Foto de Emilio Aguirre Moraga

La caída de otro alcalde (Cap.X Ep.2º)

26 de abril de 1934. Iglesia de Santa María

-¿Y dice usted que pudo ser obra de los templarios? –pregunta quien fue bautizado como Fortunato.

-Son solo indicios, reverendo padre. A la vista están y dan rienda suelta a la especulación. No obstante, hipótesis se han elaborado acerca de esa pista y de gente muy respetable, no vaya usted a creer –indica el párroco Santiago García Mateos-. Cuando entre, fíjese en los capiteles de las columnas.

-Vaya, vaya, quizás tenga que venir más despacio.

-Sígame, vamos por este otro lado -rodean la iglesia saliendo del Parterre de La Libertad-. Observe, ¿qué ve? –inquiere el párroco, exponiendo al escrutinio del forastero el muro exterior del lado norte de la iglesia.

-Es la cruz templaria, un solo pie, dos brazos laterales…Interesante de veras, o fue cosa de ellos o hicieron devotos entre el vulgo.

-O más prosaico aún, que esa piedra no estuviese aquí en origen, porque los templarios pasaron cerca pero tres siglos antes. ¿Una piedra tan bonita no la pondría usted en su ermita si la hallara en el campo sin dueño? -atenúa la voz pese a encontrarse solos- Tenga usted presente que este es un pueblo al uso y, como tal, esconde sus envidias. Al bautizado en esta iglesia se le tiene como chucho y se envanece de presentar mayor abolengo por tal condición. Borregos llaman a los contrarios de la parroquia de San Pedro. Hijos de Dios, hermanos en Cristo, pero vecinos en el peor sentido de la palabra.

-Que, tal vez, sostiene usted, fue más cuestión de hacer gala de haber confraternizado con los templarios independientemente de cuál fuese la realidad.

-Piense que eso viste mucho y, a la vez, escuece a los de enfrente.

-¿Y usted a quién se debe? Le ha tocado ser chucho, claro.

-Me debo únicamente a la Santísima Trinidad. Soy forastero gracias a Dios. En fin –pausa el párroco- volviendo a lo de antes, de lo que no cabe duda es que esta iglesia es la joya del pueblo y así lleva siéndolo desde hace siglos -sostiene García Mateos conminando al visitante a retomar la misión que les ha llevado hasta Santa María-.  Bueno, vamos por la sacristía que es la hora. No será novedad para usted, pero sepa que no cabe un alma. Y no todas las que están van camino de salvarse.

No es corriente contemplar la espaciosa Iglesia de Santa María La Mayor sin medio metro de respiro entre cuerpo y cuerpo. No siendo el día de la Virgen, alojar dos mil personas en el templo es circunstancia sobresaliente. Sus cuatro recios pilares dominan una nave atestada de público ávido de palabras reconfortantes. Desde el ábside al altar, un fogón de calor humano arrebujando a uno de los más solicitados oradores y alma máter de la Adoración Nocturna. En sus once años de labor pastoral, hasta cuarenta mil adoradores ha sumado el reverendo padre Gonzalo Barón. Muchos son de Daimiel, hombres notables en el conspicuo orbe de las fuerzas vivas de este pueblo.

Ingresa el invitado por la sacristía y alcanza el púlpito abriéndose paso casi a empellones ¿Es acaso una locura semejante expectación? Tal vez, pero locura compartida por toda la geografía española. La que genera una mente preclara. Cura locuaz pero no exacerbado, sabio pero no fatuo. Adquiriente de una prédica que le ha llevado a empatizar con comunistas y anarquistas en un bulevar de comprensión recíproca.

Las autoridades se acomodan en las primeras bancadas. Una decena de concejales y el alcalde en el penúltimo espacio de la hilera izquierda, junto al pasillo, en el lugar de los varones. Es su primer acto en calidad de regidor, solo unas horas después de ser designado en sustitución del dimitido Ramón Briso de Montiano.

Cinco días antes, salón de sesiones del Ayuntamiento

-No les estoy pidiendo que acepten mi renuncia ya que la ley me faculta a presentarla cuando lo estime oportuno por el triste privilegio de mi edad -argumenta Briso de Montiano- He alcanzado un año en el cargo pese a que mi propósito no era estar al frente tanto tiempo. Doy las gracias a todos los concejales y principalmente a los tenientes por la cooperación que me han prestado sin la cual no hubiese sido posible desenvolverme al frente de la Alcaldía. Gracias también a todo el personal de la casa y a los señores que desde fuera de la corporación con medios eficaces pusieron de su parte para conjurar la miseria.

