Foto de Emilio Aguirre Moraga

La Patrona no se toca (Cap.IV Ep.4º)

                       

(episodio anterior)

13 de agosto

Con la encomienda de recortar gastos, un par de concejales inspeccionan si los pobres son merecedores de las medicinas que tanto cargan las cuentas municipales. Mediado agosto, 65.000 pesetas quedan en la caja; en una sola caben los fondos. Apurado como nunca, el ayuntamiento solicita a la Diputación hacer uso de una décima parte de la contribución para salir a flote y, de urgencia, medio millón de liquidez para dar trabajo en obras al avispero de parados que cada mañana se enjambra a la puerta del consistorio, antes de que unos cuantos en nombre de la república le peguen fuego a algo que arda. Esto último viene quitando el sueño a los propietarios; los más pudientes se citan con el alcalde.

- Así lo veo yo -habla Filiberto Maján- les damos trabajo en el arreglo de calles y caminos y, acabando, a los parados más necesitados nos los repartimos equitativamente conforme a la lista de contribuyentes.

- Ante todo hay que conocer la extensión real del paro y el estado civil y medio de vida de los parados, con preferencia claro para padres de familia que no hayan trabajado últimamente en explotaciones agrícolas -explica otro del ala conservador.

Pese a las intenciones de los patronos, nada se ha concretado en estos días de canícula, de tardes abrasadoras hirviendo las cabezas de hombres sin quehacer. Este jueves -a dos días de la Asunción- bien se aprieta de vecinos el salón de plenos. Muchos no han podido pasar y lo paga Julián el portero. El precario funcionario traga y retraga tabarra. Aguanta al borde del sofoco a un pelotón de obreros armados, dicen, de razones. Tanto interés tiene el pueblo llano por este nuevo tiempo de incertidumbres -porque en ello les va el futuro- como desapego evidencian buena parte de los ediles derechistas, los heredados del antiguo régimen que no han hecho por cumplir con la obligada asistencia. Y va siendo costumbre lo de veranear a las horas del pleno. Empero sí está el alcalde.

- ¡Asunto Feria y Fiestas en honor a nuestra patrona la Virgen de las Cruces! -anuncia López Menchero medio a voces para acallar la cháchara- Moción de la minoría socialista, señor Casado tiene la palabra.

- Gracias, señor alcalde. Den una vuelta por la plaza. Mañana, pasado o al otro. Parece la salida de misa. Pero no, no están de fiesta. Ya les gustaría, pero no. Y tampoco creo que tengan mucha gana de ella. Y celebrar en esta feria –hace una mueca- me dirán lo que van a celebrar. Lo que la minoría socialista pide no es que les llenen la despensa de pan, no habría para tantos; es un ruego más modesto pero también más humano -se pausa y fija la vista en las anotaciones para ajustarse a la letra de la moción-. Solicitamos se distribuya entre ancianos e impedidos un socorro con las cantidades consignadas al presupuesto para funciones religiosas y actos de esta índole -continúa- incluso incrementándose con una suscripción voluntaria entre el comercio, industria y vecindario. Y que la Policía… -un estallido de aplausos interrumpe al concejal; se escucha algún hereje mentando a la Virgen-  y que la policía, repito, haga la oportuna lista de quienes se consideren con derecho a ello

- Gracias alcalde -toma la palabra Antonio Maján- yo no me opongo a que se dé la comida a los pobres, incluso en mayor cuantía si es factible, pero teniendo en cuenta que Daimiel es católico y muy amante de su patrona, no puedo ver bien que quede suprimida la que ha sido una costumbre de tiempo inmemorial, el sufragarse dichos gastos por el ayuntamiento. Es peligroso tocar esto porque por menores motivos como recordarán ustedes -mirando a la terna socialista- en época no muy lejana dio lugar a serios disturbios. Como representante del pueblo sometamos a votación este asunto.

