Foto de Emilio Aguirre Moraga

Descubriendo a José Antonio. La forja de falangistas (Cap.X Ep.5º)

Daimiel, 13 de noviembre de 1934

La revolución de octubre ha laminado la izquierda hasta en los burgos donde no irrigó el plasma subversivo. A imagen y semejanza del Consejo de Ministros, a la corporación municipal se le inyecta una dosis fecunda de radicales y cedistas de Acción Agraria Manchega. No todos son sangre nueva, reaparecen nombres de manifiesta estirpe monárquica y se mantiene al mando el lerrouxista Eusebio Camino, confirmado en la Alcaldía.

En la enésima reconstrucción del Ayuntamiento, acuerdan celebrar las sesiones ordinarias cada jueves a las once de la mañana. Es un horario compatible con las obligaciones laborales de estos ediles, ahora que no hay obreros de sol a sol a quienes conceder la palabra. Porque los socialistas, sin excepción, han acusado su militancia. Han sido destituidos Lorenzo Gómez-Limón, Manuel Infante, Joaquín Ogallar y Andrés Carranza. La misma vereda ha enfilado el azañista Antonio Almela. Tampoco figura en el gobierno local Pantaleón Pozuelo, aburrido de tanto anquilosamiento. Carne de diván.

Vuelve al salón plenario uno de los alcaldes accidentales de los últimos años, Juan Vicente López-Menchero. Afiliado al Partido Radical, llega acompañado de Severino Corral, José Pérez Pedrero, Antonio Simal, Joaquín Moreno-Chocano y Pedro Fisac.

El comerciante Antonio Simal Blanco abre cada día su establecimiento en la calle General Espartero esquina con Julián Romero. Ha heredado la tradición de Los Blancos, saga de teleros de origen castellano de a un patacón la vara. El patriarca, fallecido en 1919, llegó a Daimiel a finales del siglo pasado. Aquí, Tirso Simal Felipe casó con Claudia Blanco CID. Ambos linajes enraizados en el gremio de comerciantes. El uno de Valparaiso (Zamora), ella mitad cántabra y mitad zamorana, de Mombuey. Los Simales Blanco ha prorrogado el negocio. En este lugar de La Mancha, compitiendo con otros servidores de paño como Matías Álvarez, siendo éste más sastre que mayorista. Antonio Simal sí estuvo desde el principio con la República, aunque en los albores del régimen menos implicado que su hermano Tirso quien en agosto del 31 ya trabajaba en la junta directiva encargada de afiliar vecinos al Partido Radical.

(Archivo Teresa Simal)
(Archivo Teresa Simal)

Pero de Antonio Simal lo más envidiado es su casa familiar, la más bonita del pueblo. Diseñada por José López de Coca, aquí vivió el arquitecto antes de trasladar sus trastos a Madrid. La espléndida forja de sus balcones -obra de Ricardo Martín de Almagro- impera en una fachada de ladrillos rojos, señorial como pocas.  El interior siendo espacioso no es tan holgado como aventura el frontispicio. No obstante, luce finuras sin igual. Azulejos traídos de La Cartuja alicatan habitaciones que por sí solas merecen una distinción. Ventanas, puertas, artesonados de madera, salidos del taller de José Martín-Gil. La sillería de mimbre blanco orna el patio de luces, cubierto por una claraboya radiante en los días soleados. Simal no es el único de la renovada corporación que se esparce en la casa de Coca. Joaquín Moreno-Chocano Pinilla es radical como Simal y su yerno para más señas.

Casa de Coca
Casa de Coca

 

Y al frente de la agrupación local, Pedro Fisac Escobar, el primogénito de Jesús quien fuese alcalde durante nueve años y luego diputado provincial en la dictadura de Primo de Rivera. Pedro Fisac es el propietario del “coche de don Pedro”, un hispano-suiza que atesora portalón adentro del número 5 de la calle Mínimas. Casa notable heredada de la tía Bernarda y dividida en dos. Pedro entra por Mínimas y su hermano Jesús por la calle Arenas. 

La corporación remozada se completa con los representantes agrarios. Son Demetrio Garzás, Francisco García López y otro Joaquín Pinilla, no el hijo de don Federico, sino Sánchez por parte de madre.

Pedro Fisac y su esposa Consuelo (Arch. Filiberto Lozano Fisac)
Pedro Fisac y su esposa Consuelo (Arch. Filiberto Lozano Fisac)

Los nuevos ediles deben sus cargos al fracaso del levantamiento obrero en Asturias y, ahora como servidores públicos,  han venido a Santa María a  rezar por las víctimas de la aplacada insurrección. Y lo hacen saltándose la ley republicana que prohíbe expresamente la participación de los cargos públicos en actos religiosos. La misma transgresión de las normas del régimen que cuando aprueban subvenciones a las monjas calasancias y josefinas. Hoy destacan entre la plebe que, como tantas veces, abarrota la iglesia de los chuchos. Los concejales pertenecen al hemisferio distinguido del vecindario. Políticos, autoridades y el clero al completo oran “en sufragio de los heroicos defensores de la integridad de España y del orden social”. Presiden la eucaristía el capitán de la Guardia Civil, el alcalde Camino y el francés don Max . En la nave lateral izquierda han sentido misa unos desconocidos. Hieráticos enfundados en negro, aleccionados por los frailes Justiniano y Benito. Les delata sus hábitos y mocedades. Llegaron hace tres semanas de Corella. En la localidad navarra han cumplido un año de noviciado preparándose para el ejercicio pastoral. Desde su entrada en Daimiel han permanecido casi enclaustrados en el Convento de El Cristo a fin de arrancar con fuerza los estudios. Eufrasio, Melitón, Maurilio o José Estalayo cambiaron a sus familias por Dios; ahora se deben a la comunidad pasionista.

Terminada la misa, los seglares salen al Parterre. Caminan en procesión espontánea por la calle Comercio dirección a La Plaza. La botica de Joaquín Fisac está cerrada en señal de respeto y así todas las tiendas, industrias y locales públicos. Al frente de la marcha, el jefe de la Benemérita. A su paso el diputado a Cortes, Luis Ruiz-Valdepeñas.

-Al menos algo tendréis que celebrar -comenta Ruiz-Valdepeñas al capitán Rivadulla.

-¿A qué se refiere diputado? -intenta caer en la cuenta y cae- ¡Ah sí! Por supuesto, no es cosa menor.

-Un poco más alejado del centro pero la parcela es bien hermosa -afirma el abogado-

-Perdemos la salida a Ciudad Real, pero ganamos la de Valdepeñas. En cualquier caso, donde estamos es imposible. Solo con mandarnos dos parejas de refuerzo ya no hay donde meterlos. De todas formas no es oficial, tiene que estudiarlo la comisión y aprobarlo el pleno.

-Cuestión de semanas, ya le digo yo que va para delante. Y más después de esto. A la Guardia Civil hay que tratarla como corresponde.

Francisco García Pinilla ha puesto a disposición de la Benemérita un grupo de edificios de una y dos plantas en la calle Primavera, constituyendo un único inmueble superior a 5.000 metros cuadrados. La casa la adquirió por adjudicación en auto del 28 de marzo del Juzgado de Daimiel contra Ramón Clemente Rubisco. Tiene como carga 8.000 pesetas con el Banco Hipotecario. El autorizante cedería al ayuntamiento el grupo de edificaciones por 24.000 pesetas quedando subsistente la hipoteca. La Guardia Civil tendrá dónde levantar el nuevo cuartel

Han llegado conversando a los soportales de la Plaza de la República. Ruiz-Valdepeñas es invitado por el alcalde a adentrarse en la casa consistorial. Suben a la planta principal. El gentío se arremolina en el entorno del quiosco de la música. El egregio político se asoma al balcón. Les habla.

– Gracias a todos, gracias al pueblo entero. Daimiel ha cumplido con su deber rindiendo tributo a quienes salvaron a España y a la República de la catástrofe que se hubiere consumado sin la heroica actuación de la fuerza pública. Con esto no pagamos sino una mínima parte de sus merecimientos. Que Daimiel se acuerde de las viudas y huérfanos de los sediciosos condenados a muerte. Esos -dramatiza Ruiz-Valdepeñas-  que, olvidando su condición de hombres,  dieron el triste y bochornoso espectáculo que seguramente no surgirá en los pueblos alejados de la moderna civilización, ¡Viva España!, ¡Viva el Ejército! ¡Viva la Guardia Civil!¡viva Daimiel!

Entrado diciembre  

En el pueblo hay para todo. Siempre lo ha habido. Para lo santo y para lo impío. Bodas, bautizos, comuniones, fiestas de guardar, las de a diario y las concurridas misas funerales. Exequias con cuerpo presente, las que cumplen al mes del deceso, la misa que le dicen al muerto al año y, si el difunto expiró y fue enterrado fuera, la misa que la familia paga a la parroquia en cualquier hueco. Novenas de la virgen en mayo, en la Purísima, en honor a la Patrona y para honra y prez de los patrones gremiales. Eucaristías antes o después de la docena de procesiones sin contar la Semana Santa. Misas en La Paz, Las Mínimas, el Cristo, San Isidro, San Roque, El Carmen y en sendas iglesias parroquiales. Son misas con demanda, muy a pesar de quienes se mofan de las niñas que -preparando el alma para recibir pronto el Cuerpo de Cristo-  caminan con las palmas de la mano juntas en señal de oración: “Niña, que eso ya no se lleva”. Eso será en Madrid.

El cumplir piadoso ocupa parte del ocio del rico y es lo único que lo iguala al pobre. Ya están preparando la próxima Semana Santa. Los Moraos han encargado una carroza de caoba y bronce a una casa valenciana; al tiempo que un taller francés tejerá una túnica de terciopelo para que después las Carmelitas la festoneen y borden en hilo de oro.

En el dominio de lo santo, no olvidar la caridad. Las monjas calasancias de las Pastoras recuerdan al ayuntamiento que están pagando de su bolsillo las comidas, educación e instrucción de niñas pobres, las noventa alumnas gratuitas. Si fuera posible, les subvencionen las mil pesetas que venían recibiendo antes del 31. Mal negocio La República y mal momento para pedir. El pasado día 6, dieciséis concejales (cifra inaudita en años) aprobaron el presupuesto para 1935. Creen que tendrán con 551.148 pesetas, el más bajo desde el 32; un 12 por ciento menos que en el presente ejercicio.

Y ahora hablamos de lo impío que, dicho sea de paso, a las arcas municipales le deja más. Bares se siguen abriendo, las tabernas del chato de vino y adonde se va después de apretarse una de tinto y te plantan dos besos sin mirar el color del carné.  Hay un local de esa categoría que tiene solera y fama. Tanta clientela que viene corto para todo un Daimiel.  A la señorita Ana Gloria le ha salido competencia. La regenta del prostíbulo de la calle El Pez  tiene desde este diciembre un compañero de lenocinio. Don Eulalio Blanco ha obtenido permiso para abrir un “café servido por señoritas”. Definición decorosa para fedatear en el diario de sesiones y tampoco se engaña a nadie. De sobra se sabe que se han comido una palabra: “señoritas putas”.  Es en el número 33 de la calle Vergara. Conviene no hacer ruido al llamar y mucho menos no equivocarse de aldaba porque a los vecinos y serenos los carga el diablo. Al exalcalde suicida José Pintado, una noche le cantaron: “¡Ave María Purísima! ¡Las dos y sereno! Buenas noches don Pepe”. Hasta Félix el Tonto hubiera concluido que a esas horas Pintado andaba poniendo cuernos.

Regresando a los funerales, a los de índole aniversario, hace unas semanas se celebró el del asesinato de Ruiz de la Hermosa. En este tiempo ha sido la Falange quien ha esgrimido su martirio para la causa joseantoniana. Se da por sentado que el hijo de Pablillo, cuatro días antes de perecer, se había convertido al embrión de la FE de las JONS en la proverbial cita del Teatro de la Comedia.  El 2 de noviembre se dieron sendas misas en la capilla del cementerio y en Santa María. En una tercera, la de San Pedro,  la familia del malogrado funcionario de Hacienda estuvo arropada por centenares de personas. La Falange había previsto un homenaje al caído a cielo abierto. Eusebio Camino negó el permiso. Problemas los justos, pensaría.  Cierta decepción acarreó no contar en la efeméride con José Antonio Primo de Rivera. A fe que respiró aliviado el alcalde, estando tan reciente el desenlace de la revolución de octubre y los socialistas con las heridas en carne viva.

En cualquier caso, esa espinita se la pueden sacar un mes después. Anoche Vicente Galiana recibió una llamada.

-Vicente, buenas noches camarada. Soy José Antonio Primo de Rivera ¿cómo está?

-Buenas noches, señor. Muy bien, dentro de lo que cabe. Ya sabe…

-Escuche, escuche -le interrumpe-. Mañana tendremos tiempo.

-¿Cómo mañana?

-Sí. Partiré de Madrid a las siete. Voy sin prisa. No pierda usted la cabeza organizando. Me hago cargo de la premura. Siento que sea tan precipitado pero es el primer hueco que he encontrado. Además, tenemos que organizar lo de Ciudad Real. No hay tiempo que perder.

-Le esperamos a la entrada del pueblo. Nuestra gente estará encantada. Hasta Mañana.

-Será un placer Vicente. Hasta mañana,

Vicente Galiana cuelga el auricular. Le pesa un quintal. Permanece unos segundos vacilante. Mira el reloj. Las siete de la tarde. Sale de casa a la carrera y en veinte zancadas está en el 13 de Canalejas. Intenta reprimir la zozobra mientras toca enérgicamente la puerta con los nudillos. Dos tandas de cuatro golpes. Los Ruiz de la Hermosa sabrán que se trata de alguien de confianza. Abre el padre.