Don Ramón expele amargura en su despedida y no puede evitar aludir al daño ocasionado a sus propiedades. Doscientos olivos descuajados o tronchados en Las Mozas, finca con solera en los márgenes del Guadiana. Que haya sido víctima del ultraje el primero de los daimieleños ha multiplicado la indignación en el vecindario. Ahora recuerdan cómo hace un año el imperial Sindicato Agrícola que aúna a los propietarios propuso al consistorio que el servicio de policía rural pasase a manos de la Guardia Civil, incompetencia que a estas alturas sigue ostentando la Guardería Municipal. El consuelo para el excoronel de Artillería es que han sido apresados los presuntos responsables, José María Arboleda y Julián López-Tercero. El pesar que corroe a Briso de Montiano es que su retiro y los tiempos republicanos le inhabiliten para pasar revista en persona a los granujas.

-Gracias finalmente a la generalidad de los obreros que han sufrido con paciencia la crisis de trabajo -concluye el alcalde saliente.

-Por la parte que me afecta, reciba mi agradecimiento -replica el socialista Gómez-Limón.

Ramón Briso se levanta, ocupa un escaño vacante y en la Presidencia se sienta el primer teniente de alcalde.

-Conste en acta el sentimiento que produce a la Corporación esta dimisión -interviene Ernesto García-Muñoz-. Pido a todos mis compañeros un voto de gracias al señor Briso por haberse sacrificado por el pueblo en todo momento. Si no ha tenido el fruto a que aspiraba, no ha sido por falta de entusiasmo y buena voluntad.

Aplausos de la corporación y no tanto desde las sillas reservadas para el público donde se hace notar la ausencia de muchos de los habituales a las sesiones. Los jóvenes derechistas estarán a esta hora regresando de Madrid. Nutrida representación daimieleña entre las decenas de miles de mozos congregados en el Real Sitio de San Lorenzo del Escorial donde ayer se clausuraba el Congreso de Juventudes de Acción Popular. En la explanada del monasterio, transigiendo una intensa lluvia serrana, vieron a su líder a cabeza descubierta, desdeñando los paraguas que se le ofrecieron. Calado hasta los huesos, apaciguando las peticiones de asalto al poder, José María Gil Robles les rogó paciencia, todo a su debido tiempo.

El nuevo regidor

Doce votos a favor y uno en blanco. No hay contrapunto a la unanimidad. Sin ediles socialistas en sus bancadas, sin noticias de Antonio Almela y con Díaz Salazar (Izquierda Republicana) de permiso.

-Gracias a todos los señores presentes por mi designación, me hago cargo de las difíciles circunstancias en que me posesiono del mismo y quisiera destacar la gran labor realizada por mi antecesor. Les pido -continúa Eusebio Camino- me presten la ayuda necesaria en el desarrollo de esta misión.

-Permítanme que decline elogios tan inmerecidos. Respecto a lo que haya de venir, aquí me tiene señor alcalde para asistirle en tan ingrata tarea -interviene el regidor saliente.

-En nombre de la minoría conservadora -el maurista Pantaleón Pozuelo también ha sufrido esa butaca-, nos resulta muy satisfactoria la elección del señor Camino por tratarse de una persona cercana al pueblo. Además, al ser miembro del Partido Radical, mientras siga ostentando ese carácter republicano –desliza irónicamente sus críticas a los vaivenes ideológicos de la formación de Lerroux- le presto mi apoyo y me pongo a su disposición. Reciba mi enhorabuena.

– Yo quisiera expresar igualmente mi conformidad y la de la minoría agraria -completa los elogios José Megía-. Me adhiero a las manifestaciones anteriores y le ofrezco mi cooperación para todo cuanto pueda serle útil.

-Agradezco nuevamente todos estos halagos que no puedo recoger ahora. Les pido que los reserven para el final de mi actuación cuando vean los resultados de la gestión hecha es cuando puedan tener cabida, pero ahora no.

alcalde Eusebio Camino (1934)
alcalde Eusebio Camino (1934)

De vuelta en Santa María. La charla de Gonzalo Barón

A Eusebio Camino no le ha dado tiempo a sentirse atosigado por sus responsabilidades. El compromiso de hoy es liviano, de los que se cumplen con gusto. Si hubiere voces de desaprobación, ni ahora es tiempo, ni es lugar la casa de Dios. No sería por falta de sospechosos. Entre los más de dos mil asistentes que abarrotan la iglesia los hay obreros que rara vez confiesan y jamás comulgan. Casi todos votan derecha, como es signo de este pueblo, pero algún rojo se ve al fondo. Curiosos o resilientes, confiados en que el Altísimo también les va a amparar a ellos.

