Foto de Emilio Aguirre Moraga

Patria, familia y religión (Cap.VIII Ep.1º)

 (episodio anterior)

Monumental Cinema de Madrid.  18 de diciembre de 1932

Con el precepto dominical resuelto, sentida y asimilada la última misa de Adviento, avanza impetuoso por el proscenio un enemigo declarado de la República. Cincuenta recién cumplidos y el paso brioso de un quinto. Pecho fuera y mentón paralelo a la punta de sus zapatos blüncher marrón café y negros. Y así se aproxima al atril, va silenciando el murmullo de una concurrencia que le admira y respeta por todo lo que representa. Tomás Domínguez Arévalo, conde de Rodezno, viene contando sin tapujos en las sobremesas de coñac y puros cómo fue uno de los ideólogos e inspiradores del general Sanjurjo, el sublevado que hace cinco meses se levantó contra el régimen. Habiéndose zafado de las garras de sus contrarios, ahora su nombre y valor se ha elevado a proverbio en las epopeyas  de sus adictos.

No abundan en demasía los tradicionalistas de carné en estas latitudes, pero andan sobrados para atestar, hasta los pasillos, este teatro de la capital. Los primeros están en sus butacas desde antes de las nueve y media de la mañana. Ahora, cuando pasan diez minutos de las once, llegan a cinco mil; varios centenares en pie y cuatro mil doscientos acomodados en el recinto techado con mayor aforo de todo Madrid. En el número 87 de la calle Atocha se respira carlismo por los cuatro costados. El orgullo de los presentes lo multiplica el sentirse vigilados por los guardias que han procurado el orden a la entrada y no abandonarán el lugar hasta quedar vacío.

Monumental Cinema de Madrid
Monumental Cinema de Madrid

El Monumental Cinema abrió al público un mes después del Golpe de Estado de Primo y su diseñador Teodoro Anasagasti pasó con justicia e inmediatez a la historia de la arquitectura ibérica. Por primera vez alguien se atrevía a emplear hormigón armado en un edificio, fue la premonición de los años más brillantes de la ingeniería civil. El cemento, la piedra y el dictador.

La estructura pétrea del colosal inmueble niega, a quienes caminan por la acera, el ruido de vítores y aplausos que ensordecen en el interior a los señores diputados. Algo incómodos por bulla tan vulgar, aguardan sentados en la mesa presidencial, Ricardo Gómez Roji, Francisco Estevánez, Julio Urquijo Ibarra y José Luís Oriol; los dos primeros son agrarios católicos pero todos con el escaño ganado en el 31 por el Partido Comunión Tradicionalista, la firma política que entierra sus raíces en el carlismo del siglo pasado. Escuchan ya al presentador del acto, el conde de Rodezno.

-Señoras y señores, hoy brindamos nuestra tribuna a un ilustre conferenciante, que si no forma parte de nuestra organización política en lo que ésta tiene de jerarquizada, sostiene un pensamiento español encajado en tradiciones nacionales. Defendemos todos pues, la causa de la religión y de la patria. No obstante, he de recordar que nunca nos hemos considerado un partido político porque dentro de nuestro régimen éstos serían innecesarios ya que España quedaría constituida de una manera orgánica. Hemos sido muchos quienes al mirarnos nos hemos descubierto hermanos cuando se ha atacado a lo que todos hiere por igual, a los derechos de nuestra conciencia, a la dignidad de nuestra familia, a la libertad de nuestro pueblo, a todo un patrimonio espiritual y material que viene a ser consustancial con nuestra vida –aplauden efusivamente los asistentes- Solo me resta añadir una súplica: que se guarde el mayor orden y compostura a fin de no dar pretexto ni ocasión a que esta campaña sea interrumpida oficialmente. Sepan que quien hoy nos honra con su presencia tiene plena conciencia del cumplimiento del deber, sabiendo sobreponer los dictados de su patriotismo al abatido estado de su espíritu por tanta afrenta que ha de presenciar –levanta la vista y dirige su mirada a la fila de reservados- don Antonio Goicoechea, sus amigos desean escucharle.

Antonio Goicoechea Cosculluela, ministro de Gobernación en 1919 con Antonio Maura, colaboró después con Miguel Primo de Rivera en cuyo mandato acabaría afiliándose a Unión Patriótica, el partido único y oficialista de la dictadura. En abril del año pasado se apuntó a la aventura de combatir a los revolucionarios fundando junto a Gil-Robles Acción Nacional -ahora Acción Popular- pero lleva un tiempo sopesando impulsar una nueva marca. Más beligerante. Lo está mascando junto a sus amigos intelectuales que cada quince días sacan a la calle la revista Acción Española, entre ellos Ramiro de Maetzu y José Calvo Sotelo.