-Buenas noches, Pablo. Creo que le gustaría saber que mañana viene José Antonio. Acaba de telefonearme. Llegará a eso de las diez. Poco más le puedo avanzar

-Ah perfecto. Muchas gracias, Vicente. Estaré atento.

Al tejero no le pilla por sorpresa. Hace unos días estuvo en comunicación con el líder falangista. Había decidido aceptar la representación de la familia en el juicio por el asesinato del hijo. Entonces le avisó de una próxima visita a Daimiel, al tiempo que se disculpó por no haber asistido a la misa de aniversario. A Pablillo no le hace especial ilusión lo de mañana. Todo es recordar. Todo es dolor. Además, no alberga particular simpatía por el movimiento falangista. Esa marca política siempre estará unida a su propio destino trágico.

José Antonio en Daimiel

En el asiento del copiloto, Sarrión; detrás Goya y Palau; al volante José Antonio. El coche que les ha adentrado  y guiado por el pueblo se detiene en General Espartero, tres puertas  más adelante de la casa de Joaquín Pinilla Chacón. El vehículo negro de los invitados estaciona detrás. El líder de la FE de las JONS se apea con el abrigo en el brazo. Del bolsillo interior de la prenda saca el reloj. Son las diez menos cinco.

-Por aquí señores -indica a los visitantes el anfitrión Galiana. Entran en el local.

-¿Quiénes sois? -pregunta José Antonio a un grupo de muchachos formados en dos escuadras. No llegan a los dieciséis años.

-Estos son nuestros balillas, estudiantes todos -resuelve uno de los veteranos. Primo de Rivera esboza media sonrisa complaciente.

-Pronto tendréis vuestra organización. Entrad. Hay trabajo -medio centenar de camisas azules se cuadran en el interior.

-Fijaos qué caras -comenta el hijo del último dictador, cuando Vicente Galiana le va presentando uno a uno a los servidores. A todos les estrecha la mano. Más efusivo se muestra con los mozalbetes. No escatima palabras de aliento.

-En la Falange no se usan camisas de seda -regaña al joven Agapito.

-Es un regalo de la novia -se excusa ruborizado el balilla.

-En vez de seda, bien pudo haberte regalado dos de percal -al parecer el reproche iba en serio-. ¡Rompan filas!

José Antonio inspecciona un local sediento de manos de pintura y sobrado de polvo y telarañas. Ni una mísera estantería, media docena de sillas a cual más coja y las tapicerías raídas. Al arrimarse a una de las dos ventanas se percata de la presencia de varios policías cercando el edificio.

-Ya veo que no tenéis para muebles, en cambio sí poseéis algo mucho más importante. Sois temidos. Este es nuestro ambiente, así da gusto trabajar. El yugo y las flechas son la diana para que las pistolas enemigas apunten bien sobre nuestro corazón. ¡Muchachos! Ante todo no perdáis este estilo.

De regreso a la calle, seguro de resistir y dar ejemplo en mangas de camisa, abre la puerta del coche para dejar el abrigo en el asiento. Lo cambia por un chaquetón para el rato que estén parados en el cementerio.

-Si desea, puede meter el coche en mi casa. Estará más resguardado. Este frío no es bueno -le ofrece José, el pequeño de los Galiana, sin atreverse a expresarle su verdadero temor, que le rompan las lunas u otra cosa peor.

-Es igual, mi coche conoce ya todo. No falta más que le peguen fuego y que sea en Daimiel.

Desde la puerta del local a la salida del pueblo son doscientos pasos. Un minuto a ritmo ligero y entonando el himno que les une.

Juventudes de vida española
y de muerte española también,
ha llegado otra vez la fortuna
de arriesgarse a luchar y vencer.

Sobre el mundo cobarde y avaro,
sin justicia, belleza, ni Dios,
impongamos nosotros la garra
del imperio solar español.

No más reyes de extirpe extranjera,
ni más hombres sin pan que comer;
el trabajo será para todos
un derecho más bien que un deber.

Nuestra sangre es eterna y antigua
como el sol, el amor y la mar;
por las glorias de siglos de España,
no parar hasta reconquistar.

La Nación nos ordena y marchamos
con la alegre virtud del partir;
que el pasado se impone a la ruta
que pretende tener porvenir.

El pasado no es paso ni es traba,
sino afán de emular lo mejor;
viviremos la gesta del héroe
con orgullo, soberbia y valor.

Adelante muchachos, reunidos,
tras la furia y la lanza del Cid,
triunfaremos por nuestra grandeza;
que la raza prosigue sin fin.

La emoción embarga a la camada de falangistas y solapa esta gélida mañana que les tiene los pies a punto de congelación. En el camposanto, José Antonio no puede camuflar su pasmo al  descubrir decenas de agradables  desconocidos atestando el distribuidor central del patio de San Juan. Brazo derecho en alto,  han formado un palio de saludos fascistas bajo el que discurre el invitado. Apenas se escucha el taconeo pletórico de la vanguardia rumbo a la sepultura del mártir, en medio de un bosque de zamarras azuladas. Corta el frío un sol mentiroso y hiela el silencio. José Antonio se abrocha el chaquetón hasta el bajo pecho y adoctrina junto al mármol escarchado.

-Algún día, cuando España vuelva a ser España, vendremos todos ante esta tumba, no a hablar ni a llorar sino con silencio, a escuchar lo que este camarada nos dice con su ejemplo. José Ruiz de la Hermosa dejó padres, dejó amigos, dejó quizás efectos, pero José Ruiz de la Hermosa lo más valioso que ha dejado es el símbolo, el de la España que anhelamos y estos símbolos perduran. Que de esta tierra hecha fecunda con la sangre del primer caído de la Falange, salgan los mejores combatientes para nuestra milicia. Y que de ella se extienda a toda la tierra de España la gloria del camarada que más allá de la muerte mantiene encendida la luz, llamada a iluminar tanta resurrección. José Ruiz de la Hermosa, ¡Presente! Camaradas de Daimiel ¡Arriba España!.

Más ruido hacen los cipreses agitados por la inclemente brisa. Hasta se distingue el plegado de velas en las napias acatarradas que revelan congoja. Remisos a atribularse, muerden sus labios para contener las lágrimas quienes fueron amigos del Estudiante. Así superan el minuto de silencio.

En el cementerio. (Memorias de un falangista. José Galiana)
En el cementerio. (Memorias de un falangista. José Galiana)

 

-Un momento, por favor -indica Vicente Galiana.

En el retorno a Daimiel la comitiva procede a una obligada parada. Hacen un alto en la tejera de Pablillo. El padre ausente del homenaje; remiso a participar en actos que le recuerden el abrazo roto del hijo perdido.

Mientras saluda en privado a Pablillo, crece el grupo afuera del cercado. Han llegado de Madrid Manuel Mateo, jefe nacional de la CONS, el sindicato falangista. También se suman el comandante Rivera y compañeros de Puertollano, Ciudad Real, Campo de Criptana, Almagro y Villarrubia de los Ojos. Para cuando José Antonio se despide del padre de Ruiz de la Hermosa, los congregados en la calle han acordado formularle una petición.

-José Antonio, ya están aquí los camaradas de las agrupaciones de la provincia. Insisten en lo conveniente de escuchar tus palabras en público. Podríamos reunirnos en el Teatro Ayala -propone Galiana.

-¿De qué depende? -pregunta Primo de Rivera.

-Habría que solicitar permiso al Ayuntamiento. Al ser en un espacio cerrado, no creo que pongan impedimento.

José Antonio requiere la presencia de Goya y Sarrión.

-Que no se vean mezclados en esto los del pueblo. Marchad vosotros a hablar con el alcalde. Le presentas mis respetos y te disculpas por lo atropellado de la petición, pero en media hora necesitamos que nos abran las puertas del Teatro.

Diez minutos más tarde. Dependencias del alcalde

-No insistan. Tienen que comprender que no es el momento, ni el lugar. Ustedes se van y yo me quedo con el follón -se enroca Eusebio Camino.

-No nos confunda. Nosotros somo gente de orden. Nada ha de temer.

-Y me alegro de que así sea, pero eso no me garantiza la ausencia de altercados. Eso se lo digo por las buenas. Con la ley en la mano, en este pueblo los únicos autorizados para celebrar mítines son las derechas triunfantes.

-Yo no reconozco más autoridad en España que la de José Antonio Primo de Rivera -espeta Sarrión antes de desencadenarse un intercambio de gruesas y violentas palabras que terminan con un guardia enseñando la salida a los falangistas.

-No importa, hoy tenemos mucho que trabajar en organizar la provincia, ya vendremos a demostrar a este alcalde lo que puede la Falange -sentencia José Antonio tras ser informado de las gestiones con el alcalde.

Las paredes enlutadas del modesto local se tragan toda la luz del mediodía. Con toda la maña de que son capaces, han ido escribiendo estos meses blanco sobre negro los nombres de los caídos. En una mesa parca y desvencijada, se extiende un plano de la Ciudad Real. Es el momento de organizar.

-De éste local tan lóbrego que se asemeja a las Catacumbas ha de salir la luz que ilumine la provincia -sentencia José Antonio. Tras un informe somero sobre el número de hombres e implantación en cada núcleo, Vicente Galiana argumenta la conveniencia de que la Jefatura provincial radique en Ciudad Real. Acto seguido, propone a uno para que se encargue provisionalmente de esa futura sede. El elegido agradece la designación.

-Yo, por mi profesión y posición social, daré un gran impulso al partido, más de ninguna manera consentiría ser sustituido aunque surgiera otro camarada mejor. Porque es vital…

-¡Basta ya! No puedo escucharle más, ni como jefe ni como falangista vale usted. A ver, el más joven, el más inepto de todos antes que este señor. Perdone, pero usted viene confundido a la Falange, ninguno de los que trabajamos por España pensamos en pasar factura jamás. Es hora de comer.

A tres minutos andando se levanta el Hotel García. Apuran los cigarros, la mesa está servida. Cuando van colmando el buche se animan a hablar de todo, hasta de cosas buenas. Aunque más manso, José Antonio no afloja.  Sin medir tanto las palabras, apacible y ponderado, muestra sus preocupaciones a los cabecillas. Se interesa por los problemas locales. Denota especial interés por las angustias que aquejan al campo. A los postres, las conversaciones se hacen una y solemne. Uno, dos y hasta tres camaradas toman la palabra. Primo de Rivera examina las candidaturas.

-De los tres que han hablado, ninguno me place como orador y sólo uno ha actuado como verdadero falangista-

El liderazgo provincial sigue vacante. Hacen una foto en grupo y antes de regresar por tercera vez al local alguien le avisa.

-Vámos a pasarnos donde Teléfonos que hay varias chicas que quieren saludarte.

– No he venido a exhibirme sino a trabajar -vuelve el tono seco del jefe de Falange. Estando presente José Antonio, la copa de coñac y el puro no traspasan la puerta del salón del hotel. En la calle, ante la gente que les observa solo hay ejemplos, ninguna fruslería.

-José Antonio, son de las nuestras. Las telefonistas del pueblo. La señorita Rita de Román fue la primera en ponerse la camisa.

-En el local las esperamos. Que vean que no paramos de trabajar

A Rita, le acompaña su hermana Agustina. Monárquica y dirigente de Acción Católica, la mayor de las telefonistas acude cortésmente al encuentro del líder falangista.

-José Antonio, estás son las chicas que nos ayudan.

Junto a las mencionadas se encuentra Emilia Fernández-Bermejo la novia del difunto Ruiz de la Hermosa. Primo de Rivera le presenta sus respetos. María Josefa Martín de la Sierra es la última en llegar.

Conocida como La Pepa, fue una de las primeras jonsistas de Daimiel y, junto a Vicente Galiana, pieza necesaria para la difusión del movimiento en la localidad. Tiene 35, es bordadora de profesión y esposa del tonelero Ángel Jiménez, natural de Valdepeñas. No deja que se escape un cliente sin enseñarle el anzuelo. Primero lo estudia y, si da el perfil, lo embelesa. Con una mano borda un mantón, con la otra anota nombres y apellidos. Perdió el miedo el día en que la muerte se llevó a su madre cuando solo tenía 9 años. Su padre le sobrevivió algunos más, pero no es lo mismo. A Remedios Martín de La Sierra, sacristán de la Paz, le pesó la viudedad y el abuelo Manolo ya no estaba para sacar las castañas. Eran otros tiempos de opulencia, aquellos en que el abuelo Manuel Martín de la Sierra poseía media manzana de finca urbana en pleno Parterre. Una entrada en la esquina de Gregorio Molinero y Obispo Quesada y la otra en la Plaza de Lepanto, donde la Tahona de Hijos de Juan y Ayala.

La Pepa. (Jiménez Martín de la Sierra)
La Pepa. (Arch. Ángela Jiménez Martín de la Sierra)

 

Han tocado las seis de la tarde en el reloj del ayuntamiento. Se pierde a lo lejos el coche de José Antonio. Hará escala en Villarrubia para dejar a los camaradas llegados de la Sierra. Volverá en unos meses. Vicente Galiana queda al mando.

 

 

 

 

 

 

Foto de Emilio Aguirre Moraga

La revolución de octubre (Cap.X Ep.4º)

 

Domingo, 9 de septiembre. Covadonga  

Desde que se anunció la visita de José María Gil-Robles, los obreros de Asturias han hecho lo imposible por truncar su presencia a los pies de Covadonga; al extremo de declarar una huelga general. Los piquetes de las organizaciones de izquierda, socialistas y anarquistas apuntalan los paros en Oviedo, Gijón, las cuencas mineras de Mieres y Langreo, y en otras localidades diseminadas por la geografía astur. Hasta cien disparos recibió anoche el tren número 5 de la línea de Langreo al poco de partir de Carbayín. En la carretera de Ujo a Taruelo, varios grupos han agredido a tiros a los derechistas que se desplazaban a Covadonga en un camión. Tuvieron que correr despavoridos monte adentro.

