Foto de Emilio Aguirre Moraga

En vísperas de sangre (Cap.V Ep. 4º)

(episodio anterior)            

      2 de enero

-Vicente, tienes visita- avisa en voz queda su esposa Josefa al presidente de los agrícolas, que estaba expurgando papeles del escritorio.

-¿Quién es?- pregunta Noblejas.

 – Un mozo, trae una carta.

-Que te la dé y si no quiere más, firma como recibida.

La misiva viene en un sobre lacrado, sin sello. Es de esta misma mañana y en el remite solo pone “don Filiberto Lozano”. El que suscribe es uno de los potentados, pertenece a esa categoría suprema de propietario, la que aquí llaman de las ‘grandes casas’. Tierras y poder casi a la par de su consuegro Lucrecio Ruiz Valdepeñas y varios escalones, sin embargo, por debajo del inabarcable Federico Pinilla. En el pueblo le llaman ‘macho burrero’ por su carácter rudo y, por momentos, irracional. Tanto que repudió a su propia nieta Sofía porque su homónima hija murió tras darle a luz víctima de unas fiebres pos parto. Casado con Consuelo Sevillano, vive en la calle Arenas donde desemboca Emilio Nieto, junto a sus hijos Narciso y Adrián. Alimenta al menos ocho pares de mulas que labran en la Monera o en el Monte Viejo. Tiene bodega y alcoholera en la calle Cervantes esquina con Granados. Su capataz y administrador es Raimundo Villanueva. Son las once en punto cuando Vicente Noblejas desprende el lacre, saca la misiva del sobre y la despliega.

Daimiel, sábado 2 de enero de 1932

Buenos días, Vicente. Supongo que cuando lees esto ya habrás tenido noticias, de cualquier modo paso a informarte de lo que me han relatado algunos de los míos que a eso de las nueve de la mañana se han presentado en mi misma casa con cara descompuesta. Han sido asaltados a la salida del pueblo por esas bestias del diablo. La situación va a peor. Acabo de comunicar con Luis Briso y Paquito García que me han asegurado la mayor, porque a sus capataces también les han echado abajo el carro. Como jefe de los patronos que eres, te ruego busques inmediatamente a los representantes de los obreros y arregles el asunto como sea.

Saludos.

Al cabo de diez minutos Noblejas llega a la Plaza, seguro de que los de la Casa del Pueblo andarán de bulla por el centro. Está en lo cierto. Al menos se cuentan una decena de grupos de obreros y en el más próximo al ayuntamiento distingue la figura de Nicolás Cortés ‘El Rojo’ que dialoga con sus adláteres y a la vez capitanea al resto de grupúsculos que orbitan alrededor. Noblejas se acerca resuelto y, discreto, le toma del brazo, invitándole a retirarse de la camarilla para charlar en privado. Sin embargo, no abandonan el lugar en las casi dos horas que consumen departiendo ante la expectación general y la desconfianza de los socialistas que temen sea vencida la voluntad de su líder. Es la una y media de la tarde y ni un paso adelante.

-Se lo repito, el gobernador ha puesto los precios a quince y diez reales y la gente sabe que son los que han de regir, luego haga usted las cosas como quiera- concluye firme Cortés.

-Bien, pues a las seis le diré- se despide Noblejas.

El presidente de los agrícolas cita a las cuatro de la tarde en el Casino a los más reacios a elevar el jornal y tras leerles las inamovibles pretensiones de la Casa del Pueblo, casi todos los presentes vuelven a enrocarse, impidiendo se desbloquee el conflicto.

-¡Somos hembrillas, en vez de hombres!- protesta uno, molesto si quiera por entrar a considerar las propuestas de los obreros.

-Visto lo visto, no queda otra que remitir la cuestión a la Junta General de mañana- asume resignado Noblejas.

Noblejas apura el coñac, apaga y descoyunta el puro, se ajusta el abrigo, se cala el sombrero y pone rumbo a la Casa del Pueblo donde aguardan cinco dirigentes socialistas, entre ellos los dos elementos de vanguardia, ‘El Rojo’ y Miguel Carnicero. Tras las forzadas salutaciones, expone la situación entre resignado y molesto por tanto mareo.

