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Elecciones de abril. La rotura de urnas (Cap.VIII Ep.6º)

(episodio anterior)

El presidente del Consejo de Ministros persigue enterrar para siempre el artículo 29 de la antigua Ley Electoral, el fantasma que no ha cesado de mortificar a su Gobierno. Aunque derogado en el preludio republicano, no se extirparon por completo sus ramificaciones reaccionarias en centenares de ayuntamientos de la España rural. Las cosas se hicieron a medias. Aquellos consistorios solo fueron renovados parcialmente en los comicios del último día de mayo de 1931 pese a convocarse ex profeso.

Atendiendo estrictamente a la aritmética, eran y son gobiernos con sólidos cimientos del antiguo régimen en tanto en cuanto no habían celebrado elecciones en la fecha grande, el día señalado del 12 de abril, cuando viró el rumbo del país. Sin embargo, en el supuesto de que los comicios del 31 de mayo no hubiesen sido parciales sino sobre la totalidad de los concejales cabe preguntarse si el resultado habría dibujado un mapa dominado por las izquierdas o al menos más emparejado. El hecho es que en esos enclaves no estaban suficientemente organizadas, ni contaban con bases sólidas para competir con las fuerzas hegemónicas conservadoras. Tomando Daimiel como ejemplo de lo acontecido, si se ejecutó el artículo 29 (no hay elecciones al presentarse uno por uno los veintidós que ya estaban) es porque esta ciudad adolecía de aspirantes, como había filtrado a Madrid meses antes de los comicios el cacique marqués de la Viesca. “No se ha montado candidatura republicana alguna. Todo está en orden”, informaba en un telegrama al ministro de Gobernación el apodado ‘Dueño de Daimiel’.  Dos años después, desde su escaño de Madrid, Manuel Azaña estima que ahora la ocasión podrían pintarla calva.

Daimiel es uno de los municipios que se escrutan con lupa. Tras las municipales del 31 de mayo de 1931 arribaron ocho concejales para cubrir las vacantes de los ocho monárquicos que semanas atrás habían sido obligados a dimitir. Sin embargo, no se habían expuesto al escrutinio de las urnas los catorce asientos restantes, de indudable calado conservador. Se emprendió por tanto una transición incompleta. Cómo es posible -delibera Azaña- que permanezcan en el poder ediles emanados de un artículo suspendido, además de extemporáneo. El Ejecutivo considera llegada la coyuntura de emplearse en reparar tal irregularidad, toda vez que el proceso constituyente quedó cerrado y creen tener razonablemente armadas las leyes que aploman el régimen.

Veintitrés meses después, cuando Madrid explora nuevas vías que consoliden la República se incluye en el orden del día la reparación de aquello. Una mirada atrás para suturar la brecha municipal que todavía supura. Además, el jefe de Gobierno espera que la llamada a urnas mitigue el dominio de la derecha en esos 2.478 ayuntamientos, todos del ámbito rural. No son tan entusiastas en las huestes del Partido Socialista donde contemplan las elecciones como una maniobra arriesgada, susceptible de operar el efecto contrario del pretendido. Todavía se sacuden el polvo del revolcón en Casas Viejas y conocen mejor que Azaña cuán tiernas están las organizaciones obreras en los pueblos y aldeas de Madrid al sur. Sea lo que fuere, la fecha marcada es el 23 de abril y, de entrada, el hito es que son las primeras elecciones en poner una papeleta en las manos de las mujeres.

Foto del blog Lasmenidadesdelamemoria
Foto del blog Lasmenidadesdelamemoria

En Daimiel deberían servir para designar a catorce concejales que sumarse a los ocho electos en las referidas parciales de hace dos años. No obstante, el fallecimiento del socialista Félix López Casado ha liberado una plaza; en total 9.200 votantes convocados para decidir la titularidad de una quincena de concejalías. Es, con diferencia, el más grande de la veintena de municipios de la provincia obligados a celebrar elecciones. Del resto de pueblos huérfanos de transición -anclados por el artículo 29 a la dictablanda de Belenguer-, Calzada de Calatrava y Aldea del Rey son los más poblados; ninguno alcanza ni una tercera parte de los vecinos empadronados en Daimiel. Es por ello que las principales figuras territoriales de los partidos en liza deciden pasar aquí la jornada de votaciones. Desde primera hora de la mañana se han dejado ver por la plaza el diputado socialista Cabrera, el secretario del Comité de Acción Agraria Rafael Ramos Bascuñana y, representando al Partido Radical, los señores Montoya Martínez y Francés.

Todos a votar

Carteles acoplados en las fachadas, maderas y tapiales, letreros colgados del alumbrado público. La silueta roja de un varón de apolíneas hechuras pisa firmemente el verde del campo parcelado; un terreno cualquiera con una casilla al fondo. Cromática y elementos primarios para simbolizar la Reforma Agraria. Esta piedra angular de la demanda obrera es el señuelo de la propaganda socialista. El reclamo oficial coexiste con lemas vulgares, rotulados de madrugada para no dar tiempo a ser borrados por los servicios municipales o por los contrarios aludidos. “No votéis a los caciques”, reza bien grande una proclama pintada a brocha gorda; “mueran los burgueses”, amenaza otra a escasos metros de un colegio electoral y, en el camino, un par de afiliados a la Casa del Pueblo entregando pasquines donde, sin entrar en detalles, se promete el reparto de muchas tierras.

Las mesas se han constituido con normalidad. A las diez de la mañana la animación frente a los colegios es extraordinaria. Como si la consecución del sufragio femenino fuese cosa de ellos, celebran las derechas que las mujeres hayan salido a votar con denuedo. Entre el humo de pitillos mañaneros y tañido de campanas, apunto de sentir misa, se comenta en los corros de señores a la puerta de Santa María cuán gallardas son al acudir a los colegios olvidando las amenazas que -aseguran- días atrás vertieron contra los elementos de las derechas. Éstas dan por hecho que si eran holgada mayoría solo concursando los hombres, la irrupción del electorado del sexo débil acrecentará la ventaja; porque ellas, las mujeres, son las verdaderas custodias de las costumbres.

Los distritos electorales están vigilados por representantes de los partidos concurrentes. La Guardia Civil espera acuartelada las órdenes de los presidentes de mesa si se requiere su presencia. Para las menudencias, es el paisanaje quien asume el mandado de despejar de sujetos impertinentes la ruta hasta las urnas, verbigracia los grupos de agrarios y radicales que rondan celosos los barrios periféricos dando sensación de seguridad.

A las once de la mañana, protegidas por mozos de Juventudes Católicas, salen a votar en procesión las religiosas. Cubiertas de cabeza a los pies con sus hábitos dominicales, modestamente recamados, son recibidas amablemente a las puertas de los colegios donde no gastan más del tiempo necesario. Les ceden el turno los presentes, no es día para el clero de hacer cola ni recrearse. Emplean diez minutos escasos en ejercer su derecho; las carmelitas descalzas cerca de La Paz, las monjas mínimas no lejos del centro. Regresan unas y otras a sus respectivas comunidades, flanqueadas de nuevo por los zagales que habían esperado en la calle montado guardia como si dentro estuviese depositando el sufragio el mismísimo presidente de la República. No todas han pedido permiso al Señor para levantar la vista del suelo en el pastoreo hacia los colegios. Esas célibes se han ahorrado la congoja por leer en los mismos muros de sus conventos “que tengan cuidado las monjas porque si salen no entran”. Han tenido cuidado y están de vuelta a su clausura veinte minutos después.

Casi es mediodía, amigos y parentelas interpretan en las cantinas las impresiones recogidas en los puntos de noticia. En el cenobio socialista, la taberna de Basilio Molina, se arraciman los significados del partido refiriendo episodios de dispar gravedad: un sujeto  empecinado en votar en un distrito ajeno o las cabinas donde algún energúmeno habría rajado papeletas de los marxistas. La afluencia masiva a los colegios les predispone a temer un desenlace más que desabrido para sus intereses, calamitoso tal vez. En el pueblo todos se conocen y las cuadrillas más numerosas en acudir juntas a la fiesta de las urnas tienen poca traza de guardar el carné de la Casa del Pueblo en el bolsillo de la chaqueta. En la barra alguien comenta haber visto entrar en el ayuntamiento al diputado socialista Antonio Cabrera junto al representante de la Casa del Pueblo de Manzanares, el alcalde Gómez-Limón, el concejal Manuel Infante y otros compañeros que opositan en estas elecciones como Joaquín Ogallar y Ángel Martínez. Se desconoce la materia tratada en ese cónclave y si tiene relación con el hecho de que, una hora después, los apoderados de las derechas difundan entre los suyos que alguaciles y guardias municipales se han personado en los colegios solicitando a los presidentes de mesa un avance de los resultados. Denuncian que se trata de una maniobra urdida por el alcalde para intentar condicionar el resto de la jornada.

Enterados de la mayor, los directivos provinciales de Acción Agraria Manchega y del Partido Radical, los señores Bascuñana y Montoya Martínez, dan instrucciones a sus subordinados para que pongan el grito en el cielo y propaguen la supuesta coacción de las autoridades socialistas. Algún oído indiscreto que pasaba por la plaza capta el contraataque propagandístico de las derechas y acude con el cuento al consistorio. Tres minutos después dos guardias, muy educadamente, instan a ambos dirigentes a que se personen ante el alcalde y rindan cuentas sobre sus ardides.

No se achantan Bascuñana y Montoya al ser requeridos por el regidor. No en vano, admiten haber propagado en sus filas lo ocurrido con las autoridades en los colegios electorales. Es más, aprovechan la ocasión para elevarle su más enérgica protesta por lo que consideran una intromisión ilegal en la libertad de los ciudadanos. Gómez-Limón decide no escalar en el conflicto y terminan incluso charlando distendidamente sobre asuntas más prosaicos. Simultáneamente, a pie de urna, de las tiranteces se pasa a la hostilidad. Los presidentes de mesa, en medio de un embrollo cuyas causas son ajenas a sus atribuciones y aún noqueados por las inesperadas intimidaciones, solicitan el envío de parejas de la Guardia Civil; pero pasa un cuarto de hora de la una de la tarde y no se sabe dónde andan. En el cuartel les aseguran que ya mandaron todos los que son, quedan cinco en las dependencias y menos de ese número no garantiza una custodia efectiva de las instalaciones. Rehusan abandonar el puesto mientras no lo ordene la superioridad.

Avanza la tarde y en vista de los insistentes rumores de alteración del orden público, Inocencio Sánchez, capitán de la Benemérita, levanta el auricular del teléfono. Solicita del gobernador civil el envío de un camión de guardias de asalto, el cuerpo de efectivos del orden creado por el régimen republicano. Entretanto, todos los grupos pertenecientes a la coalición antisocialista se concentran en la plaza de nuevo. En media hora, un hervidero.

-No estamos dispuestos a que nos arrebaten el triunfo- prorrumpe uno de los cabecillas de los agrarios.

-Si la fuerza no actúa con la energía necesaria estamos dispuestos a aceptar la batalla como sea y donde sea -rubrica otro de los sindicados elevando el tono para si es menester sea captado el recado por los adversarios que también abundan inquietos por los soportales; para que se dé por enterado el diputado Cabrera quien, en este instante de exaltación, abroquelado por media docena de correligionarios entra a comer en la posada de La Castora. Y entran ligeros porque -todo sucede en segundos- han distinguido de soslayo cómo por General Espartero estaban irrumpiendo  los coches que trasladan desde Ciudad Real a las fuerzas de Asalto.

Dentro de la posada, husmeando tras los visillos el desarrollo del despliegue de armados, consulta Cabrera con sus compañeros, engullle el chato de vino de un golpe y provisto de sus razones retorna al avispero. Progresa Cabrera a paso ligero, jactancioso, entre miradas escrutadoras destino a la casa consistorial. No precisa subir a la planta principal para encontrar al alcalde; Gómez-Limón charla en el vestíbulo con el conserje y el jefe de los guardias del pueblo. Lo hacen en voz queda, aparentando sosiego. Sus rostros delatan lo contrario. Ojeras de fatiga y quijadas pétreas de puro estrés. Están sobrepasados por las circunstancias.

-Alcalde, comunique con el gobernador y que retire inmediatamente a la guardia de asalto. Esas fuerzas están de más -interrumpe Cabrera, confundiéndose sus palabras con el clamor de la plaza a sus espaldas porque la puerta aún está cerrándose tras de sí.

-Eso no será posible, diputado, si la guardia civil se ve incapacitada y ellos han tomado esa determinación, una orden contraria pondrá a mi equipo en entredicho y más si la situación deviene en revuelta -responde Gómez-Limón.