Los aplausos en el Monumental Cinema ahogan el ruido de los taquígrafos de los periodistas que se apresuran a registrar el final del discurso del Conde de Rodezno, antes de abrir nueva página con lo que habrá de decir el señor Goicoechea, recibido igualmente con una ovación formidable de vivas, atenuada cuando el exministro fija la vista al fondo, esperando el remanso para iniciar la homilía.

 -Pocas veces me he levantado a hablar con emoción tan honda, con temor tan sincero de no satisfacer vuestros deseos ni responder a vuestra expectación. Pero esta claridad de la exposición no tiene para mí más que un límite: el juramento que me he hecho a mí mismo de no combatir más que con el adversario –hace una pausa en su alegato y recorre con una mirada seria el patio de butacas y graderías, para continuar más enérgicamente- Día feliz será aquel en el que podamos diferenciarnos, porque entonces podremos predicar nuestro ideal íntegramente. Mientras tanto hay que esconderse como el número en la cifra y engrosar esta legión de héroes desconocidos y oscuros que solo en confuso montón tiene ante la posteridad memoria que los recuerde, ojos que los lloren y lira que los cante –estalla la sala en aplausos- Yo tengo que agradecer a la Comunión Tradicionalista la hospitalidad que me otorga y la ocasión que me brinda. Vosotros practicáis el culto caballeroso del ideal y esa es vuestra fuerza; por eso, a través de las vicisitudes y alternativas de la Historia habéis sido un valor eficaz y positivo en la política española. Obrar sin el apoyo de la tradición es suicidio sino fuera crimen, porque el pensamiento creador de hoy se apoya en los pensamientos de las generaciones que nos antecedieron. Si hay en la vida de España un momento histórico en que mejor se haya comprobado la necesidad de la tradición es este triste periodo que media desde el 14 de abril hasta hoy.

El público irrumpe en una bronca inmensa contra los rojos y aquiescentes, pitos y desprecios a todas las izquierdas que les viene a la cabeza, rematada con un fragoso batir de palmas que conmueve a un orador tan bregado como Goicoechea y le anima a proseguir su plática.

-Déjenme que formule una pregunta a todo el que quiera escuchar, ¿no habéis visto cómo al delirio trágico acompaña otra triste ceremonia que también los jacobinos en la Francia de 1789 solían realizar? Ellos llamaban escrutinio depurativo al hecho de expulsar del partido a todos los hombres sospechosos de moderación, de inteligencia y de humanidad. Los de aquí, hoy y ahora, realizan también ese escrutinio: toda persona sospechosa, aunque sea muy ilustre, de moderación, humanidad e inteligencia queda excluida, y así se va realizando esa triste selección hacia lo que es peor, que es la característica de todo régimen envilecido.

Todos se incorporan como víctimas de un espasmo, desatados, empiezan a aclamar al orador quien cierra el discurso apelando a la unión de todo español, orgulloso de serlo, para que el país no complete la destrucción de aquello que fue.

Antonio Goicoechea se seca el sudor de frente y sienes con un pañuelo que guardaba en el bolsillo interior de la chaqueta que no se ha quitado, ni siquiera desabrochado un botón. De la excitación le descollan las ojeras que casan con el tono de su corbata púrpura y contrastan con el blanco roto de un traje impecablemente planchado. Hace mutis por el foro mientras continúa el eco arrítmico de aplausos y vivas.

Ilustración de Antonio Goicoechea durante su intervención. El Siglo Futuro, 19 de diciembre de 1932
Ilustración de Antonio Goicoechea durante su intervención. El Siglo Futuro, 19 de diciembre de 1932

Calle Serrano,  cerca de la Puerta de Alcalá. Viernes, 13 de enero de 1933

En un cajón de su escritorio, Antonio Goicoechea guarda celosamente la misiva que en estas horas es preciso permanezca oculta. Su contenido será revelado y puesto en contexto el próximo lunes, dentro de tres días, cuando salga a la luz el número 21 de Acción Española. El cierre de edición de la revista no puede esperar más. Ha de dar respuesta a esa carta antes de medianoche.

Estimado y admirado señor Goicoechea, la unión de derechas es un anhelo nacional que únicamente necesita para verse convertido en realidad la constitución de los organismos adecuados a este fin.

Una gran masa de discrepantes con la actual estructura del Estado, que aún no había logrado plasmar totalmente en una organización política, encuentra reflejadas fielmente sus ideas y sentimientos en el discurso que usted pronunció recientemente en el Monumental Cinema. Discurso que no solamente ha expresado nuestro sentimiento, sino que ha fijado también con justeza nuestra posición, simpatizante y colaboradora con todas las organizaciones anteriormente existentes en la derecha española.

