Foto de Emilio Aguirre Moraga

Lío en el Teatro (Cap.IV Ep.7º)

(episodio anterior)

Ahí está, marmóreo, con su inmutable cara de palo. Y sin embargo es poesía pura. Cómo podrá el gachó acumular tanta expresión en los ojos y no arrugar un solo milímetro cuadrado del rostro. Buster Keaton tiene prohibido por contrato sonreír o llorar, de ahí que la emoción se acumule hasta rebosar a través de su mirada, conmovedora. Ensimismados en las butacas del Ayala, hombres de todo barrio, analfabetos muchos, se desternillan viendo al joven Willy tropezando con un tablón, cayendo al agua o arrebatado al suelo por un tornado. Y pese a la tunda se levanta. El héroe del río llena la sala, igual que cada semana echen la que echen. El organillo acompasa las escenas y la apostilla al chimpún del bombo suele venir del público en forma de barbaridad, más abundan cuando el reparto presenta la exuberancia de alguna actriz americana. Marion Byron es poquita cosa pero, a decir del respetable, parece haber gustado cómo se le ciñe la blusa a su diminuto pecho. Alguno de los exabruptos se ha sacado de madre y, no faltando reñidores, se monta el belén en un tris.

Con asaltos así puede entenderse la poca simpatía que muestran los señores concejales por presidir la Comisión Gestora. A Porfirio Rodríguez, presente en el Ayala, le están buscando las cosquillas, hoy que celebra el hombre dos días de alcalde. No ha molestado tanto que a la señorita intérprete la hayan comparado con la hermana de uno, como que aprovechando la coyuntura otro haya dicho hacer de vientre sobre el Altísimo, “hoy, y mañana si me entra gana”.

-Por qué no te cagas en tu padre

-¡Porque no hay Dios, ni Virgen que lo parió!

Pese a que hace seis días Manuel Azaña comunicó a los señores diputados y al país entero que “España ha dejado de ser católica”, quienes mandan en Daimiel estiman que la voluntad del pueblo no la cambia la sentencia de un ministro, aunque sea de Guerra. “Hay cosas que son sagradas y no va a llegar un socialista a revolucionarme el gallinero”, murmulla el alcalde desde el palco central.

- Haga usted llamar al guardia y que lo detengan- ordena Porfirio al acomodador que lleva un buen rato mirándole, como preguntando qué debía hacer con los paraguas volando.

Al poco se presentan dos que, siendo autoridad, no estaban de servicio. Por ser domingo el guarda mayor, Fundador García-Fúnez; por ser aún temprano el jefe de serenos, Antonio Sánchez-Camacho. Tal vez pretendían gozar en paz de la sesión. No va a ser posible. Se echan encima de Francisco García Meco, el señalado como instigador de los incidentes. Lo llevan detenido a la cárcel del pueblo. No pasan diez minutos y la agarrada se traslada a General Espartero, a la puerta del presidio municipal. Tres socialistas se han plantado, armados de motivos dicen, para exigir la liberación de su compañero de carné.

 – Queremos hablar con el inspector jefe- espeta Nicolás Cortes ‘El Rojo’.

- Pues, de poderse, tendrá que ser mañana, y no muy temprano- explica el guardia Felipe de la Flor.

 – Exigimos la misma prisa que se han aplicado ustedes en detener a un paisano sin más motivos que ser partícipe de una riña de solo palabras y más de uno implicado que, dicho sea de paso, no nos consta hayan traído con esposas.

- A mi usted no tiene por qué molestarme, en el Ayala creo que sigue el alcalde. Acudan a él con el reclamo.

- Al alcalde cuando toque  -respira hondo conteniéndose Nicolás Cortés-. Se lo repito, avise al Inspector que es quien manda en esta casa o suelte a Paco y mañana si es preciso regresa para declarar lo que haiga que declarar.

-Yo también le repito que a esta hora no llamo a nadie y que tengo la orden de que su compañero pase la noche en el calabozo. No se preocupe, que estará bien atendido.

-Pues, ¡por mis cojones que va a ser ahora mismo!- pierde los nervios Agustín Gómez otro de los socialistas a quien tiene que sujetar el tercero en discordia, Vicente López de Mota, para que no reviente la garita de un puñetazo.

En unos segundos aparecen otros cuatro guardias de refuerzo y un par de serenos que estaban preparándose para empezar el turno. Ya asoman las porras, preludio de empujones para una andanada formidable.

-Señor ¿qué hacemos con ellos?- pregunta por teléfono el guardia Felipe a su jefe don Justo- ¿hace falta que se lo diga al alcalde o se lo dice usted y espero órdenes?- continúa- De acuerdo, inspector, le informo si hay novedades. ¡A ver! -se dirige a todos los presentes, una vez cuelga el auricular- los tres pa dentro, a hacer compañía a su amigo Paco.

El Ayala dos años después 1933. Fopto de los amigos Miguel Briso y Mariano Fisac Herrero.
El Ayala dos años después, 1933. Foto de los amigos Miguel Briso y Mariano Fisac Herrero desde el campanario de Santa María.

Leer Capítulo V – Sangre en el frío
Episodio 1º. ‘ Trescientas familias de pobres’

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Nadie quiere ser alcalde. (Cap.IV Ep.6º)

(episodio anterior)

En verano la molestia queda en el chillido metálico de llantas de carros y el tropezón de alguna mula terca y vieja, pero los barrancos vengan su abandono a poco que llueve dos días seguidos. El ayuntamiento acostumbra a sacar cuadrillas enteras del paro a tapar agujeros  y afirmar las calzadas por donde salen y entran las galeras; pero habría que reclutar un regimiento de obreros para asentar todas las calles de tierra surcadas de charcos de agua y barro. Solo resisten los aguaceros unas pocas calzadas empedradas, unas con adoquines grises de basalto, la mayoría con guijarros de colores terracota, blancos y ocres.

En las partes bajas del pueblo la amenaza es para las casas. Viéndolo venir, en la calle Almagro y también en la calle Nueva, han estado las mujeres blindando los pies de las puertas con sacas de arena para contener el fango. “Esto no pasaría si al Azuer se le hubiese dejado correr por donde solía”, se comenta siempre.

Las precipitaciones coincidieron con la resaca de Feria, ni unas horas de tregua. El día 6 echó a llover. Al principio se celebró pensando en la cosecha de aceituna; cuando iban cinco días y más de cien litros de cebo, tembló el sindicato agrícola al completo. Tribulaciones de antaño no han servido de escarmiento y siguen siendo contadísimos los que tratan las viñas contra los males. La penitencia han sido desvelos y pesadillas acerca de una devastadora invasión de mildiu y oidio, anegando los plantíos. Quedó en un susto y hoy puede decirse que la vendimia está casi ventilada. Y eso que empezó con el lastre del desacuerdo en las propuestas de jornales.

- Aquí tienen ustedes lo acordado ayer tarde en la Casa del Pueblo -entrega un representante de los obreros el sobre cerrado con la propuesta- Me dicen mis compañeros que en ustedes está el acuerdo y la posibilidad de vendimiar mañana mismo. También me dicen que les recuerde que en este asunto, como en otros muchos que iremos viendo, el interés por entendernos es mutuo. La respuesta -concluye el socialista- pueden hacerla llegar esta tarde a nuestra sede; estará abierta desde las cinco. La mayoría nada tenemos que ocupe nuestras manos. Buenos días.

Los jornaleros reclaman por coger uva, cuatro pesetas y media para los hombres y tres las mujeres. Ocho horas de trabajo en la bodega, pisando el fruto, importa siete pesetas.

-Ya no es que sea una barbaridad en comparación con el año pasado -argumenta un directivo del sindicato- es que parece que estos rojos han olvidado los favores del verano, el sacrificio de los últimos meses, repartiéndonos los parados para faenas no previstas e incluso inútiles.

-¡Y no prestando dinero los bancos! ¡No somos una casa de caridad! Además ¿a cuántos representan estos socialistas? Desde luego, yo sé dónde encontrar a varios que no entienden de huelgas y sí de estómagos.

La propuesta de la Casa del Pueblo es rechazada y el mismo camino toma una segunda oferta a la baja. Observando el gobernador los derroteros del conflicto y ciertos casos de coacciones a vendimiadores apremiados por la necesidad de comer, desde Ciudad Real llega un decreto ordenando el precio de los jornales. Esta vez no ha lugar a más rencillas  y, aun renegando, se toma cuenta de la imposición de la autoridad.