No hay más palabras. Cabrera abandona el ayuntamiento y vuelve sobre sus pasos. Visiblemente enojado, pregunta por el colegio electoral más próximo y allí se dirige. Entra en la sala, da las buenas tardes a los presentes, extiende su mano derecha en dirección al presidente de mesa y, cuando éste hace lo propio para estrechársela, el diputado socialista arrebata una urna y la estrella contra el suelo. Petrificados de espanto, apenas les da las piernas a unos para impulsar la silla hacia atrás en movimiento defensivo, a otros como el presidente para ejercer como tal, incorporarse y amagar con detener el oprobio. Entre que deciden actuar y no, Cabrera aprovecha el pasmo de la parroquia para reventar las otras dos urnas dispuestas en este colegio. Los cristales y sufragios se desparraman por el mármol.  Varios goterones de sangre tintan las papeletas profanadas próximas a la entrada. En ese rincón, el socialista venido de Manzanares se despoja de la blusa, saca la navaja, corta un trozo de tela y lo presiona y anuda alrededor de su muñeca derecha, sajada por una esquirla.

-Soy responsable de mis actos -proclama ante la estupefacción de los asistentes a tan violenta secuencia.

Sin embargo, Cabrera no permanece en el lugar de autos para responder por ellos. Abandona el colegio y acelera camino del ayuntamiento, desoyendo las voces que le reclaman. En la calle nadie se atreve a darle el alto pero son conscientes de que algo gordo ha pasado y que un señor y varios subalternos aligeran en sentido contrario, como escapando del lugar del crimen. El desconcierto dura lo bastante para que Cabrera alcance sin apuros el refugio de la Casa Consistorial.

En un cuarto de hora escaso el avispero de gentío enjambrado a la puerta del ayuntamiento es monumental. Quieren entrar y juzgar a Cabrera. Ahora sí puede agradecer el diputado que Gómez-Limón no haya revocado el despliegue que tanto desdeñaba poco antes. Los guardias acordonan la puerta dispuestos en formación hoplítica a fin de impedir que los indignados de las mayoritarias derechas asalten la sede municipal. Pero los indignados no sólo se cuentan entre los contrarios. Dentro del Ayuntamiento dos compañeros de filas de Cabrera, los socialistas daimieleños Andrés Carranza y Claudio Campos Aparicio intercalan gruesas palabras con el diputado. Gómez-Limón, apesadumbrado, guarda silencio. No da crédito a lo ocurrido y para más zaherimiento tiene que escuchar cómo los insultos y amenazas que profiere la multitud también tienen a su persona como protagonista.

-¡Atrás, atrás! ¡Inmediatamente! ¿Estamos? Ni un metro más. ¡Atrás he dicho! ¡No nos obliguen!

-¡Que salga ese valiente cabrón! ¡Bandido! ¡Sinvergüenza, traidor! Den la vuelta y echen mano del peligroso de verdad, nosotros no somos los delincuentes! ¡Por mis muertos que ese marxista sale del pueblo con los pies por delante! ¡Al infierno donde le parió la puta de su madre!

-¡Que he dicho que atrás! ¡Atrás! Me cago en la …

No logran contener la jauría solo con imperativos y ceños fruncidos. Quince guardias de asalto y los municipales en segunda línea -deseando no meterse en las fauces si puede ser- terminan por cargar con sus porras. Levemente, tal vez ni rozando, pero suficiente para sostener la efervescencia. Una hora después, aprovechando el remanso, sale una propuesta de dentro con el único objetivo de evitar la sangre.

-A ver, ¡silencio! ¡se callen por favor! -conmina el capitán de la Guardia Civil- quítenselo de la cabeza. Gritos los que quieran, pero los palos solo los da la autoridad y no es plato de buen gusto para nosotros. El señor diputado…

-¡Qué señor y qué huevos! ¡Bandido, a la cárcel con él!

- ¡Silencio! -retoma Inocencio Sánchez- El diputado Cabrera reconoce que se ha dejado llevar por los nervios pero afirma que es consciente de lo ocurrido y responderá por ello, pero ustedes, ni tan siquiera yo tenemos la potestad de juzgar sus actos por muy despreciables que sean. Así que aquí va a ocurrir una cosa, únicamente una cosa. Y es que inmediatamente el señor diputado saldrá por esa puerta acompañado de un servidor y varios compañeros. Si algo le pasa será como si se lo hacen a la autoridad. Que Daimiel dé ejemplo.

Antonio Cabrera Tova. Fundación Pablo Iglesias

Cinco minutos después, Antonio Cabrera Tova se dirige entre improperios al coche oficial aparcado a veinte metros, junto al Banco Español de Crédito. Algún esputo le salpica. Escucha y retiene el primer centenar de insultos y al que hace ciento uno responde con un par de peinetas y un apretón de las  partes nobles mirando al tendido. El vehículo enfila hasta el final de Emilio Nieto. No cesan de increpar al diputado hasta que no ven desaparecer  el trasero del Ford negro girando a la izquierda por Pablo Iglesias -calle Arenas hace un mes-, la travesía que conduce a Ciudad Real.

Apagada la hoguera, el interés de la tarde se centra en los resultados. Los brindis no respetan el desenlace. Las derechas enlazan los vítores por la huida de Cabrera con la sensación de la victoria segura. El recuento queda finiquitado sin tocar las once de la noche en el reloj del ayuntamiento.

En el total de los 2.478 ayuntamientos que celebran elecciones los partidos ministeriales (las izquierdas que gobiernan la república) obtienen 5.048 concejales, los radicales y derechistas suman 10.983 ediles. Manuel Azaña se enfrenta a una realidad diametralmente distinta a la percibida desde Madrid. La España rural escapa a su control, la que nunca conoció otra cosa que Dios y trabajar y poco más demanda. La España del analfabetismo galopante donde el proselitismo republicano-socialista ha recogido frutos hueros.

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Al día siguiente, 24 de abril

José María Gil-Robles recibe en Madrid a los concejales electos de Acción Popular, entre ellos al nutrido grupo de ediles daimieleños que acuden bajo la firma de Acción Agraria Manchega. El flamante líder de la CEDA, el referente de las derechas, agradece personalmente a los suyos la defensa realizada en los pueblos de la España católica y antimarxista. La mayor distinción se la apunta el centrista Alejandro Lerroux, a bordo del tren que lleva un tiempo virando a la derecha, el Partido Radical ha sido el vencedor de los comicios. Anoche fue el único en dirigirse a los españoles:

“Se ha demostrado la repulsa de la opinión por la política desarrollada por los socialistas en el Poder, pero tengo mis dudas de que el Gobierno se haga eco de la derrota”.

Hoy, igual que Gil-Robles se da un baño de gloria,  en la sede del Gobierno, el presidente del Consejo de Ministros, Manuel Azaña valora el dictado de las urnas. Los rotten borough, el despectivo aforismo acuñado hace más de un siglo en Inglaterra le ronda la cabeza, la soberbia y la impotencia hacen el resto:

“Las elecciones se pueden dividir en dos partes: una los hechos en sí, y otra las consecuencias y los juicios, pero a mi juicio lo importante es esto: se han celebrado elecciones en pueblos que en otras naciones se llaman burgos podridos”.

Azaña en 1933
Azaña en 1933

Dos días después de las elecciones

En casa del excapellán castrense Enrique Fisac se han reunido a comer el diputado agrario Casanueva, el abogado y gerente de Acción Popular José María Mateo, el directivo provincial Luis Montes y otras reputadas personalidades locales como Ramón Briso de Montiano, Francisco Cruz o Vicente Rodríguez. Con su bloc de notas, juez y parte, se sienta también a la mesa Filiberto Maján López de Coca, el corresponsal de Pueblo Manchego. Siendo la máxima autoridad presente, Casanueva declama a los postres regalando elocuentes palabras a sus compañeros, poniendo de relieve el gran triunfo de la CEDA. La ovación la sienten todos los vecinos. A continuación, se da lectura a dos telegramas de felicitaciones y agradecimientos a José María Gil-Robles y un tercero rindiendo adhesión al conglomerado nacional de los cachorros de la derecha:

“Señor José María Valiente presidente Juventud Acción Popular. Reunidos        comité ejecutivos organizaciones provinciales. Juventudes Acción Agraria Manchega acuerdan por unanimidad adherirse viril nota Juventud Acción Popular publicada prensa hoy reiterando fraternal unión  para conseguir plenamente realización ideales comunes. Rogámosle exprese adhesión in condicional  ilustre caudillo derechas españolas José María Gil Robles. P.D. Ortuño”.

Consumidos los puros y apuradas las copas, siendo las cuatro y cuarto de la tarde, los comensales confabulados parten hace el colegio electoral del distrito 1º donde anteayer Antonio Cabrera decidió pasar a la historia de la infamia. La gente aplaude y jalea por la calle a la comitiva agraria. Se disponen a apuntillar a los socialistas en la prolongación. En el colegio de marras varios grupos de afiliados protegen las urnas rotas cual el mismo sagrario. Han sido llamados a garantizar la pureza de los sufragios que finalmente no caerán en saco roto. Tres parejas de guardias civiles se ubican estratégicamente sin dejarse mucho ver.

Son las cuatro y media, comienza el recuento. Al cabo de una hora, 434 votos para la derecha y los radicales (la coalición antimarxista), 174 para los socialistas.

El resultado es definitivo. Han votado 6.600 daimieleños de los 9.200 con derecho a sufragio, el 70,25 por ciento del censo. 3.512 mujeres, 3.088 hombres. La victoria de las derechas es apabullante. En el distrito 1º (secciones Plaza, Vergara, Motilla, La Paz y Parterre) 1.498 para los conservadores, 629 para la Casa del Pueblo; en el distrito 2º (Pósito, Castillejos, Don Quijote y General Espartero) 1.306 frente a 629; solo en el distrito 3º (Canalejas, Estación, San Roque y Alarcón) evitan los socialistas ser doblados en apoyos, 1.117 por 564; en el distrito 4º (Primavera, Manzanares, Rafaela Clemente y Colegio Corrales) 1.025 las derechas contra los 334 votos de los socialistas. En total 4.946 frente a 1.864.

Al contabilizar concejal a concejal, así ha quedado la distribución de apoyos:

Coalición antimarxista

Eusebio Camino, propietario (1.515)

Luis Díaz Susmozas, zapatero (1.498)

Ernesto García-Muñoz Fernández de Yepes, industrial (1.305)

José Megía Madrid, industrial (1.304)

Ladislao Díaz-Salazar, industrial (1.110)

Victorio Cejudo, carpintero (1.107)

Luis Díaz del Campo, comerciante (1.106)

Ramón Briso de Montiano Lozano, militar retirado (1.035)

Francisco González-Mohíno, ganadero (1.032)

Miguel López de la Nieta, maestro albañil (1.025)

Socialistas

Joaquín Ogallar Muñoz de Morales, ferroviario (638)

Andrés Carranza, empleado de La Olivi (357)

Agustín Gómez del Moral, albañil (337)

Antonio Naranjo, droguero (337)

Ángel Martínez (334)

A la izquierda Eusebio Camino, el más votado; a la derecha otro de los nuevos Ernesto García-Muñoz
A la izquierda Eusebio Camino, el más votado; a la derecha otro de los nuevos Ernesto García-Muñoz

Jueves 27 de abril, cuatro días después de los comicios

Una terna de representantes de la Comisión Gestora del Ayuntamiento, aún en funciones, espera en pie desde hace diez minutos en los pares de la calle Pablo Iglesias. No puede faltar el alcalde socialista Gómez-Limón. Charlan entre ellos y atienden también a los dirigentes locales de otros partidos republicanos, mientras la banda de música ameniza los prolegómenos.

Han sacado los trajes del Domingo de Ramos para recibirle. No tardará en llegar. Hace media hora llamaron desde Gobernación avisando a las fuerzas del orden que despejaran la ruta. Ha estado inaugurando los nuevos pabellones del Hospital de Ciudad Real y, de regreso a Madrid, su gabinete le ha puesto en la agenda una breve parada en Daimiel, paso obligado por otro lado. A tenor del revuelo levantado a la altura del Casino, la escolta ha de estar entrando en La Plaza. La guardia personal que precede al coche principal tiene indicado dónde detenerse, en la puerta del taller de bordado de Rosario Muñoz de Morales. Las obreras se han puesto bien guapas. Casilda, la hija mayor de Rosario, la artista más dotada del pueblo donde se equivocó al nacer, sujeta orgullosa un frondoso ramo de rosas con cintas de la tricolor. Su hermana pequeña, Sandalia, ofrece otro.

La media docena de coches dejan atrás el ayuntamiento, recorren Emilio Nieto y doblan por Pablo Iglesias por la casa de Adrián Lozano buscando la salida hacia Arenas de San Juan.  Se detienen justo donde salen al quite las mozas del taller. De los tres vehículos que abren, se bajan varios agentes fornidos vestidos de negro. Otros sujetos más se apean de los que cierran la comitiva. Son la guardia personal encargada de acordonar toda la zona por ambos extremos del desfile de berlinas, pero la mayoría de la escolta circunda al cuarto automóvil del convoy. Cuando cada cual controla su espacio, descienden un señor que se apresura a abrir la puerta derecha trasera.

-Puede usted bajar, señor presidente.

