Foto de Emilio Aguirre Moraga

Trescientas familias de pobres (Cap.V Ep.1º)

Federico Pinilla
Federico Pinilla (FSP 1994)

(episodio anterior)

En las puertas del invierno, los propietarios andan consternados. El “ínclito” Largo Caballero es la diana de sus furias. Ese enemigo público que desde hace unos meses, anclado en la provisionalidad de su gobierno socialista, les castiga a decretazo limpio. Se estrenó con la Ley de Arrendamientos de fincas rústicas, obligándoles a tener que aguantar incondicionalmente en sus explotaciones a los pequeños agricultores. Se sienten abordados, sus tierras están medio secuestradas y, a mayor castigo, pende sobre ellos la surgente amenaza de las asociaciones de obreros agrícolas que, azuzados por la Casa del Pueblo, esgrimen otro de los decretos de Madrid, el que apelando al ‘nadie sin trabajo’ suelta rienda a la ocupación y aprovechamiento de los terrenos sin labrar. Esta norma ha puesto en el disparadero decenas de fanegas de Federico Pinilla, paradas a la vista. Por si fuera poco, una tercera carga que merma sin atajos la talega: el seguro obligatorio en el campo que hasta la fecha solo obraba en el sector de la industria.

Lamentan los propietarios que toda la presión de los parados vaya hacia ellos y para más escarnio han de tolerar la actitud del “connivente” y flemático gobernador Doporto, impertérrito ante los asaltos diarios que patalean sus fincas. Hastiados y temerosos del porvenir, han creado un órgano paralelo al sindicato agrícola, la Agrupación de Propietarios de Fincas Rústicas. Urge actuar colegiadamente a unas semanas de la recogida de la aceituna. La primera asamblea se convoca para el 23 de diciembre.

Niceto Alcalá Zamora (biografiasyvida.com)
Niceto Alcalá Zamora (biografiasyvida.com)

La tensión en la calle se traslada a la vida política y viceversa. De inmediato saldrá un telegrama para Madrid. Un mensaje protocolario. La bienvenida al equipo bicéfalo que ha de conducir la República que desde hace tres días cuenta con una Constitución aprobada en las Cortes por más del noventa por ciento de los parlamentarios. La Carta Magna en su desarrollo es un empellón contra las costumbres de media España. Alcalá-Zamora es el nuevo presidente de La República y, dejándolo estar, confirma a Manuel Azaña como presidente del Gobierno. Un jefe de Estado católico, un jefe de Ejecutivo anticlerical.

 Daimiel, 12 de diciembre de 1931

Excelentísimo presidente de la República de España, señor don Niceto Alcalá-Zamora

Es un honor para un servidor poder felicitarle efusivamente en nombre de la corporación municipal y mío propio por su acertado nombramiento de presidente de la República, deseándole larga vida e innumerables aciertos para el bien de nuestra querida Patria, siéndome muy grato ponerme incondicionalmente a su disposición”

                                                                              Porfirio Rodríguez, alcalde de Daimiel

-Bien, secretario que conste en acta que este alcalde da su permiso para que el telegrama salga para Madrid así sea posible. Sí, Pantaleón, tiene usted la palabra

-Solo rubricar que, hace bien usted en hablar en nombre de todos. Mejor no hacernos firmar a la corporación en pleno porque alguien desde la capital de la República, no siendo excesivamente audaz, podría preguntar si el haber presentes poco más de la mitad de los ediles se debe a una pandemia que ha asolado el pueblo o a simples coincidencias catarrales – sigue Pantaleón mientras algunos asienten y todos otorgan- Pero lo que más sorprende es cómo alguien obligado a actuar con escrúpulo en el aplique de la ley municipal, excusa la orden que en esta misma sala todos tuvimos a bien aprobar. Saben a qué me refiero. Pido – continúa con tono más grave- se abra expediente al secretario Ramón Urguellés por no anotar quiénes asisten a las sesiones en el margen del libro como este pleno le encomendó. Y que, como se dijo, se pase lista al principio y así quede reflejado. Y usted señor alcalde respóndame si es tan amable, ¿por qué no se multa a los ausentes?

-Puedo decirle que no hay más razón que la tolerancia –explica Porfirio-

-¿Y dónde situamos el nivel de tolerancia? ¿Tal vez en el proceder de los señores Joaquín Pinilla y Francisco Lara, incluidos entre quienes nunca acuden? ¿Acaso no quieren venir a colaborar? Si es así, que se vayan. El señor Pinilla fue un buen alcalde pero ahora debe renunciar a su sillón, y quiero que esta petición mía conste en acta en estos términos. Y añada, secretario, que mi solicitud se basa en el demostrado incumplimiento de su deber, él y sus amigos políticos que se niegan a dar cuenta de su gestión ante el pueblo.

- Apunte mi nombre junto al de Pantaleón –interviene el socialista Gómez-Limón.

- Yo apoyo que se imponga multa a los ausentes- tercia Antonio Maján.

Se hace el silencio y el alcalde Porfirio simula anotar el asunto en su agenda y cierra con un brioso y sonoro subrayado que casi rasga el papel, como el mazo de un juez. Punto y aparte.

