tanto predicamento tiene en la administración. Al poco ya tenían a dos dadivosos paisanos, Jerónimo Domínguez y Emilio García Loro, dispuestos a continuar pagando los terrenos, costear teléfono, mantener la caseta adyacente a la pista y otros gastos. De resultas que -avisado quedaba el consistorio daimieleño- “otra vez volvéis” a intentar aligerar cuentas locales a costa de Aviación. Así quedó reflejado en Actas el pasado el pasado 18 de febrero.

Se acuerda ofrecer al Ministerio de la Guerra en propiedad y libre de gastos los terrenos del Aeródromo eventual, así como la caseta inmediata a éste.

En tiempos de miseria, la cadena trófica de la civilización dicta que Madrid, primus inter pares de los depredadores, apriete al pueblo en materia de cuartos y el pueblo, a su vez, intente comerse parte de la ganancia, por ejemplo, del señor Pontrémuli.

Este industrial natural de Puertollano tiene concedida la explotación del Lavadero, el tesoro de la ingeniería local. Emplazado en lo alto del pueblo, allí se construyó hace tres décadas el Depósito de Recepción de Aguas. Después de la llegada del tren, no ha habido algo más grande que glosar en la historia reciente de Daimiel. La traída de aguas desde la sierra de Villarrubia, amén de librar de infinidad de enfermedades, ha aportado un líquido elemento excelente en boca, libre de cales y otras impurezas que sí afloran en los pozos que minan el pueblo donde se extrae agua somera directamente del subsuelo. Ahora el agua para beber recorre treinta kilómetros por una tubería de hierro tendida hasta los riscos serranos de los Santos Mártires y el Allozar donde se perforaron galerías subterráneas, robándole a los manantiales un caudal de doscientos metros cúbicos al día. El Depósito de Recepción está hecho de piedras y hormigón hidráulico; compuesto de cinco naves, puede acumular hasta seiscientos metros cúbicos.

Toda la parcela ocupa una superficie de dos fanegas y en su alzado domina el colosal edificio del Lavadero. Suben las mujeres a hacer la colada en sus ochenta y cuatro pilas con sus correspondientes grifos de agua caliente. En el exterior, tendederos de ropa con alambre dando paso a un frondoso jardín sondeado de pequeñas fuentes de agua cristalina y un par de casillas más para guardar el material, bien coquetas, armonizadas con el entorno.

Las aguas que desde Villarrubia terminan remansadas en el Lavadero fueron al poco tiempo canalizadas para, desde El Alto, surtir al pueblo en cinco fuentes ubicadas en los sitios más céntricos, en San Pedro, Santa María o en la plazoleta de San Antón. A los barrios más apartados llevan el agua carros con cubas.

Edificio principal de El Lavadero. Principios del siglo XX (Arch. Municipal de Daimiel)
Edificio principal de El Lavadero. Principios del siglo XX (Arch. Municipal de Daimiel)

El señor Pontrémuli es el concesionario del negocio y dueño de la mayor parte de las instalaciones a la vista en El Lavadero. También administra la corriente de luz a través de la empresa Sociedad eléctrica de Daimiel “Luz Nueva” compartiendo servicio con la central local.

-Señores concejales, en vista del aumento de las necesidades de higiene y sanitarias en general, sugiero que esta corporación observe el aumento del caudal y se procure incluso que las aguas sean propiedad del municipio –propone el socialista López Casado.

- Yo me adhiero a esta petición –comunica el derechista Francisco Lara.

- Además, hay muchas faltas que invitarían a rescindir el contrato al señor Pontrémuli o ver el medio de incautarse de las aguas –abunda en la cuestión el también prerrepublicano Santos Morales.

-Pues lo idóneo –concluye López Casado- es que constituyamos una comisión especial que estudie el asunto y que lo mismo valga para el contrato de alumbrado público del mismo concesionario –todos aceptan.

Esto fue el 4 de febrero, seis semanas después, un paso más en la ofensiva. La sesión plenaria del 12 de marzo aprobó solicitar a Sociedad Eléctrica de Daimiel, como responsables de Agua y Luz, una rebaja nada más y nada menos que del 25 por ciento en las cuotas mensuales, a cambio el ayuntamiento se encargará de reparar los defectos en los postes y palomillas.

Aconteceres sintomáticos de la micropolítica municipal que despide el invierno más duro en décadas, el de la creciente conflictividad entre vecinos, muchos de ellos presos de la carestía o asfixiados por el encarecimiento de productos de primera necesidad.  Caro el pan y pocas patatas. Los tubérculos han escaseado pero no por mala cosecha. Se han pagado a buen precio y los productores locales has destinado casi todo lo recogido a la exportación saltando las alarmas ante un hipotético desabastecimiento. Respecto al pan, la harina de candeal se disparó en origen y en las tahonas el kilo se ha puesto por las nubes. Tanto es así que el ayuntamiento en pleno tuvo a bien incrementar el salario a los empleados municipales en la misma proporción. A cambio, todavía escamados por recientes trampas a la hora de cocer y despachar, desde principios de febrero cuelga en todas las tiendas sendos carteles, uno de garantía y otro de fiar.

En esta casa el cliente tiene el derecho de exigir el kilogramo completo y ser reparado si así no fuese despachado.

Tenemos a disposición de los clientes bonos equivalentes a 2,5 céntimos que pueden utilizar los consumidores para completar el pago.

El pan, producto de primera necesidad, no está siquiera al alcance de centenares de cabezas de familia. Lo que va entrando a chorrillo en el ayuntamiento sale inmediatamente para tapar heridas. Consiguió la corporación que desde Ciudad Real aprobarán un incremento de un 10 por ciento en el recibo de la contribución. Ese dinero extra no ha ido para la administración provincial, se ha quedado en el consistorio. Con el 60 por ciento se ha contratado a obreros para arreglar caminos, con la partida restante se paga a las cuadrillas que han igualado mal que bien las maltrechas calles del pueblo.

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