-Buenas tardes, ¿cómo se encuentran? Son preciosas, muchas gracias -toma el ramo de manos de Casilda-, créanme que no esperaba semejante recibimiento.

-¡Señor presidente! -se hace hueco entre la plebe una señora de mediana edad a quien abren paso con respeto las obreras- Nosotras solo le pedimos protección para Daimiel que es un pueblo noble y respetuoso para las instituciones pero enteramente católico.

-No se preocupe, que la República no distingue entre pueblos ni colores. Es un tiempo nuevo y respondemos conformen nos vienen los cambios.

Niceto Alcalá Zamora, se cruza a la acera de enfrente, estrecha manos, saluda con la palma a ambos lados, asiente con la cabeza y sonríe. Da su bendición. Luego de charlas brevemente con políticos locales y fuerzas del orden vuelve a acomodarse en su asiento y ordena reemprender la marcha.

El presidente de la República, derechista y católico, se lleva un ramo de rosas de recuerdo, la generosa acogida de los daimieleños, el arrojo de sus mujeres y una sonora pitada y desconcierto de voces que, inmediatamente supo, no se dirigían a su egregia persona. En la  penúltima berlina de la comitiva viaja Antonio Cabrera, el diputado socialista ahorra gastos al régimen. Aprovecha los fastos para regresar arropado a Madrid para retomar sus cuitas parlamentarias.

Comitiva de Alcalá Zamora en un pueblo de Córdoba.
Comitiva de Alcalá Zamora en un pueblo de Córdoba.

A trescientos metros de allí, en su despecho de la calle Romanones, el doctor Gaspar Fisac Orovio, repasa el artículo que le han encargado para El Pueblo Manchego

En Daimiel han tomado parte en la lucha agricultores, industriales, comerciantes, médicos, farmacéuticos, sacerdotes, militares retirados de gran prestigio y ¡ha sido en Daimiel! donde el ejemplo de la ciudadanía de los jóvenes, que no se han amilanado ante amenazadores pasquines, ha ido acompañado también de una prueba de serenidad y arrojo de la mujer manchega, en las primicias de su regeneración social, desde la humilde labriega hasta el ama de casa y desde la señorita que dedica sus afanes a la instrucción de las hijas de los jornaleros en la “Alianza Femenina” y la religiosa humilde, hasta la madre de familia. Esa, esa es la que ha ganado la elección, la primera vez que han actuado en los comicios, la madre cabal es la que ha triunfado, al que educa al hijo en armonía con las necesidades de su personalidad, la que además de regir el hogar intervendrá en la Escuela, en la Sociedad y en el Estado. “burgos podridos” ha exclamado el presidente del Gobierno en referencia a los pueblos que el considera insignificantes porque siempre -como el afirma- fueron feudos de los Gobiernos y como es sabido con aquel nombre se denominaba en Inglaterra poblaciones donde había disminuido notablemente el número de electores y era fácil traficar con los votos. Ha sostenido el presidente que los pueblos que han triunfado en las elecciones son de escasa o ninguna significación social… pero los que creemos en la resurrección de la Patria, vemos, en el porvenir, a la madre española, triunfadora en el hogar con un altar en cada corazón, honrada por el hijo y bendita por el padre, convirtiendo con su influencia en oasis tranquilo este valle de lágrimas. La mujer manchega, como la madre española que ora, cree y trabaja y por designio de la Providencia acude a la lucha y a la defensa de sus derechos y de su cristiano hogar; es el AMA“.

Doctor Gaspar Fisac

Gaspar Fisac Orovio
Gaspar Fisac Orovio

 

Fin del capítulo VIII

Leer Capítulo IX  Episodio 1º  “Ramón Briso, el excoronel que quiso ser alcalde”

Foto de Emilio Aguirre Moraga

El mejor ayuntamiento jamás pensado (Cap.VIII Ep.4º)

(episodio anterior)

Teatro Ayala. Martes 28 de Febrero.

Garabateados en un lienzo multicolor, cabellos nevados de confeti y serpentinas rizadas sobre los hombros, proliferan los espantajos consagrados al vino. Fauna de fantoches arrastrando tajada y media en el barullo de la velada. Se agitan hasta chocar con esa otra especie oriunda, el torpe aplicado a bailar. Ganados para la causa del desconcierto, se lían de piernas desde el sencillo “tos palante, tos patrás”. El cachondeo padre de cada martes de carnaval. Aunque esta temporada se ha percibido más apatía que de costumbre, menos máscaras guarronas que antaño camino del Azuer, el Teatro Ayala habría tenido que colgar el cartel de “No hay billetes” de haber existido control de aforo.

-Vaya ruina. Ni uno bueno al volante. Pasarán años hasta que demos con otro Joaquín Pinilla o similar.

-Cualquiera vale para ese despacho. Vamos a empezar por pedir que duren al menos de Pascuas a Ramos.

-El otro día leí en el Semanario la carta de un desesperado. Al principio la tomé a guasa, pero tiene su enjundia.

-¿Sobre el Carnaval?

-No, no, sobre esto de los alcaldes. El lector proponía al señor Benimeli que promoviera una encuesta entre los electores sobre en quién debería recaer la Presidencia del Ayuntamiento. Un ensayo de las elecciones, si acaso para sacar de la madriguera a presuntas piezas notables que estaríamos pasando por alto.

-¿Y qué opinas?

-Pues que si el novio y la novia se profesan amor mutuo y todos los invitados a las nupcias comen y beben hasta el abrazo fraterno, sería un escenario bárbaro. Sin embargo, amigo mío, no nos engañemos. A estas alturas de la obra no vislumbro ese inopinado estado ideal de las cosas. De haberlo, ya se habría dejado querer.

-Yo no sería tan pesimista.

-Y sin embargo la realidad no da pie a pensar en el éxito de tan modernos procedimientos. Ni es esta tierra lugar para testar semejante experiencia parapopulista. Me inclino por suscribir la respuesta dada al pie por el propio director del periódico.

-Te escucho, te escucho.

-Imagina que la encuesta arroja como propuesta mayoritaria la de un neófito que ni siquiera ha metido medio pie en la cosa pública. Habríamos reproducido nuestras frustraciones, regresando al punto de partida. Cosa distinta es a posteriori, una vez celebradas las elecciones y designados los concejales.

-En ese caso, ¿para qué pedir auxilio al pueblo? Con los votos contados y los sillones repartidos a titulares con nombre y apellidos, el régimen de mayorías es el que impera. El influjo del lector sería inocuo a efectos de la gobernanza municipal. Puestos a implicar a los electores para que guíen en la búsqueda de un alcalde de cuerpo entero, mejor será hacerlo antes. Mañana mismo para que dé tiempo a que se presente algún mirlo blanco…¡señora por Dios! ¡Mire por dónde pisa, que me va a dejar lisiado!

-¡Esto es zona de baile caballero, si quiere darle a la lengua allí tienen el ambigú! ¡Menudos humos!

Tres horas después de irrumpir la turba, no quedan corbatas anudadas, solo antifaces torcidos. La niebla del tabaco y el polvo expelido por la tarima ha engendrado una pasta etérea que emponzoña los bronquios y enmugrece los rostros de las bellas señoritas; donde había maquillaje ahora son churretes. En el Casino viene siendo otra cosa, más esplendor y modales, o sea más aburrido. El desparrame  y el arte de un eficiente arrime hay que buscarlo en este teatro transmutado al absurdo. Ente el bullicio, las mozas casaderas son vigiladas por padre y madre desde la primera fila de sentados. Juventud perdida, testigos impertinentes, dedicados hoy a atar en corto las hormonas enemigas de la decencia.

-¡Un momento de atención! Damas y caballeros -proclama el gerente del Ayala Ernesto García-Muñoz, el único maestro de ceremonias en condiciones de hablar- Recibamos con un fuerte aplauso a esta agrupación de artistas que nunca nos pueden faltar en fecha tan señalada. La rondalla de los Amigos del Arte hoy está representada por Enrique Guijarro, Juan D’Opazo y Julio Martín de la Sierra. Vienen de debutar en el Casino pero son conscientes de que no hay éxito rotundo sin la confirmación en esta plaza. Como compañero que soy, les garantizo que han preparado con mimo la actuación más esperada del año. En esta ocasión tienen el placer de sentirse acompañados por los hermanos De la Flor, Victoriano con el laúd y Atilano a la guitarra. ¡A seguir disfrutando! y de aquí no se mueve nadie hasta que abandone el Ayala el último tambor de la Cruz Roja.

Salón de plenos. Dos semanas después

La Comisión Gestora ha convocado una sesión extraordinaria. Entre cesados, dimitidos, Pantaleón Pozuelo de baja y Félix ‘El Cojo’ en el cementerio, todo el peso municipal del invierno y parte de la primavera va a recaer sobre las achacosas espaldas de seis ediles. El presidente accidental del Ayuntamiento, el socialista Gómez-Limón, apenas puede apoyarse en la lealtad de su compañero Infante y confiar en la colaboración de Almela, Maján, García-Muñoz y Adrián Lozano; aunque tanto el exalcalde radical como los dos mauristas están a verlas venir. Se entiende que entre tanta interinidad y miseria deseen por encima de todo tachar fechas del calendario.

Para empezar, la gestora ha decidido no creerse la lista oficial de pobres, sobre todo porque no hay dinero para subvencionar tanta necesidad. Esta reunión se ha fijado para reorganizar el servicio público de Beneficencia. Los ediles tienen en la mesa informes que demostrarían supuestos abusos; perceptores de ayuda que estarían cobrando sin merecerlo.

-Señores, esta es la ordenanza que una vez se cierre la sesión habrá de figurar con urgencia en el tablón de anuncios de este edificio consistorial por tratarse de un asunto vital que afecta a numerosas familias de pobres de este pueblo que estarían viendo en riesgo sus futuras asignaciones porque a muchos de sus vecinos, fraudulentos e insolidarios, no les puede la vergüenza. Secretario, proceda a la lectura -insta Gómez-Limón a Ramón Urgellés.

-Siendo las siete y media de la tarde del martes 14 de marzo, reunida con carácter extraordinario la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Daimiel, ésta acuerda, primero, anular el padrón actual de Beneficencia; segundo, proceder a nuevas inscripciones teniendo en cuenta la división electoral en distritos, reservándose el ayuntamiento la autoridad de considerar si el demandante tiene derecho a la inscripción; tercero, aprobar las bases para la inclusión en el nuevo padrón; y cuarto, a los acogidos se les otorgue un carné similar al utilizado en Ciudad Real que presente las fotografías de los integrantes de la familia.

-Alguna objeción al respecto -inquiere Gómez-Limón.

-Si no relacionado con esto directamente -intercede Infante- sí me gustaría que en algún punto del acta conste un lamentable episodio, consecuencia del mal aprovechamiento de este servicio. Además, aporta otro motivo para emplearnos a fondo. Pido a esta Comisión Gestora que ordene una investigación sobre el comportamiento de la comadrona municipal. Al parecer,  Asunción Carrillo no acude por las noches a las necesidades de las pacientes de la Beneficiencia, teniendo que prestar asistencia la otra comadrona, cuando muy al contrario sí atiende a las que tiene igualadas.

Nadie recuerda una etapa tan decadente como ésta. Pobres siempre hubo, pero jamás se ha evidenciado como ahora. El paro obrero acucia, abundan las mujeres pidiendo por la calle, mendigando mendrugos de pan, perturbando en su desesperación la paz de los hogares para rogar cualquier dádiva de provecho. En la Casa del Pueblo gestionan numerosas denuncias contra propietarios que se niegan a arriesgar un solo céntimo dando trabajo en plantíos y olivares.

En Daimiel, la Iglesia -más bien sus gentes- le sigue salvando la cara al poder público. Semanas atrás la madre superiora de Las Pastoras asumió el compromiso de dirigir en persona el reparto de trescientos lotes de ropa a través de la institución caritativa Ropero de San José. De la tarea se encargaron una decena de señoritas, afiliadas todas a Alianza femenina. Las mismas y otras muchas que estos días han estado piadosamente entregadas a la visita del obispo.

Don Narciso Esténaga llegó acompañado de su capellán Julio Melgar, y ambos se hospedaron en la esquina de Monescillo con Alfonso XII; en la casa del ex capellán castrense Enrique Fisac Aranda. Ya no es coronel porque la Ley Azaña le quitó los galones y lo devolvió al pueblo de cura raso y un doctorado de Teología. Ahora comparte vivienda familiar con su hermana Consuelo.

No se separó de su ilustrísima en todo el fin de semana si bien el verdadero cicerone fue don Tiburcio; pertinaz  párroco de San Pedro, siempre empeñado en que la nobleza eclesiástica se ensucie los zapatos con el barro de las calles. Le condujo hasta la ermita de San Roque para, en este barrio de obreros, mostrarle el último hito de su gloriosa labor evangélica. Junto a los padres pasionistas de El Cristo, don Tiburcio ha logrado habilitar en la casa anexa a la iglesia un centro catequístico donde acuden varios centenares de niños. Más de setecientos participaron en el acto de inauguración el pasado 31 de enero con motivo de San Gabriel de la Dolorosa, recientemente declarado por el papa Pío XI patrón de la juventud.