La derecha española, tal y como nosotros la concebimos, no encaja en las viejas y anticuadas clasificaciones al uso en nuestra política. Aspiramos a que las normas de organización social cristiana sean una realidad viva y no una teoría libresca. Queremos una restauración de los valores eternos del espíritu español, realizada mediante una renovación total de la estructura del Estado.

Nosotros tenderemos fraternalmente la mano a todas las organizaciones existentes dentro de la derecha política española, dispuestos a la más estrecha colaboración, y desplegando, como denominador común a todos, la bandera de la reforma constitucional.

Reciba un cordial y amistoso saludo de los abajo firmantes. Usted primero y todos detrás.

Antonio Goicoechea lleva horas en su despacho de la sede de Acción Popular. Le cuesta horrores concentrarse en la tarea de tanto cansancio y excitación acumulada, pero ha de rescatar un mínimo de sosiego y serenidad. Se le acaba el tiempo. Toma la estilográfica y comienza a escribir.

Muy de corazón estimo y agradezco las reiteradas alabanzas contenidas en la carta de adhesión que tienen ustedes la bondad de dirigirme. Pensamos bien lo que decimos y estamos, por ello, resueltos a no omitir, dentro de lo lícito, nada de cuanto pensamos.

Ansiamos dos cosas, una nacionalización de nuestras instituciones y de nuestro gobierno, alcanzada, con la mirada puesta en la tradición, mediante la restauración de los valores eternos del pensamiento español, y a la vez una mudanza total de la organización del Estado, que lo coloque en condiciones de eficiencia y de justicia en el cumplimiento de sus más esenciales fines. Queremos una España renovada, pero que no deje de ser España. La renovación española tal es nuestro ideal y tal debe ser nuestra divisa.

Considero de importancia capital dejar al descubierto que el movimiento de salvadora reacción que representamos no se propone como objetivo la restauración pura y simple del pasado anterior al 14 de abril. Cuantos figuramos en la vanguardia de este movimiento somos, en realidad, coherederos en el inmenso caudal espiritual que D. Antonio Maura nos legó con su inquebrantable devoción a la Monarquía. Cuantos tomamos parte en esto sabemos bien que hemos de ser apóstoles más bien que caudillos.

Si yo me atreviera a sintetizar en breves palabras las características esenciales del programa a desarrollar, diría con toda claridad que, en lo religioso somos católicos; en lo político, monárquicos; en lo jurídico, constitucionales y legalistas, y, en lo social, demócratas.

Goicoechea, respira, se levanta, tensa los lumbares y ronda parsimonioso el perímetro del despacho, mientras perfila en su mente el desarrollo de cada uno de los puntos que ha enumerado como configuradores del programa de Renovación Española. Al cabo de unos minutos retoma la escritura para, luego de una hora de redacción y concienzudos repasos, decidir que nada más cabe añadir, solo referir la nómina de agradecimientos a quienes se han sumado a esta empresa política que se dispone a nacer.

Repasando la lista de firmantes del documento que contesto, veo en ella, con gran complacencia, al lado de la de antiguos mauristas, de ideología idéntica a la mía, la de representantes del nacionalismo –a cuyo jefe de modo singular agradezco la adhesión afectuosa-, la de conservadores históricos, la de miembros de la Unión Monárquica Nacional, la de liberales por convicción o por estirpe, la de monárquicos independientes, la de personas, en fin, de mérito relevante, apartadas hasta hoy de todo compromiso de partido.

Acepto con reconocimiento y orgullo el papel de consejero y guía espiritual que ustedes bondadosamente me adjudican. Sabré cumplirlo hasta donde me alcancen mis fuerzas. Y hago por primera vez uso de la autoridad de que me invisten para reiterar a todos la necesidad de una alianza estrecha y cada vez más íntima con los grupos afines. La afirmación de nuestro peculiar ideario es, a mi juicio, solo un medio; la unión es el fin.

De ustedes afectísimo amigo y seguro servidor, q. e. s. m., A. Goicoechea

Toma las cuartillas, las dobla por la mitad, las introduce en un sobre, funde lacre y sella la carta que se incluirá en el artículo titulado “Hacia un frente antirrevolucionario español”. Alarga el brazo toma el auricular del teléfono y marca el número del domicilio del director de Acción Española, el conde Santibáñez del Río.

-Aguarde señor Goicoechea que aviso al señor conde –al segundo ya está al otro lado de la línea.