La pelotera, no obstante, se muda a las tahonas. Los cabecillas de la Casa del Pueblo descubren que, casual o no, del horno de Hijos de Ayala y Juan han salido panes sin el peso que marca la ley. Hacen correr la noticia y guardias de seguridad sin orden ni aviso se presentan en todas las panaderías del pueblo obligando a sus dueños al pesaje de las piezas, desconsiderando si la tienda está llena de clientes para bochorno del dueño. Las derechas califican esta actitud de “intolerable” acusando a sus propios compañeros, mayoría en el consistorio, de plegarse a las bravuconerías de la minoría socialista. Les acusan de generar alarma por cinco o seis panes a los que les faltaba cinco gramos a lo sumo.

Tahona Los Ayala y Juan.
Horno Hijos de Ayala y Juan (Daimiel en el Recuerdo)

El ayuntamiento entretanto no remonta y se dirige al desgobierno. A las sesiones plenarias no asisten ni la mitad de los concejales y el socialista López Casado exige que se sancionen las ausencias no justificadas. El alcalde se rinde definitivamente y presenta su dimisión. A alguien se le ocurre proponer de nuevo a Joaquín Pinilla, obviando que hace semanas que no ocupa su butaca sin explicación alguna. Acto seguido votan entre ellos y sale el nombre de Pantaleón. “La solución -apunta un edil de la mayoría- es que vuelva al puesto el señor Pozuelo. Es su obligación, habiendo sido el más votado en la elecciones y habiendo demostrado sus magníficos dotes de administración”. El aludido recuerda que su quebradiza salud desaconseja tamaña tarea y, además, aduce otros pretextos.

-Son de dos clases, morales y legales. Desde el punto de vista moral, la dirección de los intereses municipales le corresponde por obligatoriedad y responsabilidad a la mayoría. Sería ridículo que una minoría de tres concejales como la nuestra tuviera la dirección; cosa que no podría admitirse salvo en dos casos: que los ediles que compusieran la mayoría se consideraran ineptos, en cuyo caso debieran dimitir, o bien que existiese mala fe por parte de aquellos al pretender hacer recaer la elección sobre un individuo de la minoría. En cuanto a las excusas legales –continúa Pantaleón-, primero, la ley municipal impide pueda invocarse a quien haya desempeñado dicho cargo previamente, sin haber transcurrido dos años del cese del mismo. El segundo motivo es mi enfermedad, según certifico y pido se dé lectura.

- Certificado médico oficial -procede el secretario- Nº 105.448 serie 1ª expedido en esta ciudad el 13 de octubre del corriente por los facultativos don Ramón y Ángel Ruiz-Valdepeñas Utrilla en que se declara que D. Pantaleón Pozuelo y  García Muñoz, de 27 años, casado, abogado que vive en esta ciudad, Plaza de la Paz 9, padece abstemia post-gripal en estado linfático, necesitando someterse a un riguroso plan médico dietético con absoluto reposo material y moral con vida de campo.

- Ruego por tanto -retoma Pantaleón- vuelvan atrás sobre el acuerdo si no me vería obligado a recurrir a los tribunales. Ruego que su buen criterio acepte mis excusas anulando la votación.

- Bien me hago eco de las excusas y de que ustedes muchos aceptan los motivos de Pantaleón –interviene el alcalde en funciones Adrián Lozano-. No obstante, permítanme que proteste enérgicamente por el calificativo de ineptos; que si un servidor no tiene mucha cultura por no haber cursado una carrera, está dotado sin embargo de muy buena voluntad y mucho entusiasmo.

- Disculpe, esa palabra no la he dirigido contra ninguno de ustedes, sólo hablaba en el terreno de la hipótesis, que no se ha dado el caso. Y mucho menos me refería al señor Porfirio Rodríguez, líder de la mayoría -la decena de concejales no electos antiguos miembros del Partido Conservador y ahora afiliados a Acción Agraria-, que a mi juicio es una de las personas que mejor cumple los deberes del cargo y demuestra gran actividad en las gestiones que tiene encomendadas.

Tras suspenderse la sesión, es elegido Porfirio con nueve votos, a dos de la mayoría absoluta por lo que es designado alcalde interino a la espera de próximos escrutinios en los que baste mayoría simple para asumir el cargo de ley. Antes de despedirse los ediles, el agrario Ricardo Fisac propone un asunto, asegurando su urgencia.

-Yo propongo a este pleno que en otoño se adelanten las sesiones a las seis de la tarde, ya que la costumbre en este pueblo es cenar a las ocho.

-Este a lo suyo –masculla Pantaleón-. Las razones de comodidad –ya en voz alta- no deben anteponerse a las de la clase trabajadora que, como sabe, a la hora que usted  refiere sigue en faena. Además, tengo mis dudas de que pueda hacerse por ley. Que el secretario lo estudie y quede sobre la mesa para la próxima sesión.

Leer Capítulo IV – Un verano a duras penas
Episodio 7º. ‘ Lío en el Teatro’

Foto de Emilio Aguirre Moraga

La Patrona no se toca (Cap.IV Ep.4º)

                       

(episodio anterior)

13 de agosto

Con la encomienda de recortar gastos, un par de concejales inspeccionan si los pobres son merecedores de las medicinas que tanto cargan las cuentas municipales. Mediado agosto, 65.000 pesetas quedan en la caja; en una sola caben los fondos. Apurado como nunca, el ayuntamiento solicita a la Diputación hacer uso de una décima parte de la contribución para salir a flote y, de urgencia, medio millón de liquidez para dar trabajo en obras al avispero de parados que cada mañana se enjambra a la puerta del consistorio, antes de que unos cuantos en nombre de la república le peguen fuego a algo que arda. Esto último viene quitando el sueño a los propietarios; los más pudientes se citan con el alcalde.

- Así lo veo yo -habla Filiberto Maján- les damos trabajo en el arreglo de calles y caminos y, acabando, a los parados más necesitados nos los repartimos equitativamente conforme a la lista de contribuyentes.

- Ante todo hay que conocer la extensión real del paro y el estado civil y medio de vida de los parados, con preferencia claro para padres de familia que no hayan trabajado últimamente en explotaciones agrícolas -explica otro del ala conservador.

Pese a las intenciones de los patronos, nada se ha concretado en estos días de canícula, de tardes abrasadoras hirviendo las cabezas de hombres sin quehacer. Este jueves -a dos días de la Asunción- bien se aprieta de vecinos el salón de plenos. Muchos no han podido pasar y lo paga Julián el portero. El precario funcionario traga y retraga tabarra. Aguanta al borde del sofoco a un pelotón de obreros armados, dicen, de razones. Tanto interés tiene el pueblo llano por este nuevo tiempo de incertidumbres -porque en ello les va el futuro- como desapego evidencian buena parte de los ediles derechistas, los heredados del antiguo régimen que no han hecho por cumplir con la obligada asistencia. Y va siendo costumbre lo de veranear a las horas del pleno. Empero sí está el alcalde.

- ¡Asunto Feria y Fiestas en honor a nuestra patrona la Virgen de las Cruces! -anuncia López Menchero medio a voces para acallar la cháchara- Moción de la minoría socialista, señor Casado tiene la palabra.

- Gracias, señor alcalde. Den una vuelta por la plaza. Mañana, pasado o al otro. Parece la salida de misa. Pero no, no están de fiesta. Ya les gustaría, pero no. Y tampoco creo que tengan mucha gana de ella. Y celebrar en esta feria –hace una mueca- me dirán lo que van a celebrar. Lo que la minoría socialista pide no es que les llenen la despensa de pan, no habría para tantos; es un ruego más modesto pero también más humano -se pausa y fija la vista en las anotaciones para ajustarse a la letra de la moción-. Solicitamos se distribuya entre ancianos e impedidos un socorro con las cantidades consignadas al presupuesto para funciones religiosas y actos de esta índole -continúa- incluso incrementándose con una suscripción voluntaria entre el comercio, industria y vecindario. Y que la Policía… -un estallido de aplausos interrumpe al concejal; se escucha algún hereje mentando a la Virgen-  y que la policía, repito, haga la oportuna lista de quienes se consideren con derecho a ello

- Gracias alcalde -toma la palabra Antonio Maján- yo no me opongo a que se dé la comida a los pobres, incluso en mayor cuantía si es factible, pero teniendo en cuenta que Daimiel es católico y muy amante de su patrona, no puedo ver bien que quede suprimida la que ha sido una costumbre de tiempo inmemorial, el sufragarse dichos gastos por el ayuntamiento. Es peligroso tocar esto porque por menores motivos como recordarán ustedes -mirando a la terna socialista- en época no muy lejana dio lugar a serios disturbios. Como representante del pueblo sometamos a votación este asunto.