Daimiel es la más principal de las plazas, el pueblo más leal con el obispado. Su ilustrísima predica en casa. Varios centenares de personas acudieron en Santa María a la Eucaristía del sábado por la mañana. Por la tarde en San Pedro se confirmaron  dos mil niños del tirón. Tras la oración, el recreo. Desde la Iglesia, don Narciso, cuál figura del toreo, fue llevado en andas desde San Pedro hasta el Ayala. En el palco pudo constatar  junto a los otros quinientos espectadores lo bien trabajado que tiene Pepita Camacho el cuplé de ‘La Concejala’.

Entre misa y el teatro ahogan los vecinos sus preocupaciones. Están quienes no tienen para comer y luego los temerosos de que las viandas terminen burlando también a los desahogados de penurias, inmunes hasta la fecha. En el pueblo con más medianos propietarios de toda La Mancha, en este vergel de huertas para echar verano, hay otra noticia que ha caído peor que un pedrisco en mayo. El contencioso que motivó en diciembre la asamblea de Alcázar de San Juan donde políticos y civiles de todos los colores compartieron recelos e indignaciones y diseñaron la estrategia de defensa. Entonces podía escucharse cómo engrasaban los cañones los enemigos, hoy las formaciones ya están dispuestas en el campo de batalla. Es la lucha por el agua, ergo la contienda por el pan de mañana.

La liebre la levantó ABC el 17 de enero. El diario publicaba aquel día las conclusiones de una asamblea celebrada por los contrarios en Alicante. Habían concluido que es económicamente viable desviar aguas de las Lagunas de Ruidera hasta la provincia levantina. Tras leer la noticia, numerosos daimieleños acudieron a hablar con el alcalde Antonio Maján. Éste, destacado batallador un mes antes en Alcázar, trasladó de inmediato tamaña preocupación a su homólogo alcazareño. También dio cuenta de la mala nueva a los regidores de Manzanares, La Solana, Membrilla y Tomelloso. Sin demora, acordaron dirigirse colectivamente a las Cortes y al Gobierno de la República para reivindicar nuestras aguas  como “patrimonio inalienable de esta tierra”. Al mismo tiempo, Maján ha tenido debidamente informada a la corporación. Estas fueron sus palabras el día que se despidió de la Alcaldía.

“Los alicantinos han renovado sus intenciones de utilizar las aguas del Alto Guadiana que de concederse traería la ruina para todas las huertas y agricultura de este término. Un servidor, en persona,  ha emprendido gestiones con mis iguales de las poblaciones afectadas y hemos determinado encomendar  el problema que se avecina a la comisión provincial encargada del asunto”. Escuchados los motivos, todos los concejales -aún se encontraba Félix ‘El Cojo’ entre los vivos-  se adhirieron a la empresa solicitando si fuere preciso la convocatoria de una reunión de fuerzas vivas en el teatro, sin perjuicio de personarse en el gobierno de la nación para evitar que las intenciones levantinas se lleven a efecto.

Lo más reciente sobre la polémica cuestión sucedió hace diez días. En el pleno del l4 de marzo, con Gómez-Limón al frente del Ayuntamiento, el propio Maján -a quien no se le ha desposeído de sus poderes en esta materia- y el socialista Infante reportaron los últimos movimientos de los alicantinos. Siguen para adelante en su empeño e incluso desprecian el alzamiento que estamos dispuestos a estimular en La Mancha. Gómez-Limón argumentó que era el momento. “No podemos esperar más. Propongo se conmine a todos los interesados a una reunión de urgencia en el Teatro Ayala. Salga de este Ayuntamiento sendas citaciones personalizadas al Sindicato Agrícola Católico y a la Casa del Pueblo. En aras de la mayor difusión posible, se haga llegar a los corresponsales que cubren la información del pueblo que Daimiel, si es preciso y desde ahora, enarbolará la bandera en defensa de su futuro”.

El arquitecto López de Coca

A veces firmando, otras con seudónimo, a veces el propio director Benimeli, otras dando publicidad a la carta de un lector. Hace una década en el periódico Adelante, ahora en el Semanario Daimiel. La denuncia perenne es el estado desolador de la Enseñanza. Número tras número, la revista de Benimeli subraya el agravio comparativo que padece Daimiel respecto a las facilidades educativas de las grandes capitales de la región. El Semanario, de hecho, ha perdido toda esperanza en la capacidad reivindicativa de las autoridades municipales, miran más alto. En este punto no admiten excusas de sus señorías, los diputados provinciales. Instan a nuestros representantes en las Cortes que olviden sus carnés de afiliados y expongan unívoca y urgentemente al Ministerio de Instrucción Pública cuán miserables son las aulas,  pupitres y encerados que cuelgan de las paredes de unas escuelas donde los niños se hacinan tal que un mercado de abastos.

Al pleno del 25 de marzo, ha acudido la mutilada corporación con esta somanta de palos en las costillas. Que hay hambre, en su debe cae; que nos van a robar el agua, no se lucha lo suficiente; que el paro es una lacra, se da trabajo a los mismos y no se presiona lo bastante a los propietarios aun habiendo un alcalde socialista… y encima desde Ciudad Real acaba de llegar un oficio obligando a que se controle como Dios manda a las señoritas prostitutas. Hace unos días Inspección Provincial instó al ayuntamiento a que habilite un servicio antivenéreo y sanitario exclusivo para reconocer a las trabajadoras de las distintas casas de lenocinio que acoge el pueblo, establecimientos registrados en los papeles como “café público servido por señoritas”. No vale con que pasen consulta al uso o que el médico monte en su tartana y visite a la señora Ana Gloria en la calle Pez o toque el número 33 de la calle Vergara y le pregunte a don Eulalio Blanco si esta semana se le ha puesto mala alguna.

Quienes se pusieron malos de verdad fueron los miembros de la pírrica corporación. Ni se molestaron en preguntarse de dónde van a sacar las perras para montarle el exigido local a don Gustavo Lozano y una asignación dineraria extra. En el mundo de la provisionalidad han optado por acondicionar un hueco en el habitáculo del Jefe de Vigilancia que cederá el lugar de trabajo cuando toque revisión, porque el pudor no es condición exclusiva de mujeres recatadas o de un solo varón.

-De haberlo sabido antes le habíamos dicho al arquitecto que dibujara un local  para esto de las putas -comenta Infante a Gómez-Limón mientras observan los planos extendidos sobre la mesa del secretario.

-Eso se resuelve con un biombo en la clínica, son 20 metros cuadrados -apunta el presidente de la Gestora señalando el plano.

-O en el propio despacho del médico, que no es chico precisamente. Así don Gustavo puede tomarse su tiempo -ríen ambos.

Entra en el salón de plenos Ramón García-Muñoz con un maletín de cuero y disculpando su retraso.

-Buenas tardes, me ha llegado esta mañana el último pliego y una carta del arquitecto. Nada importante. Es el documento que completa el proyecto. Ni me he molestado en mirarlo. Lo básico lo tenéis aquí y, en el maletín, traigo la memoria por si queréis echarle un vistazo.

-Sácala por si acaso Yepes, pero si hubiese algún matiz no será tan importante como para modificar sustancialmente la planificación -continúa Gómez-Limón-, estas son las condiciones y el presupuesto. Si no se os ocurre nada más en media hora lo sacamos a concurso ¿vienes de arriba? ¿le faltaba mucho? -pregunta a Ramón por el secretario Urgellés.

-En cinco minutos me ha dicho.

-Pues le damos esto resuelto, que levante acta y a otra cosa.

Carta manuscrita del arquitecto López de Coca (AMD)
Carta manuscrita del arquitecto al alcalde. (AMD)

No se sabe cómo, desde las profundidades de la atonía que imbuye la menguada corporación, una propuesta que el 9 de febrero hablaba, siendo ambiciosa, de derribar las oficinas de la casa consistorial  y acometer obras con un tope de 25.000 pesetas, ha terminado por cristalizar en un totémico proyecto que plantea sin duda el más completo, moderno y estético edificio de la provincia.

El daimieleño José López de Coca, arquitecto municipal de cabecera, ha diseñado en su estudio de la madrileña calle Hortaleza un Ayuntamiento para su pueblo que ya quisieran para sí los funcionarios de la capitaleja. Todavía no está claro cuál es la vaca a la que pretenden ordeñar para levantar instalaciones tan formidables, al menos no lo han hecho público, pero le van a dar una buena alegría al contratista y a los obreros, que no han de ser pocos.

Este primero de abril, siete semanas después de que la Comisión Gestora sentenciara la desaparición de las actuales oficinas, aquella ocurrencia explorando motivos de optimismo entre la abúlica rutina ha prosperado hasta germinar un proyecto de 214.600 pesetas, el 37 por ciento del presupuesto municipal para todo el año 33.

En cuanto al proyecto de casa-ayuntamiento, motiva López de Coca en su Memoria que “viene a llenar una necesidad sentida hace mucho tiempo por el pueblo de Daimiel ya que el edificio municipal actual no corresponde ni con mucho a la importancia de la ciudad”. De resultas que ha dispuesto para su pueblo natal un soberbio inmueble de tres plantas que se asoma a la Plaza de la República y en la parte interior otro inmueble destinado a dependencias auxiliares, éste en dos alturas.

En la planta baja del principal, los servicios cara al público: las oficina de depositaria y arbitrios, la clínica, el servicio médico y el cuerpo de guardia y extinción de incendios. Al fondo se emplaza, independiente por completo del edificio de marras, la prisión preventiva compuesta por tres calabozos, un cuarto de vigilancia y local para trastos y carbón.

En la planta principal se establecen los servicios privativos. El despacho del alcalde se ubica en la parte central de la fachada teniendo a su  derecha un salón para concejales y tenientes de alcalde. Además, a mano izquierda, las dependencias del primer edil se comunicarán con el despacho del secretario y su oficina especial correspondiente. La planta se completa con el gabinete del interventor y el de sus auxiliares, un gran archivo al fondo y los servicios de W.C. lavabo y urinarios. En el edificio interior, sobre la prisión preventiva  la vivienda de ‘El Tarja’, el conserje.

Por último, en la tercera planta se instala el salón de sesiones con un despacho anejo para espera de los concejales y su correspondiente cuarto de aseo, estando dispuesto también para este piso el salón de comisiones. Al fondo, sobre el archivo un amplio local para la banda de música.

En cuanto a la fachada, aunque López de Coca ha respetado la armonía general de la plaza, el edificio dominará el enclave al avanzar cuarenta centímetros de la línea de columnas de los soportales para que éstos queden cortados a ambos lados. En la composición de la fachada primará la sencillez, destacando la ornamentación en torno a los balcones del alcalde y de la Presidencia del salón de sesiones. Aún más sobresaliente será la torre con su doble alero de madera. La cubierta, en parte de azotea y el resto con armaduras de formas, ripia y teja árabe de color.

Se pretende que la adjudicación de las obras y a ser posible el primer porrazo a los tabiques sean inminentes, sin dar tiempo a que una nueva corporación salida de las elecciones del próximo día 23 pudiere dilatar la ejecución del proyecto y, a lo peor, meterlo para siempre en un cajón.

Alzado de la fachada del nuevo ayuntamiento (AMD)
Alzado de la fachada del nuevo ayuntamiento (AMD)

 

Corte lateral. (AMD)
Corte lateral. (AMD)

 

Por lo demás, puestos a gastar, qué son 300 pesetas cargadas a “Imprevistos” a fin de sufragar un monumento a Pablo Iglesias. Daimiel ha pujado para que se levante en el pueblo. Casi se ríen en Ciudad Real. Eso sí, constará que este ayuntamiento es de los que más aporta para que a la efigie del fundador del Partido Socialista no le falte bronce. Obreros pero no miserables. Tendrán que soltar la castaña a toda prisa porque para este tributo al gallego también juzgan las urnas a la vuelta de tres semanas.

Leer Capítulo VIII  Episodio 5º  “El año que no salieron Los Moraos”

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Muerte de un socialista (Cap.VIII Ep.3º)

(episodio anterior)

22 de febrero de 1933. 9 de la mañana

Una noche entera de vigilia le ha dejado los párpados cargados de plomo y los ojos palpitando, inyectados en sangre. Extenuada, aguanta la vertical encaramada sobre una piedra rasa para repeler el rezume bajo sus pies; la humedad del corral. Sus dedos entumecidos, gruesos y bermellones, acusan la artrosis de años haciendo la colada. Tinajón, tabla de lavar y un jabón verde pálido de los comunes que fabrican donde Vicente Rodríguez. Día tras día la misma faena aún caiga sobre sus huesos el pelado más atroz del invierno. Balanceando levemente los hombros, restriega cadenciosa los puños de una blusa raída, apurando el tiempo antes del desfile de cumplidores que no serán tantos por tratarse de un finado forastero.

