Foto de Emilio Aguirre Moraga

Lío en el Teatro (Cap.IV Ep.7º)

(episodio anterior)

Ahí está, marmóreo, con su inmutable cara de palo. Y sin embargo es poesía pura. Cómo podrá el gachó acumular tanta expresión en los ojos y no arrugar un solo milímetro cuadrado del rostro. Buster Keaton tiene prohibido por contrato sonreír o llorar, de ahí que la emoción se acumule hasta rebosar a través de su mirada, conmovedora. Ensimismados en las butacas del Ayala, hombres de todo barrio, analfabetos muchos, se desternillan viendo al joven Willy tropezando con un tablón, cayendo al agua o arrebatado al suelo por un tornado. Y pese a la tunda se levanta. El héroe del río llena la sala, igual que cada semana echen la que echen. El organillo acompasa las escenas y la apostilla al chimpún del bombo suele venir del público en forma de barbaridad, más abundan cuando el reparto presenta la exuberancia de alguna actriz americana. Marion Byron es poquita cosa pero, a decir del respetable, parece haber gustado cómo se le ciñe la blusa a su diminuto pecho. Alguno de los exabruptos se ha sacado de madre y, no faltando reñidores, se monta el belén en un tris.

Con asaltos así puede entenderse la poca simpatía que muestran los señores concejales por presidir la Comisión Gestora. A Porfirio Rodríguez, presente en el Ayala, le están buscando las cosquillas, hoy que celebra el hombre dos días de alcalde. No ha molestado tanto que a la señorita intérprete la hayan comparado con la hermana de uno, como que aprovechando la coyuntura otro haya dicho hacer de vientre sobre el Altísimo, “hoy, y mañana si me entra gana”.

-Por qué no te cagas en tu padre

-¡Porque no hay Dios, ni Virgen que lo parió!

Pese a que hace seis días Manuel Azaña comunicó a los señores diputados y al país entero que “España ha dejado de ser católica”, quienes mandan en Daimiel estiman que la voluntad del pueblo no la cambia la sentencia de un ministro, aunque sea de Guerra. “Hay cosas que son sagradas y no va a llegar un socialista a revolucionarme el gallinero”, murmulla el alcalde desde el palco central.

- Haga usted llamar al guardia y que lo detengan- ordena Porfirio al acomodador que lleva un buen rato mirándole, como preguntando qué debía hacer con los paraguas volando.

Al poco se presentan dos que, siendo autoridad, no estaban de servicio. Por ser domingo el guarda mayor, Fundador García-Fúnez; por ser aún temprano el jefe de serenos, Antonio Sánchez-Camacho. Tal vez pretendían gozar en paz de la sesión. No va a ser posible. Se echan encima de Francisco García Meco, el señalado como instigador de los incidentes. Lo llevan detenido a la cárcel del pueblo. No pasan diez minutos y la agarrada se traslada a General Espartero, a la puerta del presidio municipal. Tres socialistas se han plantado, armados de motivos dicen, para exigir la liberación de su compañero de carné.

 – Queremos hablar con el inspector jefe- espeta Nicolás Cortes ‘El Rojo’.

- Pues, de poderse, tendrá que ser mañana, y no muy temprano- explica el guardia Felipe de la Flor.

 – Exigimos la misma prisa que se han aplicado ustedes en detener a un paisano sin más motivos que ser partícipe de una riña de solo palabras y más de uno implicado que, dicho sea de paso, no nos consta hayan traído con esposas.

- A mi usted no tiene por qué molestarme, en el Ayala creo que sigue el alcalde. Acudan a él con el reclamo.

- Al alcalde cuando toque  -respira hondo conteniéndose Nicolás Cortés-. Se lo repito, avise al Inspector que es quien manda en esta casa o suelte a Paco y mañana si es preciso regresa para declarar lo que haiga que declarar.

-Yo también le repito que a esta hora no llamo a nadie y que tengo la orden de que su compañero pase la noche en el calabozo. No se preocupe, que estará bien atendido.

-Pues, ¡por mis cojones que va a ser ahora mismo!- pierde los nervios Agustín Gómez otro de los socialistas a quien tiene que sujetar el tercero en discordia, Vicente López de Mota, para que no reviente la garita de un puñetazo.

En unos segundos aparecen otros cuatro guardias de refuerzo y un par de serenos que estaban preparándose para empezar el turno. Ya asoman las porras, preludio de empujones para una andanada formidable.

-Señor ¿qué hacemos con ellos?- pregunta por teléfono el guardia Felipe a su jefe don Justo- ¿hace falta que se lo diga al alcalde o se lo dice usted y espero órdenes?- continúa- De acuerdo, inspector, le informo si hay novedades. ¡A ver! -se dirige a todos los presentes, una vez cuelga el auricular- los tres pa dentro, a hacer compañía a su amigo Paco.

El Ayala dos años después 1933. Fopto de los amigos Miguel Briso y Mariano Fisac Herrero.
El Ayala dos años después, 1933. Foto de los amigos Miguel Briso y Mariano Fisac Herrero desde el campanario de Santa María.

Leer Capítulo V – Sangre en el frío
Episodio 1º. ‘ Trescientas familias de pobres’

2 comentarios sobre “Lío en el Teatro (Cap.IV Ep.7º)”

  1. Ismael, muy interesante todo.

    un detalle, donde dice:
    “El Ayala dos años después, 1933. Foto de los amigos Miguel Briso y Mariano Fisac Herrero desde el campanario de Santa María.”
    No me cuadra que Mariano Fisac Herrero (1917-1938) tuviese capacidad con 14 años de hacer fotos…¡no?

    1. Perdona la tardanza, la foto efectivamente es de 1933 y en ese caso Mariano Fisac tendría 16 años. De cualquier manera, ten por seguro que manejaría cámaras desde bastante antes. Me consta que su archivo fotográfico (hoy en manos privadas) fue bastante importante para la época, especialmente imágenes de naturaleza, un adelantado a su tiempo. Repertorio que atesoró antes de cumplir los 20 puesto que murió en la guerra (1937). Gracias por tu comentario.

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