-Al ser interrogado por el Señor acerca de su hermano, respondió Caín: “¿Por ventura soy yo su señor y custodio?”. Hoy también hay dos caínes, el rico que pregunta ¿qué se me da a mí de mi hermano el pobre?, mientras el pobre repite las mismas palabras con respecto a su hermano el rico. Todo esto proviene del egoísmo que produce este malestar social en que el hombre ha perdido lo que tiene de hombre quedando sólo la fiera, porque ha extraviado la caridad de Cristo. Como en la Roma de Espartaco, de una parte el ejército de los pobres, de otra el de los ricos, los poderosos. Unos y otros se organizan hasta que, de común acuerdo, se lancen a una lucha que empapará en sangre los últimos rincones del globo. Y esta, que no llamaremos ya cuestión social sino desquiciamiento de la sociedad, tiene por causa el hambre. En esta época en que se entonan himnos a libertad y a la fraternidad, en estos tiempos de democracia hay quien tiene hambre, hay quien se muere de hambre. Hambre que se traduce en desesperación en los hogares obreros.

Algunos chasquidos de dedos y gargantas que carraspean nerviosas. Los parroquianos no saben si despejar las exhortaciones por ser reproches o recibirlas como un consejo. El orador riojano habla de la maldición de Dios traducida en sequías, escasez de cosechas y enfermedades.

– Pero hay otro motivo. El paro obrero. Antes se hablaba de jornales de hambre, y se condenaban con mucha razón, pero hoy es algo más terrible. Hoy no hay jornales de hambre, sino hambre de jornales. En esta locura de la humanidad, cuando no hay trabajo, aun nos permitimos decir que no queremos trabajar y declaramos huelgas ilegales. Los pensadores modernos, al decir que no existe Dios, piensa el rico que el pobre no es un hermano mío y no debo preocuparme de su miseria. El pobre piensa que, puesto que Dios no hay, no es hermano del rico, y le maldice y conspira contra él. El rico es una fiera harta y el pobre una fiera hambrienta, y el mundo se convierte en una terrible lucha entre fieras. Mientras no venzamos el egoísmo no remediaremos la cuestión social. Y el único camino es la caridad cristiana que no debe confundirse con la filantropía, ese falso y ridículo diamante. El rico debe conocer al pobre y auxiliarle, porque debe ver en él a Jesucristo y el pobre deber ver en el rico a un hermano. Sólo en Jesucristo se encuentra la solución.

Las palabras del reverendo padre terminan por aflorar las lágrimas de muchos asistentes a la oratoria. Otras cuatro charlas aguardan en su visita programada a Daimiel. Gonzalo Barón no tiene mayor prioridad que proseguir su cruzada contra la demolición de los valores cristianos. Daimiel ansía escuchar su elocuente defensa de la familia tradicional; inquirir a las mujeres que no se dejen secuestrar de sus tareas del hogar para viciarse en la política.

Gonzalo Barón
Gonzalo Barón

 

La vida sigue

En Daimiel hay otro cura de menos fama pero mayor obra. Un servidor sin grandilocuencia, de brega diaria, que no echa un velo si la injusticia aporrea la puerta del pobre o, como es el caso, profana la morada del Señor. Don Tiburcio, jurisconsulto sin rédito, ha visto cómo sus reclamaciones han sido ninguneadas por la administración municipal. Sin previo aviso a la parroquia de San Pedro, el ayuntamiento ha emprendido obras en el atrio de la Iglesia para la construcción de un bar y un depósito de agua adjunto. Don Tiburcio, enterado de las intenciones, había solicitado la suspensión del levantamiento de este nuevo quiosco. Primero, por ser terreno de la iglesia; segundo y más doloso, por existir en el mismo, restos humanos aparecidos durante las excavaciones pertinentes para la cimentación. Los osarios no exhumados del antiguo cementerio tendrán sobre sí tierra removida y una estructura de mampostería, lo máximo que se ha avenido a ceder el ayuntamiento.