-En verdad, apenas han acudido tres gatos a mi llamamiento en el Casino. Háganse cargo de las fechas que son, el frío y que es sábado. Pero, vamos, puesto que hasta el lunes no se trabaja, tenemos todo el día mañana. Como hay junta en el sindicato, faltarán pocos. A la tarde os doy cuenta de lo ocurrido

-Si usted promete hacerme saber el resultado antes de las seis, no hay problema. Entienda que he de saberlo con tiempo para ordenar en consecuencia.

-Tenga por seguro que recibirá noticias con margen suficiente.

- En usted confío- cierra el socialista.

                         Domingo, víspera de sangre

Desde el lío de la siega no se había visto tanta concurrencia en el salón de actos del sindicato agrícola. Interés y preocupación a partes iguales. Muchos no se han sacado el gabán y ni se han descubierto la cabeza. Todo un mensaje desafiante dirigido a los moderados compañeros. Noblejas ha de esforzarse para recapitular lo acontecido en sus últimos encuentros con los socialistas y reiterar cómo en Ciudad Real apremia una resolución rápida del conflicto.

Ni una sola interrupción en los cinco minutos escasos de exposición. Los socios han deliberado más que de sobra y no aflojan amarras. Se mantienen obstinados en su propósito de no ceder un ápice a las demandas. El hartazgo no lleva a la cesión, al contrario. Los hay dispuestos a alzar la voz en pos de un acuerdo, pero callan apocados por la tendencia mayoritaria. En esa trinchera se halla el pequeño de los Lozano Moreno de la Santa, el hermano de los médicos don Gustavo y don Pedro, que ha guiado su vida por la carrera militar desde que en 1925 ingresara en la Academia de Infantería de Toledo. Acostumbrado a permanecer en un segundo plano en los asuntos familiares, hoy ejerce de portavoz de sus tierras y suscribe el último alegato ante los propietarios.

-Puesto que la cosecha no dejará utilidad a los patronos por mala, esta es la ocasión de resistirnos a las exigencias de los obreros, si seguimos haciendo concesiones tendremos que abandonar las fincas.

No hay como apelar al negro panorama para dar carpetazo luego de varias horas de indecisiones. Los aplausos que arropan tal pronunciamiento del militar de los Lozano hacen comprender a Vicente Noblejas lo inútil de su insistencia. El presidente de los Agrícolas levanta la sesión, despide cordialmente a sus compañeros y pide al secretario que aguarde unos minutos para que lleve personalmente una carta a la Casa del Pueblo en la que ahorra palabras.

A la atención de la Secretaría de la Casa del Pueblo de Daimiel.

Les informo que este domingo 5 de enero se ha celebrado Junta General Extraordinaria de los asociados del Sindicato Agrícola Católico a fin de resolver el contencioso que tiene parado al campo de Daimiel. Como presidente he procedido a realizar todas las gestiones que ustedes en la víspera me habían rogado que llevara a cabo. Las conversaciones han fracasado. Les anuncio que hasta aquí llega toda responsabilidad atribuible a mi persona.

                                                                        Atentamente Vicente Noblejas Pinilla

‘El Rojo’ termina de leer la misiva, la dobla y la deja sobre la mesa. Todos han escuchado atentamente. Aunque ya tenían noticias del resultado desde hacía varias horas, el protocolo dicta que todos los asistentes tengan constancia fidedigna de cada uno de los puntos expresados en la misiva. Entre los presentes, uno llegado de urgencia desde Ciudad Real, alertado de que sería necesaria su estancia para suscribir y dar fe de las medidas que hubieren de tomarse, agotadas las vías diplomáticas. Sentado al frente, minutos antes departía ceremonioso con los afiliados, ahora aparece serio y circunspecto. Se trata del diputado nacional,  secretario provincial del Partido Socialista y primer alcalde republicano de Ciudad Real que dejó el cargo en julio para incorporarse a las Cortes. Fernando Piñuela Romero, espera a que se pronuncien los cabecillas de Daimiel si bien la decisión está tomada rato ha. Han recabado también la opinión del exalcalde Pantaleón Pozuelo y del reputado orador, confitero de profesión, Antonio Gutiérrez, llegado de la capital en el mismo auto que Piñuela.