-Buenas noches don Antonio, le esperaba a usted en mi casa.

-Se ha hecho tarde, don Fernando. No se retire todavía a dormir. En menos de un cuarto de hora tiene en la puerta de su casa un taxi. No tema, el mozo le lleva la carta. Espero que llegue a tiempo a imprenta.

-Qué cosas dice don Antonio, si es preciso se paran las máquinas.

accion española

Lunes 16 de enero

En esta hora sin marcha atrás, Antonio Goicoechea ha concretado su salida voluntaria de Acción Popular, un desenlace inevitable desde el alzamiento y fracaso de la Sanjurjada. Entonces Gil-Robles ya había dejado claro que su partido acataría la legalidad vigente, no viendo con buenos ojos que siguieran participando en él “sospechosos” de comulgar, cuando no instigar intelectualmente, el intento de Golpe de Estado a la República.

Sin embargo, asear la imagen de Acción Popular no implica quebrar a las derechas, al contrario, en la voluntad de Gil-Robles está crear un bloque de fuerza antimarxista, la Confederación Española de Derechas Autónomas y quién sabe, promover con otras fuerzas conservadoras la concurrencia coaligada a las urnas cuando toque renovar Las Cortes. De hecho, con ese mismo espíritu apaciguador, en el mensaje fundacional de Renovación Española, Goicochea evidencia que solo hay un enemigo, los revolucionarios.

Ha surgido Renovación Española y, por otra vereda, Gil-Robles, el incuestionable hombre fuerte de las derechas, sienta las bases de lo que pretende ser una coalición de partidos políticos católicos. Un frente común que arrebate a las izquierdas el gobierno de la República.

No obstante, esos enemigos están por madurar. El ejecutivo de Manuel Azaña ha de contener en el presente inmediato el escándalo que, prensa de todos los colores, lleva a primera plana. La masacre de Casas Viejas ha zarandeado al régimen. Relatan los diarios, en medio de una nebulosa aún indescifrable, la desproporción con la que Guardia de Asalto y Guardia Civil se ha empleado con numerosos vecinos del pueblo gaditano. Se busca a los responsables de la carnicería. La República ya tiene su primera gran tragedia.

 

Mitin de Acción Agraria. 29 de enero. Teatro Ayala de Daimiel

La aniquilación definitiva del artículo 29 ha barrido de políticos el consistorio.

Consten en acta el sentimiento que produce a la corporación el cese de 11 concejales, por virtud del decreto que publicó la Gaceta el pasado día 6 de enero, y que durante cerca de 2 años compartieron con todos las difíciles tareas municipales. Se da un voto de gracia por la cooperación que durante este periodo prestaron a los intereses locales.

Solo permanecen en sus puestos los ocho electos en las parciales de mayo del 31, a saber, Antonio Maján que ya no es alcalde, Antonio Almela, Ramón García Muñoz Yepes, Pantaleón Pozuelo, Adrián Lozano, El cojo López Casado, Manuel Infante y Lorenzo Gómez-Limón. Este último gracias al voto propio y al de sus dos compañeros socialistas ha conseguido la mayoría necesaria para erigirse como presidente de la Comisión Gestora; la metáfora de la República renqueante, y ya ha llovido desde el glorioso 14 de abril.

Ninguno de los hoy presentes en el Teatro Ayala se encontraba ayer en la constitución de este órgano interino que por ley ha de tomar las riendas del ayuntamiento.

-Hay que respetar la autoridad aunque ésta pueda estar temporalmente en manos indignas –proclama en el comienzo de su discurso Luis Bascuñana periodista y presidente del Comité Provincial de los agrarios, el hombre de Gil-Robles en Ciudad Real-, eso sí, el gobierno debe defender a todos y no a una determinada facción o partido. Exigimos la libertad de enseñanza y censuramos a quienes prohibieron las subvenciones a las escuelas católicas y sí a las judías de Tetuán. Reconocemos que en la provincia sólo Acción Agraria y PSOE se han ocupado de los problemas del campo pero estos últimos validando una reforma agraria absurda, ruinosa y que solo traerá hambre para los obreros. Y, qué decir de los jurados mixtos, el arma más formidable para los fines del socialismo internacional.

Bascuñana va allá donde le requieren para exigir la libertad de contratación laboral que, denuncia, coarta la Ley de Términos Municipales, la norma que obliga a emplear solo a los empadronados en la localidad en cuestión.

-Solo así, con libertad de maniobra para los propietarios, sin el dictado de los jurados mixtos, se puede alcanzar la revalorización de nuestros productos. Hombres de Daimiel, sabéis que no podemos arremeter solos contra esta tiranía marxista. Decidles a vuestras mujeres que acudan a las urnas para contribuir al triunfo de nuestros principios.

