Foto de Emilio Aguirre Moraga

La expropiación de Zacatena y el enemigo Carnicero (Cap.IX Ep.4º)

(episodio anterior)

Daimiel eligió a los diputados a Cortes sin poder determinarse cuánto pesó en cada papeleta tan recientes y peliagudos aconteceres, porque Daimiel votó lo de siempre. Tuvieron derecho a sufragio 9.023 personas y lo ejercieron dos terceras partes, tras guardar colas en los colegios desde las siete y media de la mañana y dejar todo resuelto antes del mediodía. Los socialistas sumaron 1.700 papeletas frente a los 4.300 respaldos a la candidatura antimarxista. En la provincia de Ciudad Real la victoria de los agrarios -marca manchega de Acción Popular- aunque no tan aplastante como en Daimiel, fue igualmente abrumadora: 82.326 votos contra los 39.387 socialistas. Luis Ruiz-Valdepeñas fue el tercero más votado.

El diputado Luis Ruiz Valdepeñas (Arch. Pedro M. Lozano)
El diputado Luis Ruiz Valdepeñas (Arch. Pedro M. Lozano Crespo)

El hijo de Lucrecio representará a nuestra tierra en Carrera de San Jerónimo, allí donde el Partido Socialista ha perdido la mitad de sus asientos. El abogado daimieleño tiene sitio reservado en la bancada de los ganadores, las derechas coaligadas en la CEDA de Gil Robles van a controlar desde sus puestos a las otras militancias de un parlamento absolutamente fragmentado. 21 partidos han obtenido al menos un escaño e ideológicamente España queda partida en dos mitades, tan iguales en número como antagónicas en proyectos de vida y fe.

Sin pensar o quizás pensando en que las elecciones estaban a la vuelta de la esquina, el ciudadrealeño Cirilo del Río ha perseguido con premura dejar su impronta en el compendio de hazañas republicanas que un día alguien glosará. El 8 de octubre, en el declinar de este gobierno, fue nombrado ministro de Agricultura llevando en su cartera la monumental Reforma Agraria. Natural de Castellar de Santiago y hombre de confianza del presidente Alcalá Zamora, estaba abocado a desligarse del cargo a mediados de diciembre tras la constitución del nuevo ejecutivo salido de las urnas. Sin embargo, Alejandro Lerroux ha contado con él y nada ha objetado Gil Robles.

Por si el crimen del Ayala no fuese bastante para satanizar al secretario de la Casa del Pueblo, durante los días de luto circuló la noticia de que Cirilo llamó urgentemente a Miguel Carnicero para activar los asentamientos de obreros en Zacatena. El mero rumor de la inmediatez del desalojo causó estupor en el Sindicato Agrícola Católico. Más que las consecuencias de la aplicación de la medida, les enerva la rendición, tener que doblar la cerviz ante el archienemigo líder de los socialistas. Tal es la jindama que el alcalde en persona hubo de intervenir desmintiendo la llamada del ministro. Pan para entonces, ya que tampoco había indicios de un receso en las intenciones expropiadoras de las tierras de la duquesa, sentenciadas desde hace meses.

La suerte de las nobles posesiones estaba echada. El 6 de noviembre, mientras Daimiel clamaba justicia por su joven mártir Ruiz de la Hermosa, el Consejo de la Reforma Agraria remataba en Madrid el plan para Zacatena sobre las bases de un estudio agronómico y forestal. A las ciento cincuenta familias agraciadas les habría de corresponder -a cada una- diez hectáreas de cereal y tres de olivar y vid. Y, entre todos, entenderse con cuarenta y dos yuntas. Además, para cada asentado, cuatro mil quinientas pesetas con que cubrir los gastos iniciales. La explotación de la finca conlleva entrar con el hacha en las quinientas hectáreas sombreadas por encinas. Los mejores ejemplares serían podados y las viejas descuajadas.

Se estableció que los trece arrendatarios y sesenta y siete subarrendados tendrían que cesar sus actividades al concluir el año agrícola, dejando paso a los campesinos inscritos en la Bolsa de Trabajo de Daimiel -controlada ahora por la derecha- o la Filial de los Trabajadores de La Tierra de la UGT. La ley contempla una excepción, la tierra podrá quedar a perpetuidad para quienes, hasta la fecha, hayan estado explotando durante al menos seis años una parcela no superior a las diez hectáreas de secano o un máximo de dos hectáreas de regadío.