- Yo también represento a un sector de la ciudad -retoma López Casado entre opiniones divididas de un respetable cada vez más alterado-, esta moción no debe verse como un ataque a las creencias religiosas, solo recoge lo que es general en todas partes.

Las afiladas palabras dan paso a un furioso debate en el que polemizan la mayoría.  Al cabo de un tiempo se disipan las inquinas que, sin embargo, dejan marca.  Del arrebato sale aprobada la moción, pero el precio se paga en la calle, donde sí prende el conato. Medio centenar de izquierdistas increpan al concejal que minutos antes había hecho bandera de la tradición.

-¡Muerte a Maján! ¡Muerte a Maján!- gritan amagando al edil que sale acompañado de seis guardias urbanos y cogido del brazo del capitán de la guardia civil que le protege hasta la misma puerta de casa.

Las noticias han llegado a Ciudad Real. A la mañana siguiente el nuevo gobernador Luis Doporto, radical socialista, se monta en el coche oficial camino a Daimiel. En tres cuartos de hora está subiendo las escaleras de la casa consistorial donde hace rato le esperan tres mandamases del sindicato agrícola y sus contrarios de la Casa del Pueblo. Los saludos, fríos y parcos, son propios de personas que nunca se han visto y que, desde luego, hoy no se juntan para una boda. Durante unos minutos, los justos y necesarios, escucha el señor Doporto las exposiciones de ambas partes sin traslucir que la decisión estaba tomada desde la víspera cuando, anocheciendo, al otro lado del teléfono el alcalde López Menchero le espetaba “… gobernador, es más por lo que pueda pasar. La gente necesita que la autoridad superior le diga lo que ha de hacer. Señor, yo lo veo como un problema de orden, del que a la corporación nos haría mucho bien mantenernos al margen”.

-Bien, parece que las cifras de necesitados que me presentan son incuestionables -media Doporto tras sendas intervenciones-. Así las cosas, creo que los propietarios estarían en condiciones de aguantar el peso de 500 obreros estas seis semanas que quedan hasta la vendimia. El resto de los parados sean 150 o 200 se han de repartir en distintas obras públicas del ayuntamiento y no se preocupen que en unos días dispondrán a tal efecto de la décima parte de la contribución -intenta tranquilizar el gobernador a sabiendas que es solo pan para hoy-.

Al cuarto de hora, Doporto se encuentra en el escenario del Teatro Ayala. Le han pedido ambas partes en el Ayuntamiento que, aprovechando la visita, hiciese el favor de comunicar en persona la decisión a los afectados; que de su boca será más convincente. Trescientos amos y jornaleros han escuchado con distintas preocupaciones los juicios de la autoridad quien se viene arriba al rematar su perorata, para que conste quien manda.

El Pueblo Manchego, 15 de julio de 1931
El Pueblo Manchego, 15 de julio de 1931

- Hay que respetar el imperio de la ley,  sin perjuicio de reclamar ordenadamente todo aquello que en justicia se le deba -advierte mirando al gallinero y a los grupos de obreros que atestan el vomitorio- No quisiera dejar de ser amigo y compañero y tener que utilizar los resortes para el mantenimiento del orden social. Y vosotros patronos -baja la mirada hacia las primeras filas- en 48 horas no debe haber parado alguno. Y dicho queda, a 3 pesetas y 25 céntimos el jornal, ni una más ni una menos.

Cuatro días después

Aún está sin definir el destino de los obreros y el límite expira a las seis de la tarde. El vicepresidente de los patronos, presidente del Casino y concejal no electo, Manuel Álvarez, opina que es un compromiso de honor cumplir la palabra dada, otro, apostilla que además es cuestión de altruismo.

-Bien, recogemos por tanto los términos del acuerdo – habla Vicente Noblejas acallando los corrillos- Un obrero por cada 50 pesetas de contribución rústica, excluyendo a quienes paguen trimestralmente menos de esta suma. Y, con similar urgencia -continúa el presidente de los agrícolas-  hay que reconstituir  la Junta Local del Paro con representantes del Sindicato Agrícola, la Casa del Pueblo y Artes o profesiones liberales. Yo mismo me encargaré de telefonear al gobernador para trasladarle que el problema está resuelto.

Al final, prospera la propuesta que a última hora ha incluido el bodeguero Ángel Herrero Llanos. Perito mercantil, tiene el emprendimiento en la sangre y sus raíces en el pueblo palentino de Villarramiel donde nació en 1876. Cuatro años después su familia emigró a Daimiel siguiendo los designios del abuelo Anastasio.

La plaga de filoxera en Francia y Alemania, había puesto a La Mancha en el objetivo de los productores vitivinícolas. En Daimiel -limpio de afecciones y próspero en agua- Anastasio elaboró y suministró vinos, alcoholes y holandas. Uno de sus caldos fue premiado en la exposición universal de París de 1889. El patriarca de los Herrero fue adquiriendo fincas al ritmo del nuevo siglo. Para 1917 era capaz de producir hasta 60.000 arrobas de vino. La maquinaria montada en su fábrica siempre ha sido de vanguardia. Hay varias bodegas a su nombre; una se encuentra en pleno centro, en la misma manzana del Ayuntamiento, es la esquina de calle Aquilino Corrales con Romanones. Es mayor aún la bodega de El Carmen, incluida en la dote de su hijo Ángel. Un hombre respetable es un hombre fiable. Por eso, las entidades financieras más importantes del país que, en Daimiel carecen de sede física, facultaron a Anastasio para validar todo tipo de operaciones bancarias.

Bodega El Carmen, 1923
Bodega El Carmen, 1923 (J.F.)

Ángel Herrero Llanos es como su padre Anastasio, pero con estudios. En los Escolapios de Getafe le tienen entre los más aventajados de quienes pasaron por allí. A él se debe que hace unos años se plantaran por primera vez almendros en Daimiel. No son menos relevantes sus métodos experimentales en el tratamiento con abonos. Conocimiento que tuvo a bien ponerlos en común en una profusa publicación de 1929.

(Arch. Pedro Lozano Crespo)
(Arch. Pedro Lozano Crespo)

Ángel Herrero conserva y administra gran parte del capital que le ha dejado su padre y el que ha ido amasando por cuenta propia. No había cumplido los cuarenta y eran suyas las bodegas VINCITOR, vinos y aceites finos de los campos de Calatrava, Valdepeñas y Daimiel. Hasta 70.000 arrobas de vino es capaz de acumular en una bodega acondicionada con tres prensas hidráulicas.  No obstante, hace poco se desprendió de una de las bodegas heredadas de Anastasio que no hemos mencionado, la de La Victoria. Se levanta junto a las vías del Ferrocarril, a la espalda de la ermita de San Isidro. La Victoria es ahora propiedad de otro de los grandes, don Lucrecio Ruiz-Valdepeñas. Sin embargo, no la ha perdido de vista. Lucrecio tiene un hijo que se llama Ángel, el médico, y resulta que se ha hecho novio de Asunción, curiosamente hija de Ángel Herreros.

Los casamientos siempre llevan los mismos derroteros, los linajes acaban encontrándose al  final del camino y las propiedades pasan de una mano a otra, pero del mismo cuerpo.

Ángel Herrero Llanos (arch. Pedro Lozano Crespo)
Ángel Herrero Llanos (arch. Pedro Lozano Crespo)

Leer Capítulo IV – Un verano a duras penas
Episodio 5º. ‘ La primera Feria republicana’

Foto de Emilio Aguirre Moraga

La taberna de Basilio Molina y Paco el Fonda (Cap.IV Ep.3º)

(episodio anterior)

                                          4 de agosto

-Ha pasado una hora y de haberme dormido nada me hubiera perdido – interviene Joaquín Pinilla- . Me perdonen mis compañeros pero vamos a centrar el debate. Punto uno, ¿sabemos cómo vamos a arbitrar los recursos necesarios para hacer frente a las obras que ya se están acometiendo por el ayuntamiento? Punto dos y más importante, ¿qué medios han de utilizarse para afrontar semejante problema en meses sucesivos?

