Foto de Emilio Aguirre Moraga

Fin de año, lucha nueva (Cap.V Ep.3º)

(episodio anterior)

Apenas diez minutos de regateo. Este mañana de domingo, 27 de diciembre, patronos y obreros adscritos al sindicato agrícola han cerrado el acuerdo de jornales para la recogida de aceituna. A las mujeres se les pagará 2,20 pesetas, 3,50 los hombres. Sin embargo, con la mano de obra aportada por los braceros católicos no llega para varear las miles de hectáreas de olivos y, aunque se las prometían felices, a la hora del chato en el Bar España, ya tienen noticias de la Casa del Pueblo cuyas pretensiones de cobro son sensiblemente más elevadas. Vicente Noblejas y tres de sus directivos dejan los vasos en la barra y salen a la Plaza. A resguardo del soportal, junto al estanco de ‘La Tercera’ esperan Nicolás Cortes y un par de subalternos, por orden del líder socialista Miguel Carnicero.

 -Feliz Navidad- saluda el presidente de los patronos

  -Buenos Días- responde amable ‘El Rojo’.

 – Ustedes dirán- inicia Manuel Álvarez.

 -Pues decimos que con ese precio la aceituna se queda sin coger.

  – Y en qué cantidad habéis pensado.

 – Una peseta más por mujer y real y medio por hombre, siendo poco.

 -¡Qué barbaridad es esa! ¿Hasta dónde queréis apretar a quienes os dan de comer?

 – Si de comer se trata, poca tajada puede sacarse del acuerdo que nos habéis hecho llegar.

 – ¿Y de memoria cómo andáis? Poco tiempo ha pasado para olvidar el esfuerzo que hicimos con los jornales de la siega y la vendimia. Tampoco veo que tengáis en consideración el esfuerzo hecho por los propietarios, empleando este verano a decenas de los vuestros cuando nada había que trabajar. Que yo mismo –se golpea el pecho Noblejas- veía a media mañana a muchos de ellos sin mayor quehacer que liar pitillos a la sombra de un almendro.

- Supongo que con tanto paseo, también le daría tiempo a contar las fanegas paradas que bien pudieran ser aprovechadas para, como usted lamenta, no pasar apuros. Que, dicho sea de paso, me río yo de esas estrecheces.

- ¿Nos van a dar ustedes lecciones de cómo se trabaja un campo y de lo que renta o no? Mucho corren creo yo. Y ahora me cuentan cómo vamos a asumir esos jornales con el precio que se está pagando por el aceite, habiendo menos aceituna e informados como estarán de ese otro decreto de Madrid que nos obliga a desprendernos del cincuenta por ciento del fruto. Sean consecuentes, bajo ningún concepto el sindicato va a dar aprobación a ese precio por peonada. Piénsenlo bien porque estamos a tiempo. No será bueno para nadie tener de vuelta al Gobernador por ser incapaces de arreglarnos.

                               1932

En los cuatro días transcurridos hasta el primero de enero, en un par de citas han estado cerca patronos y obreros de alcanzar el trato. Sin embargo, en la Casa del Pueblo les regala la oreja el ángel del demonio con la música de los campos incendiados de Andalucía y Extremadura donde siembran odio a cuenta de la carnicería de Castilblanco. Cuatro guardias civiles han sido despedazados por la muchedumbre obrera, en venganza por la muerte de un socialista. El suceso es portada en todos los diarios y espolea al sindicato rojo. Enardecidos están, más cuando son informados de que los propietarios han doblegado la voluntad de muchos jornaleros para que hoy mismo se presten a la faena. Cada finca ha arreglado las peonadas a su manera y son varios los carros que salen del pueblo dirección al tajo.

Lo ocurrido el primero de mayo poco tiene que ver con este panorama. Entonces los piquetes fueron recomendando a sus iguales el regreso a sus casas para celebrar, descansando, el único día destinado para ellos en el calendario. Hoy, la Casa del Pueblo ha apostado a grupos de al menos tres miembros, todos pertrechados con palos, navajas y algún arma de fuego que abulta en la pechera. Insultos, amenazas, piedras y un par de galeras destrozadas y prendidas fuego.

El asunto toma tal cariz que de nuevo se hace precisa la intervención del gobernador. El flamante delegado de Madrid, José Echeverría Nova, de Acción Republicana, apenas se ha instalado en Ciudad Real después de jurar el cargo hace dos días. Ha citado en la capital provincial a una comisión de obreros y otra de patronos de todos los pueblos para resolver el conflicto. El gobernador propone unas condiciones con las que da gusto a los obreros aumentando el precio de los jornales.

-Si no queda más remedio y aun tratándose de un incremento menor, nosotros en Daimiel no tendríamos problema en aceptar estas condiciones y queremos que conste nuestra buena voluntad- señala Miguel Carnicero tras hora y media de encuentro.

-Bien, pues se firma y no se hable más- apremia Echeverría.

-No creo que sea tan fácil, señor- interviene Vicente Noblejas, se hace el silencio en el despacho y continúa- Como presidente del Sindicato Agrícola, el mandato que yo tengo no llega a esos precios. Si usted me obliga yo firmo, pero si me deja libertad, lamentándolo mucho me voy como he venido.

-Yo de momento no obligo a nadie, usted verá. Si ha de consultarlo con los patronos, le doy hasta mañana para que me envíe un telegrama –concluye el gobernador.

-Tendrá notificación, a primera hora, si no esta misma tarde –saluda cordialmente Noblejas, se levanta de la mesa y sale por la puerta con los otros dos comisionados de los patronos, Pedro Pinilla y Paquito García.

El gobernador José Echeverría Novoa
El gobernador José Echeverría Novoa

Antes de regresar a Daimiel, en la misma delegación el presidente de los agrícolas solicita un teléfono para comunicar con la sede del sindicato

-Escucha, en una hora estamos los tres en el pueblo, reúne de urgencia a los socios que puedas.

A la una del mediodía, con el salón de actos lleno, Noblejas cuenta lo ocurrido en la capitaleja. Acallando el aplauso de los socios por su firmeza en la negociación, les matiza que la no suscripción del acuerdo equivale a haber perdido la mano y pudiere tener consecuencias.

-No pierdan de vista  que el  gobernador ha fijado precios, los obreros están conformes y nosotros de grado o por la fuerza tendremos que pagarlos –argumenta Noblejas.

-Vicente, si cedemos de nuevo, cuando llegue el cereal querrán meternos otro bocado a las rentas –opina Tomás Briso de Montiano-  La actitud de la Casa del Pueblo es intransigente, no se corresponde con el altruismo que los propietarios mostramos. ¡Coño! que hemos acogido a los parados, pagándoles jornales más altos por trabajos inútiles. Con un jornal módico comen todos los elementos de la familia, así que vayan haciéndose cargo de la imposibilidad de elevar la peonada.

- Pues si esta es la opinión de la mayoría, que se comunique a todas las partes y cada uno que se arregle con los obreros como buenamente pueda.

Leer Capítulo V – Sangre en el frío

Episodio 4º. ‘En vísperas de sangre’

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