 -Compañeros, la actitud de desobediencia por parte de los patronos y la poco firmeza que en este punto ha exhibido la autoridad provincial, sin intención de hacer cumplir el mandato que el mismo gobernador impuso el viernes en Ciudad Real con algunos de los aquí presentes de testigos, pese a que esta decisión como la mayoría ahonda en la miseria de todos los nuestros, no nos dejan más camino que decretar una huelga general efectiva desde mañana lunes. El paro, insisto, será generalizado. Los obreros del campo, de la industria e incluso en las tahonas. Mañana no habrá pan. El hambre nos hará más fuertes- concluye Miguel Carnicero.

Fernando Piñuela Romero
Fernando Piñuela Romero

Leer Capítulo V – Sangre en el frío
Episodio 5º. ‘El primer caído’

 

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Fin de año, lucha nueva (Cap.V Ep.3º)

(episodio anterior)

Apenas diez minutos de regateo. Este mañana de domingo, 27 de diciembre, patronos y obreros adscritos al sindicato agrícola han cerrado el acuerdo de jornales para la recogida de aceituna. A las mujeres se les pagará 2,20 pesetas, 3,50 los hombres. Sin embargo, con la mano de obra aportada por los braceros católicos no llega para varear las miles de hectáreas de olivos y, aunque se las prometían felices, a la hora del chato en el Bar España, ya tienen noticias de la Casa del Pueblo cuyas pretensiones de cobro son sensiblemente más elevadas. Vicente Noblejas y tres de sus directivos dejan los vasos en la barra y salen a la Plaza. A resguardo del soportal, junto al estanco de ‘La Tercera’ esperan Nicolás Cortes y un par de subalternos, por orden del líder socialista Miguel Carnicero.

 -Feliz Navidad- saluda el presidente de los patronos

  -Buenos Días- responde amable ‘El Rojo’.

 – Ustedes dirán- inicia Manuel Álvarez.

 -Pues decimos que con ese precio la aceituna se queda sin coger.

  – Y en qué cantidad habéis pensado.

 – Una peseta más por mujer y real y medio por hombre, siendo poco.

 -¡Qué barbaridad es esa! ¿Hasta dónde queréis apretar a quienes os dan de comer?

 – Si de comer se trata, poca tajada puede sacarse del acuerdo que nos habéis hecho llegar.

 – ¿Y de memoria cómo andáis? Poco tiempo ha pasado para olvidar el esfuerzo que hicimos con los jornales de la siega y la vendimia. Tampoco veo que tengáis en consideración el esfuerzo hecho por los propietarios, empleando este verano a decenas de los vuestros cuando nada había que trabajar. Que yo mismo –se golpea el pecho Noblejas- veía a media mañana a muchos de ellos sin mayor quehacer que liar pitillos a la sombra de un almendro.

- Supongo que con tanto paseo, también le daría tiempo a contar las fanegas paradas que bien pudieran ser aprovechadas para, como usted lamenta, no pasar apuros. Que, dicho sea de paso, me río yo de esas estrecheces.

- ¿Nos van a dar ustedes lecciones de cómo se trabaja un campo y de lo que renta o no? Mucho corren creo yo. Y ahora me cuentan cómo vamos a asumir esos jornales con el precio que se está pagando por el aceite, habiendo menos aceituna e informados como estarán de ese otro decreto de Madrid que nos obliga a desprendernos del cincuenta por ciento del fruto. Sean consecuentes, bajo ningún concepto el sindicato va a dar aprobación a ese precio por peonada. Piénsenlo bien porque estamos a tiempo. No será bueno para nadie tener de vuelta al Gobernador por ser incapaces de arreglarnos.

                               1932

En los cuatro días transcurridos hasta el primero de enero, en un par de citas han estado cerca patronos y obreros de alcanzar el trato. Sin embargo, en la Casa del Pueblo les regala la oreja el ángel del demonio con la música de los campos incendiados de Andalucía y Extremadura donde siembran odio a cuenta de la carnicería de Castilblanco. Cuatro guardias civiles han sido despedazados por la muchedumbre obrera, en venganza por la muerte de un socialista. El suceso es portada en todos los diarios y espolea al sindicato rojo. Enardecidos están, más cuando son informados de que los propietarios han doblegado la voluntad de muchos jornaleros para que hoy mismo se presten a la faena. Cada finca ha arreglado las peonadas a su manera y son varios los carros que salen del pueblo dirección al tajo.