Lo sustancial está por debatirse: las trescientas familias que no tienen nada que echarse a la boca. Una rémora anquilosada en las espaldas municipales que produce urticaria a los gestores dados a ausentarse de los plenos, evitando sea descubierta su propia incompetencia, que no su culpa. Pues cierto es que el dinero ha de llegar de Palacio y suele hacerlo bien despacio y siempre parvo. Pero la minoría socialista no da tregua a la recién creada Bolsa de Trabajo, Gómez-Limón reprueba su eficacia.

-Además alcalde, creo haberle escuchado que para repartir trabajo hay que justificar obras de urgencia. Yo le recomendaría que se dé una vuelta por el río. Ya verá que hasta le vienen escasos los azadones.

El socialista se refiere a la maleza arrancada de cuajo, a la arcilla pastosa que tiñe de rojo ambas riberas, ensuciando las calles de las casillas aledañas al Azuer y los acirates del Paseo del Carmen y alrededores donde no habita vecino que limpie los restos. Porque el agua se metió hasta el mismo pueblo la última semana de octubre. Lo que llovió al cabo de Feria fue un entremés. El plato fuerte irrumpió en descarga, no respetando el desenlace de la vendimia y siguió de continuo estando apiladas ya las capachas. Al menos diez jornadas de veinte litros el día que menos. Inundaciones que las viejas han mentado como las más terribles que recuerdan. Ha llevado todo noviembre y este tercio de diciembre arreglar los destrozos en los bajos de decenas de casas de las calles Manzanares, Jabonería, Nueva y Almagro. La mayoría de esos vecinos solo se ha podido permitir limpiarlas y parchearlas, muchas tirarán con las humedades hasta el apretar de los primeros calores. Pero lo habrían firmado de haberles extendido una pluma la tarde del 25 de octubre mientras veían desaparecer las aceras bajo el agua en tres padrenuestros.

Y no paran las desgracias, como si alguien se hubiera empeñado en que Daimiel salga del mapa. El alcalde opta por dosificar los males para hacer más adecuada la digestión de estas amarguras y deja la publicidad del caso para la última sesión antes de Nochebuena, así se cure todo con Villancicos. Pero la carta, remitida desde Madrid está en el despacho de Porfirio desde que esta mañana, abierta y leída, se la pasó Máximo López de Coca, el interventor.

 

Ministerio de Guerra                                                      Jefatura de Aviación Militar

 Madrid, diciembre de 1931

 Excmo. Ayuntamiento de Daimiel, por la presente este consistorio queda informado de que El Gobierno de la República ha decidido poner fin a toda actividad militar en el campo de aterrizaje instalado en su municipio. Esta medida implica no solo la cesión de las competencias de Aviación Militar, también la supresión de toda licencia, pública o privada, para hacer uso del aeródromo.

Este departamento considera que la instalación, en estos momentos, no ofrece el servicio suficiente para compensar el gasto que supone su mantenimiento.

En consecuencia, procedan ustedes a informar a los propietarios de que en breve recuperarán sus derechos sobre los terrenos y las obligaciones para soportar las cargas y responsabilidades que de su tenencia se deriven.

De esta misiva conocen tres, cuatro a lo más. Uno es Antonio Reneses Pascuarelli.  El alcalde ha visto oportuno comunicárselo en persona a quien tanto batalló por traer el aeródromo a Daimiel. Reneses ‘el reformista’ dejó su acta de concejal hace mes y medio, dimitido sin más explicación que los años acumulados en la política. Le ha dicho a Porfirio que no se puede retornar la carta al sobre y guardarla en un cajón sin más.

-Alcalde, si usted ha venido a contarme esto en exclusiva, cosa que le agradezco, será porque quiere mi opinión sobre cómo proceder. Bien –sigue Reneses tras un silencio que interpreta como un sí-  comunique lo primero la situación a sus compañeros en la próxima sesión y acuerden una contestación a Madrid.

-¿En qué términos Antonio? Porque usted convendrá conmigo que no se trata de una llamada a consultas o una hipótesis, sino una decisión en firme

-Eso tendrá que acordarlo, usted con la corporación. Solo le digo – endurece el gesto Reneses- que se escuden a la hora de redactar el pliego en que, si bien hoy el aeródromo carece de actividad, es seguro que el día de mañana puede constituir por su privilegiado emplazamiento una fuente de ingresos para esta ciudad.

 -Nos dirán entonces que acarreemos con los gastos –interviene el alcalde.

-Pues ahí es donde está la negociación. Mirad hasta dónde podéis tensar la cuerda. Dejad ver que en vuestra voluntad está prestar todo tipo de facilidades para que continúe la estación aérea. Y, por supuesto, la carta de respuesta que sea una avanzadilla. Estas cosas solo se revierten si se hablan cara a cara. Para tener una sola posibilidad de que te escuchen, auto y a Madrid.

Leer Capítulo V – Sangre en el frío
Episodio 2º. ‘ Nochebuena del 31’

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