Foto de Emilio Aguirre Moraga

Agua y pan (Cap. VI Ep. 1°)

(episodio anterior)

Costó enderezar lo torcido en los días de aceituna. No había concluido la recolección, cuando otra contrariedad abatió a los propietarios. Rebuscadores percutiendo como plagas sin bastarse los guardas del campo para contener tamaña invasión de desventurados en las haciendas ajenas. Hasta vinieron cortos los guardias civiles del pueblo. Desbordados, aun luciendo en sus expedientes muchas jornadas de práctica en brega. Demasiadas fanegas que controlar para tanto intruso. De nuevo, tuvo la Municipalidad que tocar la campanilla de Gobernación cuando ya estaban todos los árboles pelados de fruto y más rebuscadores que asalariados.

Un quebradero más en la hoja de servicios del alcalde Porfirio quien al menos pudo sacar pecho ante la buena nueva llegada a su gabinete con sello del Ministerio de La Guerra y remite de Jefatura de Aviación. Madrid había decidido no inhabilitar el aeródromo. Excelente. La letra pequeña decía, no obstante, que era menester un sólido apoyo vecinal. La gratuidad que tanto predicamento tiene en la administración. Al poco ya tenían a dos dadivosos paisanos, Jerónimo Domínguez y Emilio García Loro, dispuestos a continuar pagando los terrenos, costear teléfono, mantener la caseta adyacente a la pista y otros gastos. De resultas que -avisado quedaba el consistorio daimieleño- “otra vez volvéis” a intentar aligerar cuentas locales a costa de Aviación. Así quedó reflejado en Actas el pasado el pasado 18 de febrero.

Se acuerda ofrecer al Ministerio de la Guerra en propiedad y libre de gastos los terrenos del Aeródromo eventual, así como la caseta inmediata a éste.

En tiempos de miseria, la cadena trófica de la civilización dicta que Madrid, primus inter pares de los depredadores, apriete al pueblo en materia de cuartos y el pueblo, a su vez, intente comerse parte de la ganancia, por ejemplo, del señor Pontrémuli.

Este industrial natural de Puertollano tiene concedida la explotación del Lavadero, el tesoro de la ingeniería local. Emplazado en lo alto del pueblo, allí se construyó hace tres décadas el Depósito de Recepción de Aguas. Después de la llegada del tren, no ha habido algo más grande que glosar en la historia reciente de Daimiel. La traída de aguas desde la sierra de Villarrubia, amén de librar de infinidad de enfermedades, ha aportado un líquido elemento excelente en boca, libre de cales y otras impurezas que sí afloran en los pozos que minan el pueblo donde se extrae agua somera directamente del subsuelo. Ahora el agua para beber recorre treinta kilómetros por una tubería de hierro tendida hasta los riscos serranos de los Santos Mártires y el Allozar donde se perforaron galerías subterráneas, robándole a los manantiales un caudal de doscientos metros cúbicos al día. El Depósito de Recepción está hecho de piedras y hormigón hidráulico; compuesto de cinco naves, puede acumular hasta seiscientos metros cúbicos.

Toda la parcela ocupa una superficie de dos fanegas y en su alzado domina el colosal edificio del Lavadero. Suben las mujeres a hacer la colada en sus ochenta y cuatro pilas con sus correspondientes grifos de agua caliente. En el exterior, tendederos de ropa con alambre dando paso a un frondoso jardín sondeado de pequeñas fuentes de agua cristalina y un par de casillas más para guardar el material, bien coquetas, armonizadas con el entorno.

Las aguas que desde Villarrubia terminan remansadas en el Lavadero fueron al poco tiempo canalizadas para, desde El Alto, surtir al pueblo en cinco fuentes ubicadas en los sitios más céntricos, en San Pedro, Santa María o en la plazoleta de San Antón. A los barrios más apartados llevan el agua carros con cubas.

Edificio principal de El Lavadero. Principios del siglo XX (Arch. Municipal de Daimiel)
Edificio principal de El Lavadero. Principios del siglo XX (Arch. Municipal de Daimiel)

El señor Pontrémuli es el concesionario del negocio y dueño de la mayor parte de las instalaciones a la vista en El Lavadero. También administra la corriente de luz a través de la empresa Sociedad eléctrica de Daimiel “Luz Nueva” compartiendo servicio con la central local.

-Señores concejales, en vista del aumento de las necesidades de higiene y sanitarias en general, sugiero que esta corporación observe el aumento del caudal y se procure incluso que las aguas sean propiedad del municipio –propone el socialista López Casado.

- Yo me adhiero a esta petición –comunica el derechista Francisco Lara.

- Además, hay muchas faltas que invitarían a rescindir el contrato al señor Pontrémuli o ver el medio de incautarse de las aguas –abunda en la cuestión el también prerrepublicano Santos Morales.

-Pues lo idóneo –concluye López Casado- es que constituyamos una comisión especial que estudie el asunto y que lo mismo valga para el contrato de alumbrado público del mismo concesionario –todos aceptan.

Esto fue el 4 de febrero, seis semanas después, un paso más en la ofensiva. La sesión plenaria del 12 de marzo aprobó solicitar a Sociedad Eléctrica de Daimiel, como responsables de Agua y Luz, una rebaja nada más y nada menos que del 25 por ciento en las cuotas mensuales, a cambio el ayuntamiento se encargará de reparar los defectos en los postes y palomillas.

Aconteceres sintomáticos de la micropolítica municipal que despide el invierno más duro en décadas, el de la creciente conflictividad entre vecinos, muchos de ellos presos de la carestía o asfixiados por el encarecimiento de productos de primera necesidad.  Caro el pan y pocas patatas. Los tubérculos han escaseado pero no por mala cosecha. Se han pagado a buen precio y los productores locales has destinado casi todo lo recogido a la exportación saltando las alarmas ante un hipotético desabastecimiento. Respecto al pan, la harina de candeal se disparó en origen y en las tahonas el kilo se ha puesto por las nubes. Tanto es así que el ayuntamiento en pleno tuvo a bien incrementar el salario a los empleados municipales en la misma proporción. A cambio, todavía escamados por recientes trampas a la hora de cocer y despachar, desde principios de febrero cuelga en todas las tiendas sendos carteles, uno de garantía y otro de fiar.

En esta casa el cliente tiene el derecho de exigir el kilogramo completo y ser reparado si así no fuese despachado.

Tenemos a disposición de los clientes bonos equivalentes a 2,5 céntimos que pueden utilizar los consumidores para completar el pago.

El pan, producto de primera necesidad, no está siquiera al alcance de centenares de cabezas de familia. Lo que va entrando a chorrillo en el ayuntamiento sale inmediatamente para tapar heridas. Consiguió la corporación que desde Ciudad Real aprobarán un incremento de un 10 por ciento en el recibo de la contribución. Ese dinero extra no ha ido para la administración provincial, se ha quedado en el consistorio. Con el 60 por ciento se ha contratado a obreros para arreglar caminos, con la partida restante se paga a las cuadrillas que han igualado mal que bien las maltrechas calles del pueblo.

Leer Capítulo VI Sumando fieles. Episodio 2º Exhibición de fuerza de los agrarios

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