Lo ocurrido el primero de mayo poco tiene que ver con este panorama. Entonces los piquetes fueron recomendando a sus iguales el regreso a sus casas para celebrar, descansando, el único día destinado para ellos en el calendario. Hoy, la Casa del Pueblo ha apostado a grupos de al menos tres miembros, todos pertrechados con palos, navajas y algún arma de fuego que abulta en la pechera. Insultos, amenazas, piedras y un par de galeras destrozadas y prendidas fuego.

El asunto toma tal cariz que de nuevo se hace precisa la intervención del gobernador. El flamante delegado de Madrid, José Echeverría Nova, de Acción Republicana, apenas se ha instalado en Ciudad Real después de jurar el cargo hace dos días. Ha citado en la capital provincial a una comisión de obreros y otra de patronos de todos los pueblos para resolver el conflicto. El gobernador propone unas condiciones con las que da gusto a los obreros aumentando el precio de los jornales.

-Si no queda más remedio y aun tratándose de un incremento menor, nosotros en Daimiel no tendríamos problema en aceptar estas condiciones y queremos que conste nuestra buena voluntad- señala Miguel Carnicero tras hora y media de encuentro.

-Bien, pues se firma y no se hable más- apremia Echeverría.

-No creo que sea tan fácil, señor- interviene Vicente Noblejas, se hace el silencio en el despacho y continúa- Como presidente del Sindicato Agrícola, el mandato que yo tengo no llega a esos precios. Si usted me obliga yo firmo, pero si me deja libertad, lamentándolo mucho me voy como he venido.

-Yo de momento no obligo a nadie, usted verá. Si ha de consultarlo con los patronos, le doy hasta mañana para que me envíe un telegrama –concluye el gobernador.

-Tendrá notificación, a primera hora, si no esta misma tarde –saluda cordialmente Noblejas, se levanta de la mesa y sale por la puerta con los otros dos comisionados de los patronos, Pedro Pinilla y Paquito García.

El gobernador José Echeverría Novoa
El gobernador José Echeverría Novoa

Antes de regresar a Daimiel, en la misma delegación el presidente de los agrícolas solicita un teléfono para comunicar con la sede del sindicato

-Escucha, en una hora estamos los tres en el pueblo, reúne de urgencia a los socios que puedas.

A la una del mediodía, con el salón de actos lleno, Noblejas cuenta lo ocurrido en la capitaleja. Acallando el aplauso de los socios por su firmeza en la negociación, les matiza que la no suscripción del acuerdo equivale a haber perdido la mano y pudiere tener consecuencias.

-No pierdan de vista  que el  gobernador ha fijado precios, los obreros están conformes y nosotros de grado o por la fuerza tendremos que pagarlos –argumenta Noblejas.

-Vicente, si cedemos de nuevo, cuando llegue el cereal querrán meternos otro bocado a las rentas –opina Tomás Briso de Montiano-  La actitud de la Casa del Pueblo es intransigente, no se corresponde con el altruismo que los propietarios mostramos. ¡Coño! que hemos acogido a los parados, pagándoles jornales más altos por trabajos inútiles. Con un jornal módico comen todos los elementos de la familia, así que vayan haciéndose cargo de la imposibilidad de elevar la peonada.

- Pues si esta es la opinión de la mayoría, que se comunique a todas las partes y cada uno que se arregle con los obreros como buenamente pueda.

Leer Capítulo V – Sangre en el frío

Episodio 4º. ‘En vísperas de sangre’

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Nochebuena del 31 (Cap.V Ep.2º)

(episodio anterior)