Odian a Gil Robles y su impostada aceptación del régimen republicano. Detestan su caudillaje y pastoreo de las Juventudes de Acción Popular, embravecidas en los últimos actos propagandísticos; congregaciones donde se desata la parafernalia militar y se flirtea con el simbolismo fascista. Así fue hace cinco meses en el Escorial e igual pretenden emularlo hoy a los pies de la Santina.

Más de diez mil personas asisten a esta asamblea de Acción Popular. Otros muchos se han quedado en el intento. No han completado la odisea quienes viajaban en trenes saboteados, los ocupantes de las camionetas tiroteadas o los temerosos de las amenazas de los piquetes. Peregrinajes coartados que aquilatan la presencia de Gil Robles quien puede exprimir hasta la saciedad el tormento padecido por sus seguidores.

Los radicales gobiernan en Madrid desde noviembre sostenidos por el centenar de diputados de la CEDA. Transcurridos diez meses, nunca ha estado Gil-Robles tan cerca de dejarlos caer y dar gusto así a los incontables reclamos que le urgen -como fuerza mayoritaria de Las Cortes- un paso al frente para borrar con decisión las políticas del bienio azañista.  El abogado salmantino ha dejado hacer sin desgastar su propia figura, pero es difícil que pueda perpetuar tanta ambigüedad.  

José María Gil-Robles ha burlado a los huelguistas, accediendo al santuario por la carretera de Pontón en un automóvil con escobas enganchadas al parachoques  para ir barriendo a su paso las tachuelas que los obreros han desparramado por la calzada.

Albúm fotográfico de José Manuel Mendoza Ussía.
Albúm fotográfico de José Manuel Mendoza Ussía.

Tras escuchar una multitudinaria misa al aire libre, espera su turno en la tribuna de oradores. Atiende con semblante anuente la intervención de los cabecillas locales que aplican aceite a una masa que espera noticias. El líder de Acción Popular y ariete de la CEDA se dispone a retirar todo el crédito concedido al Partido Radical.

-Éramos demasiado pocos para gobernar solos, éramos demasiados para ser simplemente una fuerza de la oposición. Como católicos no podemos olvidar la persecución de que habían sido víctima los españoles. Como españoles teníamos que dolernos de la destrucción continua y sistemática de la patria y el grave peligro que teníamos era ese: el de llevar a la política ansias de venganza y destrucción.

Gil Robles habla del error de emplearse con tibieza ante el desafío separatista de la Generalidad catalana, de cómo ese pulso a Madrid ha permitido que el virus subversivo inocule Vasconia.

-Sí, compañeros, no contenta con mantener la rebeldía en su propio territorio, la utiliza también en otro, explotando el candor de aquellos que tienen los horizontes limitados por insignificantes aspiraciones autonomistas.

El líder de la CEDA, aupado por una legión que lleva meses exigiendo contundencia, demandando un paso al frente, está a punto de sacar la sierra y emplearse contra la pata que sustenta el exánime gobierno radical.

-Pero, para ensayos, ya basta. La experiencia se ha realizado íntegramente y consideramos concluida esta primera etapa de nuestra difícil tarea. No hemos puesto obstáculos; los hemos removido. No hemos derribado gobiernos; los hemos salvado en circunstancias difíciles. No hemos sido un elemento de perturbación sino un elemento constructivo en la política española. Pero ni aún con esa ayuda y esa buena voluntad ha sido posible que las cosas marchen por donde debían marchar. El camino se nos muestra ahora despejado. ¡Hasta aquí hemos llegado y de aquí no se puede pasar!

Los atronadores aplausos interfieren las últimas palabras del jefe cedista. La ovación es indescriptible, los vivas estruendosos.

Álbum fotográfico de José Manuel Mendoza Ussía.
Gil-Robles en Covadonga. Álbum fotográfico de José Manuel Mendoza Ussía.

 

Sábado, 29 de septiembre 

Asturias es un polvorín. En las cuencas mineras, en las montañas y en los valles se respira guerra. En las últimas semanas se ha estado introduciendo armamento para pertrechar una revolución alentada por el ala dura de la Casa del Pueblo. Indalencio Prieto ha atizado la indisciplina rindiendo la voluntad de figuras como Julián Besteiro, el más moderado del aparato socialista. En enero fue apartado de la presidencia de la UGT y sustituido por Largo Caballero. Nada ha querido saber Besteiro de las apelaciones a la vía revolucionaria que persigue reconquistar España desde la tierra de Don Pelayo.

En Daimiel no se pierde de vista cómo ebulle el norte. Es materia de primer orden entre los afiliados socialistas y se observa con cierta inquietud entre mano y mano de tute en los impares de la calle Fontecha donde tiene su flamante sede el Círculo de Obreros. En las tertulias del Casino, los referentes del orden imperante muestran desdén y repulsión; si bien les preocupa moderadamente lo que ocurre a seiscientos kilómetros y dos cordilleras por medio.  Aquí, de momento, tienen faena los propietarios para, aprovechando el parón agrario de la segunda mitad del verano, pensar cómo sacar más rendimiento a corto plazo del campo que pisan.

El concejal agrario José Mejía ha propuesto al ayuntamiento el saneamiento y desecación de los márgenes del Cigüela y el Guadiana en el término municipal de Daimiel.

-Es el momento de hacerlo junto a los villarrubieros. Igual que han propuesto ellos. Esto traería como consecuencia la inversión de gran número de braceros en los trabajos, toda vez que la mano de obra absorbería la mayor parte de los mismos. Además -continúa Mejía- sería sumamente rentable por el número de obreros agrícolas que podrían colocarse en esos terrenos desecados cuando se encuentren en condiciones para cultivo. Por otro lado, no desprecien la no menos importante desaparición o por lo menos disminución notable del paludismo que los encharcamientos actuales traen consigo y que hace de este término uno de los más azotados en la actualidad.

Fue el 28 de julio cuando, escuchada la propuesta, el ayuntamiento por unanimidad (incluidos los dos ediles socialistas presentes) declaró su anhelo de ver desecadas las tierras ahora cubiertas por agua; estudiar el medio de acometer el proyecto y, si hubiere lugar, que los terrenos acondicionados queden en posesión municipal o de los vecinos que puedan cultivarlos.

Esto no es novedad. Los proyectos para canalizar el Guadiana y desecar las tablas fluviales hunden sus raíces en siglo XVIII. Desde entonces esta demanda de carácter local ha ido ganando adeptos con el transcurso de las décadas hasta convertirse en una reivindicación tradicional de la población de Daimiel y Villarrubia de los Ojos. El argumento para afianzar tal empeño es colonizar nuevas tierras y de paso zanjar el paludismo. Salud y trabajo.

Entrado el siglo XX esta aspiración recobró fuerza. Atrás quedaron las promesas del Conde de Romanones a los villarrubieros de canalizar el Gigüela a cambio de sus votos. En Daimiel a iniciativa del entonces propietario de la Olivi,  August Issanjou, auspiciado por el Ayuntamiento, se declaró la zona insalubre. Sin embargo, el proyecto quedó igualmente en el aire. Solo por unos años ya que en la década de los 20, “el cacique de Daimiel”, el diputado cunero Arsenio Martínez Campos, Marqués de la Viesca, retomó el proyecto para contentar a la clase patronal que primero le miró con recelo y pronto vio en él una herramienta.

El marqués pasó a mejor vida con el nuevo régimen, ahora es otro quien tiene la responsabilidad de ejercer presión en Madrid. El hijo de don Lucrecio, Luis Ruiz-Valdepeñas, además de ser diputado adscrito al partido de Gil-Robles, es de Daimiel. A esto se añade la férrea vinculación de su familia con el sector vitivinícola. Ruiz-Valdepeñas tuvo su peso en la redacción del Estatuto del Vino aprobado en abril, incluso estableciendo posiciones comunes con sus contrarios socialistas en Las Cortes, caso de Antonio Cabrera, infausto enemigo del pueblo por motivos sobradamente conocidos. Sin embargo, en representación de esta tierra y en defensa del sector que más da de comer, se vieron obligados a entenderse.
Luis Ruiz-Valdepeñas recibió de la corporación todos los poderes para asistir al Congreso Municipalista celebrado en Gijón a finales de julio y tampoco faltó como observador y parte implicada en la Asamblea de Viticultores celebrada días después en Alcázar de San Juan. Allí se habló de la ley vitivinícola, de precios y de jornales. Solo un mes después cundió el nerviosismo propio de la antesala de cada vendimia: paralización del mercado de vinos, transacciones inferiores a 19 céntimos/grado y demasiadas existencias en las bodegas. Amenazan incluso con no sacar los capachos si no se facilitan préstamos a los agricultores. “Una catástrofe si la mayoría se ven obligados a no vendimiar” advierten en El Pueblo Manchego para que lo lea a quien le corresponda.

Con todo esto despacha el diputado daimieleño y, a la vez, da cuenta de la situación a su jefe. Gil-Robles está tomándole el pulso al pueblo esperando el momento definitivo. Luis Ruiz-Valdepeñas es uno de sus hombres de confianza. Estima y respeta su opinión, sea porque no hay muchos con el arrojo suficiente para ponerle la cara colorada si es menester.

El diputado y abogado del Estado ha cenado ligero. Ha acompañado un tinto sin etiquetar con un poco de queso fresco, antes de que Felipe le plantará un tortilla francesa de dos huevos y un par de tomates tardíos en rodajas, chorreados con aceite de oliva y salpicados con una pizca de sal. Si le hubieran puesto una rebanada de pan duro, también habría dado cuenta de ella. Come porque corresponde y es necesario, pero tiene la vista fija en los folios oficiales enroscados en la máquina de escribir, arrinconada por la bandeja de la cena en una esquina del escritorio. Mesa de madera noble, pulcra e incólume, donde también brilla el metal de un abrecartas réplica de una espada toledana y una estilográfica Parker de 1925, verde esmeralda. Ruiz-Valdepeñas retira unos centímetros la bandeja del centro del gabinete y requiere a su criado.

-¡Felipe! cuando puedas.

-Dígame, don Luis. ¿Ya ha terminado? ¿quiere algo más? ¿una manzana tal vez?

-No, no,  gracias Felipe. Puedes llevártelo y ve a descansar. Mañana marcho pronto a Madrid y hago al menos dos noches allí. Organízate como te plazca. Si hay algún cambio, te llamo por teléfono.

-Me retiro entonces señor, que descanse usted.

-Buenas noches Felipe, saluda a tu mujer y dale un beso a tus hijos.

El diputado, saca de un sobre deslacrado una carta que se dispone a releer. Toma anotaciones en un pedazo de papel sucio y,  ahora sí, cuadra la Remington burdeos en el centro del escritorio. Pese a encontrarse sentado en su despacho de la calle Vázquez de Ciudad Real, encabeza a la derecha del membrete: “Daimiel, 29 de septiembre de 1934″.

Sr. Don José María Gil-Robles. Madrid

Mi querido amigo y Jefe: Tengo el gusto de contestarle al cuestionario sobre la política del momento me ha remitido el secretario de la minoría:

A) Me parece que el momento político es de gran confusión, porque se desconocen los verdaderos propósitos de los partidos políticos. Así, creo que nadie pueda asegurar si en realidad los socialistas se proponen la revolución social, sino que las estridencias que sostienen pudieran ser únicamente para contener la deserción de sus masas, que alentadas y atraídas por corrientes más exaltadas, huyen hacia otras organizaciones ; tampoco estimo clara la finalidad de los radicales prestándose a colaborar con la CEDA, pues de ciertas manifestaciones del señor Lerroux se desprende que la referida colaboración es para hacer posible con las actuales Cortes, pero que en un más allá, que sería desde otras elecciones a diputados a Cortes, volvería a la más estrecha unión con los llamados Republicanos. Claro está que del Partido Radical solo desean cumplir alguna parte siquiera de sus programa -izquierdista, masónico, etc- determinados jefecillos, pues los afiliados de provincias e incluso de Madrid, son más conservadores de intereses y no poco de ideas que nosotros.

B) Estimo útil la transformación en colaboración personal de la asistencia parlamentaria hasta ahora prestada, por nuestra minoría a los gobiernos, porque el desaliento y la desilusión crecen en nuestras filas viendo que los radicales gobiernan compartiendo con nosotros el desprestigio y la responsabilidad pero no las ventajas del mando. Es necesario aprovechar la etapa conservadora, realzando alguna parte si quiera de nuestro programa, porque siendo probable que en lo sucesivo continúe la realidad política con oscilaciones a derecha e izquierda, habremos de llegar a la etapa izquierdista y sería un absurdo que frente a la labor destructora y sectaria del bienio y de la que en su día realicen las izquierda, no hagamos nada nosotros en nuestras etapas de mando o posibilidad de mandar. Las organizaciones provinciales desean que enseguida se restablezca el orden público, que cese el caciquismo de socialistas, republicanos izquierdistas, etc. donde todavía lo ejercen, que se combata eficazmente el paro forzoso, etc y entienden (habla en nombre de los agrarios de Ciudad Real) que solo gobiernos constituidos íntegra o principalmente por nosotros pueden llevar a efecto tales objetivos. En otro caso, cuando lleguemos a nuevas elecciones, llevaríamos al Parlamento muchos menos diputados porque se harían las elecciones sin ilusión y con retraimiento, vista la ineficacia del triunfo logrado en las del diez y nueve de noviembre último. Existe la confianza en que un gobierno presidido o inspirado por Usted, reprimiría eficazmente las huelgas generales, revueltas y demás actitudes rebeldes que los revolucionarios e izquierdista plantearían por entrar la CEDA en el Gobierno.