 Es la más apañada, sabia y granada de todas las mujeres de esta casa de vecinos. Solvencia que asoma en días como hoy en que toca posponer trajines domésticos. Su desempeño es procurar un servicio decente a quien se digne a figurar en la casa del deudo; el domicilio funerario donde hace escasamente una hora daba postreras bocanadas un socialista de 37 años. Su amigo. La muerte ha aliviado una agonía de tres días interminables, de quejidos que barruntaban una enfermedad sin remisión.

Mari Reyes Ruiz de la Hermosa arrima una última orza de barro para que sea su hija quien continúe frotando. Humea el agua recién apartada de la lumbre casi a punto de ebullición; agua del pozo ablandada con ceniza y una pizca de sosa a fin de neutralizar el alto contenido de cal. La madre se seca las manos con el mandil antes de desanudarlo sin dejar de caminar por el empedrado del humilde portal donde un zarzo delimita la zona común de las viviendas. La familia de Mari Reyes tiene en propiedad tres habitaciones. En la cocina-comedor-recibidor -la estancia multiusos donde se hace vida- se agradece el calor que emana de los rescoldos del primer fuego de la mañana. Mari Reyes se arrima a la chimenea para resucitar sus extremidades. Remete las horquillas del moño, ajusta la redecilla y cubre sus hombros con una toca negra que andaba al retrotero encima de un poyo. De regreso al patio de vecinos, encuentra en el zaguán el primer remolino de ajenos.

 -¿Sigue dentro? -pregunta al grupo.

-Lleva poco, pero no creo que tarde –responde uno.

Esperan a que el médico certifique el óbito de quien ha llegado donde iba. Ella es una experta amortajando, la fama le precede. Ha lavado, cubierto y vestido los cadáveres de su familia e incluso de los allegados que no la tienen, como es el caso. Otras de las muchas tareas para las que solo tienen cuerpo y arrestos nuestras mujeres. El más viejo del lugar, entretanto, echa mano del recurso a muletillas y decires que suelen rescatar las palabras de estos silencios fúnebres. El anciano hace hora tirando de anecdotario, descansando en una desvencijada silla de enea con los palitroques torneados, medio descascarillados y apunto de troncharse.

 -Le entró un  dolor miserere y no ha salido de ésta. Se quejaba del riñón –sentencia el abuelo.

Dentro de la casa-habitación del desgraciado, Mari Reyes, enrolla la persiana de madera verde dejando entrar la poca luz que regala esta mañana de niebla; la suficiente para que el forense Emiliano Fernández-Bermejo pueda atinar con el formulario que da fe de la defunción. Poco después, en la casa consistorial, toma nota el juez municipal.

Tomás Briso de Montiano registra la ficha con nulo pesar y guardándose para sí algún comentario, más por prudencia que respeto. Hace bien, porque junto a don Emiliano revisa el papeleo el mejor amigo del fallecido, Manuel Infante Ruiz de la Hermosa. Vecino de calle y de acera, ‘Manolo el Cabrero’ ha sido el mayor apoyo del difunto en su vasta trayectoria en la Casa del Pueblo, su compañero en la agitada oposición municipal. No ha sido agradecida la vida con él. Pino y tierra, ahora que le tocaba sentarse en el lugar que hoy ocupa Lorenzo Gómez-Limón, flamante presidente de la Comisión Gestora. El Dios en quien no cree se ha negado a que un vulgar y advenedizo costurero descanse sus posaderas en sillón tan egregio por mucha República que haya.

Apellidos y nombre: López Casado Palomero, Félix.

Lugar y fecha de nacimiento: Puertollano. 1896

Padres: Crisanto y Sinforosa

Profesión: sastre

Domicilio: calle Magdalena 8

Causa del fallecimiento: Nefritis crónica

Hora: 8 de la mañana

-No deja testamento-

Ayuntamiento de Daimiel. Pleno extraordinario. 18 horas

Han vuelto las sesiones de la tarde desde que los cinco concejales presentes en la cita de hace dos semanas -la primera oficial de la Comisión Gestora- decidiesen regresar a esta hora más propia de la clase trabajadora. Entonces ya se anunciaba la convalecencia de ‘El Cojo’, hoy también se disculpa la ausencia de Pantaleón Pozuelo. Le han concedido una licencia de dos meses.

-Conste en acta -manifiesta afligido Lorenzo Gómez-Limón -el profundo sentimiento producido por la muerte esta mañana del vocal de esta Comisión Gestora. Don Félix López Casado era una persona llena de admirable entusiasmo por los ideales que sustentaba. En toda su actuación municipal puso al servicio de ésta sus grandes prendas personales, siempre laborando con enorme fe en todas las actividades que se le encomendaron. Como presidente de este ayuntamiento, propongo la asistencia de la corporación en pleno al entierro que ha de celebrarse mañana. Del mismo modo, en conformidad con el deseo expresado por nuestro difunto compañero, la banda municipal de música habrá de personarse en su despedida. Por otro lado -continúa el regidor interino- solicito se apruebe por los presentes el sufragio de todos los gastos del entierro como coche y caja. Por último, insto a que se le conceda en el cementerio de esta ciudad una sepultura a perpetuidad en la zona 5ª, fila 4ª, nº 1 del patio de San José.

23 de febrero. 4 de la tarde. Casa del Difunto

Hace una hora que el ataúd fue sacado al patio. Por si alguien siente frío y prefiere esperar resguardado, dentro de la habitación de López-Casado se han dejado las sillas más aparentes, las prestadas por los vecinos. Las de madera acaban de distribuirlas en el exterior dos mozos del servicio de Pompas Fúnebres. Circundan el féretro alineadas en tres hileras, a un lado, al otro y por detrás. Queda despejada la parte delantera del ataúd para dar entrada y salida a quienes vienen a dar la cabezá. Es la praxis del pésame. La parafernalia prendida en este pueblo para honras que hoy no exigían tanta ortodoxia porque no hay nadie a quien específicamente acompañar en el sentimiento y, además, puede resultar inapropiado desear que Dios lo tenga en su gloria. Pocos tomarán asiento, el momento invita más a la animada conversación en corrillos. Nada sería más respetable para el córpore insepulto que esperar la partida al cementerio charlando de política. Y así lo hacen.

En un rincón se envalentonan los zagales de la Casa del Pueblo. Cualquiera lo diría después de haber irrumpido en el velatorio con tanto miedo como vergüenza. José Sánchez de Pablo se echa unos años encima sacando cuerpo, un hombretón al lado del camarada Lope Abril. Pipiolos de perfil bajo cotejados con el sagaz Bernardo Alcázar. Hablaba con desparpajo ‘Alcacilla’ cuando ha captado  alguna mirada reprobatoria desde la zona noble, atenúa el volumen de su voz y continúa departiendo con sus iguales. ‘Alcacilla’ es de fisionomía menuda, pero inmenso de temperamento. Sin cumplir los dieciocho, está determinado a hacerse un sitio, para empezar, en la política local. Las palabras, casi siempre atinadas, le rebosan de un carácter forjado en el don de la persuasión. En apariencia o realidad, siempre se muestra seguro en su gestualidad y dialéctica. El líder de las Juventudes Socialistas procede de una familia de clase media. Tejeros arcabuceros que viven detrás de La Paz, en la calle Pozo de Ánimas. Que no pasara de la escuela a la Segunda Enseñanza no significa que haya dejado de leer. Su bachiller es la autodidáctica y los frutos los recogen y estiman en el PSOE, tan necesitados de intelectualidad.

Alcacilla responde a la llamada de Miguel Carnicero, el secretario de la Casa del Pueblo le ha hecho un gesto para que se una al grupo de los veteranos. Ahí están el negociador de los jornales Nicolás Cortes ‘El Rojo'; el tabernero y taxista Basilio Molina;  el empleado de La Francia y hombre de confianza de don Max Cassin, Andrés Carranza Oliva; uno de los pilares organizativos de la Casa del Pueblo, Claudio Campos Aparicio y su inseparable Joaquín Ogallar Muñoz de Morales, otro de los pujantes. El ferroviario Ogallar tiene buen porte. Le queda niquelada la chaqueta de pana. Un poco ancho el pantalón para lo delgado que está. Moreno de cara y pelo, de marcados rasgos varoniles, últimamente se le ve más hecho, sería a raíz de asumir la Secretaría de la Federación Local Obrera, órgano afecto a la UGT.

Joaquín Ogallar Muñoz de Morales (fte. Guía de Daimiel)

 

Miguel Carnicero pasa su mano derecha sobre los hombros de Bernardo Alcázar en actitud paternal

-Aquí están los que nos van a enterrar –afirma con talante litúrgico, a falta de cura, el secretario de la Casa del Pueblo.

-¿Qué cuentan los chicos? Diles que el domingo por la tarde los quiero a todos sin falta en la reunión -espeta Carnicero a ‘Alcacilla’.

-Lo saben de sobra. No faltará uno -asegura el jefe de las Juventudes.

-Por un lado ahora tenemos un par de meses al ayuntamiento comiendo de nuestra mano -se dirige Carnicero al resto del grupo- de hecho Lorenzo hará todo lo que pueda para presionar a los propietarios, sin embargo sois conscientes de que es el Jurado Mixto el que dicta.  Por lo tanto el esfuerzo habrá de ser doble. Hemos de ser corajudos para cuando acuda a Manzanares me traten con respeto.

-El 2 de marzo -interviene Joaquín Ogallar- expira el acuerdo suscrito en noviembre con los patronos y eso implicará que muchos jornaleros queden en paro desde ese mismo momento. Sin poda de cepas ni olivas, no hay tarea en el campo hasta que se caven en  mayo. Y no hay voluntad en el Sindicato Agrícola de dar otros usos al jornal. Aquí lo primeo es ahorrar dinero.

Asienten otros con galones que andan de pie a un par de metros de distancia. Son el brazo armado del partido. Tres pares de hermanos. Agustín y Antonio Gómez del Moral, más nombrados como ‘los Picota'; Luis y Juan Antonio Díaz-Galiano; y Matildo y Casiano Alegre Corniel, quienes han acudido acompañados de otro mancebo con pinta de pendenciero y aire de insolencia. Es su primo Pedro Ruiz de la Hermosa-Corniel, sorteado con sus quintos hace apenas cuarenta días.

Casiano Alegre es el patriarca de la familia. El respeto que le tienen, cuando no miedo, es más por currículo que por sus acciones pueblo adentro. La hoja de servicios del jerarca de ‘Los Casiano’ incluye una condecoración militar por valentía y pundonor en la guerra de Marruecos. Fue reconocido “héroe de Cobba-dalsa” por su combate al moro mientras hacía la mili al sur del Estrecho. Tuvo la suerte de escapar de una matanza. Aquello fue en 1924. Se emociona aún al recordar cómo decenas de paisanos y la banda de música le recibieron con loores y marchas castrenses al apearse del tren. Bajó andando toda la calle estación al son de los chicos de don Valerio y en la Casa Consistorial le rindieron tributo el Ayuntamiento en pleno y el delegado gubernativo del partido, que entonces era Vicente Noblejas en una de sus numerosas atribuciones. Le cayeron 250 pesetas de premio y, desde ese día, guardia montado con plaza reservada hasta la conclusión del servicio militar. Al regreso, tras un tiempo patrullando, pidió al alcalde Filiberto Lozano que le canjearan el puesto por el de guarda forestal. Al poco también lo dejó. Fue diciendo que no tenía cuerpo para arrestar a furtivos y pobres rebuscadores. Hoy lleva la distinción enganchada a la solapa.

A quien no le ha dado tiempo a adecentarse es a ‘Estebillán’. Esteban Gómez-Alegría. Viste una blusa de a diario, con canesú rizado y tira de cuello.  Ha pedido un vaso de agua al segundo de llegar y sin quitarse la gorra, charla un poco aturullado con Ignacio Jiménez de los Galanes ‘Gavillera’. No se han movido de la puerta, entre sol y sombra con medio cuerpo en la acera. Ahí se entretienen alternando y controlando el pampaneo.

-Ya vienen los señores –espeta ‘Estebillan’ con cierta sorna.

El alcalde de Ciudad Real, José Maestro.
El alcalde de Ciudad Real, José Maestro.

Al fondo se acerca la comitiva municipal, los pocos concejales que quedan al frente de la Gestora. El exalcalde Antonio Maján marcha a la par de los mauristas Adrián Lozano y Ramón García-Muñoz Fernández de Yepes. Intenta cogerles el paso el radical-socialista Antonio Almela Hernández quien ha encargado a su hijo que abra esta tarde la tienda de zapatos. Dos metros atrás el presidente y regidor interino Lorenzo Gómez-Limón y el alcalde de Ciudad Real José Maestro. Han excusado su presencia los diputados socialistas Fernando Piñuela y Antonio Cabrera por deberse este jueves a sus obligaciones parlamentarias. Han ordenado leer sendos telegramas de condolencia.