Las iglesias, así al peso, no han perdido clientela pese al nuevo tiempo o a las regulaciones impuestas desde la capital. Al contrario, los templos son refugio de los fieles que despachan con misas, rezos, ofrendas y procesiones cada una de las marcas coloradas del calendario católico-manchego, que no son pocas. Sin ir más lejos, al cierre de la vendimia se contaron por miles los asistentes al  novenario del Corazón de Jesús. En las eucaristías de clausura, casi tanta gente de pie como sentada. En los Santos acompañó el tiempo y todo el pueblo en la calle con el estómago harto de porrazos y sembrando el camino del cementerio de peladuras de castañas asadas. En el Día de Difuntos alguna sintió hasta cinco misas acudiendo al doblar de las campanas de turno, de sol a sol. La esperanza que inspira el adviento ha sido incluso mayor en esta Purísima. Pese a la supresión ‘civil’, no se recuerda tanta devoción por la Patrona de España y sus Indias. La afluencia de jóvenes fue extraordinaria. Paseaban el ABC pillado en el sobaco, abierto por la página que evoca el fervor de una patria donde pese a los intentos del socialismo –se leía- “ha echado raíces la palabra de Cristo”. Enseñando iban los paisanos la crónica del rotativo monárquico que anunciaba la fundación de la Asociación de Estudiantes Católicos, la savia que habría de garantizar la España con Dios.

Pero igual que medra el fervor religioso, ahora los anticlericales también tienen su predicamento. Acción, reacción. Los socialistas leídos de Daimiel se preguntan si esta es la República que les habían vendido. Baste que al hambre y la miseria, pegada a los huesos, le cueste irse; pero que la causa de Cristo motive más a la concurrencia, eso no lo pueden soportar. Les corroe. Un par de ellos, despechados y hartos de vino, irrumpieron el mismo día de la Inmaculada en los cultos de las Hijas de María. Allí, mientras de rodillas asumían la Hostia Consagrada, voces retumbaron en las paredes del templo. Uno amenazó, con retranca, otro se cagó en todo lo vivo. Y así quedó la cosa. Pero no por mucho.

El día de Nochebuena se está respetado. Quien más y quien menos, anhela algo que celebrar sin mirar a santo de quién. Los pastores, como cada año, recordando el nacimiento del Mesías clavados en el campo. Suyas son las más lustrosas zambombas de graves atronadoras. Todo un proceso artesanal, seleccionando materia prima desde el verano. El arcabuz desculado en la parte donde una vez había enganchado la maroma, el más enhiesto de los cardos borriqueros de manubrio y piel de conejo, despeluchada tras la unta de cal, y la vejiga de cerdo, sobada y resobada con ceniza para que dé bien de sí. Percuten sus zambombas y esta noche no dormirán las ovejas en la majada donde han quedado todos en reunirse. Cada pastor con su encargo, uno dispone en una fuente de barro las uvas cogidas tres meses antes y protegidas de luz, lluvia y frío en los recovecos de majanos y pedrizas, frescas entre pámpanas y broza. Luego, los de las migas. Cocinero y pinche removiendo una sartén para veinte con los carrillos encendidos por la lumbre y la frente helada. Y las mujeres de vez en cuando saliendo de la casilla para preguntar cuánto queda, que los chicos gastan hambre rato ha, los villancicos pierden fuelle y ya corretean desmadrados. Algún pequeño ha liado la trastada al tropezar con el leñero, a pique de caer de bruces a las ascuas donde un par de tarugos menguados arden vivos dando remate a la caldereta. Esta noche, como marca la tradición, el primer y mejor cordero al caldero. Y no hay prisa.

Más ligeros trajinan en el pueblo donde la mesa ha de estar puesta no más tarde de las nueve. Que dé tiempo a cenar, pollo de corral generalmente, y a devorar las empringadillas hechas por las mujeres de la casa esta misma tarde. Es el postre por antonomasia en Navidades. Un ritual por el que se desviven hasta las más chicas cuyas madres les reservan un mandil para que ensucien sus manos de masa pastosa de manteca y aceite frito. El aguardiente no falta, dos o tres chatos por cabeza para los hombres; alguna se atreve a mojarse los labios, no más. Les sienta regular ponerse cabezonas teniendo que emplearse con el vedreao antes de la misa del Gallo. No cabe un alma en los dos grandes templos. En Santa María repican las campanas desde menos cuarto. Faltan diez para la medianoche y tañen ahora las de San Pedro. Los celebrantes chicos acuden prestos a reunirse con sus padres, tras completar la ronda de aguinaldos en el vecindario.

