Foto de Emilio Aguirre Moraga

Ramón Briso el excoronel que quiso ser alcalde (Cap.IX Ep.1º)

(episodio anterior)

18 de agosto de 1933

Abril sembró el campo de hielos tardíos cristalizando un suelo áspero y polvoriento. Sediento de lluvias generosas de las que no sacian desde hace meses, demasiados meses. Los pelados malograron las yemas de las vides y causaron estragos en buena parte del cereal. Y cuando por fin descargó el aguacero perpetró a lo bruto, como el 20 de mayo, la tarde de una tormenta eléctrica bárbara y traicionera. Porque era bella y tornasolada en la lejanía de la sierra, sorda y desbordante de culebrillas. Pero al venirse encima, ni cien beatas trémulas gritando rosarios en el refugio de una cueva podrían haber acallado el estruendo de tanto rayo y centella. Uno de ellos trajo muerte en una casilla del paraje de La Encantada junto al camino de Las Carretas. En la huerta de Ambrosio Miralles merecían un sábado sin faena sus suegros Basilio García-Moreno y Felipa Bastante. Entró por la chimenea, escapó por la puerta y en el trayecto zaleó todo lo vivo. Los encontraron calcinados al día siguiente. Él apresaba en su mano derecha el eslabón, en la izquierda la piedra, en el suelo un cigarrillo liado. Cuando le dieron la noticia a su hija Felipa casi le cuesta el embarazo de su tercero, el pequeño Ambrosio, nacido este pasado lunes.

Luego de las referidas inclemencias, siquiera por escasez de grano, pudo haberse esperado cierto beneficio para los propietarios espoleando al alza los precios de las mieses. Al contrario. La fanega de cebada se ha cotizado a tres pesetas y media y el trigo se malvende por debajo de la tasa. Por una arroba de aceite te dan diez pesetas y las patatas se pagan a diez céntimos. Ha ocurrido en otras temporadas, la diferencia con este año 33 es que por imperativo del Jurado Mixto radicado en Manzanares los jornales de la siega se dispararon hasta las nueve pesetas y media. Otra losa para sepultar el ánimo de los labradores. En Daimiel, siete inspectores delegados de Trabajo han exigido a rajatabla el cumplimiento de esta cláusula y el resto de cuanto se ha legislado.

En el sindicato agrícola han echado cuentas y apenas salen lo comido por lo servido. Sostienen que al labrador le queda algo más de peseta y media por fanega que, sumado al valor de la paja, es aún insuficiente para cubrir los gastos de porte y trilla. He aquí una de las causas de que, muchos de quienes por despecho no quieren y por humildes no pueden, hayan optado por abandonar los cultivos.

Cayendo el telón sobre junio, los malos presagios se habían confirmado. Los propietarios hicieron constar que casi la mitad de la cosecha de trigo candeal quedó desamparada para festín de perdices, sisones y abubillas. En un último intento al margen de la Casa del Pueblo pretendieron hacerse cargo de la recolección entre propietarios y jornaleros sin salario pero repartiendo ganancias. Ni por esas. La piral ha dejado sin uva seis de cada diez plantíos. Los agricultores no encuentran financiación ni compradores de fincas, aun dándolas medio regaladas. Aseguran los ancianos que esta crisis no tiene parangón.

A corto plazo, tras el parón de verano, lo que aguarda tampoco es prometedor. Si a las vides les ha zurrado una plaga de oruga, desde Madrid, el IRA mueve papeles sin compasión. El Instituto de la Reforma Agraria no ha pasado por alto la parcelación del término de Daimiel. La titánica ley -que aspira a poner panza arriba la propiedad, hundir el cuchillo en las nobles posesiones y repartir tajadas de tierra- ya zahiere sin aplicarse el orgullo de los propietarios que gestionan los quintos de la duquesa de San Carlos. Otro pesar más cargado a la saca del desconsuelo.

El 24 de mayo el IRA resolvió incluir Zacatena entre las fincas expropiables. María Luisa de Carvajal y Dávalos recurrió el 20 de junio aduciendo que los diversos quintos debían calificarse como terrenos de pastos y labor, con encinas diseminadas y algunas pequeñas porciones inundadas por el Guadiana. Alegaba la duquesa que existen 80.000 pies de encina en la finca y que es cultivada en régimen de arrendamiento por más de un centenar de socios del Sindicato Agrícola Católico de Daimiel desde 1925. Apelaba, por un lado, a la Base 6ª apartado b y d que exceptuaban de la expropiación a explotaciones forestales y, por otro, al concepto social de la ley puesto que se trataba de posesiones muy repartidas entre agricultores de todo pelaje.