-Y por qué no hacemos un llamamiento a los propietarios para que sufraguen gastos de manera voluntaria- propone uno de los ediles- .

Tan apurada es la situación que el planteamiento suena celestial a oídos de los congregados. Todos hablan sin desprenderse oposiciones. En minutos, se da voto unánime de confianza al alcalde y préstamo de ayuda en las conversaciones amistosas que entable con los propietarios.

-Se acuerda la apertura de una suscripción entre todo el vecindario cuyo importe se dedicará a la realización de trabajos destinados a conjurar la crisis -proclama el alcalde-. Se acuerda también el nombramiento de una comisión especial integrada por los señores Pozuelo, Gómez-Limón, Infante, Morales, Maján y Lara para que con carácter de urgencia dictamine sobre los siguientes puntos. A saber, utilización por el ayuntamiento del recargo sobre la contribución territorial e industrial para fomento de las arcas municipales como remedio del paro forzoso; estudio de las obras necesarias y demás requisitos para que esta ciudad sea beneficiaria de la parte que le corresponda; y en tercer lugar, proponga la comisión lo que estime más conveniente para reformar los ingresos del consistorio con referencia a toda clase de arbitrios o rendición de cuentas por los recaudadores.

El momento es crítico de veras. La escasez de lluvias y las medianas cosechas pueden hallar parangón en temporadas de antaño, pero las aguantaderas de los más débiles distan de ser las mismas. Hace dos días regresaba de Madrid la comisión petitoria de escuelas y obras. El resultado de la plegaria es conocido pero hoy toca rendir cuentas. Poco han podido rascar del Ministerio de Fomento y menos del de Instrucción Pública. Atentas palabras y promesas, lo más. Este pleno del 4 de agosto no se va a cerrar sin que algunos lean la cartilla.

-Hombre señores, cuando menos se agradezca el esfuerzo de los comisionados- espeta Ricardo Fisac Ramo, concejal derechista, farmacéutico como su hermano Joaquín.

-Hay que defender el papel de la comisión y recordar que se trató de una visita particular- apostilla Reneses.

-Me deja usted de piedra -interviene López Casado- visita particular dice. Entonces, para lo sucesivo se haga constar que toda comisión designada para representar al pueblo o a la corporación esté integrada sólo por los miembros que determine el ayuntamiento sin admitir otros que fundándose en sus medios económicos se ofrezcan voluntariamente a sufragarse sus gastos, ya que no todos disfrutan de esa solvencia. Así no habría lugar a la exclusión de quienes por su capacidad y no por su caja de caudales pudieren hacer buen papel en las comisiones. Al tiempo -continúa el socialista- entiendan que  debieren verse representadas todas las tendencias de la corporación.

- Aquí, en este mismo salón con usted presente, se aprobó la comisión y nada dijo al respecto. Celebre que daimieleños comprometidos, por su cuenta y riesgo, se sumaran a la delegación a fin de darle más empaque- replica Reneses.

-Ustedes siguen pensando que pueden tutelar a su antojo al resto del pueblo y hablar en su nombre allá por donde les cuadre – insiste ‘El Cojo’-. Solicito un voto de censura contra la comisión por haber dado cabida a particulares y, con esa coartada, pretender  ahora meter sus gestiones en el fondo del cajón escudándose en una supuesta pérdida de oficialidad de la que ahora nos tenemos que enterar.

- Es usted un irresponsable – intercede Maján, integrante de la comisión.

- Sí claro, claro, lo que usted diga comisionado- replica irónico López Casado.

En cuestión de segundos se revuelve el gallinero. El debate carga gruesas palabras hasta que poco a poco envainan espolones al ver que Joaquín Pinilla se apresta a tomar la palabra sin más intención que poner coto a una escena embarazosa para su facha.

-Compañeros, ¿creen de veras que estando las cosas como están merece la pena discutir sobre las formas? Avancemos. Señor López Casado, respetando sus argumentos, le pediría que al menos estime que un acto de buena fe como es desplazarse a Madrid no merece tanto agravio como  un voto de censura. Le ruego haga por conciliar sus discrepancias con la aconsejada levedad de su demanda y retire el voto de censura.

madrid_antiguo017gTras un pequeño debate ‘El Cojo’ accede a retirar el voto de censura. Pinilla da las gracias y pide buena armonía a la corporación para lo sucesivo. A Felíx López Casado no le duelen prendas recular. Afloja en aras de la concordia si bien sigue convencido de la irresponsabilidad de que una comisión enviada a Madrid terminara integrada por varios vecinos sacados de la casa de tocamerroque, a quienes les gusta marchar con pecho palomo “¡alto ahí que yo me conozco la capital! ¡ahí va, que voy a salvar a mi pueblo!”.

Pese a todo, tal vez este encontronazo a cuenta de los variopintos comisionados no habría suscitado tanta impostura si al debate en cuestión no le hubiese precedido otro episodio que, este sí, minaba sobremanera la paciencia socialista. Estos venían sulfurados por algo, de entrada tan prosaico, como la hora a la que debían celebrarse las sesiones municipales. López Casado subraya un dislate enemigo de la concordia.

-Alcalde, ¿qué motivos hay para haber cambiado de nuevo la hora de los plenos? –pregunta ‘El Cojo’.

-Lo han pedido distintos concejales y sus razones han de tenerse en cuenta –responde López Menchero.

-¿Pueden saberse qué razones son, si no es mucho inconveniente? –insiste López Casado.

-Le podría dar varias, pero la más poderosa es que no puede tolerarse que constantemente el público, sin entrar en filiaciones, esté interrumpiendo el desarrollo de la política municipal tan necesitada de atención –aclara el alcalde.

-Resumiendo –vuelve Casado- que les resulta un incordio que la clase obrera haga uso de un derecho negado hasta ahora. Mejor celebrar los plenos mientras las moscas cojoneras andan en el tajo.

-Mire concejal, no es mi intención polemizar. Es tan sencillo como someterlo a votación: mañana o tarde.

-Veo que el sentido común se desdeña –apunta López Casado-, pues sepan ustedes que si se vota, la minoría socialista hará constar su voto particular por estar en contra de los intereses de la clase trabajadora. Y sepa que la protesta subsistirá y no asistiremos a sesión alguna dando cuenta ante nuestra agrupación de las razones que motivan tal apartamiento.

-Creo que la minoría socialista tiene razón –sorprende en medio de la discusión Yepes-. Yo tampoco estoy de acuerdo en el cambio de hora semanas después de haberlo fijado para la tarde. Si la gente del público interrumpe las sesiones, pues que el alcalde haga uso de sus atribuciones y sancione a los asistentes cuando se estime procedente.

-Yo me sumo también a la protesta de la minoría socialista –salta Pantaleón- del mismo modo que exijo se concreten las razones que ahora imperan.

-Bien, deberíamos hallar una fórmula que garantice la presencia de la minoría socialista indispensable en el momento actual –media Joaquín Pinilla-. Para evitar las intervenciones del público puede publicarse un bando que exprese enérgicamente la prohibición de manifestaciones durante el desarrollo plenario llegando al desalojo si fuese preciso.

-Sí y nos tiramos tres horas llamando a los municipales para que vayan desalojando uno a uno. No estoy de acuerdo –opina Porfirio Rodríguez.

-Ya ha cantado la rana –interrumpe el socialista Gómez-Limón.

-Cállese, ¿no ven? Este es el ejemplo que da a los suyos –le reprocha Porfirio en medio de unas cuantas voces más.

-Orden, orden. Dejemos descansar el tema, la semana que viene volvemos por la mañana y  debatimos con más calma.

