Foto de Emilio Aguirre Moraga

En vísperas de sangre (Cap.V Ep. 4º)

(episodio anterior)            

      2 de enero

-Vicente, tienes visita- avisa en voz queda su esposa Josefa al presidente de los agrícolas, que estaba expurgando papeles del escritorio.

-¿Quién es?- pregunta Noblejas.

 – Un mozo, trae una carta.

-Que te la dé y si no quiere más, firma como recibida.

La misiva viene en un sobre lacrado, sin sello. Es de esta misma mañana y en el remite solo pone “don Filiberto Lozano”. El que suscribe es uno de los potentados, pertenece a esa categoría suprema de propietario, la que aquí llaman de las ‘grandes casas’. Tierras y poder casi a la par de su consuegro Lucrecio Ruiz Valdepeñas y varios escalones, sin embargo, por debajo del inabarcable Federico Pinilla. En el pueblo le llaman ‘macho burrero’ por su carácter rudo y, por momentos, irracional. Tanto que repudió a su propia nieta Sofía porque su homónima hija murió tras darle a luz víctima de unas fiebres pos parto. Casado con Consuelo Sevillano, vive en la calle Arenas donde desemboca Emilio Nieto, junto a sus hijos Narciso y Adrián. Alimenta al menos ocho pares de mulas que labran en la Monera o en el Monte Viejo. Tiene bodega y alcoholera en la calle Cervantes esquina con Granados. Su capataz y administrador es Raimundo Villanueva. Son las once en punto cuando Vicente Noblejas desprende el lacre, saca la misiva del sobre y la despliega.

Daimiel, sábado 2 de enero de 1932

Buenos días, Vicente. Supongo que cuando lees esto ya habrás tenido noticias, de cualquier modo paso a informarte de lo que me han relatado algunos de los míos que a eso de las nueve de la mañana se han presentado en mi misma casa con cara descompuesta. Han sido asaltados a la salida del pueblo por esas bestias del diablo. La situación va a peor. Acabo de comunicar con Luis Briso y Paquito García que me han asegurado la mayor, porque a sus capataces también les han echado abajo el carro. Como jefe de los patronos que eres, te ruego busques inmediatamente a los representantes de los obreros y arregles el asunto como sea.

Saludos.

Al cabo de diez minutos Noblejas llega a la Plaza, seguro de que los de la Casa del Pueblo andarán de bulla por el centro. Está en lo cierto. Al menos se cuentan una decena de grupos de obreros y en el más próximo al ayuntamiento distingue la figura de Nicolás Cortés ‘El Rojo’ que dialoga con sus adláteres y a la vez capitanea al resto de grupúsculos que orbitan alrededor. Noblejas se acerca resuelto y, discreto, le toma del brazo, invitándole a retirarse de la camarilla para charlar en privado. Sin embargo, no abandonan el lugar en las casi dos horas que consumen departiendo ante la expectación general y la desconfianza de los socialistas que temen sea vencida la voluntad de su líder. Es la una y media de la tarde y ni un paso adelante.

-Se lo repito, el gobernador ha puesto los precios a quince y diez reales y la gente sabe que son los que han de regir, luego haga usted las cosas como quiera- concluye firme Cortés.

-Bien, pues a las seis le diré- se despide Noblejas.

El presidente de los agrícolas cita a las cuatro de la tarde en el Casino a los más reacios a elevar el jornal y tras leerles las inamovibles pretensiones de la Casa del Pueblo, casi todos los presentes vuelven a enrocarse, impidiendo se desbloquee el conflicto.

-¡Somos hembrillas, en vez de hombres!- protesta uno, molesto si quiera por entrar a considerar las propuestas de los obreros.

-Visto lo visto, no queda otra que remitir la cuestión a la Junta General de mañana- asume resignado Noblejas.

Noblejas apura el coñac, apaga y descoyunta el puro, se ajusta el abrigo, se cala el sombrero y pone rumbo a la Casa del Pueblo donde aguardan cinco dirigentes socialistas, entre ellos los dos elementos de vanguardia, ‘El Rojo’ y Miguel Carnicero. Tras las forzadas salutaciones, expone la situación entre resignado y molesto por tanto mareo.

-En verdad, apenas han acudido tres gatos a mi llamamiento en el Casino. Háganse cargo de las fechas que son, el frío y que es sábado. Pero, vamos, puesto que hasta el lunes no se trabaja, tenemos todo el día mañana. Como hay junta en el sindicato, faltarán pocos. A la tarde os doy cuenta de lo ocurrido

-Si usted promete hacerme saber el resultado antes de las seis, no hay problema. Entienda que he de saberlo con tiempo para ordenar en consecuencia.