Ya están todos los que son, incluso la banda de música ha formado filas tras el carruaje mortuorio de Martín el cochero. Dos caballos con crespones y unos colgantes dorados. Los más íntimos pisan la calle con el féretro en brazos, lo ubican en el coche y lo cubren con la tricolor. Otros cuelgan media docena de cintas dedicatorias y, tras mirada aprobatoria de Gómez-Limón, emprenden el paso dirección a la calle Almagro y de allí al cementerio. Sin cirios, ni frailes, sin letanías ni rastro de clero.  Solo un frugal responso de los que llaman laicos y unas selectas partituras en el repertorio que no enojarían a un ateo. No es poco para un sastre, sin embargo. Quien le hubiera dicho de chico que tanta autoridad iban hacer de su último adiós casi un entierro “a la Federica”.

Se levanta la brisa trayendo de la lejanía los acordes del saxo soplado por el bisoño Francisco Ortiz. Los armoniosos graves aventados por la tuba del fornido José María Fernández Rodríguez de Guzmán el de ‘Los Navajeros’ componen el último eco del duelo recogido en Magdalena 8. Los mozos de la funeraria han reaparecido para desmontar el tinglado. En el cementerio abre camino el conserje Pepe Reyes. Antonio Sánchez Valdepeñas espera en la cárcava con la losa apoyada de canto en la tumba de un difunto vecino y un cubo con cemento. Felix López-Casado es enterrado sin catafalco, ni cenotafio. Uno de estos días alguien vendrá a esculpir un epitafio que ‘El Cojo’ no dejó escrito.

La anónima sepultura de Félix López Casado.
La anónima sepultura de Félix López Casado (2015).

 

 Leer Capítulo VIII, Episodio 4º “El mejor ayuntamiento jamás pensado”

 

Foto de Emilio Aguirre Moraga

El primer periódico republicano y la imprenta Espadas (Cap.VIII Ep.2º)

(episodio anterior)

4 de febrero de 1933. Daimiel, 8 de la mañana

-Buenos días, Juan.

-Buenas, Miguel ¿ha desayunado algo? ¿Al Bar España le parece?

-Por usted que sea, yo no tengo necesidad al menos hasta las diez. Con dos vasos de agua me pongo en marcha.

-Pues entonces, no hay más que hablar. Rumbo a la imprenta que hoy es un gran día Miguel.

Miguel Briso de Montiano hará los veinte en unas semanas. Juan Benimeli Navarro va con el siglo, cumplirá treinta y tres en otoño. Amigos a quienes la edad es solo una de las muchas cosas que debiera separarles. El primero es de familia arraigada en Daimiel. Hijo pequeño de don Ramón, coronel de artillería retirado y persona de envergadura en el Partido Radical. Juan, sin embargo, nunca pudo echar raíces. Pertenece a España entera por donde vagan sus memorias desde que siendo un crío dejó su Albacete natal para trashumar al reclamo de su abuelo, inspector escolar. Atesora una vida de mudanzas; faltriqueras repletas de incontables recuerdos de estimados compañeros de aula en varios pueblos de Lérida y Huesca, ciudad donde se expidió su anhelado título de  Magisterio. Miguel Briso es un joven de derechas y ferviente católico. Juan Benimelli es un señor de izquierdas. Estas tesituras que les hubieran conducido las más de las veces a remar por distintos ríos, sin embargo, no han pasado de motivos accesorios. Discrepancias esfumadas en favor del cuaje de una amistad forjada no en lo que son, procedencia o creencia, sino en la pasión que les cala. Dos maestros nacionales con una volcánica adicción por expresarse y por permitir que otros lo hagan, aunque no comulguen con sus ideas.

Juan Benimeli quedó prendido del periodismo cuando se le ofreció colaborar en un diario de Lérida, solo tenía catorce años. Ejerciendo la docencia en calidad de interino en Santalecina (Huesca) y  como titular en el pueblo ilerdense de Vilanova de San, siempre motivó a sus alumnos a que los alzamientos fueran con pluma en mano. Aburrido del norte, escapó a tierras meridionales. De maestro en Bujalance, promovió su primera publicación, un semanal bien saludado entre sus entonces vecinos cordobeses. El día que en Daimiel  clavó su enésima pica, Juan Benimeli Navarro no aguardó un segundo. Emprendió una desenfrenada búsqueda de mentes inquietas, visiones regeneradoras, amantes del arte o de la ciencia, aturdidores de conciencias, fiscales del entorno… hombres libres. Le hablaron de Miguel Fisac, el hijo del farmacéutico que reniega de pócimas y empatiza con planos. Poco después le presentaron a Miguel Briso. Desde entonces, el vástago del coronel le defiende donde haga falta, “a quien llamáis forastero no tiene más ideología que el progreso cultural, económico y administrativo de nuestra ciudad” y “tampoco es anticatólico porque le conozco muy bien. Si así fuera no estaría a su lado”, proclama allí donde le interpelan. Miguel Briso, de hecho, es el enlace de Benimeli, el captador de columnistas que invita a participar como redactores a todos los jóvenes del pueblo, sin censura previa de sus ideas.

Y, pese a correr tiempos donde la moderación no vende, pese a que el dinero es cobarde ante la incertidumbre de una república bamboleante, he aquí, a poco de amanecer un día frío y seco de febrero, la jornada que habrá de alumbrarse el primer periódico en casi nueve años, los que han pasado desde que Adelante pusiera su último número en la calle.

Juan y Miguel se aproximan al número 4 de la Plaza de San Pedro. La imprenta de Espadas no abre hasta las nueve, pero a ellos les han reservado cita a puerta cerrada. Golpean con los nudillos la chapa que protege las dos hojas de cristal. Al poco, es el propio dueño quien les recibe.

-¿Molestamos, don Francisco? –excusa Miguel Briso.

-Al contrario Miguelito, vienen en el mejor momento. Adelante, apenas quedan una decena de pliegos por cortar, si se esperan se los llevan.

-¡Estupendo! –exclama Benimeli.

- Aguarden aquí –señala Espadas- voy a comunicar a los operarios que cuando concluyan la tarea avisen a mi hijo Manuel, él les atenderá y, si lo desea, señor Benimelli, le enseñamos cómo trabajamos en este modesto negocio. Agradeceremos cualquier comentario, dada su experiencia.

-Por Dios don Francisco, por lo que me ha comentado Miguel, no paso de aprendiz a su lado.

No le falta razón a Benimelli. Francisco Espadas López aquilata medio siglo de profesión, cuatro quintas partes de su vida entre fardos de papel, tipos y tinta.  Natural de Ciudad Real, nació en una hermosa casa que asoma a la amplia plaza donde parte la calle Toledo. Fue el efímero hogar de una infancia volteada por ocho días trágicos, los que separaron las muertes de sus padres. La enfermedad llevó a la tumba a uno, el disgustó enterró a la otra. Él y su hermana Mercedes fueron acogidos por sus tíos carnales a quienes la compasión se les agotó pronto. El hospicio provincial se cruzó en el destino de las criaturas y, sin embargo, tal adversidad les haría inseparables. La orfandad aceleró sus madureces y, cuando tuvieron la edad suficiente para sobrevivir, tomaron el ato y no miraron atrás.

Francisco y Mercedes se presentaron en Daimiel buscando una oportunidad. Ella se distinguió rápidamente por su habilidad en el bordado, su hermano venía con el oficio de impresor aprendido. Convenció a un socio capitalista para montar un taller en el Parterre. No tardó en quedarse solo en el negocio y fue cuando se trasladó. Cambió Santa María por San Pedro y desde entonces, no hay cartel, almanaque, periódico o estampilla repartida por el pueblo en cuyo pie no figure la firma “Imprenta de Espadas”

El recibidor y dispensario de la imprenta es una amplia estancia rectangular con un mostrador en “L” que perimetra la mitad de la sala. Queda despejada toda la pared de la derecha donde, en varios estantes, se distribuye la papelería de venta al público. En la pared contraria, varios bloques de anaqueles y cajones. Ahí se alinean secantes y cuartillas, en perfecto orden. También el material para los típicos mandados, postales de compromiso, regalos para novias, tarjetas de boda o efemérides de difuntos que suelen repartirse especialmente en los primeros aniversarios de las defunciones. Al entrar a mano izquierda, detrás del mostrador, una máquina de escribir Underwood sobre una mesa de madera, quizá rescatada de un antiguo despacho, y un sillón junto a la ventana que llena de luz el lugar. Es el rincón para anotar pedidos o extender facturas, el punto de atención al cliente. En la parte más visible, un ornamental aparador anclado en el codo del mostrador para el surtido de plumas más notables; las colecciones más corrientes y los lapiceros las guardan en otra vitrina, la que están escudriñando los invitados cuando una tercera persona irrumpe en la tienda.

-Buenos días señores, esas de ahí se venden como rosquillas. El pedido no dura más de un mes. Al viajante lo tenemos en un altar –interrumpe Manuel Espadas.

-Hombre, Manolo, la verdad es que se entretiene uno con tantas cosillas –comenta Miguel al hijo del jefe.

-Todo un museo, Miguel. Y esto no es nada, guardamos un ejemplar de cada papel impreso. Varias décadas de trabajos. La pena es que algunos ciertamente relevantes ni llevaban firma, ni creímos conveniente conservar –comenta Manuel Espadas con la plena seguridad de que Miguel Briso de Montiano ha entendido por dónde van los tiros.

El padre del joven, el mencionado coronel Ramón Briso de Montiano y Lozano no está retirado por gusto. Fue el mal menor que le sobrevino por integrar un cuerpo militar manchado por la traición del general Aguilera que jugó a ser demócrata. El 29 de enero de 1929 protagonizó un alzamiento militar en Ciudad Real contra el dictador Miguel Primo de Rivera. Muchos de los protagonistas de la asonada pagaron la osadía con su vida en juicios castrenses celebrados cuatro meses después, la sentencia para Ramón Briso fue facilitarle la prejubilación. Y ¿qué tuvo que ver la imprenta Espadas en esto? Pues que horas después del pronunciamiento del general Aguilera, los aviones del régimen lanzaron octavillas desde el aire con un mensaje gubernativo a fin de intentar la rendición de los acuartelados y minar su resistencia. Se sabe que en la víspera hicieron escala en el aeródromo de Daimiel y, con tan escaso margen de tiempo, aquellas octavillas solo pudieron salir de las máquinas de Espadas. El arcano ha quedado enterrado en un rincón de la memoria de este taller que de ser así contribuyó en parte a la historia reciente de España.

Manuel Espadas Borondo (foto Ángeles Serrano Espadas)
Manuel Espadas Borondo (foto Ángeles Serrano Espadas)

-Venid para el taller y vemos cómo rematan lo vuestro –invita Manuel Espadas a Juan y Miguel que dudan por dónde salvar el mostrador.

-Allí, junto a la ventana está la trampilla.

Los tres cruzan la puerta que conduce a la sala de máquinas. Justo al entrar a la zona privada, se extienden amplias estanterías de altura considerable, desde el suelo de madera hasta el techo. En cada módulo se hayan distribuidos en cajetines los tipos de plomo y calamina con cuerpos que van del 6 al 72. Mayúsculas y minúsculas. La mayor variedad de letras las encuentras entre el 8 y el 12, las más usadas para la impresión de publicaciones periódicas. En los laterales, a la izquierda la remesa de papel, a la derecha las tintas no líquidas. Negras, azules, doradas, plateadas, granates o verde oliva. En el centro de la habitación, la joya del lugar, una aparatosa máquina de impresión Minerva indicada para pliegos de cuatro folios. Para los trabajos menores, otro armatoste más antiguo, una máquina cilíndrica para dar salida a los encargos más artesanales y laboriosos.

En la principal, un operario lubrica el engranaje y retira con mimo la grasa sobrante sirviéndose de un trapo pringoso. El cajista -encargado de componer los moldes- tras acabar su tarea echa una mano al compañero de la guillotina. Entre ambos montan los últimos números del semanario, mientras Juan y Miguel disfrutan de un proceso que toca a su fin.

-Don Manuel, esto ya está.

-¿Esos de ahí también, no? –Consulta a su empleado- ¿Eran doscientos en total? –se gira hacia Benimeli y Briso de Montiano quienes afirman al unísono.

Manuel Espadas toma un ejemplar, testa suavemente al papel, comprueba el secado, lo ojea unos segundos y se lo entrega a don Juan. Éste, henchido de orgullo, disimula con semblante indolente la inmensa satisfacción que siente antes de proceder a revisarlo desde la cabecera. No es el hecho de sostenerlo en sus manos como si de un recién nacido se tratase, es sobre todo oler el efluvio de un periódico recién salido de máquinas, una fragancia ciertamente estimulante.