El maestro Lorenzo Gómez-Limón es uno de los tres concejales socialistas. Presenta menos tablas para el debate que su amigo ‘El Cojo’ pero es historia viva de los subversivos. Número dos del partido durante la clandestinidad sufrida con la dictadura de Primo, fue uno de los cicerones de Félix López-Casado cuando el de Puertollano vino a Daimiel destinado a tomar las riendas del PSOE. Ha pasado casi una década de aquello, echando la vista atrás y recordando cómo penaron entonces pueden darse con un canto en los dientes si cuentan el número de fieles ganados a su causa. Lo de asentarse en una Casa del Pueblo era una entelequia no hace tanto, aunque sí había una sede secreta, la taberna de Basilio Molina, junto a la posada de La Castora, en La Plaza.

Todos los días sin falta desde principios del 22 acudían prestos al rematar el tajo. No faltaban unos chatos de vino mientras dirimían cómo arreglar las cosas remontando de las profundidades. Allí conspiraban a decir del vecindario los hoy tres ediles Félix ‘El Cojo’, Lorenzo, y Manolo Infante ‘el cabrerillo’, otro decente orador Ignacio ‘Gavilleras’ o Andrés Carranza a quien le cambió la vida hacer la mili en Barcelona. Más veteranos y, por ende, más fogueados encendían el debate y enseguida pasaban a la retaguardia. Les alimentaba esperar paladeando la pasión de los noveles contestatarios, cargados de argumentos limpios, sin el óxido de las decepciones. Entre ellos brillaba el joven factor ferroviario Joaquín Ogallar y, recientemente, un volcánico adolescente rayano en la insolencia a ojos de los totémicos rojos. Un imberbe que se atreve a dar consejos en un local donde los de su quinta ni sopesan descorrer la cortina espantamoscas. Su nombre es Bernardo Alcázar, apareció hace unos meses -poco antes del histórico 14 de abril-. Se desconoce quién lo apadrinó y no es que importe. Ese día, a los segundos de entrar en el santuario socialista sancionó con mirada reprobadora al ‘Aguililla’ que, medio templado si no entero, había saludado su presencia farfullando cierto comentario sobre la segura ausencia de bello en unos bajos que apenas suman dieciséis primaveras. En estos meses el niño Bernardo ha logrado que se le tenga en cuenta y no es corriente, examinando el pelaje de algunos gallitos esculpidos en roca; caso de ‘Picota’, menos dado al pensamiento y al refinamiento dialéctico y más interesado en el pormiscojones.

La Casa del Pueblo está ahora, cierto es, en la Calle de la Victoria, pero la fábrica de ideas chupa combustible de caldo de airén, chorreado en los vasos sin fregar desparramados sobre la barra recia de la taberna de Basilio donde no se andan con medias tintas. El niño Bernardo, catando de vez en cuando, pronto se ha hecho hombre y hasta tuvo el privilegio de que hace poco el propio jefe del negocio le contara la historia de Paco El Fonda, el cliente más infame que jamas pisara el local.

Francisco de Dios Piqueras era su nombre. Empezó de carrero siendo bien mozo, luego agente de seguros y hace siete años, ejerciendo de croupier, murió. Mejor dicho, lo ejecutaron. Por ser uno de los tres autores del crimen del Expreso de Andalucía. Un caso espeluznante que ofreció coartada a la opinión pública para ponerse de uñas contra el régimen de Primo de Rivera.

Paco el Fonda culebreaba de sitio en sitio para ver qué podía rascar. Un truhán de mala vida, alcahuete ocasional y enredador de baraja caído en desgracia el día en que el dictador Primo prohibió el juego y decretó el preceptivo cierre de casinos; un pichabrava marcado por la sífilis en su ojo izquierdo. Este individuo venía mucho por el pueblo. Qué le contaría al indulgente Ramiro Romo para que nuestro excelso pianista le premiara con su amistad.

Francisco de Dios llenaba el buche en la taberna y en la fonda dormía la mona. Y solo a quienes no debía dinero confesaba sus planes de emigrar a Colombia. Nada en particular tenía pare él ese destino. Quizás porque le había hablado de sus playas caribeñas otro de los pendencieros con quienes se vería envuelto en el asalto del siglo. No intuyeron los socialistas de la taberna de Basilio que ese fanfarrón, que frecuentemente cargaba rondas a su cuenta, llevaba un tiempo urdiendo con otros cuatro fulanos el golpe que ha hecho temblar los cimientos del Estado. Su última excreción en el pueblo fue el Domingo de Ramos 13 de abril de 1924. Esa noche se coció donde Basilio e intentó sin éxito descansar en la posada. Imposible pegar ojo, atormentado en su conciencia por un regimiento de la Guardia Civil buscándole por su crimen. Todavía no le había puesto cara ni nombre la autoridad pero iba a ser cuestión de días. El Lunes Santo dejó Daimiel con la mano derecha sudorosa de asir el botín y el pescuezo cargado de tanto mirar para atrás. Paco El Fonda no tuvo tiempo de gastar su parte del robo, unas doscientas mil pesetas en alhajas y algo de líquido, todo manchado de sangre, la de los dos desgraciados asesinados en el tren y la suya propia, ajusticiado con pena capital tras un juicio sumarísimo ni si quiera un mes después del asalto al expreso. Su aventura pendenciera había tornado a negro en el apeadero de un pueblo de Badajoz. Paradojas de la vida, halló su ocaso como pretendió labrar su fortuna, a bordo de un tren.

Francisco de Dios Piqueras, Paco El Fonda, después de su detención.
Francisco de Dios Piqueras, Paco El Fonda, después de su detención.

Leer Capítulo IV – Un verano a duras penas
Episodio 4º. ‘ La Patrona no se toca’

Foto de Emilio Aguirre Moraga

La dimisión de Pantaleón (Cap.IV Ep.2º)

(episodio anterior)

“[…] de tal manera que, yo, Pantaleón Pozuelo García-Muñoz renuncio voluntaria y de manera irrevocable al cargo de alcalde de Daimiel. Para dar razón a los argumentos que esgrimo, presento a este ayuntamiento en pleno el certificado médico. Daimiel, a 21 de julio de 1931”.

Acto seguido el secretario Ramón Urgellés procede a dar lectura al informe facultativo firmado por Ramón y Ángel Ruiz-Valdepeñas Utrilla.

- Pantaleón Pozuelo y  García Muñoz, de 27 años, casado, abogado que vive en esta ciudad, Plaza de la Paz 9, padece abstemia post-gripal en estado linfático, necesitando someterse a un riguroso plan médico dietético con absoluto reposo material y moral con vida de campo.

Con ese cuadro a Pantaleón solo le alcanza para ser concejal. Es honesto con sus limitaciones por mor de la salud y nadie discute la dimisión. Será porque más de una vez le han descubierto aplanado, exprimido. “No obstante, este ayuntamiento le pide al señor Pozuelo, es más le exige, no abandone su acta de concejal, porque ha sido la designación del pueblo”, replica el edil Santo Morales.

Los integrantes de la corporación comprenden que la presencia de Pantaléon, aun cambiando de butaca, es necesaria. No puede difuminarse el hombre cuya ascendencia mantiene a raya a los exaltados. Además, derecho administrativo, pesquisas burocráticas, papeleos pertinentes… son incumbencias que maneja al dedillo. Desde que asumió el bastón se ha venido entregando solícito a la transición ordenada. Por eso, al menos permaneciendo de concejal, a lomos de su pluma, siempre se perfilarán más adecuadamente las urgencias a Madrid. Y a fe que no son pocas para un pueblo que de pronto se ha descubierto a sí mismo con heridas supurando; sin las espaldas requeridas para aguantar los varios centenares de jornaleros que se han quedado sin trabajo, concluida la siega. Y las arcas municipales vacías.

En la primera sesión del mes, varios concejales habían propuesto emprender obras para sacar parados al tajo, por ejemplo arreglando caminos. Pantaleón preguntó con qué dinero.  Bien fresca tenía la respuesta del tesorero, “alcalde, poco y nada es lo mismo”. Educado como es, dejó a sus compañeros imaginar el arreglo del piso de medio pueblo y a continuación les reveló la realidad de las cuentas, “para ver una peseta a fondo perdido habrá que esperar a las liquidaciones de arbitrios que tengo ordenados”. Eso significaba a cuentagotas o cobrar los impuestos sin orden ni concierto, chapuceando.