Los futuros inquilinos habrían de salir de una cifra turbadora, 533, las familias registradas en el último padrón de Beneficiencia. Ergo el veinte por ciento de la población es oficialmente pobre. Distinto es que, entretanto, hayan permanecido en sus hogares a verlas venir. A la espera de ser bendecidos por la fortuna de la Reforma Agraria o, a lo peor, ser requeridos para la recogida de la aceituna han proliferado los superviventes. Quienes salen adelante tejiendo esteras de masiega y espadilla, cultivando las riberas abandonadas los dos últimos años o haciendo acopio de leña para colocarla a un precio generoso. Así se compensan también las malas cosechas de cereal y uva que han repartido menos jornales entre los temporeros.

Igual que se adjudican culpas a la caprichosa naturaleza se cae en la contradicción de achacar la depresión a las tretas socialistas. Desde la derecha se insinúa que el paro es una excusa, una ficción argüida por la Casa del Pueblo que en las recientes etapas de recolección instaban a varios centenares de obreros a dejar de trabajar para presionar para la subida de jornal. De “vividores” les califican.

A Miguel Carnicero y sus adláteres de momento no les calan el sambenito del lío gordo que se organizó en la pasada vendimia entre cosechadores y bodegueros. Los segundos dejaron pudrirse la uva varios días esperando que se rebajara el precio de la uva. Se quejaban de que el vino elaborado el año pasado fue de muy mala calidad por la escasa graduación y acabó en las vinagreras. El órdago terminaron ganándolo y lo pagado se ajustó más a las pretensiones de los bodegueros, algunos de los cuales tuvieron el detalle de cobrar por el alquiler casi la mitad que en 1932. Las primeras bodegas en abrir fueron las del Carmen y las Bilbaínas, luego les siguieron el resto. La vendimia se remató a trompicones y dejando cuentas pendientes porque los más modestos tuvieron que bregar duro cuando no regresar con la uva por donde habían venido, porque solo los compromisos presumían de tener garantizado el acceso a los tinajas.

No, a los socialistas no les hicieron responsables de la mucha uva, del poco espacio ni de la escasa gana de pagarla al precio exigido. Todo lo más, de querer cobrar unos jornales que los cosecheros consideraban abusivos. Eso sí, del cotilleo de la temporada no se libraron los jefes de la Casa del Pueblo. Los propietarios hicieron chanza de las treinta pesetas de multa al concejal Manuel Infante ‘Cabrerillo’ por hacer lo mismo que su gente denuncia, servirse de mujeres para recoger panizo o montar una cuadrilla de familiares para vendimiar lo suyo. “Pero ¿cómo hace eso habiendo tanto obrero parado como dicen?”, ironizan. Este es el panorama, no hay quien lo cambie. No se cobran todas las facturas, pero pasarse siempre se pasan.

Luego han copado mucha atención los indeseables que ni siquiera se molestaron en vendimiar. El 25 de octubre, grupos de bandoleros hicieron tierra quemada en varios plantíos del municipio. A la señora Águeda Espinosa no le entró una cuadrilla de cuatreros, fue un regimiento. Ochenta malhechores, ni uno menos. A pie y a caballo asaltaron treinta hectáreas del Pago de La Mancha desvalijando 10.000 kilos de uva. En Morriana el agujero a Pedro Córdoba fue de 2.000 kilos. No ha trascendido lo afanado a Federico Pinilla de su ingente patrimonio. Sí es de dominio público que los hurtos de enjundia se registraron a plena de luz, hecho que asaetea el crédito de los guardias rurales. Un espantapájaros sale gratis y hace lo mismo.

Casa de los Guardas de Zacatena. 30 de diciembre de 1933

El 11 de diciembre se dio existencia legal a las dos primeras comunidades de campesinos agraciados con un cachico en las posesiones expropiadas a la duquesa. Algo más de un centenar de familias; varias incorporadas a última hora tras rehacerse la lista por una denuncia de La Filial. La sección agrícola de la UGT reprobó la supuesta arbitrariedad del alcalde Briso y el secretario Urgellés en su cometido de acreditar a los vecinos con más derecho sobre las tierras. Era impensable que socialistas y ayuntamiento conciliaran amistosamente una relación de beneficiados.