“Daimiel” es el nombre, “Semanario defensor de los intereses locales”, el apellido. En mayúsculas “JUAN BENIMELI”, director-fundador de un periódico que ubica la redacción en calle Magdalena 9, en el Hotel García, donde al maestro le ha hecho una iguala el propietario Carmelo García-Maroto, mientras termina de ubicarse en el pueblo. Con los 10 céntimos que cuesta (una peseta y media se pide por El Pueblo Manchego) no tendría ni para costear el papel. Afortunadamente, este primer número saldrá en unos minutos a la calle sufragado por la publicidad de comerciantes e industriales. El repostero Manuel González que anuncia su servicio de bodas y bautizos en el 12 de la calle Fontecha; media página se ha reservado “Cementos El León” y su distribuidor en esta plaza Gonzalo Moreno; el concejal Ramón García Yepes ofrece sus prestaciones como constructor y reparador, no falta la colaboración del parador de La Castora, ni su vecino de soportal en la Plaza de la República, Miguel Sánchez Aldea. Pescadería y Frutería. Tuerce el gesto Benimeli al comprobar que se han comido una “E” en el anuncio de Ángel Martínez, delegado en el pueblo de Construcciones Financiadas S.A.

Toda la portada está reservada para la sesión extraordinaria del pasado lunes en la que se eligió presidente de la Comisión Gestora Municipal al socialista Lorenzo Gómez-Limón. Páginas adentro en la sección “Pildoritas” una columna dedicada al mitin de Acción Agraria del día 29 y, en el apartado de mentideros, bajo el título “Visto y oído”, la firme intención de la corporación municipal, o lo que queda de ella, de derribar el edificio de la Casa Consistorial y encargar el diseño de otro. Se marca el redactor una puyada para semejante pretensión, sin miserias. Solo entendible “de ser cierto” por la “necesidad de dar trabajo”.

-Llévese los que usted vea, don Juan. Mi recomendación es que deje aquí al menos la mitad. La gente sabrá donde encontrarlos –intercede el jefe Francisco Espadas tras entrar en el taller a través de la puerta que comunica con la vivienda familiar.

-¿Se marcha usted don Francisco?

-Sí, y no de buen grado. No por el objeto del viaje, bien sabe Dios, sino porque hace días que no me siento muy católico que se diga.

-Ande padre, que aquí no va a encontrar nada más que disgustos. Dé un fuerte abrazo a mis hermanos.

El dueño de la imprenta se ajusta el Gabán, se cala el sombrero y toma la maleta. En la puerta un coche le lleva a la estación. Tomará un tren destino a Madrid. Pasará unos días en la capital con sus hijos Luis y Vicente que, últimamente, no hay quien los traiga al pueblo.

Archivo Municipal de Daimiel
Archivo Municipal de Daimiel

Una semana después. Madrid, cementerio de la Almudena

Este sábado no hay número 2 del semanario. La familia Espadas se encuentra reunida y abatida en el camposanto de la capital de España. Ayer falleció don Francisco, al poco de poner pie en Atocha sintió cómo recaía de una antigua dolencia que le tenía a mal traer. Mantuvo la consciencia hasta un par de horas antes de expirar. Al cura le dio tiempo a ungirlo, no al cochero ni al tren para devolverlo vivo a Daimiel. No quisieron ver sus hijos en los ojos de Francisco que llevaba un par de días despidiéndose sin nombrarlo. Descansará en el Cementerio de la Almudena.

Francisco Espadas en su casa de la Plaza de San Pedro.

Francisco Espadas en su casa de la Plaza de San Pedro.

 Leer Capítulo VIII, Episodio 3º “Muerte de un socialista”

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Patria, familia y religión (Cap.VIII Ep.1º)

 (episodio anterior)

Monumental Cinema de Madrid.  18 de diciembre de 1932

Con el precepto dominical resuelto, sentida y asimilada la última misa de Adviento, avanza impetuoso por el proscenio un enemigo declarado de la República. Cincuenta recién cumplidos y el paso brioso de un quinto. Pecho fuera y mentón paralelo a la punta de sus zapatos blüncher marrón café y negros. Y así se aproxima al atril, va silenciando el murmullo de una concurrencia que le admira y respeta por todo lo que representa. Tomás Domínguez Arévalo, conde de Rodezno, viene contando sin tapujos en las sobremesas de coñac y puros cómo fue uno de los ideólogos e inspiradores del general Sanjurjo, el sublevado que hace cinco meses se levantó contra el régimen. Habiéndose zafado de las garras de sus contrarios, ahora su nombre y valor se ha elevado a proverbio en las epopeyas  de sus adictos.

No abundan en demasía los tradicionalistas de carné en estas latitudes, pero andan sobrados para atestar, hasta los pasillos, este teatro de la capital. Los primeros están en sus butacas desde antes de las nueve y media de la mañana. Ahora, cuando pasan diez minutos de las once, llegan a cinco mil; varios centenares en pie y cuatro mil doscientos acomodados en el recinto techado con mayor aforo de todo Madrid. En el número 87 de la calle Atocha se respira carlismo por los cuatro costados. El orgullo de los presentes lo multiplica el sentirse vigilados por los guardias que han procurado el orden a la entrada y no abandonarán el lugar hasta quedar vacío.

Monumental Cinema de Madrid
Monumental Cinema de Madrid

El Monumental Cinema abrió al público un mes después del Golpe de Estado de Primo y su diseñador Teodoro Anasagasti pasó con justicia e inmediatez a la historia de la arquitectura ibérica. Por primera vez alguien se atrevía a emplear hormigón armado en un edificio, fue la premonición de los años más brillantes de la ingeniería civil. El cemento, la piedra y el dictador.

La estructura pétrea del colosal inmueble niega, a quienes caminan por la acera, el ruido de vítores y aplausos que ensordecen en el interior a los señores diputados. Algo incómodos por bulla tan vulgar, aguardan sentados en la mesa presidencial, Ricardo Gómez Roji, Francisco Estevánez, Julio Urquijo Ibarra y José Luís Oriol; los dos primeros son agrarios católicos pero todos con el escaño ganado en el 31 por el Partido Comunión Tradicionalista, la firma política que entierra sus raíces en el carlismo del siglo pasado. Escuchan ya al presentador del acto, el conde de Rodezno.

-Señoras y señores, hoy brindamos nuestra tribuna a un ilustre conferenciante, que si no forma parte de nuestra organización política en lo que ésta tiene de jerarquizada, sostiene un pensamiento español encajado en tradiciones nacionales. Defendemos todos pues, la causa de la religión y de la patria. No obstante, he de recordar que nunca nos hemos considerado un partido político porque dentro de nuestro régimen éstos serían innecesarios ya que España quedaría constituida de una manera orgánica. Hemos sido muchos quienes al mirarnos nos hemos descubierto hermanos cuando se ha atacado a lo que todos hiere por igual, a los derechos de nuestra conciencia, a la dignidad de nuestra familia, a la libertad de nuestro pueblo, a todo un patrimonio espiritual y material que viene a ser consustancial con nuestra vida –aplauden efusivamente los asistentes- Solo me resta añadir una súplica: que se guarde el mayor orden y compostura a fin de no dar pretexto ni ocasión a que esta campaña sea interrumpida oficialmente. Sepan que quien hoy nos honra con su presencia tiene plena conciencia del cumplimiento del deber, sabiendo sobreponer los dictados de su patriotismo al abatido estado de su espíritu por tanta afrenta que ha de presenciar –levanta la vista y dirige su mirada a la fila de reservados- don Antonio Goicoechea, sus amigos desean escucharle.

Antonio Goicoechea Cosculluela, ministro de Gobernación en 1919 con Antonio Maura, colaboró después con Miguel Primo de Rivera en cuyo mandato acabaría afiliándose a Unión Patriótica, el partido único y oficialista de la dictadura. En abril del año pasado se apuntó a la aventura de combatir a los revolucionarios fundando junto a Gil-Robles Acción Nacional -ahora Acción Popular- pero lleva un tiempo sopesando impulsar una nueva marca. Más beligerante. Lo está mascando junto a sus amigos intelectuales que cada quince días sacan a la calle la revista Acción Española, entre ellos Ramiro de Maetzu y José Calvo Sotelo.

Los aplausos en el Monumental Cinema ahogan el ruido de los taquígrafos de los periodistas que se apresuran a registrar el final del discurso del Conde de Rodezno, antes de abrir nueva página con lo que habrá de decir el señor Goicoechea, recibido igualmente con una ovación formidable de vivas, atenuada cuando el exministro fija la vista al fondo, esperando el remanso para iniciar la homilía.

 -Pocas veces me he levantado a hablar con emoción tan honda, con temor tan sincero de no satisfacer vuestros deseos ni responder a vuestra expectación. Pero esta claridad de la exposición no tiene para mí más que un límite: el juramento que me he hecho a mí mismo de no combatir más que con el adversario –hace una pausa en su alegato y recorre con una mirada seria el patio de butacas y graderías, para continuar más enérgicamente- Día feliz será aquel en el que podamos diferenciarnos, porque entonces podremos predicar nuestro ideal íntegramente. Mientras tanto hay que esconderse como el número en la cifra y engrosar esta legión de héroes desconocidos y oscuros que solo en confuso montón tiene ante la posteridad memoria que los recuerde, ojos que los lloren y lira que los cante –estalla la sala en aplausos- Yo tengo que agradecer a la Comunión Tradicionalista la hospitalidad que me otorga y la ocasión que me brinda. Vosotros practicáis el culto caballeroso del ideal y esa es vuestra fuerza; por eso, a través de las vicisitudes y alternativas de la Historia habéis sido un valor eficaz y positivo en la política española. Obrar sin el apoyo de la tradición es suicidio sino fuera crimen, porque el pensamiento creador de hoy se apoya en los pensamientos de las generaciones que nos antecedieron. Si hay en la vida de España un momento histórico en que mejor se haya comprobado la necesidad de la tradición es este triste periodo que media desde el 14 de abril hasta hoy.

El público irrumpe en una bronca inmensa contra los rojos y aquiescentes, pitos y desprecios a todas las izquierdas que les viene a la cabeza, rematada con un fragoso batir de palmas que conmueve a un orador tan bregado como Goicoechea y le anima a proseguir su plática.

-Déjenme que formule una pregunta a todo el que quiera escuchar, ¿no habéis visto cómo al delirio trágico acompaña otra triste ceremonia que también los jacobinos en la Francia de 1789 solían realizar? Ellos llamaban escrutinio depurativo al hecho de expulsar del partido a todos los hombres sospechosos de moderación, de inteligencia y de humanidad. Los de aquí, hoy y ahora, realizan también ese escrutinio: toda persona sospechosa, aunque sea muy ilustre, de moderación, humanidad e inteligencia queda excluida, y así se va realizando esa triste selección hacia lo que es peor, que es la característica de todo régimen envilecido.

Todos se incorporan como víctimas de un espasmo, desatados, empiezan a aclamar al orador quien cierra el discurso apelando a la unión de todo español, orgulloso de serlo, para que el país no complete la destrucción de aquello que fue.

Antonio Goicoechea se seca el sudor de frente y sienes con un pañuelo que guardaba en el bolsillo interior de la chaqueta que no se ha quitado, ni siquiera desabrochado un botón. De la excitación le descollan las ojeras que casan con el tono de su corbata púrpura y contrastan con el blanco roto de un traje impecablemente planchado. Hace mutis por el foro mientras continúa el eco arrítmico de aplausos y vivas.

Ilustración de Antonio Goicoechea durante su intervención. El Siglo Futuro, 19 de diciembre de 1932
Ilustración de Antonio Goicoechea durante su intervención. El Siglo Futuro, 19 de diciembre de 1932

Calle Serrano,  cerca de la Puerta de Alcalá. Viernes, 13 de enero de 1933

En un cajón de su escritorio, Antonio Goicoechea guarda celosamente la misiva que en estas horas es preciso permanezca oculta. Su contenido será revelado y puesto en contexto el próximo lunes, dentro de tres días, cuando salga a la luz el número 21 de Acción Española. El cierre de edición de la revista no puede esperar más. Ha de dar respuesta a esa carta antes de medianoche.

Estimado y admirado señor Goicoechea, la unión de derechas es un anhelo nacional que únicamente necesita para verse convertido en realidad la constitución de los organismos adecuados a este fin.

Una gran masa de discrepantes con la actual estructura del Estado, que aún no había logrado plasmar totalmente en una organización política, encuentra reflejadas fielmente sus ideas y sentimientos en el discurso que usted pronunció recientemente en el Monumental Cinema. Discurso que no solamente ha expresado nuestro sentimiento, sino que ha fijado también con justeza nuestra posición, simpatizante y colaboradora con todas las organizaciones anteriormente existentes en la derecha española.

La derecha española, tal y como nosotros la concebimos, no encaja en las viejas y anticuadas clasificaciones al uso en nuestra política. Aspiramos a que las normas de organización social cristiana sean una realidad viva y no una teoría libresca. Queremos una restauración de los valores eternos del espíritu español, realizada mediante una renovación total de la estructura del Estado.