Calle Estación 2, domicilio de la familia Briso de Montiano. 11 de la noche

No es fresco pero recrea. Un céfiro mece a ráfagas los visillos del balcón que, abierto de par en par, desahoga la estancia tras un viernes abrasador. Don Ramón ha aparcado unos minutos sus deberes y, en sosegada reflexión, calibra la entidad de los compromisos ineludibles a que obliga su cargo. Contrae y relaja los músculos de espalda y cuello, estira las piernas una sobre otra sentado en su mesita de fumar a la que no le falta detalle. Cigarrera, bujía, fosforera, hierro para despuntar los tabacos y un cenicero de bronce con motivos castrenses. En el ribete se ha consumido tres cuartos de un cigarro sin recibir una sola calada. Espera a que se esfume el último hilillo de tufo y retoma la tarea. Sobre el tablero de la mesa del despacho, de caoba y nogal, hay unos cerramientos laterales de unos diez centímetros de alto que se abren en sus lados mayores a fin de tener más a mano los papeles con lo que está trabajando. Rescata una de esas hojas y la desdobla para releerla. Es el informe que le ha pasado el sindicato agrícola de todas las cuitas en torno a Zacatena. Incorpora el recurso de la duquesa y la descorazonadora respuesta del ingeniero responsable de los estudios técnicos y recomendaciones del Ministerio. José de Echeverría dictamina que la finca no puede definirse como explotación forestal ya que el cultivo existente en toda ella era el cereal con leguminosas y “no solo no se cultiva por la dueña directamente, sino que los arrendatarios lo hacen de una manera vulgar”. Una finca muy poblada de encina sin podar; finca de labor arrendada sistemáticamente y mal cultivada. Afeitado en seco al argumentario de los sindicados; no es que se ponga en cuestión su propiedad o el reparto sino que se apela directamente a la mala utilización que se hace de las tierras.

Estos días, don Ramón se está acordando más que nunca de las dos que faltan, su primera esposa y madre de sus cuatro hijos Concha Maján y la pequeña María que falleció hace solo ocho meses de tuberculosis siendo aún adolescente. Su refugio es la política pero no su descanso. Pudo sortear quebraderos y desazones de haber optado por la plácida vejez que le firmó  el flamante gobierno de la República en junio del año 31 cuando se le concedió el retiro del Ejército a petición propia. Pudo haber nutrido su orgullo de daimieleño ilustre paseando su hoja de servicios como coronel de Artillería.

Sin embargo algo le decía que la mácula de verse envuelto en el complot del general Aguilera era motivo más que sobrado para desquitarse, reconduciendo su energía a otros menesteres. Y así fue cómo acomodó sus ínfulas en el Partido Radical cuya agrupación local maneja con sus cuñados los Majanes Pinilla.

Don Ramón Briso de Montiano Lozano y allegados tutelan ahora esta vertiginosa existencia republicana. En el primer escalón generacional, junto a Ramón, sus hermanos Tomás y Luis. El primero es juez municipal y el segundo exconcejal monárquico que sigue manejando desde el sindicato agrícola y el Casino. Luego está su cuñado Filiberto Maján número dos del triunfante Partido Radical y presidente hasta hace poco. En el segundo escalón, su hijo Miguel Briso, presidente de Juventud Católica y mano derecha de Benimelli en el Semanario Daimiel, mientras su primo Filiberto es el corresponsal de El Pueblo Manchego, el vocero de la derecha. Por si no bastase, otro sobrino (éste directo y no por parte de su difunta) Raimundo Mauri-Vera Briso es el depositario municipal. Y sus hermanas “Las Mauri”, todas solteras y centinelas de la costumbre, entregadas a la Iglesia. Paz, la mayor, se desdobla dando catequesis en San Juan y San Roque. Cuando están en casa, Paz, Isabel y Sacri procuran que nada le falte a su tío Ramón que vive en el piso de arriba donde,  a las once y cuarto de la noche de este 18 de agosto, permanece sentado en su gabinete. No se espera menos, de quien es alcalde desde el 10 de mayo.