Los colonos se han ido asentando desde la Purísima hasta hoy, víspera de Nochevieja. La inmensa mayoría son jornaleros, habiendo también cinco experimentados gañanes y dos pastores. En total, unas setecientas cincuenta personas. Padre, madre y entre cinco y seis hijos por familia.

Casa de Zacatena, principios del S.XX de 'Postales de Daimiel' de Joaquín Fisac (AMD)
Casa de Zacatena, principios del S.XX de ‘Postales de Daimiel’ de Joaquín Fisac (AMD)

A la casa del guarda de Zacatena le han arrebatado su aire noble, desprendiendo de la fachada principal el escudo regio. Nada le deben a los Borbones. A los representantes del sindicato agrícola católico se les cae el alma al suelo al advertir cómo los inquilinos han marcado el terreno desde el primer metro.

-No puedo soportarlo, me supera el asco. Lástima de tierras. En cinco meses se están comiendo los mocos.

-¿Te has fijado en el escudo?

-¿Qué escudo?

-Eso es, que ya no hay escudo. Les ha faltado tiempo para quitarlo.

-Por aquí, pasen por aquí -indica Enrique Noblejas de mala gana a los forasteros.

Este sábado, vencedores y vencidos se ven las caras en los confines del término municipal de Daimiel donde el Guadiana y el salitre del Gigüela escapan fundidos hacia el oeste. La noble casa del guarda a escaso medio kilómetro del molino harinero de Puente Navarro acoge a los fedatarios del traspaso de poderes.

De un lado Ricardo Fisac Ramo en nombre de su hermano Joaquín, apoderado de la duquesa de San Carlos. En su bando, una representación de arrendatarios del Sindicato Agrícola Católico. Manuel Ortega Carranza, Manuel Cejudo Calvillo, Enrique Noblejas, hermano del expresidente de la patronal de propietarios, y Romancillo Cejudo, enormemente afectado por entregar lo conquistado hace una década en aquellos viajes de cortejo a Madrid para arrancar de la señora Carvajal y Dávalos el privilegio de cultivar Zacatena.

En la otra esquina de la ruda mesa de encina, el alicantino Ernesto Sempere Beneyto y el ingeniero José Echeverría. Sempere, ingeniero industrial de carrera, acude como presidente provincial de la Junta de la Reforma Agraria, a la sazón, primer responsable de perpetrar las incautaciones. En la valija, su carné del Partido Republicano Radical Socialista, formación que preside en Ciudad Real, el PRRS de Marcelino Domingo y Victoria Kent, impulsor intelectual de la reforma del campo. Es por ello que Sempere acude a Daimiel a ejecutar la ley con tanto gusto como convencimiento. Carpe Diem. Le quedan dos tardes en su despacho. Es cuestión de días que deposite sus credenciales a los pies de la derecha triunfadora en las generales del 19 de noviembre. Gil Robles hizo presidente del Consejo de Ministros a Lerroux hace tres semanas y, aunque ya no se ve por dónde vagan izquierdistas y marxistas, a la duquesa de San Carlos nadie le libra de los aires frescos. Es la primera Grande de España en constatar que la República no es una chufla.

-Que conste en acta que mi presencia no demuestra conformidad con esta incautación. Hoy estamos siendo testigos de una confiscación anticonstitucional -expone Ricardo Fisac.

-Anotado queda. Este es el momento de que expresen su posición sobre los términos de compensación ¿algo que señalar al respecto? -pregunta Sempere.

-Sí, nos reservamos el derecho a aceptar o no las indemnizaciones. Sean por las mejoras útiles no amortizadas en estos años o por otros conceptos cuando sean definitivamente fijados -añade Fisac Ramo.

La representación oficial de la Junta sale para Daimiel con el fin de inscribir el acta en el Registro de la Propiedad. La misma lluvia que está entorpeciendo la recolección de aceituna, anega las calles bajas de Daimiel, las del centro principalmente. Es imposible avanzar sin resistencia por el canal veneciano que hoy es Méndez Nuñez. Los forasteros pasan el tiempo justo y necesario para despachar el papeleo. No está el ambiente para vinos.

