Foto de Emilio Aguirre Moraga

El trauma de La Reforma Agraria (Cap.VI Ep 6º)

(episodio anterior)

De profesión técnico de publicidad, en los círculos masónicos de Madrid se hace llamar “Guesde”. Destacado integrante de la logia “Primero de mayo”, como buena parte de sus compañeros de cenáculo reparte el tiempo entre las reflexiones sobre la perfección moral y las sesiones parlamentarias en la Carrera de San Jerónimo. Guesde atiende al nombre de Antonio Cabrera Tova, cuando desde la Presidencia del Congreso requiere su parlamento Julián Besteiro.  El diputado Cabrera casi va con el siglo,  celebró este verano la edad de Cristo y lleva los dos últimos cursos políticos ejerciendo de vocal en el Comité Nacional de las Juventudes Socialistas.  Aunque canterano de la Casa del Pueblo de la madrileña calle Piamonte, está acunado en Ciudad Real, circunscripción a la que le debe el escaño que ocupa en Las Cortes desde el año pasado; una promesa enviada a fajarse en provincias. Su carácter volcánico le obstruye la digestión del tedioso avance de este país por la singladura republicana; arrebatada su templanza por el suelo granítico que pisa y habrá de pisar en el sur.

-Señores diputados  –habla Antonio Cabrera ante el pleno de Las Cortes- vamos por quince meses desde los decretos de julio. Las ocho horas de trabajo intensivo se aprobaron como una premisa irrenunciable, puesto que los socialistas ya cedimos en mucho. Bien está que puedan sumarse seis horas más de presencia en el puesto o para quehaceres accesorios, pero nada de cometidos propios de la producción. Les pongo el ejemplo del campo donde solo han de darse horas extraordinarias para faenas tales como el cuidado de las caballerías o limpieza de arreos. Pues sepan que en las pocas semanas que llevan funcionando los jurados mixtos, se apilan las denuncias en La Mancha y todas en el mismo sentido. En los tajos, el patrón hace lo que le viene en gana y negarse es poner en serio riesgo el pan de las familias. Les pido que se ataje este problema lo antes posible y se pertreche a los jurados de las capacidades precisas para dictar sobre las violaciones de la ley. Observen esta cuestión como materia urgente.

Antonio Cabrera Tova. (Fundación Pablo Iglesias)

Cabrera pone en aviso al hemiciclo este 10 de noviembre, cuando se cumple dos meses y un día de la aprobación de la Ley de la Reforma Agraria; la magnánima norma que ha empacado los muchos decretos sembrados por el gobierno de la República. La prevista reordenación del campo es, sin duda, un proyecto mastodóntico y aun así más tibio de lo que los representantes de la clase obrera pretendían. Decididos a dar trabajo a todos los parados y, convencidos de que hay terreno fértil al servicio de tal propósito, establece hasta trece categorías de tierras expropiables. Las cultivadas en régimen de arrendamiento, las de señorío, las mal aprovechadas o no regadas con arreglo a la ley o las situadas a menos de dos kilómetros del término municipal, cuyos propietarios no las labren o tengan renta de más de mil pesetas.

La Reforma Agraria llega como el Mesías que pondrá fin a las desigualdades arrastradas desde tiempos inmemoriales cuyo paradigma son los campos de Extremadura y Andalucía, pero también el sur de La Mancha donde imperan algunos latifundios que cumplen los condicionantes básicos para ser requisados. En la Casa del Pueblo de Daimiel tienen marcada con una cruz la finca de Zacatena, la finca del tío Zacatún, el cuarto latifundio más grande de la provincia. Su dueña, María Luisa de Carvajal y Dávalos, duquesa de San Carlos, pudiere argüir que sus 2.475 hectáreas ya dan de comer a muchas familias. No le falta razón. Bien le amparan en ese eximente las decenas de socios del Sindicato Agrícola Católico, pequeños y medianos propietarios mayormente, quienes merced a la audacia de Romancillo Cejudo y Pedrillo Fernández, trabajan hace varias campañas los quintos que lindan con el Guadiana hacia poniente. Sin embargo, a estas alturas se advierte la condena. Siendo Grande de España, no habrá letrado que edifique un pliego de descargo que anule semejante prejuicio.

Postal de la Casa de Zacatena. (Archivo Municipal de Daimiel)

La Reforma Agraria en su densa prescripción se ocupa igualmente de esos jurados mixtos populares que ya echan fuego, según ha puesto en conocimiento de Las Cortes el diputado Cabrera. Daimiel responde ante el Jurado Mixto del Trabajo Rural de Manzanares. Como el resto, acaba de ser creado para regular las condiciones laborales, pactar las bases y decidir sobre cualquier conflicto suscitado en el trabajo. Lo integran obreros y patronos a partes iguales con el ánimo de ser órgano conciliador sin atender a los cambios políticos en Madrid; ingenuo anhelo habiendo emanado de una ley superior solo amparada por las izquierdas y, como no puede ser de otra manera, interpretada por los propietarios como claramente atentatoria contra sus bienes. Si lo patronos han accedido a estar representados en los jurados es por no perder el paso. Son lentejas. En nombre de los obreros de Daimiel, Nicolás Cortes “El Rojo” es el designado para dar batalla.

El pasado 17 de septiembre suscribieron el primer acuerdo: las bases para el trabajo de los gañanes que atañen a mozos de labranza ajustados por años (los fijos) y los llamados “diarios”, quedando excluidos los temporeros a jornal. Manzanares ha obligado a los propietarios a tener un gañán ajustado anualmente por cada cuarenta y cinco fanegas de tierras labradas o en barbecho para cereales. Lo mismo para las viñas; cada tres mil vides sean nuevas o en producción. En todas las labores que precisen de tres o más pares de mulas no puede prescindirse del  pertinente cuadrero que cuide de las yuntas durante la noche.