 

Así me complazco en informarle con toda lealtad

Suyo affo. buen amigo y correligionario s.s.

Firma: Luis Ruiz Valdepeñas.

lrv-g-robles

Archivo privado de la Familia Ruiz-Valdepeñas

 

Lunes 1 de octubre 

José María Gil-Robles no puede comedir la presión de sus adeptos, ni desatender recomendaciones de compañeros como Ruiz-Valdepeñas. Resuelve que la oportunidad es ahora, aunque sea por tratarse del menos malo de los remedios. Llegará un tiempo en el que vuelvan las izquierdas y entonces sí que las vías quedarán anuladas. Este primero de octubre se citan los parlamentarios en la sesión que inaugura el curso político a la vuelta de las vacaciones estivales.

El primer ministro, el radical Samper atisba su final pero recurre en el plenario a un discurso terciador y rebosante de buenas intenciones. Olvida por momentos que la República está maltrecha. Atacada por haber repartido decepciones a diestra y siniestra, a quienes esperaban más y a aquellos que jamás quisieron saber de ella. El jefe de Gobierno se desgarra en sus palabras, procura aferrarse al cargo, pero solo encuentra silencio.

Es inútil achicar agua, las derechas confederadas de la CEDA le retiran el apoyo. El presidente de la República, Alcalá Zamora, mira a Ortega y Gasset, pero el filósofo desestima la propuesta. En un hemiciclo tan fragmentado, no hay más salida que recurrir al hombre del centro. Por muy manida que esté su estampa, el oscilante Lerroux regresa a la Presidencia del Gobierno.

Esta vez la CEDA se desprende del rol fiscalizador. Ya no es el prestamista sino el deudor. Gil-Robles no puede esconderse e incluye a tres ministros en el Gobierno radical. Incluso la Izquierda Liberal, en palabras del propio Manuel Azaña, interpreta que se ha entregado el poder de la República a los enemigos de ella.

Medianoche del viernes 5 de octubre. Estalla la Revolución

En Daimiel, sin el poder municipal y sin la mayoría en las calles, no silba un solo tiro. Por si acaso, la noche del 22 de septiembre, por orden del Ministerio de Gobernación, el capitán de la Guardia Civil desplegó a sus hombres para proceder a un minucioso registro en la Casa del Pueblo.  Los socialistas se mostraron entre orgullosos por tanto respeto e indignados por el excesivo celo mostrado por las autoridades. Aun estando a bien con los guardias, a nadie le agrada que media docena de ellos se pasen cinco horas poniendo patas arriba su casa. Sí, el registro se prolongó durante ese tiempo y abarcó más que la sede de los marxistas. Varios líderes socialistas tuvieron que coserse los labios y apretar los puños para transigir con el cuadro de los guardias removiendo los cajones de sus dormitorios, los de sus hogares. No se halló irregularidad alguna.

La noche es tranquila aquí, pero se mueve inquieta ochenta kilómetros al suroeste.  El Comité Revolucionario de Puertollano ha elegido su campo de pruebas. Envían un telegrama a los compañeros de Abenójar comunicando que Asturias se ha levantado en armas.

Minutos después de la medianoche, los vigilantes municipales advierten un movimiento inusual en el pueblo. Varios significados socialistas están llamando a las puertas de sus correligionarios. El alcalde abenojense es informado y envía agentes a la Casa del Pueblo. La encuentran cerrada y en silencio.

No muy lejos de allí, las escopetas encañonan a los guardias civiles en el mismo cuartel. Les sacan y obligan a partir hacia un paraje conocido como ‘Los calerines de la mesa’ donde esperan dos centenares de individuos. Los asaltados no ofrecen resistencia, entregan sus armas. Entre los insurrectos se hallan un antiguo juez y el presidente de la casa del Pueblo, Marcelino Cuadrado.

A las dos de la madrugada, con la autoridad impedida, regresan a Abenójar. Abordan el cerco del pueblo desde distintas entradas y preparan el atrincheramiento cavando zanjas de un metro de anchura y dos de profundidad . Cortan el alumbrado eléctrico y se apoderan de la Central de Teléfonos. Encierran en la Casa del Pueblo al alguacil, tras resistirse a entregar su carabina y las llaves del ayuntamiento. En la fachada de la casa consistorial izan la bandera roja y en el salón de sesiones defenestran el retrato de Alcalá Zamora. En la calle montan guardia en todas las esquinas, mientras obligan a los patronos a rendir sus armas.

Gateando los tejados, saltando de corral en corral, un joven aspirante a ingresar en la Benemérita se cuela en el cuartel y provee de un par de pistolas a los agentes confinados en su interior. Pertrechados, los guardias se cargan de valor y rompen el encierro. La refriega es inevitable. Una bala rasga el sombrero del sargento, dos se alojan en las piernas del daimieleño Rufino García Rayo.

Martes 9 de octubre. Daimiel

Tercer día con España en Estado de Guerra. Solo cinco concejales han asistido esta mañana a la sesión ordinaria. Se han limitado a aprobar la  contribución Industrial y Comercio para el año 35, un 16 por ciento de recargo, como en el presente ejercicio.

Al caer la noche, la mitad de los guardias destacados en Daimiel salen del cuartel de la calle Canalejas. Al frente, el capitán José Rivadulla. En cinco minutos se han personado en la Casa del Pueblo con una orden gubernativa en la mano. Los socialistas no parecen sorprendidos. Lo esperaban desde hace horas. Sin incidentes, son detenidos sus dirigentes, entre ellos Andrés Carranza Oliva y Gómez del Moral.

Sábado 13 de octubre. Salón de plenos. 

Entre los siete ediles presentes, no están los socialistas. Ni hubieran podido de haber querido. La revolución penaliza al PSOE, reflejo de lo que está sucediendo allende el pueblo. Las agrupaciones locales han sido descabezadas allí y aquí. En Daimiel se encuentran en prisión todos los concejales. Ogallar, Gómez-Limón, Ángel Martínez, Carranza y Gómez del Moral estarán bajo control mientras el país no recobre la normalidad. No hay un catre libre en los calabazos. Los ediles están acompañados de los dirigentes sin cargo público, a saber, Basilio Molina, Claudio Campos, Jiménez de los Galanes (a) Gavillera y Aniceto Rubio, entre otros.

-Adelante, don Ramón, tiene usted la palabra -da su permiso el alcalde Eusebio Camino.

– Gracias. Paso a leer la siguiente propuesta -se ajusta las gafas el excoronel Briso de Montiano-. Solicito que, por el alcalde, se dirija un telegrama al presidente del Consejo de Ministros expresando la gratitud del pueblo por la firme conducta del Gobierno y su presidente en la conservación del orden público y en el mantenimiento de la integridad de la patria. Sendos telegramas también a los ministros de la Guerra y de Gobernación expresando la gratitud del pueblo a las fuerzas del ejército y a las de Orden Público por su heroico comportamiento y noble patriotismo en el desempeño de su última misión -concluye el exalcalde y concejal radical.

-Si me permite, yo añadiría algo más -interviene José Mejía-. En caso de que se viese una suscripción nacional en homenaje del ejército y fuerzas de orden público, que el ayuntamiento contribuya con la cantidad que se acuerde.

Se aprueba todo lo propuesto. La contribución será de quinientas pesetas con cargo a imprevistos.

Viernes, 26 de octubre. El entierro

Mañana se cumplirá una semana desde la capitulación de los revolucionarios. Cayó Oviedo y, a los tres días, España entera volvía a estar bajo control. Al guardia Rufino le amputaron una pierna el viernes. Entonces era uno de los muchos heridos; hoy es el único muerto que el alzamiento ha dejado en la provincia.

Una manifestación imponente cubre el centro de Ciudad Real. Autoridades eclesiásticas, civiles y militares, así como representantes de entidades oficiales y los diputados nacionales de las derechas encabezan la marcha de homenaje al guardia civil caído en Abenójar.

Luego de una hora silencios, aplausos y vivas a España, el alcalde de la capital se hace cargo del cadáver de Rufino para traerlo al pueblo. En la caravana que se dirige a Daimiel, tras el coche del finado, viajan varios jefes de la Benemérita, el comisario de Vigilancia, agentes de otros cuerpos de seguridad, así como familiares y familiares del desgraciado. El cortejo hace escala en Carrión. También en Torralba, donde rezan un responso. En la plazuela de la Purísima Concepción, los jóvenes cuelgan en el carruaje una corona de flores y laurel.

A pocas fechas de cumplirse un año del asesinato de Ruiz de la Hermosa, otro coche paseará el ritual y dolor de una muerte temprana ante él 13 de la calle Amargura. El comercio cierra sus puertas como aquella jornada de luto. Si antaño se contaron cinco mil vecinos, hoy superan los seis mil.

A las seis en punto todavía destellan reflejos de sol en la caoba del carruaje. Dos mozas intentan reenganchar una corona de flores en un hueco imposible. Por un segundo no les ha atropellado el sacristán que porta la cruz alzada, precediendo al clero en pleno. La banda municipal interpreta todo lo fúnebre de su repertorio, dando coartada musical a las conversaciones.

-¿Y ahora qué? ¿Qué podemos esperar de los tuyos?-pregunta el capitán de ingenieros Utrilla.

-Se irá viendo, pero qué te voy a contar que no sepas Nemesio -responde con una mueca de pesadumbre Luis Ruiz-Valdepeñas.

-¡Viva la Guardia Civil! ¡Viva el Ejército!

-¡Viva!

 

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Aquel verano del 34 (Cap.X Ep.3º)

23 de junio. Salón de sesiones del Ayuntamiento

-Compañeros, solicito a este pleno un voto de censura contra Pantaleón Pozuelo. Una medida drástica pero justificada. No pueden tolerarse sus continuas e inmotivadas obstrucciones al desarrollo de la actividad municipal, así como sus censuras sistemáticas a toda labor de la corporación. Es inadmisible la actitud de este señor contra la mayoría de los concejales, como el hecho de presentar denuncias en los juzgados por asuntos que carecen de importancia cuando, al contrario, son circunstancias corrientes de los ayuntamientos -el bodeguero antimarxista Ladislao Díaz-Salazar levanta la vista de sus notas-. Realmente no sé si don Pantaleón cree que está sentado en Las Cortes de Madrid o tal vez en un Tribunal.

-De lo que no cabe duda es que es usted quien no tiene categoría ni formación para desempeñar la misión encomendada. No quiera arrastrar al pueblo a su mundo de ignorancia -responde sin dejar tiempo a las risas quien fuera el padre del republicanismo en Daimiel.

-No se lo niego abogado, yo soy un simple productor de vino que habla el lenguaje de aquí, pero usted parece que se quedó atrapado en la cubierta de sus libros. Fuera de este salón es libre, pero no creo que los aquí presentes merezcamos vernos envueltos en sus desvaríos. Es usted un lastre, señor Pozuelo -agría el tono el bodeguero de la calle Prim. El tercero de cuatro hermanos a quien sus amigos se refieren como Ladis.

Ladislao Díaz-Salazar (Familia Díaz-Salazar)

-Por favor, moderen el lenguaje -interviene el alcalde Camino cuando ya es imposible determinar de donde proceden las voces-. Por favor, silencio, ¡cálmense!. Señor Díaz-Salazar, hemos escuchado perfectamente la motivación de su voto de censura. Sobran más valoraciones. Ahora procedamos a votar.

Pantaleón se ha quedado solo.  El Ayuntamiento ve con desagrado su conducta y acuerda que conste en acta un voto de censura.

7 de julio

La corporación entra a debatir una materia tan prolija como caótica, la desoladora tesitura de la Enseñanza. Una carga tras otra, visitas a Madrid, correos, telegramas, lamentos en prensa y escasos compromisos desde el Gobierno. Sin Madrid no hay dinero y, llegados a este punto, hasta habría que celebrar la vía de financiación abierta en virtud del flamante decreto del 16 de junio.

Al comienzo de la República se determinó que para cubrir las necesidades educativas de los niños de Daimiel no sería descabellado doblar el número de grupos escolares. Transcurridos lo primeros meses, se fue consciente de que tan altas pretensiones solo podían generar rechazo en la capital. Había que conformarse con mucho menos. Visto el deambular del régimen, los de aquí se darían por satisfechos si el Ministerio termina liquidando su parte de dinero en las adquisiciones de terrenos y construcción de dos colegios cuyos proyectos, parece ser, van para delante. El ayuntamiento se compromete a aportar el veinticinco por ciento del importe de las obras como corresponde, según la ley, a sus 18.968 habitantes. Los emplazamientos elegidos, la esquina de la calle Motilla con Dehesa y frente a la ermita de San Isidro. No será la obra del Escorial pero llevará un tiempo ver a los niños ocupando esas aulas. De momento, para septiembre los escolares tendrán que apañarse con lo de siempre.

Aprendidos a leer y escribir, se abre una falla que separa los caminos, o sea los futuros. Los elegidos por sus aptitudes y posibles pueden anhelar un oficio a la sombra.  En una primera escala, persiguiendo el diploma de bachiller. En la calle Arenas, chicos y alguna chica se fraguan en la Academia de José Barrios. Este centro de Secundaria cohabita con la Academia Politécnica de Modesto D’Opazo, sita en Obispo Quesada desde 1911. En este segundo ateneo, una decena de profesores aleccionan en las materias propias de Bachillerato, Magisterio superior, Letras y Derecho; si bien para estas últimas disciplinas no alumbran más allá de nociones básicas.