Ernesto Sempere Beneyto.
Ernesto Sempere Beneyto.

“Del mal el menor”, buscan consuelo los del sindicato. Confían en que sean respetados los derechos de los casi ochenta arrendatarios que llevan más de seis años, aunque merme la superficie de sus parcelas. Todos ellos, los antiguos y los nuevos, constituirán una comunidad de campesinos que optarán por la explotación de la finca colectiva o individualmente. Zacatena tiene más de 2.000 hectáreas de buena tierra, ribera del Guadiana y unas 90.000 encinas, varias casas de labor y de guardas, palomares, gallineros y demás servicios. Hace tres años ofrecieron por la finca 2,3 millones de pesetas. En el tiempo en el que más depreciadas estaban las tierras llegaron a ofrecer dos millones. A la fecha su valor asciende a tres.

Puestos a desear, no hay porqué temer el fin del saturnal de cazadores en las lagunas y charcazas. Es de esperar que las célebres tiradas de patos se incluyan en las prerrrogativas republicanas. Ahí, no obstante quien tendría que perder es el Marquesado de Perinat, propietario de las que llaman “tierras con agua”, dos islotes -Olayos e Hinojos- en la madre del Guadiana a un kilómetro escaso río arriba de Puente Navarro. Al no tener utilidad para el cultivo, que los señoritos sigan gastando todo el plomo que quieran.

Así es, el extremo occidental de la cuña del término de Daimiel ha estado escriturado a la nobleza. En el caso de las “tierras con agua” del Marquesado de Perinat, 95 hectáreas entre ánades, masiega y enea para el esparcimiento propio y de egregios huéspedes que han paladeado cientos de sartenes de arroz con cangrejos. El vínculo de los Perinat con el Guadiana va para medio siglo cuando la marquesa María del Cármen Terry compró sendas islas en el paraje de Las Cañas para su hijo Luis en el que era considerado uno de los mejores cazaderos de Europa. Luis Perinat disfrutó todo lo que pudo, murió joven hace diez años dos meses después de concebir a su hijo Luis Guillermo, aquí mismo, en el frío invierno manchego. Al tiempo que, estando en la casa de la Isla de Olayos, la señora marquesa sufría las primeras angustias del embarazo, don Luis se mareaba consumido por el cáncer de hígado que le había detectado el médico de la familia, el doctor Gregorio Marañón. La muerte del marqués hipotecó para siempre los años de regocijo y júbilo. La viuda, Ana María de Elío y Gaztelu, apenas ha regresado una vez al año para darle una vuelta a sus posesiones, del resto se ha ido encargando el administrador familiar, el secretario francés Duanaux. La vigilancia contra furtivos y el mantenimiento de la casa es cometido del guarda Justo Escuderos. Siempre ha de estar presentable porque nunca se sabe cuando vendrá la señora y si alguna vez retornarán los invitados. Entre Justo y su esposa adecentan el chalé de planta con bajo que dispone de una escalera exterior desde la que se accede al piso de arriba, donde se abre un gran ventanal con vistas a la sierra. Justo acostumbra a remar hasta Olayos mañana y tarde pero no duermen en la isla. La familia Escuderos tiene su humilde morada en el otro islote, Hinojos.

31 de diciembre. Casa del Pueblo de Daimiel

-Toma, ahí la tienes, ni una coma le han quitado.

-Déjame ver… hum.. a ver qué tal les presta. No van a ser ellos los únicos en hablar.

Miguel Carnicero abre y despliega el periódico por la página 4. El Socialista le ha publicado una carta en la que no ha ahorrado calificativos para describir un daimiel sórdido y en descomposición.