Retumban los aplausos mientras sube a la tarima el capellán castrense y reputado orador Enrique Fisac Aranda.

-Recojo estos aplausos para ofrecérselos a la mujer manchega modelo de virtudes patrias que hoy sin perjuicio de su feminidad saben poner un gran entusiasmo en la propaganda política para dar con ello un alto ejemplo de valor a los hombres. Saludo a los adversarios políticos y de antemano retiro cualquier frase que pueda molestar a las personas pues mi propósito es sólo combatir las doctrinas que creo equivocadas. Por mi condición de sacerdote me interesan los valores espirituales en cuya defensa e influencia en la vida pública no he de omitir esfuerzo por penoso que sea. Con república o con monarquía. Acato la ley y por tanto puedo exigir a los poderes públicos que respeten mis derechos y si los vulneran nadie podrá impedirme que les llame tiranos. Quienes hoy ocupan el poder no tuvieron escrúpulos de aliarse con sindicalistas y comunistas que hoy conspiran revolucionariamente para instaurar una dictadura roja. El Gobierno quiso encontrar en la Constitución una panacea universal que cortara todos los males españoles pero yo tengo que señalar que no sirve para nada, como lo demuestra el hecho de que aún no haya empezado a regir en toda su integridad.

Enrique Fisac, consciente de su notorio atractivo físico, se pasa la mano por el cabello, tienta el crucifijo que cuelga de su cuello y bebe un sorbo de agua, esperando a que se acomoden un par de caballeros recién entrados en uno de los palcos de la primera planta.

-Nuestra constitución –retoma el capellán- plantea en España un problema religioso. Es sorprendente que así se interprete cuando las grandes potencias que marchan a la cabeza han demostrado que los ideales religiosos en vez de dividir aprietan los lazos del patriotismo. En España hay creyentes y no creyentes y hemos de pedir libertad para defender todas las creencias, aunque en el terreno doctrinal estamos convencidos de que la Iglesia es una sociedad perfecta y es consecuencia superior y anterior al Estado. Conociendo el panorama político de España, miremos cara a cara al porvenir. Es menester que todos salgáis de las trinchera para uniros a cuantos luchan en vanguardia. Mirad cara a cara al ideal de la patria y entonces habremos vencido”

Todo esto lo pronuncia Enrique Fisac descansado entre las frecuentes interrupciones que auguraban la sonora ovación final que le dispensa la audiencia. Entusiasmado, el público quiere más. Ansían escuchar al abogado madrileño de origen santanderino Pablo Ceballos Botín a quien precede su fama de espléndido propagandista.

- Buenos días, estimado pueblo de Daimiel. Ha llegado el momento de reaccionar para impedir que nuestra civilización sea barrida por las doctrinas disolventes. ¡Hombres de Acción Popular, Acción Agraria Manchega en esta tierra! –exclama Ceballos -. Es menester darse cuenta de que lo que cayó el 14 de abril no fue tan sólo una forma de gobierno sino que fueron más allá decidiendo ellos lo que estaba podrido y tenía que desaparecer. En nuestro programa, no lo olvide nadie, defendemos que la propiedad debe repartirse entre un mayor número de gente para cumplir mejor su función social, pero es preciso tener en cuenta al hacer la parcelación de los grandes latifundios que a sus propietarios hay que indemnizarles en justicia de las características del terreno. Los confeccionadores de la ley desconocían los problemas del campo y la realidad es muy distinta de la que ellos se pudieron figurar en la tranquila comodidad de sus despachos oficiales. Además se engaña a los obreros cuando se promete mejorar su condición ya que se les hace siervos del Estado que es peor patrono que el patrono de más duras entrañas. Y ¡no!, lo digo bien alto ¡no a las dictaduras colectivas! Se ha demostrado que son peores que las personales ya que en aquellas queda diluida la responsabilidad.

Sus últimas palabras se solapan con los aplausos y vítores en un ejercicio desmedido de entrega incondicional a Bascuñana. Harían lo que les pidiera.

-¡Os animo a todos a uniros a nuestro movimiento!  –brama sobre la batahola- ¡Sumaos a esta fuerza que, nacida sin ninguna responsabilidad de los tiempos pasados, trata de encauzar la política española por caminos de amplia libertad y respeto para todos! –un minuto después, la calma- Y ahora, todos en pie, recemos un padrenuestro.

Leer Capítulo VIII, Episodio 2º “El primer periódico republicano y la imprenta Espadas”

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