Nosotros tenderemos fraternalmente la mano a todas las organizaciones existentes dentro de la derecha política española, dispuestos a la más estrecha colaboración, y desplegando, como denominador común a todos, la bandera de la reforma constitucional.

Reciba un cordial y amistoso saludo de los abajo firmantes. Usted primero y todos detrás.

Antonio Goicoechea lleva horas en su despacho de la sede de Acción Popular. Le cuesta horrores concentrarse en la tarea de tanto cansancio y excitación acumulada, pero ha de rescatar un mínimo de sosiego y serenidad. Se le acaba el tiempo. Toma la estilográfica y comienza a escribir.

Muy de corazón estimo y agradezco las reiteradas alabanzas contenidas en la carta de adhesión que tienen ustedes la bondad de dirigirme. Pensamos bien lo que decimos y estamos, por ello, resueltos a no omitir, dentro de lo lícito, nada de cuanto pensamos.

Ansiamos dos cosas, una nacionalización de nuestras instituciones y de nuestro gobierno, alcanzada, con la mirada puesta en la tradición, mediante la restauración de los valores eternos del pensamiento español, y a la vez una mudanza total de la organización del Estado, que lo coloque en condiciones de eficiencia y de justicia en el cumplimiento de sus más esenciales fines. Queremos una España renovada, pero que no deje de ser España. La renovación española tal es nuestro ideal y tal debe ser nuestra divisa.

Considero de importancia capital dejar al descubierto que el movimiento de salvadora reacción que representamos no se propone como objetivo la restauración pura y simple del pasado anterior al 14 de abril. Cuantos figuramos en la vanguardia de este movimiento somos, en realidad, coherederos en el inmenso caudal espiritual que D. Antonio Maura nos legó con su inquebrantable devoción a la Monarquía. Cuantos tomamos parte en esto sabemos bien que hemos de ser apóstoles más bien que caudillos.

Si yo me atreviera a sintetizar en breves palabras las características esenciales del programa a desarrollar, diría con toda claridad que, en lo religioso somos católicos; en lo político, monárquicos; en lo jurídico, constitucionales y legalistas, y, en lo social, demócratas.

Goicoechea, respira, se levanta, tensa los lumbares y ronda parsimonioso el perímetro del despacho, mientras perfila en su mente el desarrollo de cada uno de los puntos que ha enumerado como configuradores del programa de Renovación Española. Al cabo de unos minutos retoma la escritura para, luego de una hora de redacción y concienzudos repasos, decidir que nada más cabe añadir, solo referir la nómina de agradecimientos a quienes se han sumado a esta empresa política que se dispone a nacer.

Repasando la lista de firmantes del documento que contesto, veo en ella, con gran complacencia, al lado de la de antiguos mauristas, de ideología idéntica a la mía, la de representantes del nacionalismo –a cuyo jefe de modo singular agradezco la adhesión afectuosa-, la de conservadores históricos, la de miembros de la Unión Monárquica Nacional, la de liberales por convicción o por estirpe, la de monárquicos independientes, la de personas, en fin, de mérito relevante, apartadas hasta hoy de todo compromiso de partido.

Acepto con reconocimiento y orgullo el papel de consejero y guía espiritual que ustedes bondadosamente me adjudican. Sabré cumplirlo hasta donde me alcancen mis fuerzas. Y hago por primera vez uso de la autoridad de que me invisten para reiterar a todos la necesidad de una alianza estrecha y cada vez más íntima con los grupos afines. La afirmación de nuestro peculiar ideario es, a mi juicio, solo un medio; la unión es el fin.

De ustedes afectísimo amigo y seguro servidor, q. e. s. m., A. Goicoechea

Toma las cuartillas, las dobla por la mitad, las introduce en un sobre, funde lacre y sella la carta que se incluirá en el artículo titulado “Hacia un frente antirrevolucionario español”. Alarga el brazo toma el auricular del teléfono y marca el número del domicilio del director de Acción Española, el conde Santibáñez del Río.

-Aguarde señor Goicoechea que aviso al señor conde –al segundo ya está al otro lado de la línea.

-Buenas noches don Antonio, le esperaba a usted en mi casa.

-Se ha hecho tarde, don Fernando. No se retire todavía a dormir. En menos de un cuarto de hora tiene en la puerta de su casa un taxi. No tema, el mozo le lleva la carta. Espero que llegue a tiempo a imprenta.

-Qué cosas dice don Antonio, si es preciso se paran las máquinas.

accion española

Lunes 16 de enero

En esta hora sin marcha atrás, Antonio Goicoechea ha concretado su salida voluntaria de Acción Popular, un desenlace inevitable desde el alzamiento y fracaso de la Sanjurjada. Entonces Gil-Robles ya había dejado claro que su partido acataría la legalidad vigente, no viendo con buenos ojos que siguieran participando en él “sospechosos” de comulgar, cuando no instigar intelectualmente, el intento de Golpe de Estado a la República.

Sin embargo, asear la imagen de Acción Popular no implica quebrar a las derechas, al contrario, en la voluntad de Gil-Robles está crear un bloque de fuerza antimarxista, la Confederación Española de Derechas Autónomas y quién sabe, promover con otras fuerzas conservadoras la concurrencia coaligada a las urnas cuando toque renovar Las Cortes. De hecho, con ese mismo espíritu apaciguador, en el mensaje fundacional de Renovación Española, Goicochea evidencia que solo hay un enemigo, los revolucionarios.

Ha surgido Renovación Española y, por otra vereda, Gil-Robles, el incuestionable hombre fuerte de las derechas, sienta las bases de lo que pretende ser una coalición de partidos políticos católicos. Un frente común que arrebate a las izquierdas el gobierno de la República.

No obstante, esos enemigos están por madurar. El ejecutivo de Manuel Azaña ha de contener en el presente inmediato el escándalo que, prensa de todos los colores, lleva a primera plana. La masacre de Casas Viejas ha zarandeado al régimen. Relatan los diarios, en medio de una nebulosa aún indescifrable, la desproporción con la que Guardia de Asalto y Guardia Civil se ha empleado con numerosos vecinos del pueblo gaditano. Se busca a los responsables de la carnicería. La República ya tiene su primera gran tragedia.

 

Mitin de Acción Agraria. 29 de enero. Teatro Ayala de Daimiel

La aniquilación definitiva del artículo 29 ha barrido de políticos el consistorio.

Consten en acta el sentimiento que produce a la corporación el cese de 11 concejales, por virtud del decreto que publicó la Gaceta el pasado día 6 de enero, y que durante cerca de 2 años compartieron con todos las difíciles tareas municipales. Se da un voto de gracia por la cooperación que durante este periodo prestaron a los intereses locales.

Solo permanecen en sus puestos los ocho electos en las parciales de mayo del 31, a saber, Antonio Maján que ya no es alcalde, Antonio Almela, Ramón García Muñoz Yepes, Pantaleón Pozuelo, Adrián Lozano, El cojo López Casado, Manuel Infante y Lorenzo Gómez-Limón. Este último gracias al voto propio y al de sus dos compañeros socialistas ha conseguido la mayoría necesaria para erigirse como presidente de la Comisión Gestora; la metáfora de la República renqueante, y ya ha llovido desde el glorioso 14 de abril.

Ninguno de los hoy presentes en el Teatro Ayala se encontraba ayer en la constitución de este órgano interino que por ley ha de tomar las riendas del ayuntamiento.

-Hay que respetar la autoridad aunque ésta pueda estar temporalmente en manos indignas –proclama en el comienzo de su discurso Luis Bascuñana periodista y presidente del Comité Provincial de los agrarios, el hombre de Gil-Robles en Ciudad Real-, eso sí, el gobierno debe defender a todos y no a una determinada facción o partido. Exigimos la libertad de enseñanza y censuramos a quienes prohibieron las subvenciones a las escuelas católicas y sí a las judías de Tetuán. Reconocemos que en la provincia sólo Acción Agraria y PSOE se han ocupado de los problemas del campo pero estos últimos validando una reforma agraria absurda, ruinosa y que solo traerá hambre para los obreros. Y, qué decir de los jurados mixtos, el arma más formidable para los fines del socialismo internacional.

Bascuñana va allá donde le requieren para exigir la libertad de contratación laboral que, denuncia, coarta la Ley de Términos Municipales, la norma que obliga a emplear solo a los empadronados en la localidad en cuestión.

-Solo así, con libertad de maniobra para los propietarios, sin el dictado de los jurados mixtos, se puede alcanzar la revalorización de nuestros productos. Hombres de Daimiel, sabéis que no podemos arremeter solos contra esta tiranía marxista. Decidles a vuestras mujeres que acudan a las urnas para contribuir al triunfo de nuestros principios.

Retumban los aplausos mientras sube a la tarima el capellán castrense y reputado orador Enrique Fisac Aranda.

-Recojo estos aplausos para ofrecérselos a la mujer manchega modelo de virtudes patrias que hoy sin perjuicio de su feminidad saben poner un gran entusiasmo en la propaganda política para dar con ello un alto ejemplo de valor a los hombres. Saludo a los adversarios políticos y de antemano retiro cualquier frase que pueda molestar a las personas pues mi propósito es sólo combatir las doctrinas que creo equivocadas. Por mi condición de sacerdote me interesan los valores espirituales en cuya defensa e influencia en la vida pública no he de omitir esfuerzo por penoso que sea. Con república o con monarquía. Acato la ley y por tanto puedo exigir a los poderes públicos que respeten mis derechos y si los vulneran nadie podrá impedirme que les llame tiranos. Quienes hoy ocupan el poder no tuvieron escrúpulos de aliarse con sindicalistas y comunistas que hoy conspiran revolucionariamente para instaurar una dictadura roja. El Gobierno quiso encontrar en la Constitución una panacea universal que cortara todos los males españoles pero yo tengo que señalar que no sirve para nada, como lo demuestra el hecho de que aún no haya empezado a regir en toda su integridad.

Enrique Fisac, consciente de su notorio atractivo físico, se pasa la mano por el cabello, tienta el crucifijo que cuelga de su cuello y bebe un sorbo de agua, esperando a que se acomoden un par de caballeros recién entrados en uno de los palcos de la primera planta.

-Nuestra constitución –retoma el capellán- plantea en España un problema religioso. Es sorprendente que así se interprete cuando las grandes potencias que marchan a la cabeza han demostrado que los ideales religiosos en vez de dividir aprietan los lazos del patriotismo. En España hay creyentes y no creyentes y hemos de pedir libertad para defender todas las creencias, aunque en el terreno doctrinal estamos convencidos de que la Iglesia es una sociedad perfecta y es consecuencia superior y anterior al Estado. Conociendo el panorama político de España, miremos cara a cara al porvenir. Es menester que todos salgáis de las trinchera para uniros a cuantos luchan en vanguardia. Mirad cara a cara al ideal de la patria y entonces habremos vencido”

Todo esto lo pronuncia Enrique Fisac descansado entre las frecuentes interrupciones que auguraban la sonora ovación final que le dispensa la audiencia. Entusiasmado, el público quiere más. Ansían escuchar al abogado madrileño de origen santanderino Pablo Ceballos Botín a quien precede su fama de espléndido propagandista.

- Buenos días, estimado pueblo de Daimiel. Ha llegado el momento de reaccionar para impedir que nuestra civilización sea barrida por las doctrinas disolventes. ¡Hombres de Acción Popular, Acción Agraria Manchega en esta tierra! –exclama Ceballos -. Es menester darse cuenta de que lo que cayó el 14 de abril no fue tan sólo una forma de gobierno sino que fueron más allá decidiendo ellos lo que estaba podrido y tenía que desaparecer. En nuestro programa, no lo olvide nadie, defendemos que la propiedad debe repartirse entre un mayor número de gente para cumplir mejor su función social, pero es preciso tener en cuenta al hacer la parcelación de los grandes latifundios que a sus propietarios hay que indemnizarles en justicia de las características del terreno. Los confeccionadores de la ley desconocían los problemas del campo y la realidad es muy distinta de la que ellos se pudieron figurar en la tranquila comodidad de sus despachos oficiales. Además se engaña a los obreros cuando se promete mejorar su condición ya que se les hace siervos del Estado que es peor patrono que el patrono de más duras entrañas. Y ¡no!, lo digo bien alto ¡no a las dictaduras colectivas! Se ha demostrado que son peores que las personales ya que en aquellas queda diluida la responsabilidad.

Sus últimas palabras se solapan con los aplausos y vítores en un ejercicio desmedido de entrega incondicional a Bascuñana. Harían lo que les pidiera.

-¡Os animo a todos a uniros a nuestro movimiento!  –brama sobre la batahola- ¡Sumaos a esta fuerza que, nacida sin ninguna responsabilidad de los tiempos pasados, trata de encauzar la política española por caminos de amplia libertad y respeto para todos! –un minuto después, la calma- Y ahora, todos en pie, recemos un padrenuestro.

Leer Capítulo VIII, Episodio 2º “El primer periódico republicano y la imprenta Espadas”