No es posible pasar en silencio lo que ocurre en Daimiel. Desbordadas las pasiones y los odios de los elementos reaccionarios y patronales, secundados y alentados por las autoridades, cometen toda clase de atropellos, verdaderos crímenes de lesa humanidad, persiguiendo cruel y sañudamente a la clase obrera organizada que se resiste a doblegarse a sus tiranías […] pudiéndose afirmar que desde hace unos meses se vive en Daimiel en pleno régimen fascista, con toda su secuela de atrocidades, superando quizás en maldad y ensañamiento a cuanto cuenta la prensa del régimen en otros países de virus fascista. Desde el apaleamiento brutal, sin sanción, hasta el ametrallamiento por la espalda a los obreros que solicitan trabajo; desde los despidos a todo obrero asociado, hasta la negativa del médico de la beneficencia municipal al que votó a los socialistas. Da horror recorrer los hogares de los obreros sindicados de Daimiel. Familias enteras que no han comido pan en varias semanas, porque desde la siega se han negado los patronos a darles trabajo; muchas familias saliendo en caravanas por los pueblos pidiendo limosna. ¡ Hambre y miseria! En las obras municipales se prescinde ya de los obreros inscritos en la Oficina de colocación, colocando la Alcaldía solamente a los que votaron a las derechas […] Cuantas quejas o denuncias se han cursado al delegado de Trabajo y al Gobierno civil, han caído en el vacío, porque enseguida va el informe de Alcaldía negándolo todo […] la anemia y la tuberculosis están haciendo estragos entre los obreros perseguidos, en particular entre niños y mujeres. Se va cumpliendo el programa caciquil de no parar hasta que no se mueran todos de hambre. Cada víctima que cae es motivo de regocijo en el Casino señorial. Y es inútil protestar, cuando se puede, porque lo más corriente es burlarse. Pero ni aún protestar, porque los esbirros de la persona que usufructa la Alcaldía, el excoronel Briso de Montiano, organizador del fascio local, secundado por el resto de las autoridades locales y provinciales, tienen establecida tal vigilancia que ¡pobre del ciudadano que se atreva a murmurar la más leve protesta!”

El secretario de la Casa del Pueblo termina invitando en su carta a que una comisión se persone en Daimiel e investigue y se informe de todo lo que denuncia.

El Socialista

Nochevieja en el Hotel García

Esta noche los concejales y oficiales del Ayuntamiento obsequian con una cena íntima de fin de año al alcalde Briso. El menú de homenaje está servido por el gerente del Hotel García, Carmelo Maroto. Sopa de menudillos, merluza con mayonesa, pollo en salsa holandesa, fiambres, entremeses, postres, café, licores y habanos.

Concurren nueve ediles y los oficiales de secretaría, Ramón Naranjo, Aniceto García, José Garrido, Cándido Fogeda y Tomás Bueno, el depositario Raimundo Mauri, el Inspector de Policía Justo Fogeda, además de José Ruano y Jesús Pastor, amigos de Briso accidentalmente en Daimiel. Con los puros humeantes, el concejal Antonio Maján termina su laudatorio y todos aplauden.

-Gracias Antonio, gracias a todos. No podría agradecer con palabras la emoción que me embarga, las fuerzas que esta gala me ha dado y lo mucho que, sin saberlo, estáis haciendo por Daimiel. Esto no es para siempre, algunos de los que me escucháis, tú bien lo sabes -mira Briso a Maján- que este cargo consume. Llegará el momento, más pronto que tarde, en que tengamos que dejar el mando a los más jóvenes. Ciertamente -reflexiona el alcalde- cuando hace dos horas venía para acá, traía prácticamente decidido comunicaros mi renuncia, de hecho mis amigos saben que nos es fruto de un arrebato, está meditado…

-Ni lo pienses Ramón, tú eres el guía -interrumpe José Megía.

-Tu presencia es ahora más necesaria que nunca -interviene Ramón Yepes.

-Sin duda, no podemos darles ese gusto -tercia Victoriano Cejudo.

-Tranquilos, esta cena y vuestras palabras me dan aliento. He de aguantar hasta el final de mis fuerzas y he de responder a la petición de mis amigos. No pueden conseguir sus propósitos algunos cobardes calumniadores a los que verdaderamente les estorba la Alcaldía. No le voy a nombrar, no saldrá de mi boca porque su nombre no es digno de este lugar, pero no pararemos hasta que nuestros ojos dejen de verle como si de un vecino más se tratase.

Leer Capítulo IX  Episodio 5º  “Tanta gloria lleves… Y los jóvenes de derechas”

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