En estas fechas reciben los calificaciones quienes se examinaron el último día de primavera. Una comisión del instituto de Ciudad Real evalúo a los alumnos de Modesto en el salón de plenos del Ayuntamiento y no les ha ido mal. Parece mentira cómo algunos parecen bendecidos desde que nacen. La providencia les depara una travesía abrupta pero terminan conjurando los estorbos, generalmente porque hay quien tropieza en lugar de ellos. Esos son a quienes devora la fiera.

Algunos penaron con la cárcel y casi todos cargaron sobre sus espaldas el baldón del vecindario por mucho menos de lo que las habladurías asignan a Modesto Dopazo Maján. Pero, cómo dar por ciertas esas presuntas felonías tratándose de todo un cura y capellán de Las Cruces.

De quien hoy tutela la Academia, se cuenta que entre 1920 y 1923 fue uno de los tres granujas que acuñaron duros falsos de plata. Modesto habría sido el responsable artístico de la obra. La sección industrial de la sociedad dependía de la pericia de Marchán el herrero, cuya fundición estaba en la calle Canalejas, donde hoy vive Ricardo Ortega. Y el tercer confabulado fue ni más ni menos que José Pintado Morales. El exalcalde (1891-1892) se encargaba al parecer de la distribución y contactos.

Habían conseguido simular las monedas merced a una aleación ciertamente notable, pero insuficiente para encapotar la lupa de la Policía. Los sabuesos olfatearon el rastro del dinero y todo acabó en un Martes de Carnaval. José Pintado se solazaba en el baile de disfraces del Teatro Ayala entre risas, licores y confeti. Vivía sin miseria. De pronto, sin pretender hacer ruido, casi a hurtadillas, el capitán de la Guardia Civil se introdujo en el patio de butacas. Mostró toda la deferencia posible para, sin hacer gentes, sacar a su amigo de la algarabía. A salvo del ruido, el benemérito le comunicó al exalcalde que estaba detenido. El oficial le creyó ahorrarle la mascarada de calzarle las esposas con el disfraz puesto. Le dejó pasar al reservado para cambiarse de ropa.  Se metió un tiro.

No fue cosa para celebrar, ni por el guardia negligente, ni mucho menos por la familia del suicida. En cambio don Modesto D’opazo… a este sí que el destino le abrió una puerta en medio del quiebro. Pintado se llevó a la tumba toda la culpa de la falsificación de los duros de plata. Al cura de las Cruces solo le incordian la moscas cojoneras que, de vez en cuando le sitúan como miembro de la tripleta de impostores, y a veces recitan por gracia de ‘el Chepa’

Si lo miras a la cara,  notaras la sensación de la humana condición más cínica y descarada. Porque instintos canallas se viste con largas sayas. Que mancha su honrado origen, tiene y no de la virgen, gran fabrica de medallas. 

También le pesará que su hermano apenas le hable. Aunque Daimiel pase por alto aquella presunta participación, Ramón D’opazo, héroe de Filipinas y aclamado exalcalde de Torralba, solo mirando a los ojos al capellán de las Cruces desentraña toda la deshonra que esconden.

Mediado julio

Hace un mes que el campo descansa, solo pendientes de atender los candeales más atrasados. “Refría” la tierra tras la siega dando tiempo a San Miguel. La mies acarreada y, en las eras, piedras de trillas desdentadas y restos de salvado mareado por el viento. El trajín se muda a las huertas. Vergeles que amurallan Daimiel, mimados por sus dueños; hacendosos que antaño se hicieron con un pedacillo para echar verano y tener para invierno. Regadíos de hasta tres fanegas. Mula, noria y alberca. Patatas, legumbres, panizo… y en las parcelas más chicas colorean los tomates, más algunas matas de pimientos y pepinos casi esquilmadas. El pueblo huele a eso. A huerta, al barro mojado de los cangilones. Y es blanco y verde, y fresco del riego cuando la noche concede algo de respiro y abanica con una ligera brisa las calles abrasadas durante horas.

Pueblo adentro, algo quiere moverse a la sombra de las tinajas. Gracias a Dios van sonando huecas. Apremia el desalojo de los fermentados para hacer sitio a lo que traiga la vendimia venidera. Hogaño no pinta mal y es mucho decir para lo que suele llorarse. En la antesala del verano ya presentaban buen cuajo las vides. Ahora los racimos hermosean y, no torciéndose la cosa, los lamentos serán más por excedente y bajo precio que por pírrica cosecha.

De lo peor, la menguada transacción comercial de vinos y aceites; y las tres pesetas escasas que se está pagando por arroba. No quedan muchas ganas para litigar por una retribución más onerosa. Ni ganas, ni espaldas. Es demasiado lo que se arrastra, principalmente por mor de lo que llaman conflictividad social. Contenciosos a los que no terminan de acostumbrarse los patronos después de toda una vida de ordeno y mando. La economía de ciertos propietarios renquea debido a los pleitos en el Tribunal Mixto de Manzanares. Son procesos que colean de la temporada pasada con Miguel Carnicero ejerciendo entonces de vocal representante de Daimiel y líder de la Casa del Pueblo. A un dueño le han dejado tiritando. Unos braceros le demandan el total de los jornales de la siega y de la vendimia. “Se dice, se cuenta, yo no digo nada”, como apostillaría Josico el barbero, que en su día no pudo pagarles y en compensación les dio parte de la cosecha. Pero lo que entonces contentó a los jornaleros, hoy no les vale. Ramón Fisac es el desgraciado de la temporada. Un incendio provocado ha anegado la cosecha de cereal. Durante horas se pasó miedo de verdad, las llamas prendieron a doscientos metros de las últimas casas del Pueblo en el camino de La Máquina.

La paz, siempre colgada de dos pinzas, expuesta al zarandeo. No obstante, a Dios gracias que esta campaña en lo que al pueblo toca ni ha corrido la sangre ni se han sentido tiros. A Eusebio Camino es verdad que le ha dolido la cabeza cumplidas sus primeras semanas de alcalde. Tampoco podía esperar otra cosa. La huelga general en los campos de Andalucía y Extremadura con la que se saludó al nuevo jefe de Gobierno Ricardo Samper, fue replicada en ciertos municipios de la provincia, Daimiel entre ellos. Aquí el pulso atañó al jornal de la siega. El primer día de paro, el 5 de junio, hubo de recurrirse a la guardia de asalto de Ciudad Real. Los huelguistas le pegaron fuego a un monte bajo, contiguo a una finca del exalcalde Briso de Montiano. Le estarán entrando unas ganas tremendas de quitarse también de campo. Hasta trece elementos fueron detenidos por obligar a cuadrillas a regresar al pueblo. No fue noticia la incapacidad de la Guarda Civil para contener a los asaltados. No es cuestión de voluntad ni de arrojo sino de insuficiencia de medios. El campo es inabarcable. Es imposible sofocar incidentes tan frecuentes en el tiempo como aislados en el espacio.

Poco importa que fuera detenido el sustituto del desterrado Carnicero. El flamante número uno de la Casa del Pueblo, Nicolás Cortés ‘El Rojo’ pasó una noche en el cuartelillo. Sin embargo, el arresto del presidente del Comité de Huelga no aplaca a los suyos, les espolea; contagiados además por la combatividad que están exhibiendo sus compañeros de Villarrubia. El segundo día de huelga, el 6 de junio, los acusados de la sierra escucharon la sentencia por lo perpetrado veinticuatro días atrás. Mientras las niñas sacramentadas cantaban cómo la Virgen María bajó de los cielos a Cova de Iria, los socialistas, armados con pistolas y cuchillos, intentaron asaltar el ayuntamiento. La Guardia municipal de Villarrubia no anduvo tibia, repelió con dureza. Cuatro heridos, tres muertos y una decena de detenidos y conducidos a la cárcel de Daimiel. A plena luz del día pasearon el escarmiento. Doce semanas después alguien le cobró la más costosa de las facturas al guardia mayor. En la falda de San Cristóbal, fue encontrado cadáver con un tiro en la cabeza. Deja viuda y diez hijos, el primogénito acaba de cumplir doce años. Se busca al criminal.

En el pueblo los rateros no han descansado. La han tomado con los hermanos Ramón y Joaquín, gerentes de Sucesor Moreno y Pinilla. Entraron en su almacén sin preocuparse de que el ayuntamiento dista ochenta metros. Burlaron a los serenos e hicieron acopio de hierros, baterías de cocina, coloniales o cristalerías. No olvidaron echar a la saca cuatrocientas pesetas en monedas de plata y doscientas más en navajas de afeitar, carteras de material y petacas de las buenas. Es seguro que entraron por la puerta falsa de la casa pues allí abandonaron una ganzúa. De tejado en tejado, y rejas de arados para forzar la puerta del almacén y la caja registradora. Eso fue el 28 de abril. El caso es que no pasaron dos meses cuando otros desconocidos –tal vez los mismos, enfermos de saña- entraron dieron el golpe en la calle Jesús, en la casa particular de uno de los hermanos, Ramón. Afanaron todo un capital. Mil pesetas contantes y sonantes, objetos de valor y otras menudencias.

 

(Archivo José Aguirre Martín-Gil)
(Archivo José Aguirre Martín-Gil)

 

Así se cocina el presente que hoy despreocupa a los más chicos de la casa. Los inocentes no saltan del catre hasta que el sol les casca en la frente. Si tienen para desayunar bien y después a tratar de ingeniárselas para escaquearse de los recados que pueda encargarles madre. Este 18 de julio, como cada día de verano, regresarán hechos unos cristos. Y lo harán a regañadientes, antes de que el calor no permita retirar de la umbría ni la punta de las alpargatas. Hasta entonces se dejarán la hiel y las rodillas subiendo y bajando con sus bicicletas los terraplenes de enfrente de la estación. Los menos privilegiados se conformarán con sus bolas de barro, sus alhajas.

En las vías muertas del ferrocarril los vagones de mercancías aguardan la llegada de los carretones de Miguelico. Descomunales reatas de mulas portando las cubas de vino. Caldos con la firma de don Ruperto, Julián Prado o del teniente de alcalde Ernesto García Muñoz, pionero en la exportación. Lo que no coloca aquí lo tiene comprometido en el norte. Estas noches de verano, la pasada no fue una excepción, llega el correo con rango de expreso y la prensa de Madrid. La estación del tren entera a Daimiel de cuanto acontece.

El reloj marca las diez de la mañana y a lo lejos una bocina anuncia la irrupción de la locomotora. En breve se atisba el penacho de humo grisáceo. Siseo de ruedas, rechine de zapatas y olor a carbonilla. La máquina de vapor de cuatro ejes y compound fabricado por la casa alemana Hartmann se ha detenido en la vía central. Descienden los viajeros.

-Obdulia, Nicomedes, buenos días, ¿cómo sabían que llegaríamos en este tren?

-No lo sabíamos don Max, es cuestión de venir –responde el jardinero y hombre para todo en Le Castellet- ¿qué tal el viaje señor?

Helena Messiah Cassin (arch. Mª José Reguillos)
Helena  Cassin (arch. Mª José Reguillos)

-Interminable y con pena, como puede imaginarse. La señora lo está pasando mal pero es ley de vida –responde el francés- C’est du gâteau.

-Déjeme, doña Elena, que vendrá cansada –asiste la ama de llaves a la señora Hélène Messiah Cassin- ¿y las niñas?

Las pequeñas de la familia, Denise y Andrette, han alcanzado el andén desde otro vagón. Janine no viene con ellas. Ha logrado vencer la resistencia de su padre para permanecer en Niza una semana más. Tiene veinte años y desenvoltura, nada hay que temer. Está muy unida a su hermana mayor y no podía negarle que alargara la despedida. Renée Rachel, Renata en el pueblo, se ha casado en la costa azul. Desde el 14 de julio es la señora de Gilbert Lévy. Un judío francés como los Cassin, ocho años mayor que ella, que tiene negocios en Argelia, país donde nació en 1904. Renata se reencuentra estos días con amigos de la infancia, alterna con la alta sociedad nizarda y no solo disfruta de la presencia de su hermana Andreita, también de Albert. El único hijo de don Max fue el primero en abandonar el hogar familiar de Daimiel. Hace dos años dejó atrás Le Castelé para estudiar en Francia. Ahora, los tres mayores del agente consular galo en La Mancha se dejan acariciar por el Mediterráneo, mientras caminan sin oficio por el Paseo de los Ingleses.

Y piensan en Daimiel, ¡claro que sufren de nostaligia! Albert dejó en el pueblo a sus mejores amigos, le exige a Andreita que le cuente sobre ellos. No le es suficiente con las cartas y otros agasajos que le hicieron llegar a Niza aprovechando la boda. Con el transcurso de los meses, en las oscuras y lejanas noches de Argel, aflorarán algunas lágrimas por las mejillas de Renata al recordar sus expediciones con Jesús, el hijo de Nicomedes. Las aventuras perdidas entre las plantas del invernadero donde el hombre para todo prepara su ungüentos. No volverán las veladas en los jardines, ni se sorprenderá por el regimiento de caracoles gigantes, a la par que exquisitos,  poblando las frondosas plantas que circundan la pista de tenis. Cómo retener en la memoria el milagro de los gusanos de seda que Nicomedes cría en la torrecilla, alimentados con las viejas moreras blancas a cuya sombra consumían las tardes riendo y riendo.

-Jesús, ¿qué te traes entre manos bribón? –regaña con cariño don Max al chavea de Nicomedes- Mon petit doigt me l’a dit.

-Pues nada, don Max, pos aquí –contesta el adolescente.

-Cuenta, cuenta, cómo llevas nuestro asunto –cuchichea el francés para que no le oigan su esposa y sobre todo sus niñas. Les daría un patatús.

-Alguna ha caído señor, si quiere se las enseño.

Tiene prisa el adolescente por cobrar el premio por sus piezas. Resulta que esta pasada primavera anidó en el cielo raso de la casa una colonia de lechuzas. Aprovechando la coyuntura el chico del jardinero le dijo al francés “Don Max, lo peor no es el ruido, ni siquiera las cagarrutas, es que se beben el aceite”.