En San Pedro, el primero en llegar de los seglares ha sido Pedro el organista. Díaz Pinés lleva desde las once afinnado el instrumental, imperioso el lucimiento en una noche señalada. Las estirpes más sobresalientes de la parroquia han tomado asiento. Ellos con capa y sombrero de fieltro ya en el regazo, ellas con el misal en las manos. Los García-Pardo y García Muñoz, los Briso de Montiano, el exalcalde López-Menchero. Los Ruiz de la Hermosa están casi al completo; Pablo el tejero y su esposa María Antonia, sus hijos Francisco, Miguela, Paula y José que va hecho todo un señor. No se separa de su novia Emilia desde que anteayer regresara de las Canarias donde hace poco que ejerce de funcionario de Hacienda.

Altar de San Pedro, destruido en 1936 (
Altar de San Pedro, destruido en 1936 (Guía de Daimiel)

Preside la misa el párroco don Tiburcio, secundado por Bernardo Atochero y Fernandico el sacristán a lo que haga falta. La misa transcurre entre los silencios medidos del cura, algo molesto por los cuchicheos y risas del fondo donde una cuadrilla de jovenzuelos se ha pasado las Escrituras cosiendo saya con saya a dos solteronas que, al arrodillarse para la Consagración, casi se estampan contra el reclinatorio. El Cáliz y la Sagrada Forma descansan en el altar.

- Et gloriam nominis sui, ad utilitatem quoque nostram totiusque Ecclesiae suae sanctae- proclama don Tiburcio segundos antes de que el organista proceda a lo que toca.

Ocurre que lo que este año toca no es lo que procede. Pedro Díaz Pinés ha seguido la partitura de la Marcha Real y, al principio, a nadie le ha sonado extraño. Al contrario, los pechos se han henchido ufanos como nunca y las autoridades presentes no han afeado la interpretación del himno monárquico, sin más novedad. Pero la irreverencia cunde y al cuarto de hora, saliendo de misa, una docena de socialistas esperan al músico para increparle. Un par de guardias de paisanos evitan males mayores a punto de pasarse de las palabras a los empujones. José Ruiz de la Hermosa y los hermanos Galiana  llegan a pechear.

-En la casa de Dios se toca el himno de Dios y, quien no quiera, que se quede en su casa bebiendo vino que la noche está fría- se envalentona Vicente Galiana cuando la pelea había quedado en conato.

Vicente Galiana Utrilla
Vicente Galiana Utrilla

Leer Capítulo V – Sangre en el frío
Episodio 3º. ‘ Fin de año, lucha nueva’

Foto de Emilio Aguirre Moraga

Trescientas familias de pobres (Cap.V Ep.1º)

Federico Pinilla
Federico Pinilla (FSP 1994)

(episodio anterior)

En las puertas del invierno, los propietarios andan consternados. El “ínclito” Largo Caballero es la diana de sus furias. Ese enemigo público que desde hace unos meses, anclado en la provisionalidad de su gobierno socialista, les castiga a decretazo limpio. Se estrenó con la Ley de Arrendamientos de fincas rústicas, obligándoles a tener que aguantar incondicionalmente en sus explotaciones a los pequeños agricultores. Se sienten abordados, sus tierras están medio secuestradas y, a mayor castigo, pende sobre ellos la surgente amenaza de las asociaciones de obreros agrícolas que, azuzados por la Casa del Pueblo, esgrimen otro de los decretos de Madrid, el que apelando al ‘nadie sin trabajo’ suelta rienda a la ocupación y aprovechamiento de los terrenos sin labrar. Esta norma ha puesto en el disparadero decenas de fanegas de Federico Pinilla, paradas a la vista. Por si fuera poco, una tercera carga que merma sin atajos la talega: el seguro obligatorio en el campo que hasta la fecha solo obraba en el sector de la industria.

Lamentan los propietarios que toda la presión de los parados vaya hacia ellos y para más escarnio han de tolerar la actitud del “connivente” y flemático gobernador Doporto, impertérrito ante los asaltos diarios que patalean sus fincas. Hastiados y temerosos del porvenir, han creado un órgano paralelo al sindicato agrícola, la Agrupación de Propietarios de Fincas Rústicas. Urge actuar colegiadamente a unas semanas de la recogida de la aceituna. La primera asamblea se convoca para el 23 de diciembre.