Con Pantaléon en la reserva, los trastos los recoge el industrial Juan Vicente López-Mechero, un veterano de la corporación a quien, así la pella, se le desea la mitad de la suerte que la gozada en sus negocios. Su primera decisión es enviar a Madrid a la comisión “petitoria”. Llevarán dos demandas en cartera: más colegios por dignidad y más carreteras por dar trabajo.

Lo de las escuelas es la reivindicación interminable. Cualquier paisano con el don de escribir fino guarda en su bagaje de artículos alguna mención a esta lacra de la España interior que se ceba con más ahínco en este lugar de La Mancha. Don Eduardo Sevilla, allá por 1923, se molestó el hombre incluso en echar cuentas para desnudar por completo el caos. De los casi 20.000 habitantes empadronados hace ocho años, sin considerar los 3.000 niños menores de 7 años, 3.945 eran analfabetos, un 27 por ciento de la población. De los 1.700 niños de entre 6 y 13 años que según la ley de 23 de junio de 1909 debían estar escolarizados, solo lo estaban 814 entre escuelas públicas y privadas, quedando sin matricular cerca de 900; “pero si se hiciera el padrón escolar como está mandado, se vería cómo según los datos del Instituto Geográfico y Estadístico, el número de niños de 6 a 13 años constituye casi el 20 por 100 de la población total, y que, por tanto, en Daimiel no bajan de 3.000 los comprendidos en esa edad  y no llegando a 1.000 los que asisten a las escuelas públicas y privadas. Por tanto serían más de 2.000 quienes no están matriculados en escuela alguna” y, continuaba Sevilla, “concediendo que en cada grado hubiera 50 alumnos como manda la ley, Daimiel ya debería tener 20 escuelas”, solo contando con niños, quedan fuera niñas y párvulos.

Ocho años después, apenas hay cinco centros públicos de infantes, otro de segunda enseñanza y una academia politécnica.  El más grande es la Escuela Graduada Nº 2 colegio mixto San José Obrero, para párvulos, infantes y mayores. Más conocido por colegio Corrales, ocupa buena parte de la manzana de la calle homónima y calle Prim. En el Parterre, pegada a Telégrafos, la Nº 1, la escuela Piña. Ambos centros para el sexo varón. Las niñas acuden a clase al Rafaela Clemente y a la escuela Nicereta; a los párvulos los acoge Doña Eulalia. Cuando ya tienen edad de arrimar el hombro en casa, si se les ve despabilados y su familia prescindiendo de sus sudores puede tirar para delante, amplían conocimientos en la Academia de José Barrios Madrid ubicada en la calle Arenas quien, con el auxilio del ayuntamiento, también asiste a niños pobres. Y si se confirman sus aptitudes, o marchan internos a Ciudad Real o atienden las lecciones de los profesores adscritos a la academia politécnica Modesto D’opazo y Maján. Fundada hace veinte años por el presbítero en su decente local de Obispo Quesada preparan para el bachillerato, magisterio superior, letras o derecho.

En el actual Mercado de Fisac se levantaba el Colegio 'Corrales'
En el actual Mercado de Fisac se levantaba el Colegio ‘Corrales’

El resto son escuelas de paga -inasequibles para la inmensa mayoría de los vecinos-  o católicas. Entre las primeras; ‘Testón’ en la calle Ancha, el colegio San Rafael del maestro Fulgencio Baeza a mitad de la calle Manga, la escuela de ‘Dominguillo’ en Obispo Quesada o el colegio Sagrado Corazón, con el maestro Manuel Carrillo impartiendo disciplina al principio de la calle Manzanares. Como centros enteramente religiosos, las calasancias del Divina Pastora y las monjas Josefinas. Las escuelas de paga, religiosas o laicas, taponan pues las heridas que inflige un analfabetismo lacerante que ahora y siempre impedirá comprender cualquier indicio de cambio, ni siquiera conocer las vías que conducen a un nuevo mundo.

Escuela privada 'Testón'
Escuela privada ‘Testón’.

- Estamos de acuerdo. Marchen pues a la capital los señores concejales Porfirio Rodríguez y Antonio Maján; asesorados en la causa escolar por el maestro nacional Ramón Díaz, director del colegio Corrales -concluye el recién alzado alcalde López-Menchero-. Antes de cerrar el acta, ¿alguna valoración al respecto sobre lo aquí tratado?

- A mí, disculpe alcalde, me gustaría elevar a este ayuntamiento ciertas consideraciones generales que bien deberíamos observarlas en los sucesivo cual hoja de ruta -interviene ‘El Cojo’ López Casado-. Yo pido se ponga todo lo posible para remediar la crisis y nunca pueda dar lugar en esta población incidentes luctuosos, como en otros puntos de España, provocados por agentes extraños que se infiltran entre los verdaderos necesitados haciendo creer que viven en estado de hambre. Robando la gracia de la Beneficiencia a quienes ciertamente son pobres desde que levanta el sol.

- Queda anotado, se cierra el acta. Hasta la próxima sesión señores. Tengan un ustedes un feliz día del apostol- concluye el alcalde accidental.

24 de julio 

Es víspera del Santiago más gris en décadas, se celebra una reunión ‘magna’ del alicaído Sindicato Agrícola. Los patronos presentan los números de la siega. Aseguran que esta temporada han salido lo comido por lo servido. No guardan ganas para recordar con vino y viandas que se cumplen veinte años de la fundación. Cada uno lo celebra a su manera, siempre queda el recuerdo.

Todo empezó cuando ni media docena de socios aportaron cien pesetas cada uno para adquirir la propiedad de la casa frente a la plaza de San Antón. Al poco eran decenas, en un año superaron el centenar de inscritos. El motor era la gente y los timoneles en proa dos medianos propietarios que han pasado a la historia de este pueblo.

Corría 1920 cuando Román Cejudo ‘Romancillo’, hoy silencioso concejal, y Pedro Fernández ‘Pedrillo’ lograron de la Duquesa de San Carlos el arrendamiento de las 2.000 hectáreas de Zacatena. Seis quintos para repartir entre los socios: La Casa, la Isla, La Muela, Magarzal, Cañaelgato y La Torre. La negociación se las trajo. Hicieron noche en Madrid como puente a dos interminables jornadas de persuasión. Era la tercera de las visitas, la de la vencida. La aristócrata cedió. Se ganaron su confianza estos dos valientes del pueblo. Antes de regresar a Daimiel, Romancillo y Pedrillo pusieron un telegrama que pregonaron a voces desde el Parterre hasta la calle Prim. Cuando asomaron sus cabezas por la plaza, recién llegados de la gran capital, ya eran héroes sin medalla. Y hoy todavía se canta.

Román Cejudo y Pedrillo, fueron a Madrid dos veces

Y a la que hizo las tres, comieron mojete de peces

La alegría que traían, no os la podéis figurar

Que hasta incluso sus mujeres, no les podían ni hablar 

Con la venia de la excelentísima fue nombrado administrador Paco Rodríguez ‘El Pollis’, una comisión de prácticos midió la tierra en suertes de diez cuerdas y puso precio al arriendo según la calidad del terreno. Después, los agricultores, dependiendo de las yuntas así solicitaron las cuerdas. Al que requirió muchas hectáreas, no todas las dadas fueron de máxima calidad. Solo hubo una excepción, el beneplácito de elegir para los dos que arrancaron el contrato con la duquesa. Fue en el Calaminar y también se cantó. Y se canta.