Max Cassin (Arch. Mª José Reguillos)
Max Cassin (Arch. Mª José Reguillos)

El vicecónsul podría haber tragado con lo primero, pero lo del aceite superaba la eutrapelia, aun sabiendo que tal vez fuera una trola. Entonces, por cada rapaz que abatía el diplomático le suelta dos pesetas y le corta la cabeza por si tiene la ocurrencia de presentarle el mismo pájaro. No obstante, el jodío tiene dotes para el negocio. Las lechuzas decapitadas, como don Max para nada las quiere, se las vende a los obreros de la Olivi. Los de la bodega le pagan otra peseta extra por ejemplar. Aseguran que están sabrosas en el pote. Y al no verles la cara, sepa Dios si es paloma o pichón. Jesús se ha organizado su propia vida. Se regula, mata dos por día. De poquito a poquito, para que no se le haga mucho al francés.

-Señora, vendrán con gana. Julianita tiene la comida lista -interviene Obdulia.

-Comme ci, comme ça -responde Elena Messiah mirando de soslayo a su marido, consciente de que aunque ella trae el cuerpo revuelto de tanto traqueteo, don Max se comería un guarro ciego si su religión lo permitiera.

Obdulia -además de ama de llaves y organizadora del servicio de empleadas circunstanciales como lavanderas y costureras- es quien cocina. Julianita, también hija de Nicomedes, se encarga de servir. Todos hacen vida en la planta baja de Le Castelé. En este semisótano están las cocinas, el lavadero y una pequeña bodega donde se conservan frescos alimentos. Desde aquí se sube la comida por un montacargas. A los hijos chicos y nietos del Servicio se les ha acabado el jugueteo de subir y bajar en el montacargas. Los señores están de regreso.

-Obdulia, parlaremos más despacio, pero ve dando aviso a las que necesites. Esto hay que celebrarlo como se merece.

Se ha casado su hija mayor, su querida Renata. Habrá un banquete para los empleados de La Francia.

 

Le Castellet a principios del siglo XX
Le Castellet a principios del siglo XX

 

 

Foto de Emilio Aguirre Moraga

La caída de otro alcalde (Cap.X Ep.2º)

26 de abril de 1934. Iglesia de Santa María

-¿Y dice usted que pudo ser obra de los templarios? –pregunta quien fue bautizado como Fortunato.

-Son solo indicios, reverendo padre. A la vista están y dan rienda suelta a la especulación. No obstante, hipótesis se han elaborado acerca de esa pista y de gente muy respetable, no vaya usted a creer –indica el párroco Santiago García Mateos-. Cuando entre, fíjese en los capiteles de las columnas.

-Vaya, vaya, quizás tenga que venir más despacio.

-Sígame, vamos por este otro lado -rodean la iglesia saliendo del Parterre de La Libertad-. Observe, ¿qué ve? –inquiere el párroco, exponiendo al escrutinio del forastero el muro exterior del lado norte de la iglesia.

-Es la cruz templaria, un solo pie, dos brazos laterales…Interesante de veras, o fue cosa de ellos o hicieron devotos entre el vulgo.

-O más prosaico aún, que esa piedra no estuviese aquí en origen, porque los templarios pasaron cerca pero tres siglos antes. ¿Una piedra tan bonita no la pondría usted en su ermita si la hallara en el campo sin dueño? -atenúa la voz pese a encontrarse solos- Tenga usted presente que este es un pueblo al uso y, como tal, esconde sus envidias. Al bautizado en esta iglesia se le tiene como chucho y se envanece de presentar mayor abolengo por tal condición. Borregos llaman a los contrarios de la parroquia de San Pedro. Hijos de Dios, hermanos en Cristo, pero vecinos en el peor sentido de la palabra.

-Que, tal vez, sostiene usted, fue más cuestión de hacer gala de haber confraternizado con los templarios independientemente de cuál fuese la realidad.

-Piense que eso viste mucho y, a la vez, escuece a los de enfrente.

-¿Y usted a quién se debe? Le ha tocado ser chucho, claro.

-Me debo únicamente a la Santísima Trinidad. Soy forastero gracias a Dios. En fin –pausa el párroco- volviendo a lo de antes, de lo que no cabe duda es que esta iglesia es la joya del pueblo y así lleva siéndolo desde hace siglos -sostiene García Mateos conminando al visitante a retomar la misión que les ha llevado hasta Santa María-.  Bueno, vamos por la sacristía que es la hora. No será novedad para usted, pero sepa que no cabe un alma. Y no todas las que están van camino de salvarse.

No es corriente contemplar la espaciosa Iglesia de Santa María La Mayor sin medio metro de respiro entre cuerpo y cuerpo. No siendo el día de la Virgen, alojar dos mil personas en el templo es circunstancia sobresaliente. Sus cuatro recios pilares dominan una nave atestada de público ávido de palabras reconfortantes. Desde el ábside al altar, un fogón de calor humano arrebujando a uno de los más solicitados oradores y alma máter de la Adoración Nocturna. En sus once años de labor pastoral, hasta cuarenta mil adoradores ha sumado el reverendo padre Gonzalo Barón. Muchos son de Daimiel, hombres notables en el conspicuo orbe de las fuerzas vivas de este pueblo.

Ingresa el invitado por la sacristía y alcanza el púlpito abriéndose paso casi a empellones ¿Es acaso una locura semejante expectación? Tal vez, pero locura compartida por toda la geografía española. La que genera una mente preclara. Cura locuaz pero no exacerbado, sabio pero no fatuo. Adquiriente de una prédica que le ha llevado a empatizar con comunistas y anarquistas en un bulevar de comprensión recíproca.

Las autoridades se acomodan en las primeras bancadas. Una decena de concejales y el alcalde en el penúltimo espacio de la hilera izquierda, junto al pasillo, en el lugar de los varones. Es su primer acto en calidad de regidor, solo unas horas después de ser designado en sustitución del dimitido Ramón Briso de Montiano.

Cinco días antes, salón de sesiones del Ayuntamiento

-No les estoy pidiendo que acepten mi renuncia ya que la ley me faculta a presentarla cuando lo estime oportuno por el triste privilegio de mi edad -argumenta Briso de Montiano- He alcanzado un año en el cargo pese a que mi propósito no era estar al frente tanto tiempo. Doy las gracias a todos los concejales y principalmente a los tenientes por la cooperación que me han prestado sin la cual no hubiese sido posible desenvolverme al frente de la Alcaldía. Gracias también a todo el personal de la casa y a los señores que desde fuera de la corporación con medios eficaces pusieron de su parte para conjurar la miseria.

Don Ramón expele amargura en su despedida y no puede evitar aludir al daño ocasionado a sus propiedades. Doscientos olivos descuajados o tronchados en Las Mozas, finca con solera en los márgenes del Guadiana. Que haya sido víctima del ultraje el primero de los daimieleños ha multiplicado la indignación en el vecindario. Ahora recuerdan cómo hace un año el imperial Sindicato Agrícola que aúna a los propietarios propuso al consistorio que el servicio de policía rural pasase a manos de la Guardia Civil, incompetencia que a estas alturas sigue ostentando la Guardería Municipal. El consuelo para el excoronel de Artillería es que han sido apresados los presuntos responsables, José María Arboleda y Julián López-Tercero. El pesar que corroe a Briso de Montiano es que su retiro y los tiempos republicanos le inhabiliten para pasar revista en persona a los granujas.

-Gracias finalmente a la generalidad de los obreros que han sufrido con paciencia la crisis de trabajo -concluye el alcalde saliente.

-Por la parte que me afecta, reciba mi agradecimiento -replica el socialista Gómez-Limón.

Ramón Briso se levanta, ocupa un escaño vacante y en la Presidencia se sienta el primer teniente de alcalde.

-Conste en acta el sentimiento que produce a la Corporación esta dimisión -interviene Ernesto García-Muñoz-. Pido a todos mis compañeros un voto de gracias al señor Briso por haberse sacrificado por el pueblo en todo momento. Si no ha tenido el fruto a que aspiraba, no ha sido por falta de entusiasmo y buena voluntad.

Aplausos de la corporación y no tanto desde las sillas reservadas para el público donde se hace notar la ausencia de muchos de los habituales a las sesiones. Los jóvenes derechistas estarán a esta hora regresando de Madrid. Nutrida representación daimieleña entre las decenas de miles de mozos congregados en el Real Sitio de San Lorenzo del Escorial donde ayer se clausuraba el Congreso de Juventudes de Acción Popular. En la explanada del monasterio, transigiendo una intensa lluvia serrana, vieron a su líder a cabeza descubierta, desdeñando los paraguas que se le ofrecieron. Calado hasta los huesos, apaciguando las peticiones de asalto al poder, José María Gil Robles les rogó paciencia, todo a su debido tiempo.

El nuevo regidor

Doce votos a favor y uno en blanco. No hay contrapunto a la unanimidad. Sin ediles socialistas en sus bancadas, sin noticias de Antonio Almela y con Díaz Salazar (Izquierda Republicana) de permiso.

-Gracias a todos los señores presentes por mi designación, me hago cargo de las difíciles circunstancias en que me posesiono del mismo y quisiera destacar la gran labor realizada por mi antecesor. Les pido -continúa Eusebio Camino- me presten la ayuda necesaria en el desarrollo de esta misión.

-Permítanme que decline elogios tan inmerecidos. Respecto a lo que haya de venir, aquí me tiene señor alcalde para asistirle en tan ingrata tarea -interviene el regidor saliente.

-En nombre de la minoría conservadora -el maurista Pantaleón Pozuelo también ha sufrido esa butaca-, nos resulta muy satisfactoria la elección del señor Camino por tratarse de una persona cercana al pueblo. Además, al ser miembro del Partido Radical, mientras siga ostentando ese carácter republicano –desliza irónicamente sus críticas a los vaivenes ideológicos de la formación de Lerroux- le presto mi apoyo y me pongo a su disposición. Reciba mi enhorabuena.

– Yo quisiera expresar igualmente mi conformidad y la de la minoría agraria -completa los elogios José Megía-. Me adhiero a las manifestaciones anteriores y le ofrezco mi cooperación para todo cuanto pueda serle útil.

-Agradezco nuevamente todos estos halagos que no puedo recoger ahora. Les pido que los reserven para el final de mi actuación cuando vean los resultados de la gestión hecha es cuando puedan tener cabida, pero ahora no.

alcalde Eusebio Camino (1934)
alcalde Eusebio Camino (1934)

De vuelta en Santa María. La charla de Gonzalo Barón

A Eusebio Camino no le ha dado tiempo a sentirse atosigado por sus responsabilidades. El compromiso de hoy es liviano, de los que se cumplen con gusto. Si hubiere voces de desaprobación, ni ahora es tiempo, ni es lugar la casa de Dios. No sería por falta de sospechosos. Entre los más de dos mil asistentes que abarrotan la iglesia los hay obreros que rara vez confiesan y jamás comulgan. Casi todos votan derecha, como es signo de este pueblo, pero algún rojo se ve al fondo. Curiosos o resilientes, confiados en que el Altísimo también les va a amparar a ellos.

-Al ser interrogado por el Señor acerca de su hermano, respondió Caín: “¿Por ventura soy yo su señor y custodio?”. Hoy también hay dos caínes, el rico que pregunta ¿qué se me da a mí de mi hermano el pobre?, mientras el pobre repite las mismas palabras con respecto a su hermano el rico. Todo esto proviene del egoísmo que produce este malestar social en que el hombre ha perdido lo que tiene de hombre quedando sólo la fiera, porque ha extraviado la caridad de Cristo. Como en la Roma de Espartaco, de una parte el ejército de los pobres, de otra el de los ricos, los poderosos. Unos y otros se organizan hasta que, de común acuerdo, se lancen a una lucha que empapará en sangre los últimos rincones del globo. Y esta, que no llamaremos ya cuestión social sino desquiciamiento de la sociedad, tiene por causa el hambre. En esta época en que se entonan himnos a libertad y a la fraternidad, en estos tiempos de democracia hay quien tiene hambre, hay quien se muere de hambre. Hambre que se traduce en desesperación en los hogares obreros.

Algunos chasquidos de dedos y gargantas que carraspean nerviosas. Los parroquianos no saben si despejar las exhortaciones por ser reproches o recibirlas como un consejo. El orador riojano habla de la maldición de Dios traducida en sequías, escasez de cosechas y enfermedades.

– Pero hay otro motivo. El paro obrero. Antes se hablaba de jornales de hambre, y se condenaban con mucha razón, pero hoy es algo más terrible. Hoy no hay jornales de hambre, sino hambre de jornales. En esta locura de la humanidad, cuando no hay trabajo, aun nos permitimos decir que no queremos trabajar y declaramos huelgas ilegales. Los pensadores modernos, al decir que no existe Dios, piensa el rico que el pobre no es un hermano mío y no debo preocuparme de su miseria. El pobre piensa que, puesto que Dios no hay, no es hermano del rico, y le maldice y conspira contra él. El rico es una fiera harta y el pobre una fiera hambrienta, y el mundo se convierte en una terrible lucha entre fieras. Mientras no venzamos el egoísmo no remediaremos la cuestión social. Y el único camino es la caridad cristiana que no debe confundirse con la filantropía, ese falso y ridículo diamante. El rico debe conocer al pobre y auxiliarle, porque debe ver en él a Jesucristo y el pobre deber ver en el rico a un hermano. Sólo en Jesucristo se encuentra la solución.