Niceto Alcalá Zamora (biografiasyvida.com)
Niceto Alcalá Zamora (biografiasyvida.com)

La tensión en la calle se traslada a la vida política y viceversa. De inmediato saldrá un telegrama para Madrid. Un mensaje protocolario. La bienvenida al equipo bicéfalo que ha de conducir la República que desde hace tres días cuenta con una Constitución aprobada en las Cortes por más del noventa por ciento de los parlamentarios. La Carta Magna en su desarrollo es un empellón contra las costumbres de media España. Alcalá-Zamora es el nuevo presidente de La República y, dejándolo estar, confirma a Manuel Azaña como presidente del Gobierno. Un jefe de Estado católico, un jefe de Ejecutivo anticlerical.

 Daimiel, 12 de diciembre de 1931

Excelentísimo presidente de la República de España, señor don Niceto Alcalá-Zamora

Es un honor para un servidor poder felicitarle efusivamente en nombre de la corporación municipal y mío propio por su acertado nombramiento de presidente de la República, deseándole larga vida e innumerables aciertos para el bien de nuestra querida Patria, siéndome muy grato ponerme incondicionalmente a su disposición”

                                                                              Porfirio Rodríguez, alcalde de Daimiel

-Bien, secretario que conste en acta que este alcalde da su permiso para que el telegrama salga para Madrid así sea posible. Sí, Pantaleón, tiene usted la palabra

-Solo rubricar que, hace bien usted en hablar en nombre de todos. Mejor no hacernos firmar a la corporación en pleno porque alguien desde la capital de la República, no siendo excesivamente audaz, podría preguntar si el haber presentes poco más de la mitad de los ediles se debe a una pandemia que ha asolado el pueblo o a simples coincidencias catarrales – sigue Pantaleón mientras algunos asienten y todos otorgan- Pero lo que más sorprende es cómo alguien obligado a actuar con escrúpulo en el aplique de la ley municipal, excusa la orden que en esta misma sala todos tuvimos a bien aprobar. Saben a qué me refiero. Pido – continúa con tono más grave- se abra expediente al secretario Ramón Urguellés por no anotar quiénes asisten a las sesiones en el margen del libro como este pleno le encomendó. Y que, como se dijo, se pase lista al principio y así quede reflejado. Y usted señor alcalde respóndame si es tan amable, ¿por qué no se multa a los ausentes?

-Puedo decirle que no hay más razón que la tolerancia –explica Porfirio-

-¿Y dónde situamos el nivel de tolerancia? ¿Tal vez en el proceder de los señores Joaquín Pinilla y Francisco Lara, incluidos entre quienes nunca acuden? ¿Acaso no quieren venir a colaborar? Si es así, que se vayan. El señor Pinilla fue un buen alcalde pero ahora debe renunciar a su sillón, y quiero que esta petición mía conste en acta en estos términos. Y añada, secretario, que mi solicitud se basa en el demostrado incumplimiento de su deber, él y sus amigos políticos que se niegan a dar cuenta de su gestión ante el pueblo.

- Apunte mi nombre junto al de Pantaleón –interviene el socialista Gómez-Limón.

- Yo apoyo que se imponga multa a los ausentes- tercia Antonio Maján.

Se hace el silencio y el alcalde Porfirio simula anotar el asunto en su agenda y cierra con un brioso y sonoro subrayado que casi rasga el papel, como el mazo de un juez. Punto y aparte.

Lo sustancial está por debatirse: las trescientas familias que no tienen nada que echarse a la boca. Una rémora anquilosada en las espaldas municipales que produce urticaria a los gestores dados a ausentarse de los plenos, evitando sea descubierta su propia incompetencia, que no su culpa. Pues cierto es que el dinero ha de llegar de Palacio y suele hacerlo bien despacio y siempre parvo. Pero la minoría socialista no da tregua a la recién creada Bolsa de Trabajo, Gómez-Limón reprueba su eficacia.

-Además alcalde, creo haberle escuchado que para repartir trabajo hay que justificar obras de urgencia. Yo le recomendaría que se dé una vuelta por el río. Ya verá que hasta le vienen escasos los azadones.

