Foto de Emilio Aguirre Moraga

Joaquín Pinilla se echa a un lado (Cap.III Ep.3º)

(episodio anterior)

Faltan once días para las elecciones parciales, pasan cuatro desde la dimisión de los ocho concejales monárquicos. Hace veinticinco horas que se ha parcheado el equipo de gobierno repartiendo las tenencias de Alcaldía vacantes. Este miércoles 20 de mayo hay nueva sesión extraordinaria a la que no asiste el primer edil. Ejerce Vicente Aldea ‘Noteme’ como primer teniente dando paso al secretario municipal Ramón Urgellés para que lea una sucinta carta suscrita por Joaquín Pinilla.

Estimados compañeros del ayuntamiento de Daimiel, me veo obligado a presentar la dimisión como alcalde apelando al sentido de la responsabilidad que siempre he procurado alimentar. Mis problemas de salud hacen incompatible las dolencias y el tratamiento que he de seguir con la ardua tarea que implica el desempeño de la función municipal desde el más honorable sillón. Adjunto informe médico donde se especifican las recomendaciones del doctor.

Esta decisión, aun siendo dolorosa, es irrevocable. Me ofrezco incondicionalmente a todo cuanto pueda serles útil.

Afectuosamente les saluda
Joaquín Pinilla Chacón

Enterados todos, se hace constar en acta “el sentimiento que produce dicha dimisión de persona que en cada momento puso los intereses del pueblo por encima de todo y fue un ideal en engrandecimiento del mismo”.

Dos sesiones más pasan hasta el día de las elecciones. Vicente ‘Noteme’, consciente de su provisionalidad las liquida rápido. Apenas se aprueban unas facturas por antipalúdicos y la víspera de los comicios, 75 pesetas de gratificación, todo un salario, para ‘Mataperros’. Mariano Rodríguez Barbero obtiene el premio al mejor guarda rural.

Mataperros y el resto de sus compañeros del campo no rondan los encinares este domingo y a fe que lo agradecen porque han estado trece días tragando polvo sin descanso. Han empalmado dos semanas de tajo, el domingo pasado fue la romería de Pentecostés y no cesaron de vigilar el entorno de Las Cruces por si los malos vinos. Hoy se han quedado de paisanos velando las calles por si hubiere que asistir a los guardias urbanos en el buen desarrollo del proceso electoral. Daimiel amanece en paz y no se advierten revoltosos. En los colegios -casas particulares alquiladas para la ocasión- hay papeletas para todos los gustos. Por un lado los partidos que se integran en una conjunción denominada ‘Republicanos’ y por otro el Partido Socialista que va por libre.

La agrupación ‘Republicanos’ obtiene cinco concejales. Bajo las siglas de la Derecha Liberal Republicana de Alcalá Zamora son elegidos Pantaleón Pozuelo -el más votado- el contratista del Estado Adrián Lozano, el maestro albañil Ramón García Muñoz Fernández de Yepes y el maestro nacional Antonio Maján. El comerciante Antonio Almela Hernández obtiene concejalía en el seno del Partido Radical Socialista de Marcelino Domingo, la más izquierdista de las formaciones coaligadas. Por parte del PSOE serán ediles Lorenzo Gómez-Limón, Félix López Casado y Manuel Infante Ruiz de la Hermosa. Esta terna es una isla en una corporación que sigue dominada por la derecha y parte muy representantiva del capital daimieleño.

                                                       3 de junio

Son las once de la mañana. Por primera vez tres obreros ocupan lugar de privilegio en el salón de sesiones. En unos minutos van a recoger sus credenciales tres representantes de la Casa del Pueblo, imposible de aventurar ocho semanas antes. Dirige el acto de constitución del Ayuntamiento Juan Vicente López-Menchero, el concejal de más edad. Poco más tiene de especial el proceso, solo conocer el resultado de las votaciones.

-Atiendan señores. Habiendo obtenido mayoría suficiente de quince votos, queda proclamado alcalde de Daimiel el señor don Pantaleón Pozuelo García Muñoz- anuncia López-Menchero quien había quedado segundo con seis apoyos.

A continuación, se procede a la elección de tenientes de alcalde siendo el primero Adrián Lozano, Antonio Maján cuarto y Félix López Casado quinto. El segundo y tercer teniente alcalde proceden del antiguo régimen. Uno es Porfirio Rodríguez quien en la necesidad de buscar siglas a las que adscribirse parece comulgar con Acción Nacional, el partido fundado el 29 de abril por Herrera Oria cuya principal seña es su confesionalidad católica. El tercer subalterno de Pantaleón es Antonio Reneses.