El Calaminar de Zacatena en la ribera norte del Guadiana. 1945
El Calaminar de Zacatena flanqueado al sur por el Guadiana y al oeste por el arroyo Cañada El Gato. 1945

En el monte Zacatena sin nada particular

Araban Román y Pedro parte del Calaminar

Aunque El Calaminar aren, no tiene chiste gracioso

Porque los dos se han pasado noches sin pegar los ojos

El Calaminar en la actualidad
La península de El Calaminar en la actualidad, en la ribera norte de Las Tablas de Daimiel

(próximo martes 9 de junio, tercer episodio ‘La taberna de Basilio Molina y Paco el Fonda’ del Capítulo IV  ‘Un verano a duras penas’)

Leer Capítulo IV – Un verano a duras penas
Episodio 3º. ‘ La taberna de Basilio Molina y Paco el Fonda’

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Velada al fresco en la mansión de ‘La Francia’ (Cap.IV Ep.1º)

(episodio anterior)

Poco comercial tiene la Citröen en toda España con la reputación del representante en esta parte de La Mancha. Joaquín Pinilla, además de haber sido alcalde y ahora administrador de la hacienda familiar, es la cara amable de la marca francesa en el norte de Ciudad Real, donde la expansión del mercado automovilístico da para lo que da. Aun así, el género nuevo casi siempre tiene en Daimiel uno de sus escaparates y eso es mucho decir. Desde que André Citröen levantó por ventura en París la fábrica en cadena más grande del mundo, cada temporada vienen saliendo de sus factorías entre cinco y diez modelos distintos. El año pasado le cedieron para enseñar un P17 Oruga. Se asemejaba a un carro de combate, igual te traía cuatrocientos kilos de maletas desde la estación que cargaba una decena de costales de trigo desde el molino. Pero el Oruga es para lo gordo; para lo fino, el flamante Rosalie no halla comparación. Un precioso automóvil en negro y corazón burdeos, de interior rematado en madera y, lo más rutilante, un motor donde relinchan ocho caballos que se escuchan galopar a dos manzanas.

Joaquín Pinilla alardea –con razón- de estar a la última, pero, mal que le pese, hubo quien se le adelantó trayendo el primer automóvil al pueblo. Esa distinción para los anales del anecdotario local correspondió al premier de los franceses de bien acogidos en esta tierra.  August Issanjou, cofundador de la ‘Olivi’, se presentó en 1914 con un Ford Modelo T . De aquello se han cumplido 17 años y ronda por la casa de Gaspar Fisac Orovio, amigo íntimo de Issanjou, la foto del estreno. La ruda Caroline traqueteaba detrás con peinado impecable. Si ya chocaba verla jugar al tenis, los del pueblo se apartaban así la divisaban precipitarse desde La Francia, calle Estación abajo, al volante del Ford. Pegando botes. Aseguran desde su entorno que fue la primera en sacarse el carné de toda España.  No hay prueba de ello, tampoco de lo contrario.

August Issanjou y su hija Caroline detrás, Daimiel 1914. Autor G.Fisac Orovio

Don Gaspar Fisac Orovio nunca ha ambicionado coche, solo el de caballos. Le perturba el olor a petróleo quemado. Abraza no obstante todo avance tecnológico a su alcance. Para guardar la memoria, su magnífica cámara de fuelle Kodak Autographic, para avanzar el futuro toda suerte de pertrechos de laboratorio que buen fruto han dado. Estudioso casi enfermizo, es autor de la más profusa investigación médica jamás hecha en el municipio. Fue en julio de 1905 cuando publicó Topografía Médica de Daimiel y su partido, donde estableció la relación de la tuberculosis pulmonar con la estructura socioeconómica local. Se resumía en: más pobre eres, antes te mueres. Al doctor Gaspar, que ejerce en el Hospital Provincial de Ciudad Real, se le debe que en la Academia de Medicina de Madrid o en el lisonjero Paris de la belle epoque hayan conocido la miseria en la que viven centenares de familias de este pueblo manchego donde las calles enfangadas son un vergel para millones de virus y bacterias que dan catapún a niños, jóvenes y viejos por docenas al mes. Don Gaspar lo denunció entonces y no ha dejado de hacerlo: la falta de saneamiento en las calles, la insalubridad de barrios enteros, el paupérrimo estado de la enseñanza, el esfuerzo ímprobo pero insuficiente de la caridad encarnada en los religiosos… “La clase jornalera se sostiene con oxígeno, ejercicio muscular, agua y vino” expone involuntariamente sarcástico en una de las páginas del tratado médico.

El estudio de 220 páginas depositado en la Real Academia Nacional de Medicina
El estudio de 220 páginas depositado en la Real Academia Nacional de Medicina

Hombre de ciencia y de fe. Patrón de la medicina local y motor de la Adoración Nocturna, la élite de los devotos del Creador. Cada Corpus, el doctor Gaspar hace traer a mansalva romero y otras yerbas aromáticas para que las mujeres de la casa –el servicio mayormente- laboren un arco verde embriagador que va desde su fachada hasta la de enfrente. Es la mejor foto, la procesión al regazo de esas plantas engarzadas en alabeo sobre la más pía de las calles; la de Romanones, en una de cuyas casas, la del subdelegado de Farmacia don César Cruz Periconi, se asegura pernoctó Santa Teresa antes de sentar prédica en Malagón. Dejar escapar a la mística sí fue un pecado que no se limpia. De sus pisadas solo queda, quienes creen escucharlas por la noche en la habitación que el boticario mantiene intacta desde hace siglos; y una placa en la fachada de la casa.

La devoción del patriarca don Gaspar Fisac por lo más sagrado ha calado en su primogénita Mercedes. La mujer ha salido con genio y don para la poesía; ahí quedaron sus versos con motivo de la inauguración de la asociación de los “Caballeros de Santa Teresa”, siendo también la autora de la letra del himno de la mística que se aplaudió con inusitada emoción hace nueve años cuando este pueblo celebró el tercer centenario de su canonización. Para entonces, Merceditas ya ejercía de terciaria franciscana. Hizo voto de pobreza y hoy porta la enseña, un sayal pardo que le cae hasta los tobillos. Tiene ofrecido al Altísimo el cuidado de su hermana pequeña Conchita, discapacitada mental. En las estaciones suaves no falta el día en el que montan en la tartana vieja de la familia camino del campo donde Merceditas reza por las dos. Si su padre es el jefe de obra del arco de yerbas, ella se encarga de instalar un altar y de tocar el órgano. Cuando la procesión transcurre por su puerta interpreta la Marcha Real y este año no ha sido distinto. La Sagrada Forma se detuvo para escuchar el himno de la España Monárquica. Le dolió la cabeza por el desacato, pero ella firme: “Yo en mi piano toco lo que quiero y más aún en mi casa”.

Gaspar Fisac Orovio
Gaspar Fisac Orovio

Y es que lo del Corpus es un punto y aparte, una puja anual librada entre las parroquias por ser la más brillante honradora de la figura de Cristo. Los ‘borregos’, adscritos por partida bautismal a la Iglesia de San Pedro, celebran la efeméride el domingo. El día que marca la tradición, el jueves, se lo reservan los ‘chuchos’ de Santa María. Entre los hermanos parroquianos también codean por la primacía en las glorias al Señor. Si la familia Fisac Orovio ofrece sombra bajo el romero, altar y Marcha Real, cuando la procesión sube la cuesta hacia la calle Prim le espera otro altar más lujoso si cabe, el de la casa del secretario judicial Ramón de La Torre. Es un pequeño museo que desata una expectación inusitada. Resulta que el señor de La Torre es sobrino de la famosa cupletista La Preciosilla, una celebridad mundial que le envía a don Ramón infinidad de regalos de sus admiradores. Y éste aprovecha el Corpus para lucirlos y lo más lucido, al comentar del personal, son los mantones de manila contra los que don Gaspar jamás podrá competir.

La Sagrada Forma al paso de
Procesión del Corpus pasando por la Casa de Gaspar Fisac. (hoy calle Santa Teresa).

Dicho está que don Gaspar no maneja automóvil, pero haylos y varios en el pueblo, al menos una docena. Uno es de su sobrino segundo Pedro Fisac, Un hispano-suiza de 12 cilindros que -comentan- alcanza 170 kilómetros por hora; silenciosa maquinaria pese a tener la fiereza de un león.  Esta noche se lo ha dejado refunfuñando a su hermano pequeño, Federico. Hoy sí acelera rugiendo, levantando el polvo por la calle Estación. Y es que necesitaba el auto unas manos impetuosas y un escenario a su altura, Le Castellet.

La mansión de los franceses -como se la conoce en el pueblo- es la colosal residencia de la familia Cassin Messiah. Una ecléctica casa de dos plantas y buhardilla, con reminiscencias de las casonas del otro lado de los Pirineos. Son fascinantes sus tejados de pendiente pronunciada, concebidos para desalojar el agua y la nieve que no abunda. Pero es la torreta la que más encandila, la corona imperial de esta postal importada de los caminos del Loira.