En las elecciones solo fue el octavo más votado pero ante una corporación tan heterogénea les pareció a todos los concejales agrarios, mauristas o socialistas que la persona que concitaría menos controversia era don Ramón. Cuando entraron en el salón de sesiones dispuestos a designar alcalde el acuerdo venía cerrado. Todos los votos de los ediles para el coronel de Artillería, hombre de orden y adscrito a un partido más centrado. Entre lo malo lo mejor, pensarían los socialistas antes y después de escuchar su discurso una vez proclamado:

“Los electores nos han hecho un encargo especialísimo: restablecer la tranquilidad en la ciudad y para eso reclamo imperiosamente el auxilio de todos para que la paz vuelva a los espíritus y la ciudad recobre el aspecto que tenía hace algún tiempo, que se ha ido perdiendo debido a los cuervos que anidan en la noche de la República, usando una frase de actualidad, pero en Daimiel esos cuervos han sido forasteros de los cuales unos se ha avecindado en Daimiel, usando de la hospitalidad de que me honro, y otros han estado nada más que como aves de paso, dejando la intranquilidad en las conciencias. Trabajemos por la cultura para que todos los hijos de Daimiel tengan escuela donde instruirse; de todos vosotros, compañeros de concejo, espero me ayudéis en tan ardua tarea”

Hasta los obreros aplaudieron sus palabras desde el fondo de la sala, seguramente interpretando que la crítica atinaba en la figura del  ‘rompeurnas’ Antonio Cabrera, el “ave de paso”; sin captar el dardo lanzado a su jefe local, el secretario de la Casa del Pueblo, el “forastero” y “avecindado” Miguel Carnicero. Tampoco intuyeron los obreros que esa tarde de sábado sería la última que iban a aplaudir ya que el supuestamente conciliador alcalde daría calabazas a establecer por las tardes-noche el horario de sesiones como habían pedido los concejales socialistas el mismo 10 de mayo. Para no tener que pedir favores a los amos.

Hace 15 días, el 3 de agosto, don Ramón solventaba el litigio con un argumento no exento de cinismo: “Agradezco la asistencia de los ediles en sesiones previas por lo que, criterio personal, no considero necesario cambiar la hora”. A lo que su antecesor Gómez-Limón preguntó: “¿Desconoce acaso usted el sacrificio que impone asistir por la mañana?”. Tanta retórica cargaba esta cuestión que el silencio pareció otorgar el derecho a queja del socialista. Hasta que Eusebio Camino -el más votado por el pueblo, 1.515 apoyos-  hizo valer su ascendencia moral y aritmética sobre el pleno para sentenciar: “Creo que por las mañana está bien”. Abandonados, los cinco concejales socialistas fueron los únicos en apoyar el cambio vespertino. Cinco ediles y no seis, porque Ángel Martínez acababa de renunciar a su acta, precisamente por incompatibilidades horarias.

Solo ha transcurrido un trimestre desde la constitución del ayuntamiento y los bandos están de uñas. Lo intentó el alcalde con su discurso integrador el día de la proclamación. Incluso fue de alabar que no ensuciara en su primera entrevista en Pueblo Manchego el expediente de sus antecesores, “la situación no es catastrófica aunque sí delicada porque en caja solo quedan 1520 pesetas. No hago responsable a la comisión gestora que ha actuado bien en cuanto a los intereses municipales”, señaló en el rotativo ciudadrealeño. Claro que esto decía el alcalde cuando hablaba en su nombre y otra cosa era lo que filtraban al periódico afín respecto al mismo tema. Por ejemplo, que los tres concejales socialistas (olvidando el cronista que en la gestora había representantes de otras formaciones) habían gastado todos los recursos disponibles sin pagar a empleados municipales, médicos o farmacéuticos. Y al contrario -aseguraban los nuevos- sí se valieron  los socialistas para conseguir un anticipo de lo ingresado por contribución para emplearlo en pagar a los obreros de primera categoría, como llaman sarcásticamente en Daimiel a quienes señalan como protegidos de la Casa del Pueblo. Esta balumba de gestores manirrotos y herencias recibidas trascendió seís días después del estreno de la corporación.

Todas estas andanzas le rondan al alcalde cuando vuelve en sí sobresaltado  por el resonar en la torre de San Pedro de la primera campanada de medianoche. Las cuenta una a una, hasta doce. Con el eco de la última, don Ramón toma el informe del sindicato agrícola sobre el pulso al IRA, lo dobla y lo introduce al fondo del cajón central del escritorio. Cierra con cuidado de no arañar la decoración de marquetería en madera amarilla alrededor del bocallave.

Antes de retirarse a dormir, relee la columna de la derecha de la portada de hoy de El Pueblo Manchego donde vuelven a mentarle. Se trata de una carta abierta dirigida a su persona. La firman con nombres y apellidos algunos significados integrantes de las fuerzas vivas de Daimiel. En representación de la Patronal (Sindicato Agrícola Católico) Enrique Noblejas; Esteban Treviño (presidente Partido Radical), Pedro Fisac (Acción Agraria), Eduardo González (Republicanos Liberales Demócratas), Francisco Fernández (Sindicato de Artesanos) y Juan Manuel González (Sociedad de Obreros Albañiles “La Defensa”). Suscriben un texto entre alegato y filípica para decirle al alcalde aquello de usted primero sin miedo y nosotros detrás.