Las palabras del reverendo padre terminan por aflorar las lágrimas de muchos asistentes a la oratoria. Otras cuatro charlas aguardan en su visita programada a Daimiel. Gonzalo Barón no tiene mayor prioridad que proseguir su cruzada contra la demolición de los valores cristianos. Daimiel ansía escuchar su elocuente defensa de la familia tradicional; inquirir a las mujeres que no se dejen secuestrar de sus tareas del hogar para viciarse en la política.

Gonzalo Barón
Gonzalo Barón

 

La vida sigue

En Daimiel hay otro cura de menos fama pero mayor obra. Un servidor sin grandilocuencia, de brega diaria, que no echa un velo si la injusticia aporrea la puerta del pobre o, como es el caso, profana la morada del Señor. Don Tiburcio, jurisconsulto sin rédito, ha visto cómo sus reclamaciones han sido ninguneadas por la administración municipal. Sin previo aviso a la parroquia de San Pedro, el ayuntamiento ha emprendido obras en el atrio de la Iglesia para la construcción de un bar y un depósito de agua adjunto. Don Tiburcio, enterado de las intenciones, había solicitado la suspensión del levantamiento de este nuevo quiosco. Primero, por ser terreno de la iglesia; segundo y más doloso, por existir en el mismo, restos humanos aparecidos durante las excavaciones pertinentes para la cimentación. Los osarios no exhumados del antiguo cementerio tendrán sobre sí tierra removida y una estructura de mampostería, lo máximo que se ha avenido a ceder el ayuntamiento.

Punto y seguido es el rompecabezas de la enésima cuita de insalubridad. Sanidad Provincial tiene para su estudio cómo poner fin a las filtraciones en pozos de los vecinos del Castillo, cuyas aguas se encenagan con las escurriduras de los molinos de aceite sitos en las calles Jesús y Luchana. Y, a todo esto, el pan crudo. Lo han denunciado los socialistas hasta el punto de motivar el envío de una comisión municipal para inspeccionar las tahonas a fin de cotejar si las cuentas les vienen cuadrando mejor racaneando leña o saltándose la ordenanza que obliga a que el kilo de pan pese eso, un kilo. Resulta tras las pesquisas que la tahona Hijos de Ayala y Juan evidencia falta de higiene; empezando por la inquietante tina sobre el basar, llena de mendrugos y curruscos mojados. Al ser preguntados por el concejal Yepes, los obreros-en presencia del inspector de Policía- han dicho desconocer la procedencia de esas sobras de pan duro; cuestión baladí si no fuera porque acto seguido sí han reconocido que tales restos entinados resucitan en una nueva mezcla con candeal.

El agua es vida, el pan como unas tortas y la Virgen agasajada en procesión como siempre. Como siempre que le dejan. En el Casino, el más noble de los mentideros de la Plaza de la República, refieren esto, aquello y lo de más allá. De esto último, el pesar por la batalla perdida en Florencia.

Pese a que este país acumula más décadas de lo aconsejado haciendo acopio de derrotas, la padecida en la bella Toscana ha zaherido el orgullo nacional y redoblado la sensación de ser el nuestro un lugar dejado de la mano de Dios, con independencia del jaez de la contienda. Leen con aflicción en el Casino de la Armonía que en la infausta tarde de ayer, primero de junio, la desvergüenza arbitral cercenó de raíz el imperial caminar de España por el campeonato mundial de Italia. Ha caído la selección en cuartos de final en un doble duelo viciado por los tejemanejes de Il Duce. Nuestro temible equipo, capaz de bailar ante el asombro del mundo al Brasil de Leónidas, la maravilla negra, ha sido expulsado del torneo por los anfitriones. Han sido emboscados por el calcio de los súbditos de Mussolini. Viajan de vuelta con las espinillas amoratadas y las camisolas teñidas de solferino.

Embravecidos por su triunfo ante los sudamericanos, arrancó anteayer España con talante campeón, sin dejarse amedrentar por las huestes transalpinas alineadas en el terreno de juego y en las gradas. Treinta y cinco mil gargantas enfervorizadas enmudecieron de súbito cuando Luis Regueiro marcó un señor gol a la media hora. Pero al cabo de los abrazos expiró el fútbol y nació el esperpento de agarrones, patadas, empujones y puñetazos. El recital de trompazos alcanzó el cuerpo de Ricardo Zamora. El Divino fue arrasado en el área pequeña, quedando la meta expedita para que Ferrari fusilara. Solo aduciendo una ceguera transitoria puede librarse del purgatorio el infausto belga Baert.

España resistió otros cuarenta y cinco minutos pero terminó cuarteada. El flamenco toleró una carnicería perpetrada por estos bersaglieri disfrazados de futbolistas. En las filas ibéricas quedaron siete incapacitados para saltar al campo e intentar superar ayer la eliminatoria en el partido de desempate. Entre las bajas, Zamora, en su primer día de todo un mes de convalecencia para sanar dos costillas rotas.

Si el belga Baert merece condenarse en el infierno, a su compadre suizó René Marcet –un tifoso con silbato- le espera el cadalso. El barcelonista Nogués ha defendido con hombría la puerta española, pero no pudo evitar ser conducido al mismo calvario que el grandioso cancerbero madridista. Él también encajó un gol ilegal cuando Guata se le subió a la chepa y la figura local Giuseppe Meazza remató a placer. El esférico acunado en las mallas solo certificó el óbito. En el tránsito agónico, dos tantos legales anulados a España y las palizas indiscriminadas de Monti a todo el que vestía de rojo. Un brutísimo de ascendencia argentina, apodado ‘Doble Ancho’ que apuntilló a nuestra escuadra. Liquidó a Bosch, el octavo lesionado, mientras en la cávea del florentino Stadio Comunale Giovanni Berta el público jaleaba la masacre.

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Foto de Emilio Aguirre Moraga

Las mujeres católicas (Cap.X Ep.1º)

(episodio anterior)

Agustina de Román Carrillo de Albornoz Heredia pudo haber sido la primera en tener noticias en Daimiel de la llegada de la República. Le hubiese bastado con pecar de indiscreción a la hora de acoplar las clavijas. Entre el 14 y el 15 de abril apenas abandonó su puesto de trabajo para hacer sus necesidades. Su madre, Asunción, le acercaba la comida a la planta baja para que no tuviese que desatender el locutorio donde no cesaban de entrar conferencias pidiendo y dando respuestas de lo acontecido en Madrid. El desánimo la hizo presa cuando, aplacada la desaforada demanda de información por el cambio de régimen, somatizó una realidad política que le dejó profundamente apenada. Con la partida de Alfonso XIII, también se exiliaron sus esperanzas y, a cambio, llegaron las incertidumbres.

Agustina nació en Barcelona con el siglo. Por aquel año 1900, su padre Santiago, gallego de la localidad coruñesa de Sada, ejercía de comisario de la Policía secreta en el santuario del sindicalismo revolucionario. En sus primeros años de vida, Agustina vio a su padre enervarse no menos de treinta veces con cada embate explosivo de los anarquistas. La revolución era temor y desazón en el hogar familiar pero sobre el recuerdo de aquellas bombas que padre procuraba no mentar en casa fue cimentando Agustina su espíritu borbónico. Luego, siendo moza, el Señor le dispensó el regalo que creyó perdido para siempre, su hermana Rita. Su pequeña niña que vino al mundo en 1918, estando ya el patriarca poniendo orden en Madrid. Después, la itinerancia de Santiago condujo a la familia a Sevilla y más tarde a Málaga donde al comisario le sobrevino la muerte.

Corría el año 1928 y no había otra que hacer las maletas. Buscaron el calor de la patria chica. Asunción y sus hijas compraron tres billetes de tren destino Daimiel. En este, su pueblo natal, valiéndose de su formación se hizo con la plaza de comadrona municipal. Eso para sobrevivir porque el plan de vida fue la bendita concesión del Locutorio y Central de Teléfonos. El socorro a las parturientas le tiene ocupada todo el día, cuando no acude a atender a las madres pobres inscritas en el padrón de necesitados, asiste a las que tiene igualadas con el seguro, las de paga. De ahí que, en realidad, la que conecta Daimiel con el mundo es su hija Agustina, y Rita de subalterna.

A las telefonistas del pueblo las encontrarás en el número 4 de la Calle Monescillo, a continuación del Casino. Y cuando no se están ganando el pan, lo están repartiendo. Agustina es de hecho una de las adalides de Acción Católica de la Mujer, papel que asumió al poco de arribar a Daimiel. Esta agrupación artística, cultural, artesana y benéfica de mujeres católicas, entre otros servicios, ofrece más de veinte comidas diarias a los pobres, ocho mil trescientas dieron el año pasado, una cuarta parte a impedidos y vergonzantes. Solo en esa partida tuvieron que emplear más de quince mil pesetas, ingresadas de la generosidad y de las cuotas anuales de sus doscientas asociadas, cinco mil ochocientas pesetas en total. Esta agrupación alcanza donde no llegan el Ayuntamiento o la Iglesias y cuidan mucho la cantera. No en vano, como viene siendo costumbre, han reservado una partida para dar un modesto convite a las niñas que hagan la comunión el próximo mes de mayo. Un chocolate y un bollo por sacramentada.

Agustina de Román con su sobrino Antonio Naranjo (1948)
Agustina de Román con su sobrino Antonio Naranjo (1948)

Acción Católica de la Mujer (ACM) tiene su sede en la calle Alcalá Zamora, Alfonso XII para entendernos, a continuación de la casa de Aurora Herreros. La presidenta de la Asociación es Consuelo Fisac Aranda, la hermana del excapellán castrense. Pero, en realidad ¿quiénes son, qué pretenden y ante quién responden?

ACM nació en 1919 en medio del apogeo de las asociaciones femeninas católicas en toda Europa. De gran implantación e influencia durante la Dictadura de Primo de Rivera, perseguían aliviar la situación social de las mujeres, proteger a las trabajadoras y adquirir derechos civiles y políticos equiparables a los que disfrutan los varones. Cierto es que esa impetuosa naturaleza reivindicativa no les distrajo de cultivar las obligaciones del espíritu, predicando en beneficio de la Iglesia Apostólica y Romana. Sin embargo, entonces los enemigos eran pocos, frágiles y carentes del peso suficiente como para comportar una amenaza seria al orden imperante, el establecido sobre las costumbres cristianas.

Empero el monopolio de los valores cambió al arrumbar la Monarquía. La República aprestó hace tres años la reprobación de mucho de lo que se daba por irrefutable y, ahora, la Santa Sede y el pontífice Pío XI les ha abierto las puertas para, si fuere menester, tomar partido en la política. ACM indica a sus obreras de Cristo que es apropiado en los tiempos que corren alistarse en aquellas fuerzas derechistas que mejor defienden la doctrina eclesiástica frente al nihilismo marxista. No es sino consecuencia de las llamadas de alerta advertidas recientemente en Quadragessimo Anno y Casti Connubi, sendas encíclicas con las que el papa Pacelli ha pretendido despabilar al pueblo de Dios, poniéndolo de uñas ante la revolución roja.

El viraje obtuvo certificado por escrito en las bases que en 1932 reconfiguraron ACM. Se especificó con nitidez que aún estando “fuera y por encima de las luchas de partidos”, si peligraren los intereses de la Iglesia, sus asociadas tenían bula para empatizar con las organizaciones que estimasen más adecuadas para ese fin. La mayoría se han significado por Acción Popular, Acción Agraria Manchega.

La casa del Locoturio y Teléfonos en 2016.
La casa del Locoturio y Teléfonos en 2016.

Este mes de marzo de 1934 van a elevar un nuevo estandarte con la fundación de la delegación local de la Juventud Católica Femenina. Niñas y doncellas podrán ir comulgando desde chicas con las actividades de ACM; el primer carné es el de benjaminas, después serán ‘aspirantes’. Por su parte, los varones se agrupan en torno a Estudiantes Católicos. Adscritos a las parroquias de Santa María y San Pedro, el hijo menor del alcalde, Miguel Briso, es el presidente. Esta asociación masculina arraigó en el otoño del siglo pasado y el programa no ha distado mucho desde entonces. Acuden a catequesis o a la Adoración Nocturna para velar al Santísimo. El impulsor de Estudiantes Católicos fue el padre Tarín. Fallecido en 1910, amén de su obra, queda una retrechera coplilla: “Para patatas Pastrana, Miralles para el anís y para confesar beatas, el padre Tarín”.

Tarde del 3 de marzo. Sede de Acción Católica de la Mujer

El mitin protagonizado semanas atrás por María de Madariaga, presidenta nacional de Juventud Católica de la Mujer, sembró la semilla que ha brotado en el número 4 de Alfonso XII.

-Daimiel no tenía necesidad de crear jóvenes católicas, porque ya sus mujeres de todas las edades tienen dadas pruebas de amor a nuestro Divino Salvador -arranca su discurso Agustina de Román, portavoz de la asociación juvenil naciente-. No pasa un año aun cuando todas las daimieleñas, haciendo uso por primera vez del voto concedido a las mujeres, acudían llenas de entusiasmo a las urnas arrastrando lo que pudiera venir tras las amenazas que fueron muchas, y no por hacer política sino por defender ante todo nuestra sacrosanta religión, pues sin ella -afirma la telefonista- no puede haber paz social ni hogar tranquilo.

Solemne, Agustina dirige el acto fundacional en ausencia de la presidenta María Pinilla, la hija del inmensamente acaudalado don Federico. Devota y piadosa vocacional, es la dadivosa señorita altruista con la que cuenta toda familia de bien, donde raro es si falta un cura o a lo peor una enclaustrada, para que en casa haya línea directa con el Señor. María Pinilla se pierde uno de los días más señalados. El motivo es sobradamente justificado. Se encuentra en Roma en unión de las paisanas y correligionarias Paulina Pinilla Fisac y Dolores Fisac. Son las mensajeras del pueblo ante el Santo Padre que mañana procederá Dios mediante a la canonización de María Micaela del Santo Sacramento, fundadora de las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad.