- Yo también represento a un sector de la ciudad -retoma López Casado entre opiniones divididas de un respetable cada vez más alterado-, esta moción no debe verse como un ataque a las creencias religiosas, solo recoge lo que es general en todas partes.

Las afiladas palabras dan paso a un furioso debate en el que polemizan la mayoría.  Al cabo de un tiempo se disipan las inquinas que, sin embargo, dejan marca.  Del arrebato sale aprobada la moción, pero el precio se paga en la calle, donde sí prende el conato. Medio centenar de izquierdistas increpan al concejal que minutos antes había hecho bandera de la tradición.

-¡Muerte a Maján! ¡Muerte a Maján!- gritan amagando al edil que sale acompañado de seis guardias urbanos y cogido del brazo del capitán de la guardia civil que le protege hasta la misma puerta de casa.

Las noticias han llegado a Ciudad Real. A la mañana siguiente el nuevo gobernador Luis Doporto, radical socialista, se monta en el coche oficial camino a Daimiel. En tres cuartos de hora está subiendo las escaleras de la casa consistorial donde hace rato le esperan tres mandamases del sindicato agrícola y sus contrarios de la Casa del Pueblo. Los saludos, fríos y parcos, son propios de personas que nunca se han visto y que, desde luego, hoy no se juntan para una boda. Durante unos minutos, los justos y necesarios, escucha el señor Doporto las exposiciones de ambas partes sin traslucir que la decisión estaba tomada desde la víspera cuando, anocheciendo, al otro lado del teléfono el alcalde López Menchero le espetaba “… gobernador, es más por lo que pueda pasar. La gente necesita que la autoridad superior le diga lo que ha de hacer. Señor, yo lo veo como un problema de orden, del que a la corporación nos haría mucho bien mantenernos al margen”.

-Bien, parece que las cifras de necesitados que me presentan son incuestionables -media Doporto tras sendas intervenciones-. Así las cosas, creo que los propietarios estarían en condiciones de aguantar el peso de 500 obreros estas seis semanas que quedan hasta la vendimia. El resto de los parados sean 150 o 200 se han de repartir en distintas obras públicas del ayuntamiento y no se preocupen que en unos días dispondrán a tal efecto de la décima parte de la contribución -intenta tranquilizar el gobernador a sabiendas que es solo pan para hoy-.

Al cuarto de hora, Doporto se encuentra en el escenario del Teatro Ayala. Le han pedido ambas partes en el Ayuntamiento que, aprovechando la visita, hiciese el favor de comunicar en persona la decisión a los afectados; que de su boca será más convincente. Trescientos amos y jornaleros han escuchado con distintas preocupaciones los juicios de la autoridad quien se viene arriba al rematar su perorata, para que conste quien manda.

El Pueblo Manchego, 15 de julio de 1931
El Pueblo Manchego, 15 de julio de 1931

- Hay que respetar el imperio de la ley,  sin perjuicio de reclamar ordenadamente todo aquello que en justicia se le deba -advierte mirando al gallinero y a los grupos de obreros que atestan el vomitorio- No quisiera dejar de ser amigo y compañero y tener que utilizar los resortes para el mantenimiento del orden social. Y vosotros patronos -baja la mirada hacia las primeras filas- en 48 horas no debe haber parado alguno. Y dicho queda, a 3 pesetas y 25 céntimos el jornal, ni una más ni una menos.

Cuatro días después

Aún está sin definir el destino de los obreros y el límite expira a las seis de la tarde. El vicepresidente de los patronos, presidente del Casino y concejal no electo, Manuel Álvarez, opina que es un compromiso de honor cumplir la palabra dada, otro, apostilla que además es cuestión de altruismo.