Los firmantes defienden la victoria incontestable de la derecha en las elecciones “simplemente porque somos la inmensa mayoría de este vecindario”. Alaban la honradez y fidelidad a su deber de los guardias municipales “valientes defensores del orden, de la paz y la justicia”. En cuanto a las injuriosas acusaciones de soborno de las masas para ganar en las urnas, “negamos que hoy se deje sobornar al obrero daimieleño y protestamos del insulto que se le infiere al suponérsele capaz de ello”. “Las elecciones las ganamos como ganaremos las próximas, porque somos más, tenemos y tendremos mayoría. Lo que es más difícil que ocurra, es que se rompan urnas tan impunemente como otras veces”.

Ha resquemado en la derecha que se proyecten dudas sobre el posicionamiento político daimieleño. Escocidos están porque se haya denunciado que la víspera de las votaciones los más pudientes en las Siete Esquinas como el tendero y tabernero ‘El Colorao’ y Aquilino el de la Plaza de Toros, aficionado a la caza, reparador de escopetas y también pequeño bodeguero, organizaran una limoná popular a cambio del voto para la derecha. En el Alto, donde más duele a la Casa del Pueblo.

Lances livianos, no obstante, al lado del porqué de ese otro comentario de los firmantes dando ánimos a las fuerzas del orden, lo ciertamente grave: lo acontecido a comienzos de mes, la sangre derramada, el rebosamiento violento de todos estos problemas que atormentan al flamante alcalde. Ramón Briso de Montiano y Lozano ahora sabe cuán ingrata es su encomienda, cómo hierve el sillón de Alcaldía.

Esquina inferior izquierda, Casa de Los Briso
Esquina inferior izquierda, Casa de Los Briso

Dieciocho días antes. Martes 1 de agosto

Oficialmente son 2.500 parados los inscritos en la Bolsa de Trabajo Local obligados por la Ley de Términos. Es el balance publicado el pasado 27 de julio cuando también se informó de que 154 familias cumplen los requisitos para ser consideradas enteramente pobres; cifra provisional puesto que se está rehaciendo por enésima vez el padrón de desfavorecidos y permanece abierto el plazo para justificar la percepción de ayudas.

Para salir del paso, endeudarse es la única salida. El Ayuntamiento ha gestionado un préstamo de 500.000 pesetas para emplearlo en obras públicas. Se ha descartado la construcción de la nueva casa consistorial, aunque habrá que pagar los planos a López de Coca. A cambio, este nuevo equipo ha estimado más urgente y menos gravoso destinar el dinero a la edificación de dos escuelas. Negocian con Antonio Pinilla Pinilla los terrenos que tiene en la calle Estación, frente a la ermita de San Isidro; también los  de Santa Maján en la calle Motilla. Sin embargo, no moverán una espuerta de tierra mientras el Ministerio de Instrucción Pública no se avenga a subvencionar sendas construcciones, aunque sea parcialmente. Por tanto, convienen ir tirando del préstamo para chapuzas, reformas, calzadas o el entorno del río Azuer.

El buen hacer con los bancos permite al alcalde presumir de haber duplicado en una semana el número de obreros en acometidas públicas. Creyó don Ramón que acallaría las críticas ofreciendo turnos de cuatro días por semana; pero la Casa del Pueblo quiere más. Exigen trabajar al menos seis días porque los jornales que prometen no les rescatan de la miseria. O todo, o nada. El acuerdo es imposible y Briso de Montiano encara su primera huelga para este primero de agosto.

El paro de protesta lo secundan los doscientos jornaleros que trabajan en las obras municipales, caso del cementerio donde la Casa del Pueblo dirige el más nutrido de los piquetes.

La Plaza de la República en 1933. Guía de Daimiel
La Plaza de la República en 1933. Guía de Daimiel

Los obreros particulares no acatan los dictados de los socialistas, los comercios ni se habían planteado descansar.

Afloja el calor y una cuadrilla de paisanos de mediana edad pasean desde el Bar España hasta el Banco Español de Crédito, y vuelta atrás. Conversan sobre lo ocurrido con un desgraciado postrado en cama desde hace dos semanas víctima de una tunda. Se rumorea que fue sorprendido robando cebada y los agentes de seguridad no pidieron muchas explicaciones antes de propinarle una paliza de las que no es raro salir con los pies por delante.