Máx Cassin
Max Cassin

El patriarca, Moise Samuel Max Cassin, agente consular galo en La Mancha, ha dispuesto un baile juvenil. Allí están casi todos los hijos de los señoritos. Una cita estival ineludible que el diplomático viene organizando desde hace un par de años en honor de los amigos de sus vástagos. Es, en cierto modo, una muestra de agradecimiento a los notables de un pueblo entregado a su negocio. Porque don Max no bienvive del puesto legado en La Mancha, sino de la exportación de los caldos de esta tierra, sean vinos, licores, orujos o aceites. De hecho, Le Castellet sería un espacio idílico, inigualable en estos pagos, si no fuera por las chimeneas de la Oleovinícola Centro de España, más nombrada como ‘la Olivi’ o ‘La Francia’. Al runrún de sus máquinas y al incesante acarreo de los mostos, se añade el paso del tren. El complejo de ‘La Francia’ casi se aparea con las vías del ferrocarril. Ese es el ruido que a deshoras violenta la vida palaciega de la familia Cassin; trastorno soportable en aras del ahorro de costes para el negocio, porque vermú que sale de la cuba, directo al convoy.

Una ligera brisa templada mueve la noche, ideal para pasear en mangas de camisa por los jardines iluminados a giorno. Se ciñen sus rebecas Merceditas y Elisa Casado mientras caminan con los brazos cruzados, como sintiendo un frío que no hace. Están espléndidas y lo saben; se ve en las miradas de Enrique Guijarro quien pregunta a Federico Fisac si esos senos estaban en el mismo lugar la semana pasada. Obdulia, la ama de llaves, echa la cancela a la puerta principal, al tiempo que un par de criadas y dos camareros ocasionales comienzan a ofrecer sus bandejas con vinos y canapés.

-Pruebe, Tarsicio, pruebe. Este lo he preparado yo misma. Con la supervisión de mi madre, bien sûr.

El año pasado Janine Cassin ni se habría atrevido a saludar a los amigos de su hermana Renée, pero con sus diecisiete recién cumplidos y las hechuras que Dios le ha dado, le sobra para pavonearse con naturalidad y decisión entre los mancebos. Además, nadie presenta esta noche semejante dorado en el rostro y en los brazos, que bien ha procurado dejar al descubierto. Es notorio que no para de practicar tenis con sus hermanos y con su madre que es la verdadera experta.

Junto a la fuente que hay cerca del invernadero charlan las hijas de Reneses con Albert Cassin sobre el suceso del verano. Una gamberrada con destino trágico y aún por purgar.

- ¡Válgame Dios! y comentan que la madre casi se va al otro barrio de la impresión. El marido la daba por muerta -apunta apesadumbrada Carmencita.

 – Normal -asiente el único varón del cónsul- ¿y decís que del otro no se sabe nada?

   – Se lo llevaron a Ciudad Real y quedó ingresado con pronóstico grave. Dijeron los doctores que si superaba la noche tendría mucho ganado.

Albert Cassin lleva varios días sin bajar al pueblo y esta es la primera noticia que tiene del accidente de coche que se ha cobrado la vida de Deogracias Díaz de Mera y casi se la arrebata a Juanito Gutiérrez. Y todo por un exceso de confianza, la que tuvo el mecánico Pedro Muñoz de Morales en Pepe, su aprendiz. Éste tomó en custodia las llaves del auto de don Gustavo Lozano para que, recién reparado, se lo devolviera al médico. Sin embargo, por esas cosas que tienen los chaveas machos, llamó a cinco amigos para invitarles a darse una vuelta en el Chrystler. Se desconoce cuánto anduvieron, sí donde pararon. Junto a un poste de teléfonos en la carretera de Valdepeñas. Muy cerca de donde a esta hora refieren el incidente los jóvenes invitados a Le Castellet. Hablan del choque mortal y de cómo a la madre del difunto le dio un patatús al enterarse. Y, como las desgracias nunca vienen solas, al hermano pequeño del muerto esta misma tarde lo ha atropellado un ciclista en la calle Fontecha. El niño está bien, nadie ha preguntado por el ciclista.

En unas semanas cumple don Max los cuarenta y seis y su perfil es tan rectilíneo como el día que apareció por La Mancha junto a sus padres, Benjamin y Cécile. Llegaban desde Niza para tomar el mando de una empresa fundada en 1880 por J.C. Bühler y August Issanjou, el del primer coche. Empezaron éstos elaborando vinos para exportación para después especializarse en vermús: seco estilo francés, abocado torino, bitter butl, amargo, etc. Más adelante, Bühler e Issanjou invirtieron en un molino de aceite a vapor para la extracción de oliva. La maquinaria y los capataces tuvieron que reciclarlos desde la Costa Azul. El siglo XX lo inauguraron vendiendo aceites dentro y fuera de España; en botellas, bidones y barriles. Al poco se animaron a montar dos naves más; una de sulfuro de carbono y extracción del aceite de los orujos, y otra fábrica de jabones comunes. Todas movidas a vapor y dotadas de instrumentos de vanguardia.

El pueblo de Daimiel se envanece de exhibir una firma de prestigio. Proveedora de la Real Casa y jurado en la Exposición Universal de París en 1900; un mérito ganado doce años antes en la muestra de Barcelona cuando obtuvieron la medalla de oro. Aquel fue el prometedor comienzo para una casa cuyos productos, por entonces, llevaban poco más de un año en el mercado.

Estando el negocio en todo lo suyo, Bühler vendió su parte al judío francés Benjamin Cassin quien hizo las maletas y se vino al pueblo con su esposa Cècile Dreyfuss. Cambiaron las playas de Niza por la estepa manchega y arrastraron en la aventura a su único hijo varón, Max, recién casado con Sara Hélène Messiah. Con el nacimiento de Andrette en 1922, puso el matrimonio fin a la  descendencia; cuatro chicas y un chico. En 1927 con todos a medio criar le vino la hora a Max que pasó a ser don, cuando, muerto su padre, heredó la gestión de las fábricas. Refundó la sociedad y pasó a denominarse Oleovinícola Centro de España S.A. En la actualidad, don Max gestiona, y los dineros los pone un catalán de nombre Daniel Mangrané, quien en este guiso recupera los cuartos que pierde produciendo cine de dudosa calidad o financiando campañas políticas para Izquierda Republicana.

Muchos años después de apearse por primera vez en el andén de enfrente, don Max mantiene aquella figura esbelta y corpulenta que trajo. Su cara sí es más afilada que entonces y el cabello, aunque poblado, tiende a plata. Es tan serio como amable, cualidades valiosas en un exegeta de La Torá. Un rabino judío en tiempos modernos y, en la práctica, un cristiano converso, siendo como es amigo y cuasi confidente de don Tiburcio. El párroco de San Pedro no solo sube a ‘La Francia’ a pedir limosna para sus pobres. En cierto modo le place charlar con un hombre de mundo. Lo mismo vale para Pepe Pozuelo a quien el francés también tiene entre sus amistades, “este hombre es de una inteligencia superior” suele comentar el francés del hermano de Pantaleón.

Don Max consume días enteros en su gabinete; recostado en el tresillo o revisando la contabilidad, clavando codos en la mesa de cerezo. Al menos dedica dos horas de la jornada a sus obligaciones diplomáticas; leyendo y escribiendo cartas, comprometiendo o disculpando su asistencia a tal o cual acto. La radio le devuelve al planeta. Una Clarion de notable valor que hizo traer de Marsella. A nadie de la familia le está permitido tocar los boliches. Le espanta que se escacharre sin tener noticias en Daimiel de un manitas que la arreglare. Pero de todo el despacho, lo más sobresaliente es la vitrina. Un pintoresco museo con algunas rarezas que hacen las delicias de los curiosos, entre ellas, la vaina de un proyectil de la Primera Guerra Mundial que cumple de florero y un pañuelo estampado con el primer ministro Clemenceau  despidiendo a las tropas que se marchaban al frente. Piensa don Max en el horror de la guerra, en la suerte que tuvo de no ser uno de aquellos que no regresarían. Piensa también en qué deparará el futuro a su hijo Albert. Sonríe don Max recordando su singladura en Daimiel, mientras, desde la ventana de su gabinete, en la segunda planta de Le Castellet, observa con recato a los muchachos en cortejo; satisfecho del cariño y admiración que profesan a sus hijos tantos amigos.

Le Castellet a principios del siglo XX
Le Castellet a principios del siglo XX

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Episodio 2º. ‘ La dimisión de Pantaleón’