El socialista se refiere a la maleza arrancada de cuajo, a la arcilla pastosa que tiñe de rojo ambas riberas, ensuciando las calles de las casillas aledañas al Azuer y los acirates del Paseo del Carmen y alrededores donde no habita vecino que limpie los restos. Porque el agua se metió hasta el mismo pueblo la última semana de octubre. Lo que llovió al cabo de Feria fue un entremés. El plato fuerte irrumpió en descarga, no respetando el desenlace de la vendimia y siguió de continuo estando apiladas ya las capachas. Al menos diez jornadas de veinte litros el día que menos. Inundaciones que las viejas han mentado como las más terribles que recuerdan. Ha llevado todo noviembre y este tercio de diciembre arreglar los destrozos en los bajos de decenas de casas de las calles Manzanares, Jabonería, Nueva y Almagro. La mayoría de esos vecinos solo se ha podido permitir limpiarlas y parchearlas, muchas tirarán con las humedades hasta el apretar de los primeros calores. Pero lo habrían firmado de haberles extendido una pluma la tarde del 25 de octubre mientras veían desaparecer las aceras bajo el agua en tres padrenuestros.

Y no paran las desgracias, como si alguien se hubiera empeñado en que Daimiel salga del mapa. El alcalde opta por dosificar los males para hacer más adecuada la digestión de estas amarguras y deja la publicidad del caso para la última sesión antes de Nochebuena, así se cure todo con Villancicos. Pero la carta, remitida desde Madrid está en el despacho de Porfirio desde que esta mañana, abierta y leída, se la pasó Máximo López de Coca, el interventor.

 

Ministerio de Guerra                                                      Jefatura de Aviación Militar

 Madrid, diciembre de 1931

 Excmo. Ayuntamiento de Daimiel, por la presente este consistorio queda informado de que El Gobierno de la República ha decidido poner fin a toda actividad militar en el campo de aterrizaje instalado en su municipio. Esta medida implica no solo la cesión de las competencias de Aviación Militar, también la supresión de toda licencia, pública o privada, para hacer uso del aeródromo.

Este departamento considera que la instalación, en estos momentos, no ofrece el servicio suficiente para compensar el gasto que supone su mantenimiento.

En consecuencia, procedan ustedes a informar a los propietarios de que en breve recuperarán sus derechos sobre los terrenos y las obligaciones para soportar las cargas y responsabilidades que de su tenencia se deriven.

De esta misiva conocen tres, cuatro a lo más. Uno es Antonio Reneses Pascuarelli.  El alcalde ha visto oportuno comunicárselo en persona a quien tanto batalló por traer el aeródromo a Daimiel. Reneses ‘el reformista’ dejó su acta de concejal hace mes y medio, dimitido sin más explicación que los años acumulados en la política. Le ha dicho a Porfirio que no se puede retornar la carta al sobre y guardarla en un cajón sin más.

-Alcalde, si usted ha venido a contarme esto en exclusiva, cosa que le agradezco, será porque quiere mi opinión sobre cómo proceder. Bien –sigue Reneses tras un silencio que interpreta como un sí-  comunique lo primero la situación a sus compañeros en la próxima sesión y acuerden una contestación a Madrid.

-¿En qué términos Antonio? Porque usted convendrá conmigo que no se trata de una llamada a consultas o una hipótesis, sino una decisión en firme

-Eso tendrá que acordarlo, usted con la corporación. Solo le digo – endurece el gesto Reneses- que se escuden a la hora de redactar el pliego en que, si bien hoy el aeródromo carece de actividad, es seguro que el día de mañana puede constituir por su privilegiado emplazamiento una fuente de ingresos para esta ciudad.

 -Nos dirán entonces que acarreemos con los gastos –interviene el alcalde.

-Pues ahí es donde está la negociación. Mirad hasta dónde podéis tensar la cuerda. Dejad ver que en vuestra voluntad está prestar todo tipo de facilidades para que continúe la estación aérea. Y, por supuesto, la carta de respuesta que sea una avanzadilla. Estas cosas solo se revierten si se hablan cara a cara. Para tener una sola posibilidad de que te escuchen, auto y a Madrid.

Leer Capítulo V – Sangre en el frío
Episodio 2º. ‘ Nochebuena del 31’