-Bien, recogemos por tanto los términos del acuerdo – habla Vicente Noblejas acallando los corrillos- Un obrero por cada 50 pesetas de contribución rústica, excluyendo a quienes paguen trimestralmente menos de esta suma. Y, con similar urgencia -continúa el presidente de los agrícolas-  hay que reconstituir  la Junta Local del Paro con representantes del Sindicato Agrícola, la Casa del Pueblo y Artes o profesiones liberales. Yo mismo me encargaré de telefonear al gobernador para trasladarle que el problema está resuelto.

Al final, prospera la propuesta que a última hora ha incluido el bodeguero Ángel Herrero Llanos. Perito mercantil, tiene el emprendimiento en la sangre y sus raíces en el pueblo palentino de Villarramiel donde nació en 1876. Cuatro años después su familia emigró a Daimiel siguiendo los designios del abuelo Anastasio.

La plaga de filoxera en Francia y Alemania, había puesto a La Mancha en el objetivo de los productores vitivinícolas. En Daimiel -limpio de afecciones y próspero en agua- Anastasio elaboró y suministró vinos, alcoholes y holandas. Uno de sus caldos fue premiado en la exposición universal de París de 1889. El patriarca de los Herrero fue adquiriendo fincas al ritmo del nuevo siglo. Para 1917 era capaz de producir hasta 60.000 arrobas de vino. La maquinaria montada en su fábrica siempre ha sido de vanguardia. Hay varias bodegas a su nombre; una se encuentra en pleno centro, en la misma manzana del Ayuntamiento, es la esquina de calle Aquilino Corrales con Romanones. Es mayor aún la bodega de El Carmen, incluida en la dote de su hijo Ángel. Un hombre respetable es un hombre fiable. Por eso, las entidades financieras más importantes del país que, en Daimiel carecen de sede física, facultaron a Anastasio para validar todo tipo de operaciones bancarias.

Bodega El Carmen, 1923
Bodega El Carmen, 1923 (J.F.)

Ángel Herrero Llanos es como su padre Anastasio, pero con estudios. En los Escolapios de Getafe le tienen entre los más aventajados de quienes pasaron por allí. A él se debe que hace unos años se plantaran por primera vez almendros en Daimiel. No son menos relevantes sus métodos experimentales en el tratamiento con abonos. Conocimiento que tuvo a bien ponerlos en común en una profusa publicación de 1929.

(Arch. Pedro Lozano Crespo)
(Arch. Pedro Lozano Crespo)

Ángel Herrero conserva y administra gran parte del capital que le ha dejado su padre y el que ha ido amasando por cuenta propia. No había cumplido los cuarenta y eran suyas las bodegas VINCITOR, vinos y aceites finos de los campos de Calatrava, Valdepeñas y Daimiel. Hasta 70.000 arrobas de vino es capaz de acumular en una bodega acondicionada con tres prensas hidráulicas.  No obstante, hace poco se desprendió de una de las bodegas heredadas de Anastasio que no hemos mencionado, la de La Victoria. Se levanta junto a las vías del Ferrocarril, a la espalda de la ermita de San Isidro. La Victoria es ahora propiedad de otro de los grandes, don Lucrecio Ruiz-Valdepeñas. Sin embargo, no la ha perdido de vista. Lucrecio tiene un hijo que se llama Ángel, el médico, y resulta que se ha hecho novio de Asunción, curiosamente hija de Ángel Herreros.

Los casamientos siempre llevan los mismos derroteros, los linajes acaban encontrándose al  final del camino y las propiedades pasan de una mano a otra, pero del mismo cuerpo.

Ángel Herrero Llanos (arch. Pedro Lozano Crespo)
Ángel Herrero Llanos (arch. Pedro Lozano Crespo)

Leer Capítulo IV – Un verano a duras penas
Episodio 5º. ‘ La primera Feria republicana’

4 comentarios sobre “La Patrona no se toca (Cap.IV Ep.4º)”

  1. Ismael Terriza.
    Un lápsus en el capítulo de hoy.
    La hija de Angel Herrero Llanos se llamaba Asunción Herrero de León y no Consuleo como ahí aparece.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>