El jurado mixto también decidió sobre duración de las jornadas y salarios. Los ajustados quedan exentos del máximo de ocho horas en el tajo. A cambio han de percibir de manera constante su jornal, sin descontar domingos o festivos. Los ajustados por días estarán obligados a  trabajar solo ocho horas. Los domingos y festivos, ni trabajo ni cobro, excepción hecha de la época de colección y sementera. No obstante, siempre podrán echar dos horas extraordinarias con un recargo del veinticinco por ciento del sueldo. Las asignaciones van de las ocho pesetas que percibe un mayoral a las cinco que se lleva un “diario”.

Si un ajustado por años, cuyo contrato nace y expira en San Miguel, falta al trabajo deberá enviar un sustituto o abonar el jornal para que el patrono busque a alguien en su puesto. En base a la ley de Términos Municipales (adherida a la Reforma Agraria) no podrán ser colocados forasteros mientras existan obreros en paro forzoso inscritos en la Bolsa de trabajo.

Eso no va a pasar en Daimiel donde no faltan aspirantes. El registro de la Bolsa de Trabajo ha aumentado en varios cientos de obreros, ciento cincuenta de ellos gañanes.  Dificulta la contingencia que siga sin reestructurarse en profesiones y categorías, avivando las porfías el rumor de que permanecen en lista no menos de medio millar de pequeños propietarios con vivienda incluida. Han vendimiado sus plantíos y quieren figurar con los mismos derechos que los absolutamente pobres. En ese descontrol, unos y otros afean que en la relación de parados no son pocos quienes aparecen por duplicado, como obreros industriales y agrícolas, todo ello coadyuvando al sindiós que trae de cabeza a dueños y desempleados y desacredita a los administradores de la bolsa.

Aquí no queda el embolado porque a punto de mediarse noviembre aún no se ha resuelto en Daimiel el sueldo de los gañanes, es decir, todavía no han asumido los patronos lo acordado en Manzanares. Estos se han agarrado a la baja cotización de la cosecha de la uva. Invocan que los ingresos les impiden comprometerse a mantener el número de gañanes ajustados que obliga la ley. La Asociación Patronal de Agricultores de Manzanares y los sindicatos agrícolas de Alcázar, Daimiel, Infantes y Valdepeñas han recurrido al Ministerio de Trabajo, al tiempo que solicitan al gobernador Fernández Mato que no se pongan en práctica las citadas bases. Sendas demandas las elevaron el 19 septiembre, curándose en salud puesto que aún no había comenzado la vendimia. Echaron el pulso a los obreros, cargando en la saca de las razones dos días de pedrisco que refirieron importantes daños en vid y olivo. Tanto miedo llevaron en el cuerpo que dispusieron las capachas para el 26 de septiembre, una semana antes de lo previsto.

Al final ha resultado que la cosecha ha sido más que decente, no así los precios pagados en relación al del vino, la mayoría dicen no cubrir gastos, tanto es así que numerosos viticultores han tirado por el camino del medio, elaborando sus propios caldos. Así que todos a la gresca, los obreros con los agricultores, éstos con los bodegueros y todos con Madrid.

Pero la vida sigue. La siembra cumplió con octubre entre lamentos de sequía. La lluvia ha faltado a su cita con el otoño y las semillas arrancan en tierra quebrada. Habrá más paro. Este año, anuncian los potentados que plantarán menos viñas y olivos. Son víctimas del panorama los pequeños labradores, pero también significados propietarios que sueltan lastre vendiendo yuntas a fin de aminorar pérdidas. En su descargo pregonan que los obreros bien pudieren vivir holgadamente sin trabajar un tiempo, a tenor de los pingües jornales, aducen, cobrados en tiempos tan apretados. Y como el hambre no firma armisticios, legiones de parados se afanan en la rebusca y recogida de la bellota que este año, por no ser posible recolectarla a jornal,  es dada a medias por los dueños.

En Daimiel, se va sabiendo más de lo ocurrido la madrugada del domingo pasado. Se conoce que el labrador Andrés Espinosa, habiendo comprobado que cada noche le robaban patatas, montó guardia en la casilla aún privándose de la única noche de pleno descanso que le deja la semana. Ahora le pesará haber descubierto al rufián.  Andrés cazó en pleno hurto a un tal Vicente García-Muñoz  y Sánchez-Valdepeñas. El caco opositó a asesino disparando al dueño de los tubérculos, pero Dios quiso que le fallara la escopeta. No se encasquilló la del defensor de las tierras. Dos tiros, uno en la la cara y otro en el hombro derecho.

-Muy buenas noches, permiso, pueden ir ustedes a buscarle. Manden a un médico.

-¿Cómo dice? Explíquese -requiere el benemérito de guardia en el cuartel.

-Soy Andrés Espinosa y aquí les dejo mi escopeta. He respondido a los disparos de un ladrón. Yo he acertado.

En el término municipal de Almagro, ocho fulanos han sido sorprendidos por los guardas de la comunidad de labradores cuando cargaban uvas en una de las fincas de Federico Pinilla. Al llegar la Guardia Civil, ni ladrones, ni uva. Hay quien tiene que celebrar en este otoño.

Fin del capítulo VI

Leer Capítulo VII, Episodio 1º “La perenne crisis política”

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