A Reneses algunos lo ven como un prohombre. Un señor audaz y resuelto que en los tempranos años 20 batalló corajudo por traer el aeródromo a Daimiel. Se erigió de hecho en el más firme promotor de su instalación. Pleiteó en la administración y litigó en artículos de prensa contra otros municipios aspirantes como Ciudad Real que terminaron rendidos a la evidencia de nuestros campos abiertos y llanos, estratégicamente tendidos en la ruta de Madrid al sur. Aún se recuerda aquel alegato publicado el 20 septiembre de 1921 en ABC glosando “las condiciones excepcionales que presenta Daimiel para la implantación del aeródromo”. Aunque a Antonio Reneses estos aires frescos le han pillado un poco maduro y cascado, se resiste a ser engullido por la modernidad. Si es necesario hará el camino contrario, de conservador a progresista con el pasar de los años. Como tiene pan para este mojete, determina verlas venir en este primer ayuntamiento multicolor, ya tendrá tiempo de recular para retirarse a su espléndida morada de la calle General Espartero, la de esmaltada fachada de azulejos verdes cuyo mayor inconveniente o ventaja, según se vea, es tener enfrente la cárcel del partido judicial.

Casa de Antonio Reneses Pascuarelli
Casa de Antonio Reneses Pascuarelli

Recién nombrados los cargos de la corporación acontece el primer contratiempo. El socialista López Casado renuncia a ser teniente alcalde.

-Compañeros, observo que no parece se tenga mucha intención de atender los deseos de la clase trabajadora pese a que las urnas nos hayan dado un voto de confianza. ¿Cómo pueden ustedes pretender fijar la hora de los plenos los jueves por la mañana? Ni siquiera la segunda convocatoria en la matinal del sábado permitiría a obreros como yo y mis dos compañeros cumplir con la misión que nos ha encomendado el pueblo, a no ser que queramos el sufrimiento de nuestros estómagos y el de quienes dependen de nuestro jornal. Pero les digo más. Esto es un acto público en el que por fin algo tendrán que decir quienes nunca han sido escuchados. Hay compañeros -aclara López Casado- a quienes les gustaría asistir a nuestras sesiones, si puede ser, después de recoger la herramienta. Es por ello que solicito a este ayuntamiento se fijen los plenos los sábados a partir de las nueve de la noche. En nombre de la representación socialista pido que se vea la forma de solucionarlo.

-Yo no estoy de acuerdo- interviene Santos Morales.

-¿Las nueve de la noche? Esa es hora de familia y no de política- acude Porfirio.

-Les digo -vuelve a la carga López Casado- que, como el tiempo libre no se ha distribuido en partes iguales, más nos pesará a nosotros renunciar a esas preciadas horas de asueto pues no andamos sobrados de ellas los de mi clase. Solo dos motivos explicarían una negativa a nuestra demanda, que algunos no comprometan la misma dedicación al servicio público que los socialistas sí estamos dispuestos a empeñar o, simplemente, que les incomode en este salón nuestra presencia y la de quienes nos arropan.

-Tranquilidad para empezar- media López-Menchero-. Considero que se puede y debe armonizar todos los intereses de los señores concejales. Propongo como hora más adecuada la de las siete de la tarde.

-Se trata de encontrar una hora que no implique la total ausencia de la representación socialista por la posibilidad de perder el salario que es base de su sostenimiento- afirma Antonio Maján. ¿Qué opina señor alcalde?

-Yo me sumo a la propuesta de las siete de la tarde. Se ajusta mejor a las demandas de unos y otros.

Y así se aprueba. Las sesiones se fijan para los jueves a las siete de la tarde o los sábados en segunda convocatoria a la misma hora. El pleno concluye con Pantaleón dando la bienvenida a Tomás Briso de Montiano Lozano que esa mañana ha tomado posesión como juez municipal.

-Ahí te dejo el toro, sobrino-  le dice Vicente Aldea a Pantaleón.

- Tío, sabe usted que no valdrá con cuatro trapazos mal dados- responde el flamante alcalde con inesperada seriedad  al comentario desenfadado de su tío ‘Noteme’. Casado con María Josefa Pozuelo, hermana del padre de Pantaleón

Vicente Aldea se ha quitado el morlaco municipal de encima -ni lo buscaba ni le correspondía-, igual que de mozo despejaba peligros con su muleta. Porque ‘Noteme’ fue torero. De ahí le viene el apodo. Vicente Aldea se granjeó un nombre en la provincia. Su temporada decente fue la de 1902, alternando el estoque con las banderillas en novilladas muy modestas.

Vicente 'Noteme' a principios de siglo.
Vicente ‘Noteme’ a principios de siglo.

Ahora, con 53, solo se arrima a la política local y al teatro. Es miembro de “Los Amigos del Arte”, compañía fundada en 1923. De lo que vive Noteme es de regentar el comercio más grande del pueblo. Todo lo hayas bajo los soportales de La Plaza. Cubiertos, tarros, sartenes trípodes y trévedes, calzos para sujetar los pucheros, herramientas en general. También muñecas, plumieres o juguetes de madera decorados con anilinas de colores chillones.

Salen por la puerta los concejales, abriéndose paso entre el nutrido grupo de obreros. No han querido perderse lo nunca visto. Los tres ediles socialistas se confunden entre sus compañeros mientras charlan, dando vueltas al templete.

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Leer Capítulo III – Los primeros socialistas
Episodio 4º.  Vicente Noblejas y el sindicato agrícola

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