Punto y seguido es el rompecabezas de la enésima cuita de insalubridad. Sanidad Provincial tiene para su estudio cómo poner fin a las filtraciones en pozos de los vecinos del Castillo, cuyas aguas se encenagan con las escurriduras de los molinos de aceite sitos en las calles Jesús y Luchana. Y, a todo esto, el pan crudo. Lo han denunciado los socialistas hasta el punto de motivar el envío de una comisión municipal para inspeccionar las tahonas a fin de cotejar si las cuentas les vienen cuadrando mejor racaneando leña o saltándose la ordenanza que obliga a que el kilo de pan pese eso, un kilo. Resulta tras las pesquisas que la tahona Hijos de Ayala y Juan evidencia falta de higiene; empezando por la inquietante tina sobre el basar, llena de mendrugos y curruscos mojados. Al ser preguntados por el concejal Yepes, los obreros-en presencia del inspector de Policía- han dicho desconocer la procedencia de esas sobras de pan duro; cuestión baladí si no fuera porque acto seguido sí han reconocido que tales restos entinados resucitan en una nueva mezcla con candeal.

El agua es vida, el pan como unas tortas y la Virgen agasajada en procesión como siempre. Como siempre que le dejan. En el Casino, el más noble de los mentideros de la Plaza de la República, refieren esto, aquello y lo de más allá. De esto último, el pesar por la batalla perdida en Florencia.

Pese a que este país acumula más décadas de lo aconsejado haciendo acopio de derrotas, la padecida en la bella Toscana ha zaherido el orgullo nacional y redoblado la sensación de ser el nuestro un lugar dejado de la mano de Dios, con independencia del jaez de la contienda. Leen con aflicción en el Casino de la Armonía que en la infausta tarde de ayer, primero de junio, la desvergüenza arbitral cercenó de raíz el imperial caminar de España por el campeonato mundial de Italia. Ha caído la selección en cuartos de final en un doble duelo viciado por los tejemanejes de Il Duce. Nuestro temible equipo, capaz de bailar ante el asombro del mundo al Brasil de Leónidas, la maravilla negra, ha sido expulsado del torneo por los anfitriones. Han sido emboscados por el calcio de los súbditos de Mussolini. Viajan de vuelta con las espinillas amoratadas y las camisolas teñidas de solferino.

Embravecidos por su triunfo ante los sudamericanos, arrancó anteayer España con talante campeón, sin dejarse amedrentar por las huestes transalpinas alineadas en el terreno de juego y en las gradas. Treinta y cinco mil gargantas enfervorizadas enmudecieron de súbito cuando Luis Regueiro marcó un señor gol a la media hora. Pero al cabo de los abrazos expiró el fútbol y nació el esperpento de agarrones, patadas, empujones y puñetazos. El recital de trompazos alcanzó el cuerpo de Ricardo Zamora. El Divino fue arrasado en el área pequeña, quedando la meta expedita para que Ferrari fusilara. Solo aduciendo una ceguera transitoria puede librarse del purgatorio el infausto belga Baert.

España resistió otros cuarenta y cinco minutos pero terminó cuarteada. El flamenco toleró una carnicería perpetrada por estos bersaglieri disfrazados de futbolistas. En las filas ibéricas quedaron siete incapacitados para saltar al campo e intentar superar ayer la eliminatoria en el partido de desempate. Entre las bajas, Zamora, en su primer día de todo un mes de convalecencia para sanar dos costillas rotas.

Si el belga Baert merece condenarse en el infierno, a su compadre suizó René Marcet –un tifoso con silbato- le espera el cadalso. El barcelonista Nogués ha defendido con hombría la puerta española, pero no pudo evitar ser conducido al mismo calvario que el grandioso cancerbero madridista. Él también encajó un gol ilegal cuando Guata se le subió a la chepa y la figura local Giuseppe Meazza remató a placer. El esférico acunado en las mallas solo certificó el óbito. En el tránsito agónico, dos tantos legales anulados a España y las palizas indiscriminadas de Monti a todo el que vestía de rojo. Un brutísimo de ascendencia argentina, apodado ‘Doble Ancho’ que apuntilló a nuestra escuadra. Liquidó a Bosch, el octavo lesionado, mientras en la cávea del florentino Stadio Comunale Giovanni Berta el público jaleaba la masacre.

image

Un comentario sobre “La caída de otro alcalde (Cap.X Ep.2º)”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>