-A ellas uno mi ruego -remite Agustina a las presentes en la Santa Sede- pero no sólo para nuestro pueblo, sino para que toda España destierre la frívola entronización de la mujer moderna, y perpetúe la acepción de mujer cristiana, la de siempre, que aunque haya quien crea lo contrario, ser lo segundo y no lo primero no es estar reñido con la cultura. Y se puede, claro, ser moderna cuidando el no llegar a la masculinización ni caer en la inmoralidad por el mero hecho de que esté de moda.

La encargada de la Sección de Prensa de La Juventud Católica Femenina cierra su monserga nombrando a quienes desde hoy integrarán la junta directiva. Desde la vicepresidenta Carmen Rodríguez Pinilla, secretaria, tesorera, enlaces parroquiales, la primera de las vocales Ramona Martín-Gil e incluso la extensa nómina de profesoras de la Escuela nocturna para obreras; caso de su hermana Rita de Román, las hermanas Casado o las hijas de Vicente Rodríguez, entre una decena de maestras. Una relación de voluntarias que expresa el impagable alcance de una asociación que, más que complementar la docencia pública, la solapa por mérito propio y demérito del servicio estatal, mírese como se quiera.

Luego de las formalidades, las presentes se dan un modesto homenaje. Pastas, anises y vino dulce. Una copa en alto en un corrillo de tres, Agustina brinda por Don Juan, el heredero en el exilio desde hace ocho meses. El tercer hijo de Alfonso XIII, ha pasado al primer puesto en la línea sucesoria por la demostrada incapacidad de sus hermanos Alfonso y Jaime. Ellos, sus dos hermanas, la reina Victoria Eugenia de Battenberg, el monarca destronado y sus amantes viven como reyes en su destierro de Estoril, mientras don Juan continúa su formación militar aprendiendo las técnicas de la Royal Navy. Quién sabe lo que vivirá la república, piensan en el litoral portugués. Agustina se adapta a las circunstancias.

A 150 metros de allí entran en el Casino los hombres, recién llegados de Madrid. El alcalde Briso al frente de una comisión de partidos políticos y fuerzas vivas han estado visitando al paisano y ministro de Agricultura Cirilo del Río. Le ha urgido la aprobación de medidas que salven la ruinosa -aseguran- situación de los viticultores. Es cierto que apenas ha llovido desde septiembre, las heladas han castigado el cereal y se teme por la vid.

No ha sido el único argumento de debate. Han vuelto a porfiar por las ambicionadas aguas del Alto Guadiana, repudiando el proyecto de captación para Levante. El Ayuntamiento de Alcázar retomó la protesta la semana pasada, secundado por los grandes municipios de toda la cuenca. Todo lo necesario para bloquear las obras hidráulicas contenidas en los planos del ingeniero Pardo.

Puestos a plañir malas noticias, una más. Tan acusada y perentoria que mereció casi toda una sesión plenaria a finales de enero y desde entonces rara ha sido la semana en la que no ha habido reflejo en las actas. La subida de precio de los artículos de primera necesidad, especialmente el pan, cuyo kilo se paga de golpe a tres céntimos más. También preocupa la carestía de patatas. Habiendo anegado los hielos plantaciones enteras, muchas de las que resistieron se han podrido. La solución es que el sindicato haga acopio de ingresos para traerlas de Murcia pagándose un precio mayor del que valen.

Hay novedades respecto al asesinato de Ruiz de la Hermosa. Un nuevo acusado ha ingresado en prisión. Pedro Ruiz de la Hermosa Corniel no ha podido desembarazarse de los testimonios que desde el principio le señalaban como uno de los brazos ejecutores del apaleamiento. Corniel fue, junto a Bernardino Colado, quien más saña puso en la sarta de garrotazos y patadas, previa a la puñalada mortal. Ya se encuentra en la cárcel de Ciudad Real después de que el juez Álvarez del Manzano ordenara su interrogatorio cuando se encontraba cumpliendo el servicio militar en Madrid, en el Cuartel de la Montaña. En total son seis procesados, de los cuales cuatro permanecen entre rejas a la espera de juicio: los dos citados, el autor del crimen y el dueño del arma homicida. No ha prosperado el intento postrero de encausar a Miguel Carnicero a instancias del abogado de Pablillo, el padre del malogrado. Aquí ha acabado el trabajo del juez del Partido Judicial de Daimiel. La fama le ha precedido para que sus superiores le hayan designado instructor del robo de la Cruz de Caravaca. Sucedió el martes de Carnaval. Unos desconocidos asaltaron el templo, abrieron un agujero en la Puerta de San Lázaro y se apropiaron de una de las reliquias más veneradas de la Cristiandad. En el pueblo murciano han enloquecido, incrédulos ante tamaña profanación. Es la tercera vez que la hurtan del Santuario y temen que sea la de la vencida. Andrés Álvarez del Manzano ha puesto distancia con Daimiel. El juez asturiano tiene nuevo destino en el pueblo murciano, itinerante como casi todos sus emplazamientos, aunque esta vez para una encomienda ex profeso: intentar ordenar lo poco que se sabe del robo del trozo de la cruz de Cristo que, según la leyenda, fue a parar providencialmente a las manos del Padre Ginés Chirino. Los rateros le están dando la Cuaresma a los murcianos. Un agujero y un serrucho, ese es el pírrico rastro.

30 de marzo de 1934. Viernes Santo

La primavera ha reflorecido la inestabilidad política en el gobierno. Lerroux ha cesado a Martínez Barrio y el exministro ha respondido creando el Partido Radical Demócrata. Por su parte, Marcelino Domingo ha sumado a Acción Republicana su flamante Partido Radical Socialista Independiente.

En Daimiel el ayuntamiento arde en una pira de presuntos favores y dineros embargados en el limbo. Por un lado, el sospechoso nombramiento de un mero oficial tercero de Secretaría provocó un guirigay en la sesión plenaria del 10 de marzo. Se estuvo cerca de llegar a las manos después de que Adrián Lozano afeara la conducta de José Megía por denunciar ante Gobernación Civil la anulación del nombramiento de su primo Tomás Bueno Megía a quien el puesto le duró dos hojas de las Actas Municipales.

El contencioso se remontaba un par de sesiones atrás. El entonces mecanógrafo interino fue propuesto por el Tribunal como Oficial Tercero del Ayuntamiento por haber obtenido la máxima puntuación. Sin embargo, uno de los aspirantes denunció varias irregularidades en la documentación presentada por ciertos concurrentes, entre ellos el elegido. Ahí acaeció la primera discusión. Salieron de la sala por ser jueces y parte  el agrario Megía (primo del susodicho) y el socialista Joaquín Ogallar (casado con su mujer). Entonces, Luis Díaz del Campo, agrario como Megía, se olvidó de los colores y acusó: “Hay rumores en el pueblo de que le habían pasado las preguntas del examen”. Mientras el radical socialista, Miguel López de la Nieta, solicitaba del pleno la impugnación de la prueba, irrumpió en el salón Ogallar exigiendo que saliera él también por ser afín al denunciante y máximo aspirante a la plaza, Pedro Benítez Gutiérrez. Fuera Megía, Ogallar y López de la Nieta, por votación secreta se acordó suspender la designación de Tomás Bueno.  Después, lo dicho, su primo ninguneó a la corporación y denunció el caso ante Gobernación y el guadianesco mecanógrafo ha resurgido del repudio y es, con todas las de la ley, oficial de tercera. Eso fue el 24 de marzo.

Cuitas, al fin y al cabo, que no debieran superar la condición de molestia, más allá de las consecuencias para los propios afectados. Cosa distinta es cuando se acusa a alguien de meter la mano en la caja de las pesetas y el señalado dice que se la sopla lo que piense el pueblo de él y menos los concejales. De eso va la historia que tiene al Recaudador de Arbitrios y agente ejecutivo municipal como el barrabás de una estafa y abuso de poder por demostrar. Deriva insospechada, tratándose de un caballero de familia respetable y proceder sin tacha. Fíate del buen vestir y del bigote.

Al parecer Cándido García Fogeda de un tiempo a esta parte no ingresa semanalmente las aportaciones que recoge del vecindario y no ha actualizado la liquidación general de todos los valores en su poder al cabo de cada trimestre. A eso se añade que cobra deudos de sus negociados personales en horario de oficina, no tramita expedientes de apremio a contribuyentes morosos y, al contrario, apremia a quienes sí pagan.

-En un ejercicio de negación absoluta de sus responsabilidades, este funcionario público ni siquiera se aviene a presentar al alcalde la relación de deudores. Ni que decir tiene que no ha ingresado la parte correspondiente al ayuntamiento en los recargos. Además de estos incumplimientos -proseguía Adrián Lozano en sesión secreta del pleno- ha faltado sin consideración alguna en el Casino de la Armonía no solo a los contribuyentes sino también a los concejales profiriendo palabras vejatorias para todos y en especial para el exponente a quien trató de “tramposo y vil” además de señalar que “el ayuntamiento me importa un bledo”. Todo, sin que nadie de los presentes en el Casino le hubiera provocado. Compañeros, a mi entender, como mínimo, esto constituye un espectáculo impropio de personas cultas y, por supuesto, una falta grave estipulada en el artículo 23 del estatuto de Recaudación. Solicito de este pleno se le abra expediente y, si no ha ingresado las cantidades recaudadas, se le suspenda preventivamente de su cargo y se nombren dos empleados para poner orden.

Expuesto el caso se aprobó la apertura de  expediente, no así la suspensión de empleo y sueldo. No obstante el oficial primero José Bastante García tomó el encargó de comprobación de las liquidaciones hechas y pendientes.

Un mes después, el 14 de abril, la comisión concluía su trabajo. El resultado se expone en la sesión semanal ante quince concejales, dos terceras partes de la corporación que no está mal en comparación con otras convocatorias. 40.811 pesetas y 38 céntimos, esa es la cantidad extraviada por Cándido García-Fogeda, un 8 por ciento del presupuesto municipal para todo 1934.

El alcalde es capaz de colgarlo patas arriba y sacudirle de los pies para que vaya aligerando las perras sueltas. Más, al enterar el pleno a los presentes de que la vaca deberá proveer de leche a tres nuevos funcionarios. Durante un tiempo ha estado el ayuntamiento haciéndose el loco pero la Dirección General de Sanidad ha comunicado al consistorio daimieleño que no hay tutía. Le obliga a nombrar a tres inspectores farmacéuticos y a pagarles, claro.

-Los señores César Cruz Periconi, Ramón Villalón Pinilla y Manuel Simal Barrajón, por ser los de mayores méritos entre los solicitantes y haber decaído en su derecho el ayuntamiento al no hacer el nombramiento dentro del plazo legal exigido -lee el oficio de la superioridad el secretario Urgellés.

El Estado no hace sino aumentar las cargas que pesan sobre los ayuntamientos, toda vez que los servicios encomendados a estos inspectores ya se atienden por el Instituto Provincial de Higiene al que se le paga un 1 por ciento del presupuesto.

-En 1933 se gastó más de treinta y tres mil pesetas en medicinas de Benefiencia, cifra inasumible -señala José Megía-. Propongo que el suministro de medicamentos lo dé, por concurso, una sola farmacia; suprimir todo sueldo a los inspectores farmacéuticos municipales y, para no vernos solos, pidamos que se unan el resto de ayuntamientos de la provincia.

-A mí me gustaría preguntarle al alcalde por qué tenemos que estar abrigados. ¿Acaso no funciona la calefacción después de tener el suelo levantado durante meses? Y de paso, se nos informe si es posible a cuánto asciende la factura que ha pasado el señor Cabanes ya que llegamos tarde de que se nos consulte sobre la obra -pregunta Pantaleón Pozuelo, minutos antes de que junto a los ediles socialistas, Susmozas y Díaz del Campo manifieste su disconformidad por ni siquiera haber consultado una reforma que importará otros 4.265 pesetas. Que ya veremos cuándo las cobran los hermanos Cabanes.

No todo es pagar mucho e ingresar poco, también están quienes piden cosas de balde. He aquí una carta del Teniente Coronel Primer Jefe de la Comandancia de Carabineros pidiendo al Ayuntamiento un edificio gratuito para acuartelarse definitivamente todo el personal destinado en Daimiel y, de no ser así, se gestione el alquiler de un local.

Hoy, en el penúltimo de marzo, luce el sol y la ausencia de aire permite aventurar que igual que han salido los Moraos, esta tarde el tiempo va a ser generoso con Blancos, Negros y Corbatos. El entusiasmo se ha desbordado. Se palpa la ansiedad por celebrar lo negado el año pasado cuando los actos religiosos se enclaustraron en los templos y no desfiló un solo nazareno por mandato del gobernador.

Se meten en La Paz los últimos moraos. A las seis de la mañana partían setecientos de sus mil hermanos desde la capilla de las Carmelitas Descalzas, allí donde cada viernes de Cuaresma Jesús de Nazareno ha sido honrado con un miserere. El lugar donde la Virgen pasa de las luces a las sombras dejando atrás a la multitud congregada en la plaza. Sombras que son de alivio porque nada malo hay que relatar. Habrán sido las velas y cirios prendidos en la iglesia o, tal vez, la poca gracia que hizo el bote de hojalata a modo de bomba que alguien puso anoche al paso de la titular de los Coloraos, un año después de padecer este mismo trono el desacato de una pedrada.

Ahora a esperar que las procesiones restantes se salven también sin incidentes. Se teme por los Negros, pues más fama daría a los alborotadores sabotear un acto donde anunciada está la presencia de su ilustrísimo hermano, el diputado nacional Luis Ruiz Valdepeñas.