Justo cuando el grupo camina a la altura del quiosco de la música, irrumpen en turba por el costado izquierdo, desembocando desde la calle Comercio, no menos de cien sujetos armados con palos, hoces y piedras. Los paseantes se apartan para no ser engullidos por la masa. La marea de exaltados avanza desenfrenada y al instante vuelan los cantos hasta quebrar las vidrieras del ayuntamiento. Al no encontrar resistencia, acto seguido arremeten contra la puerta principal. Solo retroceden cuando silban los primeros disparos desde la primera planta donde una pareja de guardias intentan repeler la acometida. Después contarán ante el juez que se limitaron responder al primer tiro descerrajado con un arma de repetición desde el anonimato de la marabunta.

La reyerta es feroz. Un agente municipal recibe un balazo en la región sacra, otro compañero es alcanzado en la clavícula, a un tercero se le queda alojado un proyectil en un brazo y al inspector de la Policía le descalabran de una pedrada. La contienda se descontrola y el zafarrancho se esparce por toda la plaza. Ahora sí cierran los comercios. Precaución que no adopta Tomás Martín-Consuegra, aunque quién iba a esperarse semejante infortunio cuando se encontraba en el Círculo Obrero, a doscientos metros del foco de conflicto y a la vuelta de la esquina. Alertado por los disparos, puso el pie en la calle junto a sus compañeros de partida. A los pocos segundos de estar observando desde la distancia la desbandada de huelguistas a la altura del Casino, grita como nunca en su vida. Una bala rebotada de no se sabe dónde le perfora el muslo.

Desde el Círculo Obrero, al fondo La Plaza
Desde el Círculo Obrero, al fondo La Plaza

El forense Emiliano Bermejo y los médicos Emilio Sierra y Pedro Lozano acuden al socorro de los caídos. Han logrado contener la hemorragia de las lesiones por bala de los guardias, ahora presionan la herida de Tomás García-Consuegra. Dos socios del Círculo le han llevado a pulso hasta el Ayuntamiento, cuatro más iban abriendo paso entre la batalla voceando “¡hombre herido!”. A los apedreados ni les miran, no se ha librado ni un guardia. Seis irán a casa con marcas de guerra y otros tres al hospital. En medio de la plaza los huelguistas retiran del frente a dos de los suyos. Cuando llega la guardia de asalto desde Ciudad Real apenas quedan los despojos del combate y don Ramón Briso de Montiano conteniendo el corazón para que no se le salga por la boca. Es bien de noche cuando la Guardia Civil detiene a Pablo Martín-Gil y Carmelo Jiménez, afiliados a la Casa del Pueblo. Restablecida la tranquilidad, por precaución queda un retén de guardias de asalto en el Ayuntamiento y varias parejas patrullan las calles. No regresarán a sus puestos de Ciudad Real hasta una semana después.

Leer Capítulo IX  Episodio 2º  “La exitosa banda de música en la última Feria con Azaña”

4 comentarios sobre “Ramón Briso el excoronel que quiso ser alcalde (Cap.IX Ep.1º)”

  1. Hola Ismael, muy interesante este capitulo sobre los Briso de Montiano.
    Según tengo entendido, el Coronel tenía dos hijos varones el mayor Miguel, y el pequeño Ramón. Este Ramón era amigo de la infancia de mi padre. Mi padre me contó como iban de chavales a bañarse al río y como Ramón les impresionaba con unas ideas muy opuestas a las de su hermano y padre. Su padre, no obstante, le sacó de algún que otro apuro al involucrarse en los altercados de Asturias.
    Ramón (hijo) en la guerra, estuvo decididamente por el bando republicano aunque ayudó a algunos paisanos del bando contrario donde estaba su hermano y padre.
    Miguel fue fusilado el 31 oct 1940 (Causa General, sumario 642, legajo 4375, fondo de Madrid). Triste historia donde dos hermanos fallecen en bandos contrarios.
    Ya me dirás si estos datos te cuadran con los que tienes de referencia.
    Saludos.

    1. Iba a haber introducido el perfil de Ramón, pero al ser más complejo lo dejaré para más adelante. Me consta que fue Ramón el fusilado. En Daimiel, el 31 de octubre de 1939. Miguel que era del bando nacional difícilmente sería ejecutado por el franquismo. Gracias por el comentario.

      1. Tienes razón Ismael, me confundí al escribir, Ramón fue fusilado en el 39 y Miguel en el 36. Dos hermanos víctimas de un mismo conflicto fratricida.

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