-Tenga por seguro que recibirá noticias con margen suficiente.

- En usted confío- cierra el socialista.

                         Domingo, víspera de sangre

Desde el lío de la siega no se había visto tanta concurrencia en el salón de actos del sindicato agrícola. Interés y preocupación a partes iguales. Muchos no se han sacado el gabán y ni se han descubierto la cabeza. Todo un mensaje desafiante dirigido a los moderados compañeros. Noblejas ha de esforzarse para recapitular lo acontecido en sus últimos encuentros con los socialistas y reiterar cómo en Ciudad Real apremia una resolución rápida del conflicto.

Ni una sola interrupción en los cinco minutos escasos de exposición. Los socios han deliberado más que de sobra y no aflojan amarras. Se mantienen obstinados en su propósito de no ceder un ápice a las demandas. El hartazgo no lleva a la cesión, al contrario. Los hay dispuestos a alzar la voz en pos de un acuerdo, pero callan apocados por la tendencia mayoritaria. En esa trinchera se halla el pequeño de los Lozano Moreno de la Santa, el hermano de los médicos don Gustavo y don Pedro, que ha guiado su vida por la carrera militar desde que en 1925 ingresara en la Academia de Infantería de Toledo. Acostumbrado a permanecer en un segundo plano en los asuntos familiares, hoy ejerce de portavoz de sus tierras y suscribe el último alegato ante los propietarios.

-Puesto que la cosecha no dejará utilidad a los patronos por mala, esta es la ocasión de resistirnos a las exigencias de los obreros, si seguimos haciendo concesiones tendremos que abandonar las fincas.

No hay como apelar al negro panorama para dar carpetazo luego de varias horas de indecisiones. Los aplausos que arropan tal pronunciamiento del militar de los Lozano hacen comprender a Vicente Noblejas lo inútil de su insistencia. El presidente de los Agrícolas levanta la sesión, despide cordialmente a sus compañeros y pide al secretario que aguarde unos minutos para que lleve personalmente una carta a la Casa del Pueblo en la que ahorra palabras.

A la atención de la Secretaría de la Casa del Pueblo de Daimiel.

Les informo que este domingo 5 de enero se ha celebrado Junta General Extraordinaria de los asociados del Sindicato Agrícola Católico a fin de resolver el contencioso que tiene parado al campo de Daimiel. Como presidente he procedido a realizar todas las gestiones que ustedes en la víspera me habían rogado que llevara a cabo. Las conversaciones han fracasado. Les anuncio que hasta aquí llega toda responsabilidad atribuible a mi persona.

                                                                        Atentamente Vicente Noblejas Pinilla

‘El Rojo’ termina de leer la misiva, la dobla y la deja sobre la mesa. Todos han escuchado atentamente. Aunque ya tenían noticias del resultado desde hacía varias horas, el protocolo dicta que todos los asistentes tengan constancia fidedigna de cada uno de los puntos expresados en la misiva. Entre los presentes, uno llegado de urgencia desde Ciudad Real, alertado de que sería necesaria su estancia para suscribir y dar fe de las medidas que hubieren de tomarse, agotadas las vías diplomáticas. Sentado al frente, minutos antes departía ceremonioso con los afiliados, ahora aparece serio y circunspecto. Se trata del diputado nacional,  secretario provincial del Partido Socialista y primer alcalde republicano de Ciudad Real que dejó el cargo en julio para incorporarse a las Cortes. Fernando Piñuela Romero, espera a que se pronuncien los cabecillas de Daimiel si bien la decisión está tomada rato ha. Han recabado también la opinión del exalcalde Pantaleón Pozuelo y del reputado orador, confitero de profesión, Antonio Gutiérrez, llegado de la capital en el mismo auto que Piñuela.

 -Compañeros, la actitud de desobediencia por parte de los patronos y la poco firmeza que en este punto ha exhibido la autoridad provincial, sin intención de hacer cumplir el mandato que el mismo gobernador impuso el viernes en Ciudad Real con algunos de los aquí presentes de testigos, pese a que esta decisión como la mayoría ahonda en la miseria de todos los nuestros, no nos dejan más camino que decretar una huelga general efectiva desde mañana lunes. El paro, insisto, será generalizado. Los obreros del campo, de la industria e incluso en las tahonas. Mañana no habrá pan. El hambre nos hará más fuertes- concluye Miguel Carnicero.

Fernando Piñuela Romero
Fernando Piñuela Romero

Leer Capítulo V – Sangre en el frío
Episodio 5º. ‘El primer caído’

 

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